Glendalough

Un escenario de cuento… A poco más de media hora de coche al sur de Dublín, incluso al “paso titubeante” de aquellos que no conducimos por la izquierda nunca, se llega a estos parajes.

Si encontráis la salida de la gran ciudad que desemboca en la R115 que lleva al Sally Gap, el punto más alto de estas montañas y bosques, tanto mejor…
No fue nuestro caso, bastante tuvimos con lograr salir sin dar demasiadas vueltas enfilando la M11 :S

Glendalough, en los montes de Wicklow, es un escenario de cuento cerca de la localidad de Roundwood

tréboles verdes entre hojas secas marrones glendalough

El caso es que llegamos a Roundwood sin demasiadas novedades y como digo en un tiempo casi récord. Antes paramos en algún punto de la carretera para contemplar los prados verdes, muy verdes, con manchas de bosques y grupitos de caballos y vacas por aquí y por allí, porque en cuanto sales de Dublín, el paisaje irlandés, “typicall”, empieza a descubrirse ante nuestros ojos.

comisaría de roundwood cerca de glendalough

Roundwood es un pueblo que está a escasa distancia de Glendalough y los lagos (unos 3 km), un buen sitio para quedarse a dormir, aunque también hay un hostel en el mismo Glendalough. Atravesado por la carretera, el pueblo es muy tranquilo y hay poco turismo (aunque era lunes y además la gente suele ir y venir de Dublín en el día), y tiene un secretillo que nos sorprendió gratamente, luego lo cuento ;P

puertas de roundwood una roja y otra negra en glendalough

Lo primero que hicimos fue ir a ver si había habitaciones libres, y para ello nos dirigimos a uno de los B&B que estaban a la vista, “The Coach House”, un establecimiento amplio y un poco laberíntico, con un pub en el que por las noches suena la música en directo y un parking anexo muy decente, y sobre todo una acogida amable y simpática, otra constante como iríamos descubriendo.
Allí nos quedamos, dejamos las bolsas de viaje y pusimos rumbo a Glendalough sin más tardanza, deseosas de conocer ese lugar del que habíamos visto algunas imágenes realmente bonitas…

Glenn dá Loch o Glendalough significa el “Valle de los dos lagos”.

Efectivamente, se trata de un valle profundo de tipo alpino, de pronunciadas laderas cubiertas de bosques con diferentes especies de árboles que terminan en las aguas de estos dos lagos, uno más pequeño y otro más grande, que ocupan casi toda la base del valle.

montañas al fondo del lago glendalough

Desde el parking y el centro de visitantes, aún no se adivinan los lagos, pero en cambio a poco de andar por un sendero bien marcado lo primero que te encuentras son las ruinas del monasterio de Glendalough, un importante centro monástico que en el s. IX alcanzó su plenitud.

río con torre al fondo en blanco y negro glendalough

Miles de estudiantes aprendían y vivían en esta comunidad, en medio de esta exuberante naturaleza…

La  historia de Glendalough

Aunque el lugar lo descubrió un joven monje llamado Kevin, que llegó aquí buscando un lugar de retiro, varios siglos antes.
Quería meditar, en armonía con la naturaleza, y lo consiguió durante 7 años. Dicen que dormía en lo que fue una tumba de la Edad de Bronce, cerca del Lago Superior. Pero la voz se corrió, otros quisieron imitarle y fueron al valle, y poco a poco se fue creando esa comunidad monástica que llegó a ser tan importante. No sé cómo le sentaría esto al buen Kevin…

Su declive comenzó con los saqueos de los vikingos, amén del desalojo y destrucción de las tropas inglesas, tiempo después. Corría ya el año 1398.

ruinas antiguo monasterio de glendalough

Yo tenía unas ganas tremendas de ver con mis propios ojos no sólo el entorno, si no la espectacular torre cilíndrica de piedra del s. XI. Con más de 30 metros de altura, es el testigo de las construcciones de los primeros cristianos de la isla.
No es la única de Irlanda, de hecho visitamos al menos tres más durante el viaje e incluso subimos a una de ellas… pero ésta fue la primera, y quizá por lo novedoso y por el entorno, para mi la más especial, la más bonita. Olvidándome de que estamos en un sitio religioso, parece una de esas torres de cuento donde la princesa se asoma suspirando por su príncipe, je, je.

torre cilíndrica muy alta con tejado acabado en punto de glendalough de piedra

Todo un cementerio se extiende entre las ruinas de varias pequeñas iglesias. Cruces celtas o imitaciones de épocas posteriores, lápidas con nombres y fechas de diferentes siglos, e incluso muy recientes, no dejaron de sorprendernos… así que, ¿aún se utiliza este cementerio, aún vienen aquí a enterrar a sus seres queridos? Es algo que no deja de sorprenderme y de hecho más adelante fuimos comprobando que en los antiguos cementerios la actividad no ha cesado. Generaciones y generaciones de paisanos yacen juntos. 

cementerio de glendalough mirando a las montañas

Después de pasear a placer entre las ruinas y siempre volviendo los ojos hacia arriba, mirando la torre una y otra vez (confieso que me enamoré un poco), decidimos seguir hacia delante volviendo a cruzar el también antiguo puente de piedra por el que se accede a las mismas.

