Galway es probablemente una de las ciudades de Irlanda más conocidas después de Dublín. Situada en la costa Oeste, es uno de esos sitios donde los estudiantes abundan, y un destino de emigrantes que buscan aprender inglés mientras trabajan. Mis expectativas estaban bastante altas, y como a veces ocurre, se cayeron en buena parte.
Qué ver y hacer en Galway
Galway tiene un centro medieval que está protagonizado por la calle central (Shop St.). Se trata de un sitio llenod e restaurantes, bares y tiendas de recuerdos que invaden parte de la calzada con sus terrazas y expositores, y en verano puede resultar pequeño y un poco agobiante. Esto es lo que hizo que me decepcionara un poco la ciudad, sobre todo comparándola con otros sitios más tranquilos, pero si viajas fuera de la temporada alta, no tiene por qué ser así.
Es cierto que también nos encontramos con el peor clima del viaje: lluvia y viento furiosos. Nos llevó incluso a pasar unas horas en el Bed&Breakfast leyendo o escribiendo. No obstante, también salió el sol, a ratos. Ya sabes lo que dicen en Irlanda «one day, four seasons».

El ambiente de Galway
Galway es muy conocida por su ambiente festivo, y no seré yo quien diga lo contrario. Es fácil encontrarse con grupos tocando en cualquier pub de la calle principal y en la misma calle. Los que nosotras vimos eran muy buenos.
Ah! un detalle: aquí tienen su propia cerveza, aparte de la Guinness.
Se llama Hooker, es rubia y no está nada mal, aunque es más cara que las demás. Una pinta de Hooker junto con una olla de mejillones al vapor o con salsa de ajo -especialidad de esta parte de la costa- entran muy bien 😉
Las iglesias de Galway
La Catedral de Galway es bastante bonita, aunque lo mejor es llegar hasta ella por el paseo junto al río Corrib. Adecentado para los viandantes y las bicicletas, no es difícil ver a los paisanos pescando con caña.
Dicen que aquí se puede ver a los salmones remontando el río sin ningún problema. Siempre que sea la época, claro. Este rincón me recordó un poco a Canterbury, en la vecina Inglaterra.
Hay otra iglesia que visitamos y que a mí personalmente me gustó más. Digamos que tenía más personalidad. Es la Iglesia colegiata de San Nicolás de Myra, en pleno centro. Se dice que Cristóbal Colón rezó aquí en 1477, aunque es una historia algo confusa.
Hay un ala en la iglesia donde están las tumbas de la familia Lynch. En una de ellas están los restos del corregidor James Lynch (fines s. XV) que es famoso por haber ajusticiado a su propio hijo, ya que este había asesinado a un visitante español.
Tuvo que hacerlo él mismo porque nadie se ofrecía voluntario para ejecutar la sentencia. En Market St., fuera de la iglesia, hay una placa donde se cuenta todo esto, y donde se dice que estaba el cadalso.



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La historia de Galway y sus lazos con España
Ahora que he mencionado que los españoles andaban por aquí… e incluso, quién sabe, Cristóbal Colón, cuento un poquito de la historia de Galway.
Precisamente uno de los rincones e iconos de Galway es un lugar llamado Spanish Arch. Como su nombre indica, es un arco bajo el cual dicen que pasaban los navíos que transportaban las mercancías recién llegadas de España como el vino y el brandy. Hoy queda al lado del río, y como puedes ver se puede cruzar a pie. Lo que era un canal se ha convertido en una calle.



