Si hay una ciudad en Irlanda que ha sabido conservar su fisonomía de la Edad Media como ninguna otra, esa es Kilkenny. Conocida cariñosamente como la «Ciudad del Mármol» (debido a la piedra caliza negra que abunda en la zona y que brilla intensamente cuando llueve), Kilkenny es una parada obligatoria en cualquier ruta por el este o el sur de la isla. En esta guía práctica voy a desgranar su apasionante historia y todo lo que no te puedes perder en tu visita
Un trozo de historia: De capital de Irlanda a juicios por brujería
Para entender Kilkenny hay que sumergirse en su pasado, porque aquí la historia no se estudia, se pisa. Fundada a principios del siglo VI en torno a un monasterio dedicado a San Canice, la ciudad floreció tras la llegada de los normandos.
Hay dos capítulos históricos que hacen de este lugar un sitio único:
Cómo llegar a Kilkenny desde Dublín
Kilkenny está perfectamente comunicada, lo que la convierte en una excursión ideal de un día o, mejor aún, en una parada de camino hacia el sur (Cork o Waterford). Está situada a unos 120 kilómetros al suroeste de la capital.
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Dónde alojarse en Kilkenny
Si te planteas pasar una o dos noches en Kilkenny, mi consejo es que lo hagas. No sólo verás la ciudad, si no que podrás marcarte una ruta de castillos chulísima, visitando el famoso Rock of Cashel y el castillo de Cahir entre otros. Te he contado mi ruta de castillos aquí.
En cuanto al alojamiento, nosotras nos quedamos en un Bed&Breakfast en pleno centro. No recuerdo el nombre, sorry, pero aquí puedes ver y reservar alojamiento en Kilkenny.
Qué ver en Kilkenny, la Milla Medieval
En primer lugar te diré que Kilkenny es una ciudad muy manejable, aunque los atascos que se montan en su calle principal (Rose Inn St.) son proverbiales, je, je.
La mejor forma de explorar la ciudad es recorrer la llamada Medieval Mile (Milla Medieval), un eje histórico que une los dos monumentos principales de la localidad: el Castillo y la Catedral de San Canice, aunque la ciudad tiene más atractivos como te voy a contar.
El castillo de Kilkenny
Uno de los atractivos de Kilkenny es que tiene un grandioso castillo cuyos muros se asoman al río. Se construyó en el siglo XIII para, en principio, asegurar un lugar donde poder cruzar el río Nore.
Durante casi 600 años fue la residencia de la poderosa familia Butler (los condes de Ormonde). El interior está exquisitamente restaurado y recorrer sus salones victorianos te transporta a otra época. Pero lo mejor de todo es que sus inmensos jardines y parques circundantes son de acceso libre y gratuito, el lugar favorito de los locales para pasear cuando el sol hace acto de presencia.
Para entrar al castillo hay que sumarse a un grupo y pagar 8€ si eres un adulto (precio 2026). No permiten hacer fotografías en el interior. Nosotras decidimos no entrar, pero si te interesa, consulta los horarios y precios actualizados en su página web oficial.


Detrás de él se extienden unos jardines enormes y justo enfrente se abren las antiguas caballerizas. Hoy se emplean para alojar tiendas de artesanos. Lo más interesante es que al fondo hay una casa enorme y muy cuidada que se rodea de jardines llenos de flores y parterres. Un sitio muy tranquilo que no está de más ver.


Catedral de San Canice y las mejores vistas de Kilkenny
La catedral de San Canice es la segunda más grande de Irlanda, sólo superada por la de San Patricio en Dublín.
Como en otros lugares de Irlanda, una torre cilíndrica nos da la bienvenida, y en este caso ¡¡Se puede subir hasta arriba!!
Sin dudarlo compramos el ticket dentro de la catedral y volvimos a salir para trepar los 30 metros de altura de la torre. Hay escaleras de madera, pero hay que andarse con ojo porque los espacios entre los escalones son muy grandes.
La entrada cuesta 12€ (precio 2026) y se incluye tanto el interior de la catedral como la torre. También se pueden comprar por separado, sobre todo si no quieres subir la torre. Puedes ver los horarios y tarifas actualizadas en la página web de la catedral.
Desde arriba las vistas de Kilkenny y los campos que la rodean son inmejorables, incluso bajo las nubes 😊
El interior de la catedral también me gustó mucho. Construida originalmente en el siglo XIII, la versión que podemos ver hoy es de estilo gótico, con medidas proporcionadas y muchos detalles a los que prestar atención, como las lápidas del suelo. Y es que el sitio tiene sus historias, como puedes imaginar.
Dicen que San Canice construyó aquí el primer monasterio en el s. VI, pero debió de quemarse -entonces se construía en madera-.
La actual catedral fue construida entre 1202 y 1285, aunque no estuvo exenta de algunas catástrofes para las que el pueblo supo darles explicación. Por ejemplo, el desplome de la torre de la iglesia (1332) se dice que fue consecuencia de la condena por brujería de Alice Kyteler. Su sobrino se libró de la condena ofreciéndose a reconstruir el tejado de la catedral, pero lo hizo con tejas de plomo. Como pesaba demasiado, volvió a desplomarse.
Los terrenos que rodean a la catedral son un cementerio donde conviven los muertos antiguos con los modernos. Hay lápidas de distintas fechas, y los cuervos han hecho de éste su reino. Es un escenario digno de Edgar Allan Poe, y nos entretuvimos un buen rato tratando de fotografiar a los animalitos y sus evoluciones entre las lápidas, je, je.
Las calles de Kilkenny
Pero lo mejor de Kilkenny está en sus calles medievales con arcos, escaleras y suelos adoquinados.
Fachadas y escaparates pintados de vivos colores se suceden unos tras otros, como si entre todos estuvieran conjurando al cielo encapotado y gris que parece despintarlo todo. Confieso que me volví un poco loca haciendo fotos a esas fachadas, pero es que están llenas de encanto 🥰
A mitad de camino en tu paseo por la Milla Medieval te toparás con el Kyteler’s Inn. Es, ni más ni menos, la taberna más antigua de Kilkenny, fundada en 1273 por la mismísima Alice Kyteler (la «bruja» de la que te hablé unas líneas más arriba). Hoy en día sigue funcionando como pub y restaurante; bajar a su sótano de piedra iluminado por velas para disfrutar de una comida tradicional o escuchar música en directo es una experiencia imprescindible.
El puente de San Juan, donde los chavales juegan en verano
Otro punto central es el puente de San Juan sobre el río Nore. En los días de verano, no sé ahora pero cuando yo estuve pudimos ver cómo los chavales jugaban a tirarse al río desde lo más alto de este puente. Mientras unos se tiraban, otros vigilaban por si venía la policía.
Kilkenny tiene ese magnetismo especial de los lugares que han sabido envejecer con orgullo. No es sólo un conjunto de fachadas bonitas para la foto. Es una ciudad con alma, con leyendas de brujas, pasadizos ocultos y tabernas donde la música celta parece no detenerse nunca. Si estás planeando tu ruta por la Isla Esmeralda, hazme caso y reserva un espacio en tu itinerario para perderte por las callejuelas de la Ciudad del Mármol. Te aseguro que no te va a defraudar.
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