Qué ver en Irlanda: La ruta perfecta de 3 semanas para enamorarte de la Isla Esmeralda

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Por Alicia Ortego

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Irlanda no es solo un país; es un estado de ánimo. Es el olor a turba quemada en una chimenea, el sonido del violín en un pub abarrotado y ese verde tan intenso que parece que alguien ha subido la saturación de la realidad. Si tienes la suerte de disponer de 21 días para recorrerla, estás en el lugar adecuado. Aquí tienes una ruta circular de qué ver en Irlanda en 3 semanas desde mi propia experiencia.

Consejos prácticos antes de arrancar

He diseñado esta ruta circular para que empiece y termine en Dublín, pensada para que no te pierdas nada de lo esencial, pero también para que descubras esos rincones que a veces se quedan fuera de los folletos turísticos.

Prepárate para recorrer desde tumbas neolíticas más antiguas que las pirámides de Egipto, hasta acantilados donde el viento te recordará que estás en el borde de Europa.

Una nota sobre el presupuesto antes de arrancar: Irlanda es más cara que España, especialmente en alojamiento y alcohol. Sin embargo, muchas de sus mejores experiencias —paisajes, caminatas, ruinas al aire libre— son gratuitas. Puedes moverte con comodidad por unos 150-250 € al día incluyendo coche de alquiler, B&B y comidas.

El coche de alquiler: imprescindible

Para una ruta de 3 semanas, el coche no es una opción, es una necesidad. Olvídate del transporte público si quieres llegar a los rincones de Connemara o la península de Dingle.

  • Conducir por la izquierda: Al principio asusta, pero te acostumbras en un par de horas. Lo más delicado son las rotondas y las carreteras de costa, donde los setos a veces rozan los espejos.
  • Reserva lo antes posible, mejor con varios meses de antelación, porque si no te saldrá más caro. Aquí puedes ver las mejores ofertas de alquiler de coches en Irlanda.
  • Fíjate muy bien en los seguros: las carreteras estrechas del oeste tienen una fama merecida para los rasguños de carrocería.
  • Algunos tramos del Wild Atlantic Way tienen límites de velocidad de 80 km/h, pero la realidad de la carretera te obligará a ir mucho más despacio. No lo vivas con prisa: eso es parte del viaje.

Si no puedes conducir o no te atreves, te recomiendo que viajes a Irlanda en verano, que es cuando más frecuencia de transporte público hay en las zonas más rurales. Además, puedes contratar excursiones desde las principales ciudades. Aun así, es posible que tengas que hacer algunas renuncias de algunos sitios que ver en Irlanda que incluyo aquí. Sea como sea, seguro que te gusta muchísimo 😊

El alojamiento: combina experiencias

Mi recomendación es mezclar B&B tradicionales con algún hotel con encanto en las ciudades grandes.

Los B&B irlandeses son, en general, una institución: el desayuno completo (el famoso Full Irish) te da energía para media jornada, y la conversación con los dueños a menudo vale más que cualquier guía turística.

¿Cuándo ir?

Irlanda es verde porque llueve mucho. Pero hay un matiz importante: la lluvia irlandesa rara vez dura más de una hora seguida.

  • Ellos dicen siempre one day, four seasons(un día, cuatro estaciones), y te aseguro que se suele cumplir. El truco no es esperar a que escampe, sino vestirte bien para seguir moviéndote igual.
  • Mayo, junio y septiembre son los mejores meses: días largos, menos aglomeración que en verano y precios algo más razonables.
  • Julio y agosto son los meses más populares y también los más caros. Reserva alojamiento con la máxima antelación que puedas.
  • La ropa: usa la técnica de la cebolla. Capas, capas y más capas. Y siempre, siempre, un buen chubasquero —no paraguas, que el viento atlántico los destroza en segundos—.

Documentación y moneda

Qué ver en Irlanda / Semana 1: de la capital al Sur medieval

Dublín: la capital literaria (2-3 días)

Tu viaje comienza en la capital, a donde llegan la gran mayoría o todos los vuelos internacionales.

Dublín es una ciudad que se camina y se vive. No te satures queriendo verlo todo en un día: la ciudad merece al menos dos, y si te aficionas a sus pubs con música en directo, puede que tres. Una muy buena opción es apuntarte a este freetour en Dublín.

