La Península de Dingle es, posiblemente, el rincón donde la Irlanda más auténtica se hace presente. Aquí fue, de hecho, donde sentí que empezaba a disfrutar de verdad de los paisajes y esa sensación única de estar muy lejos. Al llegar aquí, el tiempo parece ralentizarse entre acantilados que se desploman sobre el Atlántico y carreteras tan estrechas que obligan a mirar de cerca el paisaje. Es tierra de leyendas, de gaélico hablado en las calles y de una naturaleza que exige ser contemplada con calma. Te cuento cómo recorrer esta maravilla del suroeste irlandés.
Información práctica y consejos para tu ruta
Para moverte con total libertad por la costa irlandesa, tener tu propio vehículo es fundamental. Si aún no has reservado, te recomiendo utilizar Discover Cars, ya que es la plataforma que utilizo para comparar precios y encontrar los mejores modelos adaptados a las carreteras estrechas de la zona.
Consejo extra: Conduce con precaución. Las carreteras en la península son estrechas, a menudo con muros de piedra a ambos lados y mucha vegetación. Es parte de su encanto, pero requiere atención constante y mucha paciencia.
Aprovecho para comentar que Dingle es uno de los lugares donde más se habla irlandés. Por eso puede que te veas en dificultades buscando los sitios, porque la mayor parte de los carteles están en gaélico y los nombres de los sitios no se parecen mucho a la versión inglesa.
Es mejor que lleves un mapa que los incluya, y de todas formas ármate de paciencia porque la mayoría de nombres irlandeses son muy largos y están llenos de vocales. Entre que uno lo lee, lo integra y… te has pasado el cruce, ja, ja 😜
Viajar con seguro puede parecer un detalle menor hasta que lo necesitas. Si todavía no tienes el tuyo, aquí puedes aprovechar este descuento. Y si quieres saber qué seguro te conviene más, consulta antes mi guía de Viajar Seguro.
En cuanto a dónde alojarse, la mejor opción es quedarse en la ciudad de Dingle. Desde allí te puedes dirigir hacia la punta de la Península para hacer la ruta circular Slea Head Drive.
Si buscas el paisaje irlandés de postal —escarpado, verde intenso y con el mar golpeando con fuerza—, lo encontrarás aquí. No es solo la carretera en sí, sino las paradas estratégicas: el oratorio de Gallarus, los restos arqueológicos de época celta y las vistas constantes a las islas Blasket.
Mi consejo es que conduzcas siempre en el sentido de las agujas del reloj; te permitirá apartarte más fácilmente para tomar fotos sin bloquear el tráfico.
Julio y Agosto son los meses donde se concentran buena parte de las fiestas en Irlanda, y no está de más tenerlo en cuenta. Los alojamientos suben de precio y es fácil quedarse sin sitio para dormir. Además te toparás con grandes atascos de tráfico.

Península de Dingle, qué ver y cómo recorrerla
Fuerte Dunberg
En primer lugar, «nos topamos» con el fuerte Dunberg, un bonito ejemplo de vivienda de la Edad del Hierro al borde de un acantilado (la foto de arriba está hecha allí).
Los restos de esta vivienda están bastante bien conservados, si atendemos a su antigüedad, pero lo más espectacular es el entorno. Aunque luego hablo de ellos, te adelanto que los acantilados de la Península de Dingle no son tan altos ni tan espectaculares como los Cliffs de Moher, pero se me antojan más salvajes, incluso más enérgicos. Quizá por la imperfección de sus paredes, la gallardía de las rocas terminadas en punta, el predominante color negro…
Para leer más sobre los ringforts de Irlanda consulta mi post sobre estas construcciones aquí.
Las cabañas de la Hambruna
En la parada del Fuerte Dungber, justo al otro lado de la carretera, hay una serie de cabañas que se pueden visitar pagando una módica entrada. Y resultó ser toda una sorpresa con un punto de diversión 🤭
Para empezar, un tipo que estaba sentado en el asiento de su furgoneta nos saludó y se desplazó a una caseta de obra a cobrarnos las entradas. Además de preguntarnos de dónde éramos y soltar alguna bromilla de las que gustan por aquí 😀.
A partir de ahí, hay que subir un caminito empinado. El pony que nos encontramos a su vera era precioso y también muy amigable. Como si la amabilidad no fuera sólo cosa de humanos en esta isla.

Un poco más arriba están las cabañas. Estas son una representación de cómo era la vida en la Irlanda del s.XIX, en los tiempos de la Gran Hambruna.
La Gran Hambruna irlandesa fue una tragedia que se saldó con millones de vidas y el desplazamiento de muchísima gente a Estados Unidos. Los terratenientes les regalaban billetes para este destino como «compensación», una vez reconocieron que no quisieron bajar los precios de los escasos alimentos a pesar de que morían como chinches. Hay que jo…

Nos dirigimos a la primera cabaña que había a nuestra izquierda y al asomar la cabeza (yo iba la primera y estábamos solas): aaahhhhh!! Un señor y una señora muy feos estaban mirándome!!! Eran muñecos de tamaño natural y muy realistas. Aquí la foto:
Esto me recordó a un museo que visité en Canterbury (UK) hace un montón de años, cuando pasé un mes allí aprendiendo inglés. El museo representaba la ciudad en la Edad Media con su mercado. Recuerdo que los muñecos eran también de lo más realistas, y que en cada puesto del mercado se olía nítidamente la mercancía: pescado, fruta, etc. Los anglosajones son muy de este tipo de museos.