Justo después de pasar por debajo del Spanish Arch se alza un moderno edificio.
Es el Museo de la Ciudad, que te recomiendo para dar una vuelta. Es un sitio muy agradable y curioso, y al menos cuando yo lo visité era gratuito.
Allí mismo hay una cafetería-restaurante que te permite salir de la comida basura que se sirve en buena parte de los sitios, sin dejarte un riñón para comer bien y más sano.
El Barrio de Claddagh y la leyenda de su anillo
Justo al dejar atrás el Spanish Arch y cruzar el puente sobre el río Corrib, te adentras en Claddagh, uno de los rincones con más solera y carácter de Galway.
Aunque hoy está totalmente integrado en el trazado urbano, durante siglos este lugar fue un antiguo y humilde asentamiento de pescadores de habla gaélica. Vivían completamente de espaldas a las leyes de la ciudad amurallada e, incluso, elegían a su propio «rey» para que gobernara la comunidad y bendijera las barcas antes de salir a faenar.
Aunque las antiguas cabañas con tejado de paja ya no están, el barrio conserva un magnetismo marinero muy especial. Dar un paseo por su orilla al atardecer, contemplando las embarcaciones tradicionales amarradas y el ir y venir de los majestuosos cisnes que se reúnen en la desembocadura, es un planazo.
Además, este barrio es mundialmente famoso por ser la cuna del Anillo de Claddagh, el símbolo tradicional de la joyería irlandesa.
El diseño consta de dos manos que sostienen un corazón coronado, representando la amistad (friendship), el amor (love) y la lealtad (loyalty). Si te apetece comprar uno de recuerdo en alguna de las joyerías locales, fíjate bien en cómo te lo pones, porque la tradición es muy estricta con su significado:
Sin duda, cruzar a esta orilla es una parada cargada de romanticismo e historia que no te puedes saltar.

Dónde alojarse en Galway: el barrio del West Side
Nosotras nos alojamos en una casita de las cientos que hay al otro lado del río Corrib, en lo que llaman el West Side. Éste es un barrio que está a dos patadas del centro. Curiosamente nos disuadieron los de la oficina de información de turismo, pero la verdad es que es donde más alojamientos hay y a mejor precio que en el centro.
Para que te hagas una idea, pagamos 50€ por la habitación doble en su día (sin desayuno), aunque actualmente, debido al auge turístico de la ciudad, los precios en temporada alta suelen ser bastante más elevados. Mirar las opciones en esta zona con mucha antelación sigue siendo la mejor estrategia para ahorrar.
Qué ver en los alrededores de Galway
Galway es el punto que todas las guías señalan para visitar las islas Aran, pero has de saber que desde Doolin, junto a los acantilados de Moher, también hay barcos que van y vienen.
Excursión a las Islas Aran: un viaje en el tiempo
Si tienes un día extra en Galway, dar el salto a las Islas Aran (Inishmore, Inishmaan e Inisheer) es una de las mejores decisiones que puedes tomar.
Estas tres lenguas de piedra caliza flotando en el Atlántico son uno de los últimos reductos de la Irlanda más auténtica: aquí el gaélico sigue siendo la lengua oficial y los paisajes parecen sacados de una película.
Sé que a veces puede ser un poco confuso organizar la logística y localizar desde dónde salir, así que apunta el dato clave para que no te pase como a nosotras: los barcos principales no zarpan del centro de Galway, sino del puerto de Rossaveal, un pequeño pueblo situado a unos 40 kilómetros al oeste de la ciudad, en plena región de Connemara.
Para llegar hasta allí y cruzar a las islas tienes dos opciones muy sencillas:
Como te decía, nosotras no logramos llegar al puerto. Madrugamos y enfilamos la carretera, pero hacía un tiempo de perros y seguramente habrían cancelado la salida de los ferries. Como la cosa seguía fea, pasamos de largo y nos acercamos a la playa de Carraroe.
Un cementerio al pie de la orilla nos dio la bienvenida. ¡No sé cómo los ataúdes no salen flotando!! Un sitio de lo más poético. Después de contemplar un poquito el mar y el cielo abierto, volvimos a Galway porque hacía viento, llovía, y no apetecía estar a la intemperie. Para qué negarlo.


Quizá Galway me decepcionó porque le dedicamos demasiado tiempo. Entiéndeme, hay sitios donde te empeñas en estar dos o tres días, y al final no merece la pena. Siempre depende de cómo le pille a una el cuerpo. En mi caso, me apetecía volver a la campiña y disfrutar de horizontes abiertos.
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Muy chulo el reportaje. Enhorabuena.
¡Quiero ir a Galway!
Desde que escuché "Galway Girl" tengo ganas de ir, jajaja. Está en mi lista de lugares pendientes.
Creo que te pasé esa canción en su momento por Twitter, jaja.
Besos, Ali.
Creo que sí, Nerea, que me la pasaste, ja, ja :)
Un beso!