Qué no puedes perderte

  • Trinity College y el Libro de Kells: Uno de los manuscritos más importantes del mundo, elaborado por monjes celtas hacia el año 800 d.C. Aunque el Libro de Kells no es lo único que justifica la visita: la Long Room, con sus 65 metros de estanterías curvas y más de 200.000 volúmenes, es uno de esos lugares donde entiendes por qué Irlanda tiene cuatro premios Nobel de Literatura. Recomendable reservar online.
  • Kilmainham Gaol: Esta antigua prisión es el lugar donde se ejecutó a los líderes del Alzamiento de Pascua de 1916. Es una visita incómoda en el mejor sentido posible: la celda donde pasaron su última noche antes de ser fusilados tiene una luz y un silencio que no olvidarás. Y si has visto la mítica película En el nombre del padre, te gustará más aún porque se rodó aquí.
  • Temple Bar: Sí, las calles del Temple Bar son turísticas, pero tienes que tomarte una pinta allí, escuchando música en directo, al menos una vez. Luego muévete hacia barrios como Stoneybatter o Portobello para un ambiente más local y precios más amables. Si viajas solo o te apetece que alguien te cuente más de este lugar, apúntate a esta visita guiada por Temple Bar con cata de cervezas.
  • Museo Nacional de Dublín: Este museo, muy céntrico, ofrece una mirada que te va a conectar directamente con los yacimientos arqueológicos y otros capítulos de la larga historia de Irlanda. A mí me gustó mucho.
  • Puente de Halfpenny: el puente del “medio penique” (lo que costaba cruzarlo hace mucho tiempo) sobre el río Liffey, es el más icónico y visita obligada cuando paseas junto al río.
  • Guinness Storehouse: Si te interesa la cerveza y su historia, la Guinness Storehouse ofrece una experiencia comercial muy bien hecha, con una vista panorámica en el piso 7 sobre los tejados de la ciudad. No es imprescindible y es cara, pero también divertida. Una buena opción puede ser esta visita guiada + bus turístico que puedes reservar aquí.

Dublín tiene mucho más que ofrecer. No te pierdas estos posts:

Glendalough: el monasterio del valle de los dos lagos

¡Glendalough es uno de mis sitios favoritos y siempre lo recomiendo entre los que ver en Irlanda!

Bajando hacia el sur desde Dublín, entraremos en el Parque Nacional de las Montañas de Wicklow, con un paisaje realmente espectacular.

Allí está Glendalough, un conjunto monástico del siglo VI fundado por San Kevin, en el que destaca la torre redonda de 33 metros de altura. Es verla y enamorarte de esas torres (no será la única que veas en el viaje).

Lo que los folletos a veces no cuentan es que, en su momento de esplendor, fue uno de los centros de conocimiento más importantes del continente occidental.

Si quieres leer más sobre este sitio, y ver más fotos, te recomiendo que te pases por mi post sobre Glendalough, donde te hablo de su historia y mi experiencia.

Te puedo avanzar que la entrada al recinto monástico es gratuita, y hay varias rutas de senderismo. La más larga rodea el lago superior y dura unas 2 horas, pero es apta para todos los niveles.

Consejo práctico: Intenta llegar temprano (antes de las 10h) para evitar los grupos grandes. En verano los autobuses llenan el aparcamiento desde media mañana. Para ello, lo mejor es dormir en el pueblo más cercano, como hice yo.

Si no tienes coche, entonces te puede interesar esta excursión a Glendalough desde Dublín.

Kilkenny: la ciudad de mármol

Kilkenny es, probablemente, la ciudad medieval mejor conservada de Irlanda. Su «Milla Medieval» conecta el castillo con la catedral a través de callejones empedrados y edificios del siglo XIII.

Es el tipo de lugar donde te das cuenta de que el tiempo, aquí, funciona a un ritmo diferente. Puedes leer el post que escribí sobre Kilkenny, pero aquí tienes un listado rápido de lo más importante:

  • El Castillo de Kilkenny: Construido en el siglo XII y reformado en el XIX, domina la ciudad desde una colina sobre el río Nore.
  • St. Canice’s Cathedral: También puedes subir a su torre redonda —una de las pocas accesibles de Irlanda— para tener las mejores vistas de la ciudad. El interior de la catedral guarda siglos de historia grabados en lápidas medievales.
  • El Smithwick’s Experience: La cervecería local lleva funcionando desde 1710. Si el whiskey o la Guinness no son lo tuyo, el Smithwick’s (léase ‘Smitticks’) es la alternativa perfecta.
  • Dónde comer: Langton’s House es una institución local. Pide el Irish stew y no te arrepentirás.
  • Esta ciudad es un buen sitio donde quedarse a dormir al menos una noche, como hice yo misma. Aquí tienes la oferta de alojamiento para Kilkenny. Te recomiendo que reserves con antelación.

