Ringforts en Irlanda: Guía de los espectaculares fuertes circulares

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Por Alicia Ortego

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Viajar por Irlanda es hacer un viaje en el tiempo constante. Pero más allá de los imponentes castillos medievales y de las famosas abadías en ruinas, hay un tipo de monumento mucho más antiguo, humilde y misterioso que salpica literalmente toda la geografía de la Isla Esmeralda: los fuertes circulares. Si estás planeando tu ruta y quieres incorporar estas joyas en tu itinerario, he preparado esta pequeña guía de Ringforts en Irlanda para que sepas exactamente qué vas a ver, cómo encontrarlos y qué precauciones debes tomar.

¿Qué es exactamente un ringfort o fuerte circular?

A pesar de lo que sugiere la palabra inglesa fort (fuerte), los ringforts de Irlanda no eran fortificaciones militares destinadas a la guerra. En realidad, eran asentamientos familiares o granjas fortificadas.

Imagínate una granja familiar de la época donde se guardaba el ganado y se protegía a la familia. El foso, la empalizada o el muro de piedra circular no se levantaban para repeler invasiones vikingas, sino para proteger las valiosas vacas (que eran el verdadero símbolo de riqueza de la época) de los ataques de los lobos y de los ladrones de ganado locales durante la noche.

Los ringforts suelen tener muros de piedra sin labrar y sin argamasa o mortero. Con un espesor de dos, tres e incluso cuatro metros, y una altura de hasta 6 metros.

Por su simplicidad y a la vez complejidad, pensando en las técnicas de construcción que podían tener aquellos seres humanos que poblaban la isla, los fuertes se me antojaron bellísimos, misteriosos, inteligentes.

Una «cosilla» que me cautivó fue que, además de la pulcra forma circular que tienen, la parte interior del muro es recorrida por escaleras a diferentes niveles que permiten ir ascendiendo en el mismo.

El resultado es la sensación de geometría estudiada, práctica, sencilla, armónica e inteligente como he dicho antes. También de «decorado de videojuego». En suma, una sencillez estética que no tiene precio. Más pensando en cuándo fueron construidos y con qué técnicas.

Se sitúan en promontorios desde donde se ve una buena extensión de terreno alrededor. Kilómetros de visibilidad, teniendo en cuenta que las alturas en Irlanda son escasas y que es relativamente fácil encontrar puntos vigía como éstos.

Dependiendo del material con el que se construyeron, los arqueólogos los dividen principalmente en dos tipos:

1. Los Raths (fuertes de tierra)

Son los más comunes. Se construían excavando un foso circular y utilizando la tierra extraída para levantar un talud o parapeto defensivo, que a menudo se coronaba con una empalizada de madera. Hoy en día suelen verse como misteriosos anillos de árboles en mitad de los pastizales.

2. Los Cashels o Caiseal (fuertes de piedra)

Se construían en zonas donde la piedra abundaba más que la tierra, especialmente en el oeste de Irlanda (como en la península de Kerry o en la región de Connemara). Son estructuras imponentes hechas con muros de piedra seca (colocada a mano y sin mortero) que se elevan varios metros sobre el paisaje.

Consejos prácticos para visitar los ringforts de Irlanda

  • La gran mayoría son privados: Se calcula que en toda Irlanda hay identificados entre 45.000 y 50,000 ringforts. Sin embargo, la inmensa mayoría se encuentran en terrenos agrícolas de propiedad privada. Si ves uno en mitad de un prado con vacas, ¡no saltes la valla sin permiso! Busca siempre aquellos que estén señalizados como monumentos públicos o que tengan acceso habilitado.
  • Cómo localizarlos: Hay algunos espectaculares que están totalmente acondicionados para el turismo y gestionados por organismos oficiales. Puedes consultar la base de datos cartográfica y el inventario del National Monuments Service de Irlanda, que es la fuente oficial más fiable para geolocalizar cualquier yacimiento arqueológico del país.
  • Calzado de trekking imprescindible: Al estar integrados en la naturaleza, el acceso a los fuertes suele implicar caminar por senderos de hierba que casi siempre están empapados debido al clima irlandés. Un buen calzado impermeable te salvará el día. Este modelo de Decathlon es un buen ejemplo.
  • Acceso gratuito: A diferencia de los castillos o los grandes museos de Dublín, la entrada a la gran mayoría de los ringforts que son públicos (como Staigue Fort o Cahergall de los que te voy a hablar) es completamente libre y gratuita.

