Galway

Galway es probablemente una de las ciudades de Irlanda más conocidas, después de Dublín.
Situada en la costa Oeste, es una de esas ciudades donde los estudiantes abundan, y también es destino de emigrantes que buscan aprender inglés mientras trabajan.

Mis expectativas estaban bastante altas, y como a veces ocurre, se cayeron en buena parte. 

Galway

Galway tiene un centro medieval que está protagonizado por la calle central (Shop St.). Esperaba que fuese más grande y menos agobiante, aunque fuera verano pero… no, es pequeño y está atestado de gente a todas horas, aparte de la cantidad de restaurantes,  bares y tiendas de recuerdos que invaden parte de la calzada con sus terrazas y expositores.
Quizá como versión “mini” de otras ciudades y pueblos de Irlanda, valga… pero si vais a la isla para más tiempo y no sólo para salir de fiesta, pues quizá se os quede pequeña como me ocurrió a mi.

Galway

Quizá fue porque la recorrimos innumerables veces arriba y abajo.

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Quizá fue porque no era fácil encontrar un lugar tranquilo en el que descansar y ver la vida y a sus personajes pasar… (ya sabéis, unos bancos, esas cosas extrañas que antes había en la calle y la gente utilizaba para sentarse, y que últimamente brillan por su ausencia en cada vez más ciudades).

Galway

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Quizá también porque aquí el tiempo fue de los peores hasta entonces, con lluvia y viento furiosos que nos llevó incluso a pasar unas horas en el Bed&Breakfast leyendo o escribiendo. Aunque también salió el sol, a ratos. Ya sabéis lo que dicen en Irlanda “one day, four seasons”.  

Dónde alojarse en Galway

Nos alojamos en una casita de las cientos que hay al otro lado del río Corrib, en lo que llaman el West Side. Éste es un barrio que está a dos patadas del centro, y aunque nos disuadieron los de la oficina de información, la verdad es que es donde más alojamientos hay y a mejor precio que en el centro (50€ habitación doble, aunque sin desayuno), además de disponer de una plaza de coche para aparcar -si lo lleváis-.

Galway

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Los dos Hostel (mucho más baratos) que hay en Galway estaban llenos y aunque en uno estuvimos a punto de quedarnos, finalmente la chica se había equivocado con el programa informático de reservas y no, nos tuvimos que ir.

Quizá Galway me decepcionó porque le dedicamos demasiado tiempo. Entendedme, hay sitios donde te empeñas en estar dos o tres días, y al final no merece la pena. Siempre depende de cómo le pille a uno el cuerpo. En mi caso, me apetecía volver a la campiña y disfrutar de horizontes abiertos.

Qué ver en los alrededores de Galway

Por cierto, éste es el punto que todas las guías señalan para visitar las islas Aran. No es cierto porque desde Doolin también hay barcos que van y vienen. Desde Galway, en realidad, o bien vais en coche hasta el puerto donde salen los ferries, que está a unos cuantos kilómetros de Galway (y ya podéis buscar bien en los mapas, nos costó lo nuestro localizarlo!!), o bien os apuntáis a alguna de las excursiones que salen desde la ciudad (y que a buen seguro son más caras).
Nosotras al final lo tuvimos que dejar porque “el día elegido” hacía un tiempo de perros.
Madrugamos y enfilamos la carretera hacia el puerto, no fuera a ser que la cosa cambiara, pero al final no fue así y pasamos de largo acercándonos a la playa de Carraroe, donde un cementerio al pie de la orilla nos dio la bienvenida (no sé cómo los ataúdes no salen flotando!! pero el sitio era de lo más poético).
Después de contemplar un poquito el mar y el cielo abierto, volvimos a Galway porque hacía viento, llovía, y no apetecía estar a la intemperie, para qué negarlo.

Galway

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Volvamos a Galway… qué ver y hacer en la ciudad

Galway es muy conocida por su ambiente festivo y no seré yo quien diga lo contrario, porque desde luego los grupos que vimos tocar y que se pueden encontrar fácilmente en cualquier pub de la calle principal, eran muy buenos.
También hay músicos en la calle durante el día, y de nuevo me quito el sombrero ante algunos.