Si no tienes coche y el transporte público no te cuadra, también hay una excursión a Kilkenny desde Dublín que puedes reservar aquí.

La ruta de los castillos: Cashel, Cahir y Kells

Esta etapa es para los amantes de las piedras con historia. En un radio de pocos kilómetros, saliendo de Kilkenny hacia el oeste, se concentra una densidad de patrimonio medieval difícil de igualar en Europa.

  • Rock of Cashel: La joya de la corona de la Irlanda medieval. Un conjunto de edificios eclesiásticos del siglo XII —capilla, catedral, torre redonda y cruz celta— situados sobre una formación rocosa caliza que domina la llanura de Tipperary. Llegas, lo ves y entiendes por qué es una de las imágenes más reproducidas de Irlanda. Duración de visita recomendada: 1,5-2 horas.
  • Castillo de Cahir: Uno de los más grandes y mejor conservados de Irlanda, situado sobre una isla natural en el río Suir. Llama la atención su estado de conservación: parece que sus habitantes lo abandonaron ayer.
  • Priorato de Kells (no confundir con el libro): Ruinas cistercienses del siglo XII en un estado de abandono poético. Muy poca gente las visita, lo que las hace más especiales.
  • En mi post Un día de castillos en Irlanda puedes leer todos los detalles de estos sitios.

Oeste de Irlanda / Semana 2: Ring of Kerry, Dingle, los acantilados de Moher y Galway

Llegamos al suroeste, donde el paisaje se vuelve claramente cinematográfico. Esta costa, donde está la mítica Wild Atlantic Way, es tan irregular que marea verla en el mapa. Pero contiene muchos de los lugares que ver en Irlanda más icónicos.

Killarney y el Ring of Kerry

Killarney es la puerta de entrada al Parque Nacional homónimo, con sus lagos, bosques antiguos y la montaña MacGillycuddy’s Reeks —la cadena montañosa más alta de Irlanda—.

El Anillo de Kerry o Ring of Kerry es una ruta circular de 179 km que se puede completar en un día largo. Lo ideal es salir temprano y no tener prisa, parando en miradores como Molls Gap y Ladies View, desde donde el lago Killarney se despliega como un mapa de acuarela.

Consejo fundamental: Los autobuses de los tours hacen el Ring en sentido contrario a las agujas del reloj. Si vas en coche, hazlo en sentido horario para evitar cruzarte con ellos en las carreteras estrechas.

  • Lady’s View: una de las primeras paradas si haces la ruta como te digo. Vistas fantásticas aseguradas (si no hay niebla).
  • Skellig Michael: Desde Portmagee salen barcos hacia este archipiélago volcánico donde los monjes construyeron un monasterio en el siglo VI sobre 218 metros de roca pura. Famoso ahora por Star Wars, pero extraordinario mucho antes. Las plazas son limitadísimas: reserva con meses de antelación si es tu prioridad.
  • Ring forts: los ringforts son construcciones de piedra del siglo X que forman pequeños poblados fortificados ¡¡Son monísimos!! En el Anillo de Kerry hay dos buenas muestras, siendo el de Cahergall Stone Fort el más bonito.
  • Te conté más en detalle la ruta del Ring of Kerry que hice yo misma en este post, y sobre los Ringforts de Irlanda aquí.

Península de Dingle: la Irlanda más gaélica

Para muchos visitantes —y para mí—, Dingle supera al Ring of Kerry. Es más pequeña, más salvaje, menos masificada y profundamente gaélica.

Aquí el irlandés (gaeilge) sigue siendo la lengua primera de muchas familias, y la cultura celta no es un decorado turístico sino una forma de vida.

