tribu karo etiopia

Los viajes pueden ser túneles en el tiempo. Sí, estoy convencida: según qué destino escojamos, y según qué atención pongamos una vez allí, no sólo viajaremos en el presente si no también en el tiempo, algo que nos permitirá saber un poco más de nosotros y también de “ellos”, los “otros” que tenemos enfrente inevitablemente puesto que hemos ido a su pueblo, su ciudad, su país. Entender y empatizar con ellos en alguna medida siempre hará que el viaje sea más rico, más grande, más intenso. 

Tourou

Me he decidido a escribir este post porque me parece importante, y porque llevo ya unos cuantos años viajando y asistiendo al paso de turistas y también viajeros que no se enteran de muchas cosas, quizá porque no hacen más que leer su guía y disparar fotos a los monumentos que esa guía dice que hay que ver, y correr para abarcar mucho, “todo”.

En cada lugar se hacen las cosas de una manera, se entienden de formas diferentes (muchas veces con poca relación o coherencia con las fronteras políticas del país o región donde nos hallamos). No hay más que ver cómo se entiende y se gestiona la muerte -ese momento tan decisivo en nuestras vidas ¿no?-. Cuántas formas diferentes hay, cuántos símbolos incluso opuestos como el color de las ropas de luto, o el comportamiento en los funerales o ceremonias de despedida. Es tan sólo un ejemplo de lo diferentes que podemos llegar a ser, y no por eso somos más modernos o más antiguos.

Los viajes y el tiempo

El caso es que a pesar de todas esas diferencias, nos encontramos con costumbres, maneras de hacer las cosas y utensilios que no son ajenas a nuestro pasado o nuestra historia. 

O bien las hemos visto en los museos de Arqueología y en los libros de texto de Historia,
O bien nos las han contado nuestros abuelos y padres,
O bien nosotros mismos las hemos vivido de pequeñitos.

Así, cuando visito un país donde la gente se reúne alrededor de una televisión a ver el culebrón o un partido de fútbol o las noticias, en plena calle o en un pequeño comercio, me acuerdo de cuando en España ocurría lo mismo. Los aparatos de televisión eran un lujo para la gran mayoría de españoles. Desde hace unas décadas este aparato es considerado un “bien de primera necesidad”, ahí es ná.

foumban

Viendo la tele. Es la hora del culebrón

Cuando veo que las madres protegen a sus bebés con gorritos de lana incluso con temperaturas muy altas, me acuerdo de cuando la esperanza de vida en nuestro país era muy baja y las madres españolas hacían lo mismo -así me lo contó mi madre en cuanto vio esta fotografía-.

Tourou

Cuando veo que puedo disfrutar de una Mirinda, sí, aquel refresco de nuestra niñez… o veo cómo los niños llevan las horquillas que utilizábamos aquí de pequeñas, recuerdo los primeros signos de consumismo de nuestro país, a finales de los 70 y más durante los años 80.

KeyAfar

Cuando veo que usan machetes para abrirse paso en la selva (o para limpiar el pescado), recuerdo los libros de viajes, las películas e incluso los dibujos animados donde nos cuentan historias del siglo XVII, XVIII, XIX.

Rocherduloup

Cuando me encuentro con que los aldeanos llevan al hombro hachas de piedra, o utilizan a diario esas piedras donde muelen el grano de mijo o de trigo, exactamente iguales a las que he visto en el Museo Arqueológico de Madrid, o he contemplado mil veces en los libros de Historia (esas primeras lecciones de la Prehistoria y el Neolítico me encantaban), no puedo más que maravillarme al pensar en que siguen siendo útiles y siguen formando parte de la vida diaria en muchos lugares.

Tombuctú

Karo

Seguramente la época de los grandes inventos sea ésa en que dábamos los primeros pasos en eso que llamamos “civilización”.

El caso es que viajar nos ayuda a ver todo esto en vivo y en directo, y lo que es más importante (además de disfrutarlo), a reflexionar sobre ello y a relativizar un poco nuestro mundo, y quizá (sólo quizá) a echar un poco el freno.

Países donde la fabricación manual de la mayor parte de los utensilios diarios aún es un valor. Un valor, sin embargo, caduco, ya que poco a poco es cercenado por la conquista silenciosa de los países asiáticos, especialmente de China, que inundan los mercados y mercadillos con sus objetos de plástico. Plástico brillante, estridente, a veces sonoro, chispeante y por tanto muy muy atractivo para las gentes acostumbradas a una estética recién salida de los elementos naturales.

La globalización se extiende inexorablemente, pero merece la pena seguir buscando lo “natural y original” de allí donde fueres. Muchas veces es parte de nuestra memoria, una memoria viva y útil.  

P.D. Por cierto, todas las fotos con que ilustro este post son de África, aunque no es el único continente en el que me he trasladado en el tiempo, simplemente son las que mejor ilustran lo que quiero decir.

los viajes de ali iati Si quieres más información, pulsa aquí