Qué ver en Dingle: el pueblo de colores más bonito de Irlanda

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Por Alicia Ortego

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Dingle es turístico, sí, pero tiene un encanto innegable. Este pueblecito de la península homónima, situado en el indómito condado de Kerry, es uno de esos lugares que se te quedan grabados en la retina por sus fachadas de colores vivos, su puerto pesquero y ese ambiente tan puramente irlandés que se respira en cada esquina. Si estás planeando dejarte caer por aquí, he preparado estos consejos prácticos para que organices tu visita fácilmente.

Consejos prácticos para visitar Dingle

  • Cómo llegar: Dingle está en el extremo suroeste de Irlanda. Si vas en coche desde Killarney, tardarás algo más de una hora bordeando la costa por la N72 y la R561. Si te va la aventura y el día está despejado, te recomiendo llegar cruzando el Conor Pass, un paso de montaña estrecho con unas vistas de infarto. En transporte público, tienes la línea 275 de Bus Éireann desde Tralee.
  • Aparcar sin volverte loco: En los meses de verano el pueblo se llena bastante. Lo mejor es que te dirijas directamente al parking que hay junto al puerto pesquero. Es de pago, pero resulta muy cómodo para dejar el coche y salir a caminar. Si aún no has alquilado el coche para recorrer la Isla Esmeralda, te recomiendo mucho que vayas a Discover Cars, el buscador donde he encontrado los mejores precios, y con un seguro de Cobertura Total que viene genial para conducir por la izquierda con cierta tranquilidad.
  • Un capricho dulce que no te puedes perder: Tienes que pasarte sí o sí por la famosa heladería Murphy’s Ice Cream. Es un negocio local que se ha hecho famoso en todo el país por sus helados artesanales elaborados con leche de vacas de Kerry. Te aconsejo probar el de sal marina (Dingle Sea Salt) o el de ginebra de Dingle. ¡Una delicia!
  • Zona Gaeltacht: Recuerda que estás en una región donde el gaélico irlandés es la lengua de uso diario. Verás las señales de tráfico primero en este idioma, lo que le añade un punto extra de autenticidad al viaje.
  • Si viajas en agosto puede que te encuentres con las carreras de caballos, uno de los acontecimientos locales con más renombre. El problema es que puede que te encuentres con los alojamientos llenos. Una muy buena idea es reservar con antelación. Además, Irlanda no es barata y así puedes evitarte sustos. No lo dejes para más tarde y busca en Booking alojamiento en Dingle aquí.

Un paseo entre fachadas de colores y letreros con solera

Dingle está en la Península de Dingle de la que te he hablado aquí, y es un pueblo pequeño «de empinadas calles» según la Lonely Planet de Irlanda que yo llevaba en ese momento. No saben lo que es una calle empinada, me temo, porque a un par de ligeras cuestas no se les puede llamar así. Vamos, digo yo.

El mayor placer en Dingle es, sencillamente, callejear. Te invito a perderte por su calle principal, Main Street, y por Green Street. Te va a llamar la atención el mimo con el que cuidan las fachadas de sus casas y comercios, pintadas de colores vivos y alegres que contrastan con los cielos plomizos tan típicos de esta isla.

Los comercios tradicionales conservan esos letreros de madera pintados o tallados a mano que tanto carácter le dan al lugar.

Es un pueblo con mucha vida artística y artesanal, algo que notarás en las pequeñas galerías de arte, librerías y tiendas de ropa de lana que te irás encontrando a tu paso.

Pubs con solera y «doble vida»

Cuando cae la tarde, el ambiente de Dingle se traslada al interior de sus pubs. Aquí vas a encontrar algunos de los locales más singulares y con más solera de toda Irlanda.

A mí me fascinó descubrir esos pubs que tienen una especie de «doble vida» o doble función. Locales históricos que son mitad pub y mitad otra cosa:

Dick Mack’s: entre pintas y cuero

Es uno de los más famosos del pueblo. Por un lado es un pub tradicional y por el otro conserva las estanterías, herramientas y el olor a cuero de la antigua zapatería que regentaba la familia desde finales del siglo XIX. Tomarte una pinta rodeado de hormas de zapatos antiguos tiene un encanto difícil de explicar.

Foxy John’s: la ferretería más animada

Otro rincón increíble donde puedes pedir una pinta de Guinness fría en la barra mientras en las estanterías de al lado se venden destornilladores, martillos, cuerdas y botas de agua.

En cualquiera de ellos, o en el mítico John Benny’s, te aconsejo que te sientes a disfrutar de una buena seisiún (sesión) de música tradicional. Los músicos locales se reúnen de manera informal en torno a una mesa con sus violines, flautas y acordeones, creando una atmósfera mágica, de tú a tú, que te atrapa por completo.

escapareta de tienda de antigüedades con una singer dingle
Escaparate de tienda clásica de Dingle

El puerto y la inolvidable historia de Fungie

Si caminas hacia la bahía, llegarás a su activo puerto pesquero. El atardecer que pudimos disfrutar en el puerto de Dingle fue precioso, tanto en la zona de los barcos como más allá, donde el agua ya parece un lago o un río que se adentra en el interior de la península.

Y claro, hablar del puerto de Dingle es hablar inevitablemente de Fungie, el habitante más famoso y querido de este lugar.

La historia de Fungie es preciosa: se trata de un delfín mular que en 1983 decidió mudarse a la bahía de Dingle. Lo curioso es que no iba en manada, estaba solo y buscaba activamente la compañía de los humanos, especialmente de los barcos de los pescadores.

La despedida de una leyenda de la bahía

Sin embargo, si vas a viajar a Dingle ahora, tengo que darte una noticia triste. Fungie desapareció en octubre de 2020 tras casi 37 años de idilio con el pueblo. Se le buscó intensamente por mar y aire, pero debido a su avanzada edad (los delfines de su especie rara vez superan los 40 años), todo apunta a que nos dejó por causas naturales en las aguas de su bahía.

Aunque ya no puedas hacer la excursión en barco para verle jugar, su espíritu sigue muy presente en Dingle.

En el paseo marítimo, muy cerca del puerto, puedes ver una preciosa estatua de bronce a tamaño real que el pueblo levantó en su honor para que su recuerdo no se borre nunca.

Dingle terminó siendo para mí uno de esos rincones donde te quedarías a vivir una pequeña para empaparte de su tranquilidad marinera, sus noches de música tradicional y su carácter indomable. Aunque Fungie ya no nade en su bahía, el pueblo conserva intacta esa magia de colores, ese olor a turba quemada en las chimeneas y la hospitalidad inquebrantable de sus gentes. Si tienes la oportunidad de recorrer el suroeste de Irlanda, no lo dudes: haz una parada en este pueblecito de la bahía, porque te aseguro que se te va a quedar grabado en el corazón.

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