Entre lo que no te deberías perder:

  • Slea Head Drive: Conduce despacio por esta carretera costera de 50 km que rodea la punta occidental de la península. Las vistas de las Islas Blasket —deshabitadas desde 1953, cuando el gobierno evacuó a sus últimos 22 habitantes— son de esas que se quedan grabadas en la retina para siempre.
  • Oratorios de piedra (clochán): En la carretera encontrarás cabañas de piedra seca con más de mil años de antigüedad, usadas por monjes eremitas. La más famosa es el Gallarus Oratory, perfectamente conservado. Entrada gratuita. Ojo, no los confundas con otras cabañas que recrean las viviendas de la época de la Hambruna, también muy interesantes.
  • El pueblo de Dingle: Colorido, lleno de pubs con solera, marisco fresco y el sabor de un lugar que no se ha rendido a convertirse en parque temático de sí mismo. Fungie, el delfín que vivió en la bahía durante más de 35 años y se convirtió en símbolo del pueblo, desapareció en 2020. Su historia sigue siendo parte del alma del lugar.
  • Puedes leer más en mis posts: Península de Dingle con el recorrido que hice, y Dingle, el pueblecito de la bahía.
  • Dónde dormir en Dingle: yo me alojé en el Murphy’s Pub and Guesthouse y está genial, aunque hay muchas opciones. Eso sí, reserva con antelación si tu visita coincide con las fiestas de agosto.

Los Acantilados de Moher y El Burren

Los Acantilados de Moher son el lugar más visitado de Irlanda y con razón: sus 214 metros de caída vertical sobre el Atlántico, a lo largo de 8 kilómetros de costa, son simplemente imposibles de resumir en una fotografía. Desde luego, aquí es donde te das cuenta de lo pequeña que eres frente a la naturaleza.

Te dejo aquí estos consejos breves, pero pásate por mi post sobre los Acantilados de Moher para saber cómo verlos desde arriba y desde el mar:

  • Intenta llegar a última hora de la tarde (después de las 17h en verano) para evitar los autobuses de tour y disfrutar de la luz del atardecer sobre el océano.
  • Sendero costero hacia Doolin: Pocos turistas saben que existe un camino de 7 km hacia el norte que ofrece las mejores vistas de los acantilados desde fuera. Se puede hacer en 2 horas y el contraste entre la soledad del sendero y la multitud del centro de visitantes es enorme.
  • Precaución real: El viento en los acantilados de Moher puede ser tan violento que en días de temporal no se permite el acceso a las zonas sin barandilla. No te acerques al borde sin conocer las condiciones del día.
  • También puedes ver los acantilados desde el mar, si el tiempo acompaña, y te aseguro que es impresionante.
  • Te recomiendo que pases una noche en la zona. Yo me alojé en este Bed&Breakfast en Lough South, que pertenece a Doolin. Un sitio familiar y con una situación genial.

El Burren

A pocos kilómetros al norte está El Burren, un paisaje kárstico que parece sacado de la Luna: un desierto de piedra caliza gris donde, paradójicamente, crecen flores árticas y mediterráneas al mismo tiempo.

Es uno de los ecosistemas más raros de Europa y otro de los sitios que ver en Irlanda que siempre recomiendo. En esta zona no te deberías perder:

  • Dolmen de Poulnabrone: Una tumba megalítica de 5.500 años de antigüedad en medio de la llanura de piedra. Es más pequeño de lo que las fotos sugieren, pero la sensación de estar ante algo construido 3.500 años antes de Cristo es difícil de describir.
  • Abadía de Corcomroe: una de las muchas abadías abandonadas que hay en Irlanda, y no por ello menos interesante.
  • La playa de Fanore: en esta playa, frecuentada por surfistas, hay rocas con fósiles de ammonitex a la vista. Una gozada de sitio.
  • Kilfenora: este es uno de los pocos pueblos que hay en El Burren, y un gran lugar para comerte un irish stew (estofado irlandés) calentito, en uno de esos pubs llenos de fotografías antiguas.

Galway: corazón y alma de la costa oeste

Galway es música en la calle, es ambiente universitario y es sabor a mar. Pasear por Quay Street al anochecer, cuando los pubs se derraman hacia la calle y los músicos se instalan en las esquinas, es una de las mejores cosas que ver —y oír y oler— en Irlanda. Aquí no te puedes perder:

  • Eyre Square: El centro neurálgico de la ciudad, con una escultura dedicada a los barcos hooker, símbolo de la costa oeste.
  • Callejón de Kirwan’s Lane: Uno de los rincones medievales mejor conservados de la ciudad, con pubs que llevan siglos en el mismo sitio.
  • Mercado del sábado: Junto a la iglesia de St. Nicholas, el mercado de los sábados es una de las mejores formas de tomar el pulso real de la ciudad. Marisco, quesos artesanos, pan de soda recién hecho.
  • Para los amantes del whiskey: La destilería Shed Distillery en Drumshanbo (a 1,5h de Galway) elabora el Gunpowder Irish Gin y varios whiskeys que han ganado premios internacionales. Merece un desvío.
  • Este sí que es un sitio donde como no reserves alojamiento con tiempo, vas a pagar mucho más Echa un vistazo a la oferta de Bed&Breakfast, Hostels y hoteles de Galway aquí.