paisaje de helechos verdes y árboles con torre de glendalough al fondo

Los bosques de Wicklow. Suena a película eh? … pues son de película

Y aquí vino quizá la mejor parte del camino, porque enseguida nos vimos entre enormes hayas, robles, coníferas de diferentes tipos, acebos y más especies  que ahora no recuerdo o que sintiéndolo mucho no sé reconocer. Tuvimos un pequeño déja vu recordando los senderos de la Selva de Irati en los que estuvimos el otoño anterior, por cierto 🙂

bosque de árboles cubiertos de musgo en glendalough

Andando por el camino, vimos a una mujer cogiendo y comiendo algo de unos matorrales que había en la vereda… los zarzales estaban en flor, aún sin fruto, así que nos acercamos a ver qué eran: arándanos!! Yo conocía la frambuesa y la fresa silvestre, y por supuesto las moras, pero no había visto el arándano en su medio :). No nos resistimos a probarlos, ni a hacerles unas fotillos.

arándanos en la planta glendalough

abeja libando en flores de mora en glendalough

Entre sus ramas también descubrimos muchas arañas, bastante pequeñas pero realmente bonitas… En fin, “con poco” nos entretenemos. Los detalles del bosque son una mina para la fotografía así que realmente lo pasamos muy bien yendo por aquí y por allí, subiendo por la ladera para acercarnos a las cascadas que brotan sin cesar… 😀

bosque de hayas jóvenes con suelo muy verde en glendalough

Tras los bosques, llega el lago de Wicklow…

A los lagos se llega enseguida, no tiene ninguna dificultad y en un par de kilómetros estás en el Upper Lake. A partir de allí hay varias rutas para subir a los montes, dar la vuelta al valle, etc., pero has de ir preparado porque el tiempo puede ser muy cambiante.

río bajando entre montañas y dos niñas jugando en la orilla glendalough

La hora de comer ya había pasado hacía rato, mientras estábamos zascandileando a la orilla del gran lago, y como no habíamos llevado comida y además estaba el tiempo un poco tormentoso, nos fuimos al que parecía el único sitio donde comer… fast food de lo peorcito, en el segundo parking del parque, frente al Upper Lake.

río bajando entre montañas y dos niñas jugando en la orilla glendalough

Ya de vuelta, nos desviamos por un caminillo umbrío, con una valla de piedra en un lado, y desembocamos en las ruinas de la Reefert Church. Una iglesia muy pequeña, rodeada de lápidas hechas con una piedra con bastante mica (esa piedra que brilla…), apenas sin forma y sin inscripciones. El rincón era de lo más bonito!. Por lo visto, su nombre significa “lugar de enterramientos reales”, y es que aquí reposan los jefes del clan local, los O’Toole (este apellido es como Pérez en España, está en todas partes!).

cruz de piedra en antigua abadía en glendalough

Admiro el cuidado con el que mantienen su naturaleza, muy visibles por la limpieza del entorno y el tamaño y frondosidad de los árboles (ya quisiéramos), pero aunque aquí no sea tan palpable, me repatea la “civilización” de buena parte de dichos espacios. Aunque sea respetuosa y pueda venir bien para los accesos, baños, y cierta garantía de cuidado. Mmmmm… no sé, quizá se pudiera encontrar una fórmula intermedia. En fin, seguramente subiendo monte arriba te olvides de todo eso y más 🙂

paisaje verde con casitas al fondo reflejándose en lago glendalough

El secreto de Roundwood

Termino el post, y siento que haya quedado tan largo, con el “secretillo” que Roundwood tiene.

Cuando volvimos de Glendalough, aún quedaban un par de horas de luz (en agosto anochece casi a las 22 h.), y además queríamos dar una vuelta por éste nuestro primer pueblo irlandés. Andamos carretera arriba y  abajo, tiramos por una “calle”, pero sólo veíamos casas y casas con jardín y poco más (vaya casas!! aquí se ha movido dinero! supongo que en la época del Tigre Celta), y de repente recordé que había leído algo sobre un lago que hay justo al lado del pueblo, el lago Dan, pero que los terrenos son privados y no se puede recorrer andando por la orilla… no obstante, nos orientamos y empezamos a bajar por una carreterita. Bingo! llegamos a un puente que cruzaba dicho lago, y la boca se nos abrió… Las nubes se reflejaban a la perfección sobre las aguas quietas, que además estaban adornadas por grandes manchas de una flor de color rosa. Bueno, no me enrollo, las fotos reflejan más o menos esas vistas 🙂

lago cerca de roundwood con nubes reflejándose en agua glendalough

lago con fila de árboles al fondo y flores rosas en el agua glendalough

flores rosas acuáticas en lago de roundwood glendalough

Encantadas, observamos que había un camino que salía de un extremo del puente, y un pequeño paso en la valla de piedra así que “nos colamos” en la propiedad privada (un cartel indica que la orilla es pantanosa y tú asumes el riesgo de andar por ahí) y nos sumergimos en los árboles y vegetación, aunque el lago casi estaba tapado por éstos.

camino en el bosque verde glendalough

Un buen fin de día, sí señor. Como siempre, lo inesperado es la guinda 😉


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