No es un secreto que Irlanda haya sido escenario (y seguramente lo seguirá siendo) de muchas películas… grandes y pequeñas, populares y no tanto. Y no me extraña, teniendo en cuenta lo poético y dramático que lucen sus paisajes, y lo pintoresco de sus pueblos. Hoy te voy a hablar de uno de sus rincones de cine: Trim.
En mi ruta venía de Roscommon, una zona que esconde un castillo chulísimo y súper poco conocido, y prácticamente iba dejando atrás las Midlands o tierras del centro de la isla, donde los infinitos campos de cultivo son los auténticos protagonistas junto a túmulos y menhires de la Edad del Bronce (como los de Tulsk, difíciles de ver si no vas muy atento a la carretera).
Mi parada en Trim fue de una noche en un Bed & Breakfast con un toque de lujillo; una casona enorme con pasillos y habitaciones repletas de óleos y muebles antiguos, donde incluso los dueños tenían una pinta de lo más «noble» (ja, ja).


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El Castillo de Trim: el coloso que conquistó a Mel Gibson
La atracción principal de Trim te golpeará la vista de inmediato: su imponente fortaleza medieval, flanqueada por una muralla de casi 500 metros que aún se mantiene en pie, protegiendo un edificio principal alto, robusto y compacto.
El Castillo de Trim ostenta con orgullo el título de ser la fortaleza anglonormanda más grande de toda Irlanda. Su construcción la inició el caballero Hugh de Lacy en el año 1172, aunque la primera estructura de madera fue destruida por el último rey supremo de Irlanda, Rory O’Connor.
Al año siguiente, De Lacy comenzó a levantar la impresionante versión de piedra que ha desafiado al tiempo y que sus sucesores tardaron varias décadas en rematar.
Si te apasiona el cine, seguro que este perfil te resulta familiar: este castillo fue el escenario principal elegido por Mel Gibson para rodar la mítica película Braveheart en 1995, donde sirvió para recrear los exteriores de las ciudades de York y Londres.




El diseño defensivo y el paso de Cromwell
Al pasear junto a sus murallas, vas a poder distinguir las pequeñas puertas y pasajes por los que los defensores salían por sorpresa a luchar contra el enemigo.
El núcleo de la fortificación es una impresionante torre del homenaje de tres pisos con una planta cruciforme única de veinte caras que la hacía prácticamente inexpugnable en su época dorada.
Otra cosa muy distinta es que con el paso de los siglos el castillo sufriera daños, incendios y asedios. El capítulo más oscuro lo escribió el ejército de Oliver Cromwell en el siglo XVII durante su conquista de Irlanda. Cromwell se despachó a gusto por todo el país y, allá donde vayas, te acabarás encontrando con las ruinas que dejó su demoledor y arrasador paso.
El truculento misterio de los diez decapitados
Más allá de los rodajes de Hollywood, el castillo esconde su propia crónica negra. Durante unas excavaciones arqueológicas realizadas en el jardín en el año 1971, los expertos desenterraron los restos óseos de diez hombres jóvenes decapitados.
Los historiadores apuntan a que estas personas fueron ejecutadas de forma sumarísima aplicando un brutal decreto promulgado por el rey Eduardo IV en 1465. Según esta ley, los oficiales reales tenían derecho a cortar la cabeza a cualquier individuo que fuera sorprendido robando o —ojo al dato— del que se sospechara que «fuera a robar». Una justicia medieval de lo más expeditiva.
Te aconsejo que, cuando empiece a caer la tarde, te acerques a disfrutar de la puesta de sol desde el jardín exterior que rodea los muros. La luz tiñe las piedras de tonos dorados preciosos, aunque te aviso de que a mí me persiguieron unas nubes de mosquitos bastante persistentes, ¡así que no te dejes el repelente en el B&B!
Cruza el Boyne hacia Newtown Trim: monasterios y puentes antiguos
El encanto de Trim no se termina ni mucho menos en los muros de su fortaleza. Siguiendo el curso del río Boyne por un sendero precioso vas a llegar a un conjunto histórico brutal. Para empezar, tendrás que cruzar un puente de piedra medieval que pasa por ser el segundo más antiguo que se conserva en toda Irlanda.
Justo al lado vas a encontrarte con las evocadoras ruinas del Crutched Friary, un antiguo monasterio e iglesia hospitalaria de los monjes de la orden de la Cruz que data del siglo XIII. Caminar entre sus ventanas góticas sin techumbre y rodeado de verde te da una paz increíble.
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La Tumba de los Celosos y el mito de las verrugas
Un poco más adelante, dentro de las ruinas de la Catedral de San Pedro y San Pablo en Newtown Trim, vas a topar con uno de los monumentos más curiosos de la comarca. Se trata de una magnífica tumba de altar de finales del siglo XVI tallada en piedra caliza.
En ella descansan las estatuas yacentes de sir Lucas Dillon (quien fue una figura política importante y jefe del tribunal de la Tesorería de la reina Isabel I) y su esposa, lady Jane Bathe.
Localmente, todo el mundo conoce este rincón como la Tumba del Hombre y la Mujer Celosos.
El sobrenombre viene dado por la llamativa disposición de las figuras: las dos esculturas están completamente separadas y no se tocan en ningún punto, debido a que entre ambas reposa una gran espada ceremonial de estado (símbolo de su cargo judicial).
Sin embargo, la leyenda popular cuenta una historia mucho más jugosa: dice que sir Lucas era un hombre extremadamente celoso que sospechaba de las infidelidades de su mujer, por lo que ordenó colocar la espada para mantenerlos separados por toda la eternidad.
El ritual de la aguja oxidada
Anécdotas matrimoniales aparte, la tumba atrae hoy en día a muchos curiosos debido a una superstición médica muy arraigada. Aseguran que el agua de lluvia que se acumula en la hendidura que separa a la pareja tiene propiedades curativas para los problemas de la piel.
El ritual es muy peculiar: la persona que tiene una verruga debe acudir allí, pincharse o frotarse la zona con un alfiler o un imperdible, y dejar el metal depositado justo entre las dos figuras de piedra. Dice la creencia popular que, en el preciso instante en el que la aguja termine de oxidarse y deshacerse por el clima, la verruga desaparecerá por completo de tu cuerpo.
Creas o no en estas curaciones mágicas, ver el altar salpicado de alfileres oxidados le da al lugar un halo de misterio alucinante.
Trim terminó siendo una de las paradas más completas e inesperadas de mi viaje por las tierras irlandesas. Es un destino que combina a la perfección la monumentalidad de su gran fortaleza con rincones cargados de leyendas populares, misterios arqueológicos y un entorno natural junto al río que te atrapa. Si quieres sentir el peso de la historia medieval y revivir el espíritu de las grandes producciones de cine sin las aglomeraciones de otros puntos turísticos, te aseguro que este pequeño pueblo te va a enamorar a primera vista.
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