Semana 3: El Norte Salvaje y el Valle del Boyne

Connemara: el salvajismo organizado

Connemara es lo que Oscar Wilde llamó «el salvajismo organizado». Turberas de color marrón rojizo que se extienden hasta el horizonte, lagos que cambian de color según cómo incide la luz, y las montañas de los Twelve Bens —cuya traducción sería ‘los Doce Picos’— dominando un paisaje que parece diseñado para hacerte sentir que has llegado al fin del mundo.

En cualquier ruta por Connemara no debe faltar:

  • Abadía de Kylemore: Construida en el siglo XIX por un millonario inglés como regalo de amor para su esposa, la abadía se refleja en el lago que tiene delante, en otra de las fotografías más reproducidas de Irlanda. La historia de amor y tragedia que hay detrás la hace más interesante aún. La entrada no es barata, pero aunque quieras ahorrártela, no dejes de echarle un vistazo desde la carretera.
  • Sky Road: Una carretera circular de 16 km a las afueras de Clifden que ofrece vistas panorámicas sobre el Atlántico y las islas. Cortita pero brutal.
  • Bog de Roundstone: Una extensión de turbera casi virgen donde el silencio es tan denso que cuesta creer que estás en el siglo XXI.
  • Lee aquí mis impresiones sobre Connemara y los detalles de la ruta que hice.

Mi momento en Connemara: Aparcar el coche en un punto cualquiera de la R341 y caminar durante media hora sin rumbo fijo. No hay destino. Solo el viento y esa paleta de marrones, verdes y grises que en Connemara llaman ‘el tiempo normal’.

Isla de Inishbofin: la Irlanda que se toma su tiempo

Esta recomendación no la vas a encontrar en muchos artículos sobre qué ver en Irlanda en 3 semanas, pero te aseguro que la isla de Inishbofin, también en Connemara, merece mucho la pena.

Coge el ferry desde el pequeño puerto de Cleggan, a 13 km de Clifden. La travesía dura unos 45 minutos y la isla que aparece al fondo, con sus colinas suaves y sus playas de arena blanca, parece sacada de otro siglo —porque en muchos aspectos lo está—.

Inishbofin tiene unos 160 habitantes, dos pubs, un hotel, varios B&B y cero semáforos. Es la Irlanda más auténtica y relajada.

Puedes recorrerla en bici (hay alquiler en el puerto) o andando. En una jornada ves toda la isla y en ningún momento tienes prisa.

Recomendación: Quédate a dormir, aunque debes tener en cuenta que hay pocos alojamientos. Aquí puedes ver si tienen sitio para tus fechas. Las noches de Inishbofin —sin contaminación lumínica, con el océano al fondo— marcan la diferencia entre ver Irlanda y sentirla. Si no te queda claro, lee mi  post sobre la Isla de Inishbofin.

costa con playa de la isla de inishbofin que ver en irlanda
Playa de la isla de Inishbofin – Qué ver en Irlanda

Cong: una parada para cinéfilos

Bajando de las tierras salvajes hacia el este, para cruzar de nuevo Irlanda y volver a Dublín, el paisaje se suaviza y el tiempo cambia.

Cong es un pueblo pequeño y encantador a orillas del lago Corrib. Y es famoso en el mundo entero porque aquí se rodó ‘El Hombre Tranquilo’ (The Quiet Man, 1952), la película de John Ford con John Wayne y Maureen O’Hara.

Además, la abadía agustina de Cong, en ruinas pero preciosa, está a dos pasos del centro. Llegas caminando y tienes el lugar casi para ti solo.

Además de sus encantos, es un sitio perfecto para hacer noche y que los kilómetros no se te hagan cuesta arriba. Yo me alojé en el Lydons Lodge Hotel, un sitio muy céntrico que encontramos improvisando un poco para esa noche

Trim: donde se rodó la película Braveheart

Seguimos con la Irlanda de cine. Más cerca ya de Dublín, Trim presume de tener el castillo normando más grande de Irlanda.

El Castillo de Trim fue construido a partir de 1172 y sus murallas defensivas se extienden a lo largo de 500 metros. Si te suena de algo, es porque aquí se rodaron escenas de Braveheart (1995), aunque en la película hiciera de castillo escocés.

