Prisión de Kilmainham

Ésta es la primera vez que visito una cárcel… haciendo turismo, sí ;).

Tenía claro que éste era uno de los rincones a visitar en Dublín, más por una razón sentimental –aquí se rodó la peli En el nombre del padre, que me encanta- que por lo que sabía de éste sitio. 

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El “saber de ése sitio” lo reservaba para cuando estuviera allí, y la verdad es que me gustó, me sorprendió, y sobre todo me inquietó.

Visitar Kilmainham Prison es como dar un salto en el tiempo, o como una puerta a las historias que películas, relatos y más recientemente series de TV se han ocupado de mantener vivas.

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Papillón es uno de esos grandes relatos que nunca olvidaré… Pero también recordé algunos libros leídos en la Universidad, como “Internados” de Goffman (muy recomendable, sobre las instituciones totales que van desde cárceles hasta hospitales psiquiátricos e incluso hospitales, sin más), o “Vigilar y Castigar” de Michael Foucault que nos cuenta cómo en el s. XIX se inventó el concepto moderno de cárcel como lugar de redención, de modelización de los individuos para que éstos vuelvan a la sociedad “dóciles y útiles” (seguramente la bandera de “dóciles” ya no se enarbole aunque permanezca, pero no me voy a desviar…).

Esta cárcel se construyó a finales del s. XVIII, en las afueras de Dublín -hoy está plenamente integrada en la ciudad., y cerró en 1924. 
Al contrario que en otros lugares como el mismo Madrid donde resido, el edificio no se destruyó, y con el tiempo se “restauró” para dar paso a las visitas turísticas.

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La prisión de Kilmainham en Dublín resulta impactante en su totalidad

Parece que ayer mismo los presos estaban allí, grabando sus nombres y mensajes en las paredes, pasando frío y humedad, mirando por la mirilla de la puerta de sus celdas, durmiendo en los sucios colchones… Por cierto: hombres, mujeres y niños convivían sin distinción ni división alguna.

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La historia y valor que reúne esta cárcel es muy importante para los irlandeses. Sobre todo, porque fue el escenario de las consecuencias del levantamiento fallido pero decisivo para la consecución de la independencia de Irlanda, la Insurrección de Pascua, de 1916. 

Los cabecillas de dicha insurrección dieron aquí con sus huesos, y finalmente 14 de ellos (de un total de 15) fueron ajusticiados en su patio.

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Uno de los rincones del patio donde fusilaron a los líderes de la Insurrección de Pascua.

Antes de llegar a éste patio, habréis recorrido la capilla donde Joseph Plunkett (uno de los cabecillas de la rebelión de 1916, poeta e intelectual que acompañó a Roger Casement a Alemania en busca de apoyos para el levantamiento) se casó con Grace Gifford -ilustradora y caricaturista- unas horas antes de su ejecución.

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Joseph lo consiguió porque ésta fue su última voluntad, y los jueces se la concedieron.
Dos soldados fueron los testigos del enlace, que se realizó a las 11.30 h., de la noche. Teniendo tan sólo unos minutos para estar juntos (y siempre bajo la atenta mirada de los guardianes), se despidieron para siempre. Triste.

Recorreréis las celdas que ocuparon los cabecillas de la rebelión de 1916 y muchos otros prisioneros (políticos o no) anónimos. Celdas que se suceden una a otra en lóbregos pasillos, cuyo interior se puede husmear a través de las mirillas. Recuerdo que en uno de esos pasillos me quedé la última del grupo, y justo la puerta que habíamos dejado atrás se cerró con estruendo a mi espalda, y oí correrse el cerrojo!!. Si el personal de la prisión querían dar efecto a la visita, desde luego lo consiguieron, ja, ja.

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Pasillos y pasillos de pesadas puertas y candados, mirillas inquietantes y ventanucos por donde entra la mortecina luz del cielo cubierto irlandés.
Recuerdo que el guía nos hizo notar en varias ocasiones que ésta era la primera o de las primeras cárceles en incorporar ventanas en todas las celdas, y un tiempo de salida al patio para los presos, a fin de que éstos no enfermaran tanto. “Modernidades” en el arte de mantener presos a seres humanos…

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… y por último la principal atracción, el Victorian Wing: un patio interior con escaleras en el centro que suben a las galerías superiores.
Fue el principal escenario de la ya citada En el nombre del padre.
Aquí podréis entrar en algunas celdas, que por cierto son las únicas que aparecen pulcramente pintadas y limpias.
Este vestíbulo sirvió de modelo para numerosas cárceles, sobre todo en EEUU. 

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Otro hito en la historia irlandesa que también tuvo aquí su triste capítulo fue la Gran Hambruna. Podéis imaginar (y os lo contarán allí), cómo se vivió  en un lugar como la cárcel de Kilmainham. Y aun así, se comía más que en la calle.

Antes o después de iniciar el recorrido, se puede visitar un pequeño museo que muestra fotografías de época y algunos objetos y representaciones de la vida en prisión. Lo que más me llamó la atención fue la silla y cámara fotográfica para el “fichaje” de los presos a su entrada en la cárcel 🙂

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Datos prácticos para visitar la Prisión de Kilmainham

  • Nosotras cogimos un autobús junto al río, a la altura de Temple Bar, un poco más abajo del puente O’Connel. Creo que era el 78 o 79. También podéis en el 23 el 51 y el 51A, según la guía que llevábamos, pero no logramos encontrar las paradas. Son unos 15-20 minutos de trayecto, como mucho.
  • Las visitas se organizan en grupos de 20 ó 25 personas, según orden de llegada, y duran aproximadamente 1 hora. No hay posibilidad de visitarla de otra forma.
  • Se incluye un guía que va contando todas las historias de la cárcel, pero sólo en inglés.
  • Entrada de adultos: 6 € (a fecha de Agosto 2012).
  • Se pueden hacer fotografías durante todo el recorrido. 
  • Por 1 ó 2 € tienen un folleto en español que cuenta la historia de la cárcel. No lo compramos porque entendíamos bastante bien al guía, pero en caso de que no entendáis inglés, es una opción.

En fin, para mi este fue un rincón curioso, interesante y digno de no dejarse en el tintero en vuestra visita a Dublín… y, por cierto, más barato que atracciones como la fábrica de Guiness, aunque sobre gustos ya sabéis, no hay nada escrito 😉

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