Corrigiendo mitos: ¿cuál es su origen histórico real?

Existe una idea muy extendida (fruto de las teorías románticas del siglo XIX) de que los ringforts son estructuras prehistóricas de la Edad del Bronce o fortalezas puramente «celtas» de la Edad del Hierro. Pero la arqueología moderna ha demostrado que esto es, en su gran mayoría, un error histórico.

Aunque algunos yacimientos tienen fases de ocupación más antiguas, la inmensa mayoría de los ringforts de Irlanda se construyeron y habitaron durante la Alta Edad Media (el periodo paleocristiano), concretamente entre los años 500 y 1000 d.C.

Eran el hogar de la clase terrateniente libre de la Irlanda medieval. Dentro de estos círculos se levantaban casas circulares o rectangulares hechas de barro, paja y madera, e incluso pequeños pasadizos subterráneos llamados souterrains que servían como almacén de comida (una nevera medieval) o como escondite en caso de peligro inminente.


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Los fuertes circulares que no te puedes perder en tu ruta

Si vas a recorrer la salvaje costa oeste de Irlanda o el norte del país, hay un par de paradas que considero absolutamente obligatorias para entender la magnitud de estas construcciones:

  • Staigue Fort (Condado de Kerry): Escondido en un valle de la península de Iveragh, sus muros de piedra seca alcanzan los 5 metros de altura y hasta 4 metros de grosor. Es una obra maestra de la ingeniería antigua.
  • Cahergall y Leacanabuaile (cerca de Cahersiveen): Dos fuertes de piedra espectaculares situados a muy poca distancia el uno del otro. Cahergall tiene un aspecto de coliseo en miniatura con escaleras internas que te permiten subir a lo alto del muro para contemplar las vistas del océano.
  • Fuerte Dunberg (Península de Dingle): A diferencia de los anteriores, en este caso se parece más a un poblado de los Picapiedra y está en el borde de uno de los espectaculares acantilados de esta Península. Tenía hasta tres murallas defensivas, incluso foso y puente levadizo, así como un túnel que podía funcionar de vía de escape en caso de asedio. Este es el único fuerte en el que nos cobraron entrada, aunque no era muy cara.

Las leyendas de las hadas y la superstición popular

Si tantos miles de fuertes de tierra han sobrevivido intactos al paso de los siglos y a la llegada de la agricultura intensiva y moderna, no ha sido gracias a las leyes de patrimonio histórico, sino a la superstición.

En el folclore irlandés, los raths y ringforts cubiertos de vegetación son conocidos popularmente como fairy forts (fuertes de las hadas).

Durante generaciones, los campesinos locales creían firmemente que estas estructuras eran las puertas de entrada al «Otro Mundo» y el hogar de las hadas y los leprechauns.

Existía la firme creencia de que cualquiera que destruyera o dañara un fuerte circular sufriría una terrible maldición: pérdidas de cosechas, muertes en la familia o una vida repleta de mala suerte.

Incluso hoy en día, muchos agricultores prefieren desviar sus tractores y dejar intacto el anillo verde en mitad de su prado antes que arriesgarse a enfadar a los espíritus. Cosas de la vieja Irlanda mágica que, personalmente, me parecen maravillosas.

Recorrer los yacimientos arqueológicos de Irlanda y, en especial, perderse en busca de sus ringforts más solitarios, es una de las experiencias más auténticas que puedes vivir en el país. Es una forma diferente de alejarte de las masas de turistas, conectar con el silencio de sus campos y rozar con tus propias manos las piedras que cobijaron a las familias irlandesas hace más de mil años. Si tienes la oportunidad, apaga el GPS por un momento, mantén los ojos bien abiertos y déjate sorprender por la magia que los ringforts en Irlanda esconde en cada esquina.

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