  • La visita al castillo incluye el interior de la torre del homenaje, desde donde las vistas del río Boyne son excelentes.
  • El Yellow Steeple, al otro lado del río, es lo que queda de una abadía del siglo XIV destruida durante la guerra civil irlandesa del XVII. Se puede visitar libremente y no suele ir casi nadie.
  • Aquí me quedé a dormir en Highfield House Guesthouse, una casona tradicional, de piedra y con aire de «alta cuna». En efecto, fue una experiencia de lo más curiosa. Los dueños tenían sangre noble y nos acompañaron en el desayuno, durante el que pudimos charlar de muchas cosas.

Newgrange y el Valle del Boyne: más viejo que las pirámides

Antes de cerrar el círculo (o de volver a Dublín), debemos ver uno de los sitios que ver en Irlanda quizá más impresionante de todo el viaje: Brú na Bóinne, el complejo de tumbas megalíticas más importante de Europa occidental y Patrimonio de la Humanidad.

Newgrange es un túmulo funerario construido hacia el 3.200 a.C., lo que lo convierte en unos 500 años más antiguo que las Pirámides de Giza y en torno a 1.000 años anterior a Stonehenge.

Te he contado todos los detalles sobre su historia y cómo visitarlo en el post que le he dedicado, así que no me extiendo más, pero repito: debes ir.

Carlingford: el cierre perfecto

Para terminar, te propongo un rincón menos conocido: Carlingford, un pueblo medieval a orillas del Fiordo de Carlingford Lough, con las Montañas de Mourne al fondo y la silueta de Irlanda del Norte al otro lado del agua.

Es el cierre perfecto: tranquilo, auténtico y con muy poca aglomeración turística. Además, por el camino puedes parar en las solitarias playas de la costa Este de Irlanda como te conté aquí.

Y las Cooley Mountains ofrecen rutas de senderismo suaves con vistas a ambas orillas del fiordo. La noche anterior a devolver el coche en el aeropuerto de Dublín, que está a hora y media, es el momento ideal para sentarse en un pub, pedir algo caliente y hacer balance del viaje.

Resumen de la ruta circular y mapa interactivo

Semana

Zona principal

Paradas clave

Días aprox.

Semana 1

Este y Sur

Dublín, Glendalough, Kilkenny, Cashel, Cahir

7

Semana 2

Suroeste y Oeste

Ring of Kerry, Dingle, Acantilados de Moher, Burren, Galway

7

Semana 3

Noroeste y Valle del Boyne

Connemara, Inishbofin, Cong, Trim, Newgrange, Carlingford

7

Aquí tienes un mapa donde puedes ver todos los puntos mencionados en el post, y también buscar alojamientos y reservar en tus fechas:

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Lo que seguro te estás preguntando

Más que España, especialmente el alcohol y el alojamiento en ciudades. Una pinta de Guinness en Dublín ronda los 6-7 €. Sin embargo, muchas de las mejores experiencias del viaje —paisajes, senderos, ruinas al aire libre, música de pub— son gratuitas o casi. Se puede hacer el viaje con comodidad en el rango de 150-250 €/día por persona (incluyendo coche).

En 2 semanas puedes hacer una versión comprimida que incluya Dublín, Kilkenny, el Ring of Kerry, Dingle, los Acantilados de Moher, Galway y Newgrange.

Tendrías que sacrificar Connemara, Inishbofin y Carlingford, que son precisamente las paradas que marcan la diferencia entre ‘ver’ y ‘sentir’ Irlanda. Si es tu primer viaje y el tiempo manda, haz la versión corta y guarda el resto para volver.

Irlanda es uno de los países más seguros de Europa para viajar solo. Los irlandeses son conversadores natos y el pub es la institución social que lo iguala todo: ir solo a un pub local es, en la práctica, ir acompañado desde el primer minuto.

Irlanda es un país que te atrapa. Esta ruta de 3 semanas está diseñada para que veas los grandes hitos, pero también para que tengas tiempo de sentarte frente a un acantilado sin mirar el reloj, de perderte por una carretera sin nombre en Connemara, de escuchar una sesión de música tradicional hasta las 2 de la mañana.

Ese verde imposible que ves en las fotos existe de verdad. Lo mejor es que nadie te lo ha editado: simplemente hay más lluvia, más tiempo nublado y más luz rasante del norte que en cualquier otro sitio. Eso lo convierte en el verde más honesto del mundo.

Espero que esta guía de Qué ver en Irlanda te sea útil, y me encantará saberlo si dejas un comentario.

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