ver el mundo desde arriba

Ver el mundo desde arriba ayuda a tener perspectiva, a relativizar quiénes somos y nuestro papel en el mismo. A entender que somos pequeños, insignificantes. Ver qué somos capaces de construir, y de destruir. A contemplar los mapas en directo. Puede que a entender cómo es un lugar. Ver el mundo desde arriba es un privilegio que puede volverte loca. O más cuerda. Ver el mundo desde arriba es… increíble 😊

Qué y cómo ver el mundo desde arriba para encontrar una perspectiva diferente de las cosas

Puedes subirte a una avioneta, helicóptero, o globo. A un parapente, un avión con asiento de ventanilla o sencillamente a una montaña, acantilado, o a una torre muy alta. En los viajes, como cualquier día de tu vida rutinaria, siempre puedes encontrar un momento para observar las cosas desde arriba. Sólo hace falta buscarlo y quitarse el miedo a las alturas, claro😊

barcas de pescadores desde lo alto de un acantilado el mundo desde arriba
Pescadores de Omán desde lo alto de un acantilado

En la ciudad, te acordarás de las maquetas de los museos. Las calles, los vehículos, la gente si tienes buena vista suponiendo que has subido a un sitio realmente alto… Todo está ahí, pero minúsculo. Abarcas «todo» con la mirada, y resulta increíble que un poco más tarde andes por esos mismos sitios.

En el campo, depende de dónde estés: fauna salvaje buscando agua, extensiones inmensas de dunas, montaña y poblaciones dispersas como gotitas que caen en el comienzo de una tormenta.

En el cielo, mientras vuelas, contemplas a la misma altura las nubes altas y bajas, la luna, y si eres suertudo, un eclipse de sol o una aurora boreal. Y contemplas el mundo desde muy arriba. A veces tanto, que es un verdadero reto adivinar dónde estás exactamente. Por eso agradezco tanto esos mapas que ponen en los monitores de los aviones diciéndote qué estás sobrevolando.

templo de Amón desde la cima de Jebel Barkal
Karima, Sudán

Por eso una de las cosas que más me gustaron de la peli Ágora de Alejandro Amenábar, fueron esas imágenes de Alejandría desde (casi) el espacio, mezcladas con los ecos de los ruidos de la población. ¡Genial efecto! Ídem para La Isla mínima y sus imágenes de las marismas del Guadalquivir.

De todas formas, soy más fan de los vuelos en avioneta o helicóptero, porque es una distancia igualmente grandiosa pero aprecias mucho mejor todo. Debe ser que tiendo a tener los pies en la tierra 😉

vista de montañas desde ventanilla del avión el mundo desde arriba

Lugares como las líneas de Nazca son tan misteriosos por eso, porque se construyeron en una época en la que suponemos que era materialmente imposible observar el mundo desde arriba y trazar diseños tan perfectos para que se vieran desde «ahí arriba».  Algo así ocurre también con los templos de Angkor, en Camboya.

líneas de nazca desde el cielo
Líneas de Nazca, Perú

Qué se siente viendo el mundo desde arriba

¿Qué se te pasa por la cabeza cuando estás en las alturas?

¿Eres capaz de dejar la mente en blanco contemplando simplemente el panorama que se abre a tus pies, o no dejas de pensar en mil cosas?

caldera blanca vista desde arriba haciendo senderismo en lanzarote
Cráter de la Montaña Blanca en Lanzarote

¿Te sientes pequeño? ¿poderoso? ¿te sientes bien? ¿mal? ¿eufórico, libre, triste quizá…?

A mí me ocurre un poco de todo

Al principio no puedo dejar las ideas a un lado. Observo y pienso «impresionante». Me fijo en los detalles. Hago fotos como una posesa, si es posible. O me centro en dónde pongo los pies si es que voy andando y no estoy parada, no vaya a ser que me estampe contra el suelo o algo peor. Me siento eufórica, quizá esta sea la palabra.

¿No te pasa que el estómago te da un pequeño vuelco cuando lanzas la primera mirada tras llegar a un punto suficientemente alto? Pues eso.

foz de arbayún con árboles de colores amarillos y naranjas en otoño navarra
Foz de Arbayún, Navarra

Después, poco a poco, me pongo a filosofar conmigo misma: qué pequeña soy, qué grande es el mundo. ¿Quiénes somos? ¿adónde vamos? ¿Cómo puede ser que no cuidemos este mundo, si es tan bello, si es nuestro sustento? ¿Cómo puede ser que vivamos ahí, en ese enjambre? ¿Cuánta gente hay ahí, cuántas historias, sonidos, aromas, culturas?

Y todas estas preguntas se acompañan de un poquito de tristeza, un poquito de curiosidad, de felicidad, de privilegio por estar allí arriba, de respeto, de angustia existencial. Un poquito de todo, vaya.

tres personas haciéndose fotos al borde de los acantilados de zumaia
Flysch de Zumaia, País Vasco
ruta por los acantilados de gozo ta cenc
Acantilados de Gozo, Malta
las pigeon rocks rodeadas de aguas color verde
Pigeon Rocks, Beirut

Al final llega la calma, me callo. Por dentro y por fuera. Me quedo quieta. Ni hago fotos. Contemplo, respiro, me siento viva.
Hasta que, renovada, inicio el descenso… o lo hace la avioneta, o el helicóptero, o lo que sea en lo que me he montado.

Quién pudiera subirse a una nave espacial sólo para ver la Tierra desde fuera, desde arriba

¿Y tú, qué te pasa cuando te encaramas a las alturas? 😉

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