Inisfhbofin

Inishbofin es una de esas islas irlandesas que conviene visitar, y seguramente merezca más tiempo del que le dedicamos (1 día), aunque sólo sea para no dejar de contemplar su belleza natural, 

Inishbofin

o para saborear la tranquilidad de sus gentes,

Inishbofin

o para sentir una y otra vez esa sensación de estar en un lugar remoto. Esa incomparable sensación de estar en un lugar remoto… 

Inishbofin

…porque aunque todos los días, en pleno mes de Agosto, un puñadito de turistas y viajeros desembarca en la isla, la verdad es que ésta casi “se nos come”, y es muy fácil quedarse solos en el páramo, o al borde de sus acantilados. 

Inishbofin

Inishbofin, isla del condado de Connemara

En el norte del Connemara, a unos 9 km frente a la costa. Se puede acceder a ella en barco, siempre y cuando el tiempo lo permita, desde Cleggan. 

Inishbofin

Inishbofin

Dolmen situado en la orilla frente al puerto. El barco hizo una breve pausa para que pudiéramos verlo, antes de salir de la bahía.

Un trayecto de unos 30 minutos y por 20 € ida y vuelta en el día (síp, 10 € por trayecto y persona).
Los horarios de ida y vuelta, por cierto, no son muy buenos así que la excursión da para unas 4 horas en la isla… justo para hacer una de las caminatas de 8 km que se pueden hacer (hay varios itinerarios). Por supuesto, no corriendo sino parándose a contemplar el paisaje. Ah! en Cleggan muchos vecinos avispados han habilitado los terrenitos que tienen junto a sus casas como parkings, cobrando 2-3 € por dejar el coche todo el día. No obstante, si llegáis pronto, podréis dejarlo junto al muelle donde se coge el ferry. Los tickets se compran en la tienda de alimentación que está justo al lado, en la calle principal. Siempre podéis preguntar, que es lo que hicimos nosotras.
Según se aproxima el barquito a la isla, observamos un pequeño faro encalado sobre un saliente rocoso que protege el pequeño puerto de Inishbofin, la única población de la isla. Hablando de población… 200 habitantes tiene el lugar (la isla, me refiero, no el pueblo, aunque la mayoría están aquí).
Y un poco más allá, las ruinas de una antigua iglesia, por lo visto del s. XIII, también encaramadas a las rocas.

Pisamos el muelle y la tranquilidad ya se respira. La ausencia de ruidos de tráfico o cualquier otra estridencia de la civilización desaparece (aunque puede llegar a oírse alguna motosierra o cortacésped, no lo vamos a negar!).

Qué ver en Inishbofin

Las casas están impecablemente encaladas, con tejados oscuros, y junto a ellas nos llaman la atención una especie de torres también encaladas. Deben de ser depósitos de agua, pero todas sin excepción tienen además una hornacina con una virgen.

Inishbofin

Inishbofin

Como el día estaba totalmente despejado, y un cielo brillante, azul intenso, nos cobijaba… llegué a trasladarme por un momento a algún rincón del Mediterráneo. Especialmente me acuerdo de las Cícladas griegas.

Inishbofin

Quizá esta blancura sea un homenaje al nombre de la isla, ya que Inishbofin (bó finne) significa “vaca blanca” y precisamente bajo el mismo nombre hay un lago de aguas quietas, sorprendentemente cerca del mar (sólo una estrecha lengua de tierra les separa), justo en el lado opuesto al puerto.

Inishbofin

Aquí no campaban los griegos, pero sí los piratas!! Grace O’Malley, famosa pirata del s. XVI se instaló en esta isla 🙂
Más tarde, Cromwell la invadió en 1652 y construyó una cárcel con forma de estrella (¿os suena?), para encarcelar a clérigos…
¿Y qué tendrán estas islas que están llenas de historias de clérigos, santos? (aquí también: San Colmán vino en el 664. Fue un exilio forzado porque decidió adoptar un nuevo calendario y se peleó con la Iglesia, claro ¡toma ya!).

Pues qué van a tener: un sitio sin igual donde aislarse del mundanal ruido. 

Inishbofin

Otra cosa quería yo “perseguir” en esta isla, si la suerte me acompañaba… había leído que aquí se pueden ver focas. Ya iba yo aguzando la vista por el camino que sale a la izquierda del puerto, hacia la punta de la isla desde donde se avista otra isla -Inishsharck- más pequeña con casas derruidas, abandonadas desde la época de la Gran Hambruna… Pero no, no hubo suerte.

Es cierto que antes de salir a explorar la isla nos acercamos a la casa de Correos-oficina de información-centro cultural de Inishbofin a preguntar, y nos dijeron que sí, que quizá tuviéramos suerte pero que son muy huidizas y con cualquier ruidito salen pitando. Pues ni siquiera eso! Volviendo en el barco descubrimos que también venden excursiones para ir a ver a las focas, no sé a qué parte de la costa de la isla, y supongo que por un buen pico… Cést la Vié, pero os lo cuento por si vais por allí. Atentos y silenciosos, nunca se sabe!! 😀

Lo que sí encontramos en ese punto frente a Inishsharck fue una playa de arenas blancas increíble!!, rodeada de prados donde pastaban las ovejas, y con unas aguas transparentes maravillosas. Por lo visto, también se puede practicar el esnórkel aquí y debe de merecer la pena.

Inishbofin

Más adelante, el camino torcía hacia el interior pero decidimos seguir cerca de las rocas y el mar… además, buena parte de los campos que quedaban al pie del monte, igual que en el continente, resultaron ser campos de turba esponjosos y empapados por los que resulta algo difícil andar.

Inishbofin

Fue entonces cuando subiendo un pequeño repecho (pensando en otear la costa en busca de focas), nos topamos con un acantilado que tenía zonas a punto de caerse al mar :O. De nuevo Inishbofin nos sorprendía…

Inishbofin

Inishbofin

Y es que así es, una escapada que merece la pena hacer, sí señor.

Por cierto, a nivel logístico… hay varias rutas que se pueden hacer andando o en bicicleta (un par de vecinos tienen un pequeño negocio de alquiler de bicis en el puerto), aunque los caminos tienen mucha piedra y de los campos de turba no vamos a hablar, claro.
Con respecto a comer, o bien os lleváis algo tipo pic-nic, o bien vais a uno de los dos o tres pubs (que también tienen alojamiento). Es lo que hicimos, aunque ya a las 15 h o así, cuando terminamos la ruta. Porque una vez que sales del pueblo, olvídate de encontrar nada, ni agua. 

Inishbofin

“Tienda de recuerdos” junto al puerto de Inishbofin

Otro aliciente para quedarse a pasar la noche, es que en la isla no hay policía. De hecho, alguno de los escasos coches que circulan por allí (no hay gasolinera tampoco), no llevan matrícula, y los pub hacen la vista gorda con respecto a la famosa hora en la que hay que dejar de servir alcohol, así que es probable que las sesiones de acordeón, flautas y cantos se prolonguen más de lo normal ;).

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