Galway

Este hombre nos dejó atónitas, pues tenía una voz espectacular y sin ayuda de micrófonos amenizaba toda la calle con sus canciones, realmente bonitas

Galway

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Ah! un detalle… aquí tienen su propia cerveza, aparte de la Guinness. Se llama Hooker, es rubia, y no está nada mal, aunque es más cara que las demás. Una pinta de Hooker junto con una olla de mejillones al vapor o con salsa de ajo -especialidad de esta parte de la costa-, por ejemplo, entran bien 🙂

Su Catedral por otro lado es bastante bonita, aunque lo mejor es el paseo por la orilla del río Corrib que os recomiendo seguir para llegar hasta ella, adecentado para los viandantes y las bicicletas y donde no es difícil ver a los paisanos pescando con caña. Dicen que aquí se puede ver a los salmones remontando el río sin ningún problema… siempre que sea la época, claro.
Este rincón me recordó un poco a Canterbury, en la vecina Inglaterra.

Galway

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Hay otra iglesia que visitamos y que a mi personalmente me gustó más… digamos que tenía más personalidad.
Es la Iglesia colegiata de San Nicolás de Myra, en pleno centro. Se dice que Cristóbal Colón rezó aquí en 1477 y aunque es una historia algo confusa, más fama tiene ésta otra: hay un ala en la iglesia donde están las tumbas de la familia Lynch. En una de ellas están los restos del corregidor James Lynch (fines s. XV) que es famoso por haber ajusticiado a su propio hijo, que había asesinado a un visitante español. Tuvo que hacerlo él mismo porque nadie se ofrecía voluntario para ejecutar la sentencia. En Market St., fuera de la iglesia, hay una placa donde se cuenta todo esto, y donde se dice que estaba el cadalso.

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La  historia de Galway y sus lazos con España

Ahora que os mencionado que los españoles andaban por aquí… e incluso, quién sabe, Cristóbal Colón (aunque no fuera español lo incluyo), os cuento un poquito de la historia de Galway: allá por el siglo XIII un tranquilo pueblecito de pescadores vino a ser transformado en un importante centro urbano cuando los invasores anglonormandos pusieron fin al mandato del clan de los O’Flaherty. Mucho tiempo después Ricardo II le otorgó un fuero y pasó a depender de un consejo de 14 familias o tribus de mercaderes, y de ahí el apodo con el que se la conoce.
Gaillimh (el nombre gaélico de Galway) procede de gaill, que significa forasteros o extranjeros. 
Ya en el s. XV, después de un gran incendio, se empezó a construir con piedra y se desarrolló el comercio de vino, especias, pescado y sal con Portugal y España, incluso rivalizando con Londres!! 
En 1691, después del paso de Cromwell y Guillermo de Orange, empezó el declive y Dublín y Waterford le cogieron el testigo.
De ahí que uno de los rincones e iconos de Galway sea un lugar llamado Spanish Arch, al lado del río. Como su nombre indica es un arco bajo el cual dicen que pasaban los navíos que transportaban las mercancías recién llegadas de España, como el vino y el brandy. Hoy queda al lado del río, y como podéis ver se puede cruzar a pie ya que lo que era un canal se ha convertido en una calle.

Galway

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Justo después de pasar por debajo del Spanish Arch se alza un moderno edificio.

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Es el Museo de la Ciudad, que os recomiendo para dar una vuelta porque es muy agradable y curioso (y gratis). Allí mismo hay una cafetería-restaurante de lo más interesante (si queréis variar con respecto a la comida basura que se sirve en buena parte de los sitios, o no queréis dejaros un riñón para comer bien y más sano, éste es un buen sitio).

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Y hasta aquí lo que recuerdo como más relevante de Galway, en mi humilde opinión. Si volviera, ahorraría al menos un día, que vendría muy bien para seguir subiendo hacia el norte, pero esto no lo sabes hasta que vas allí y lo vives ¿no? 😉

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