Continuamos entrando en las otras cabañas. Yo pensaba que no habría más muñecos, pero estaba equivocada, así que seguí pegándome sustos. Ja, ja, como si estuviera en un videojuego o en un rodaje!! Y es que los muñecos eran de lo más truculentos.
Eso sí, la puesta en escena realmente lograba transportarte a aquella época, viendo allí mismo todos los objetos y muebles que constituían un hogar y que tanto me recordaban a las pelis del Salvaje Oeste. Pero claro, es que los habitantes del Salvaje Oeste, en buena parte, eran de origen irlandés y venían de lugares como este.

Los acantilados de Dingle
A la altura del Cabo Clogher la carretera serpentea entre la ladera de roca y hierba, y el cortado que cae al mar.
El paisaje es maravilloso si tienes buena visibilidad, y como la gente suele conducir con calma, puedes parar un momento a hacer algunas fotos, pero siempre con precaución.

A nuestro lado había una gaviota enorme que no se inmutó por nuestra presencia, y cuando me acerqué para hacerle una fotillo, se removió y finalmente se encaró y me gritó para que me largara. Llegaba otra amiguita suya, así que inicié la retirada, ja, ja, sólo por el pico y esos ojos amarillos ¡mejor no provocarlas!!

La playa de Clogher
Seguimos un poco más por la carretera hasta una playa que habíamos visto desde más arriba y a la que se accede por una desviación a la izquierda. Después la identifiqué como la playa de Clogher, donde abundan los surfistas.
La playa es una pequeña ensenada en medio de los acantilados de roca prácticamente negra, cortados de forma caprichosa y que hacen pensar en trampas mortales.
Por encima de ella, un camino sube hacia… ¿el cielo? 😉 Por allí arriba nos asomamos aún más a los cortados y sobre todo observamos a las aves de varios tipos. Suben y bajan en incesante actividad y pasan muchísimo de los cuatro gatos que andábamos por allí.



Ballyferriter
La siguiente parada es un punto de la costa cercano a Ballyferriter o Baile an Fheirtearaigh.
Antes de llegar, no dejes de parar porque desde allí vas a ver otro tramo de costa igual de espectacular que el anterior, aunque diferente.
Fascinante cómo el verde de los prados se funde con el azul del cielo y el verde-azul del mar. Un panorama roto por los tramos de roca y las casitas blancas o de colores, ya tierra adentro. Una constante de la Irlanda costera.
Fascinante también la transparencia de las aguas en las playas resguardadas, de arena casi blanca. Parece un corta-pega de otras latitudes pero no. ¡Es así!

Ballyferriter es uno de los pocos sitios donde encontrar pubs para comer, así que te aconsejo que no te lo saltes. Por otro lado, es un pueblo pequeñito y tranquilo.

La iglesia, orgullosa con su bandera irlandesa ondeando al viento y una cruz estilo celta junto a su puerta, se sitúa enfrente de un pequeño museo que a esas horas estaba cerrado.
Justo al lado de la iglesia, en uno de esos pubs auténticos y tranquilos, degustamos el famoso salmón ahumado de la Península de Dingle, y un pez a la brasa. Mientras, mirábamos cómo una pareja joven, sus hijos y otra mujer comían patatas fritas a tutiplén y sopa. Ellas con una conversación animadísima sobre «vaya ud. a saber qué», muy compenetradas y expresivas, nos llamaron mucho la atención.
Eran gemelas, y esto me recuerda la gran cantidad de gemelos y mellizos que hemos visto en este viaje. Wow!! ¿Alguien sabe si en Irlanda hay una tasa de gemelos mayor de la habitual y por qué? ¡No me creo que sea por un mayor uso de técnicas de fertilidad!
A partir de aquí, emprendimos el camino de regreso a Dingle, ya que no le habíamos dedicado ni medio minuto a este bonito pueblo. Al día siguiente pondríamos pies en polvorosa porque había carreras de caballos, la fiesta más popular de la zona, y no nos apetecía tener que sumergirnos en el atasco de coches que entran y salen por la pequeña carretera de acceso. Hubiera estado muy bien vivir el momento, supongo, pero la practicidad se impuso.
La Península de Dingle no solo se visita, se siente. Se siente en la brisa salada que te despeina en los acantilados, en el sonido de un violín sonando al fondo de un pub al atardecer y en la vastedad de un paisaje que te recuerda lo pequeña que es nuestra huella en el mundo. Es un viaje de regreso a lo elemental. Ahora me gustaría saber tu opinión: ¿es Dingle tu parada favorita de la ruta por el suroeste de Irlanda o prefieres los paisajes más áridos como los del Burren? Te leo en los comentarios.
Organiza tu viaje a Irlanda con estos recursos y Descuentos
Sigue leyendo sobre Irlanda
Este post puede contener enlaces a sitios de afiliados. Esto significa que si haces una reserva desde dichos enlaces, yo ganaré una pequeña comisión. En ningún caso tú pagarás más y en alguno conseguirás un descuento, como en IATI Seguros. Puedes leer más en la sección Descuentos que enlazo aquí.





















Gran post sobre un lugar fascinante y mágico.
Gracias Iván! :)
Jajaj, lo de los gemelos en Irlanda es totalmente cierto!!! (al menos desde mi punto de vista). En verdad, comenté esto con muchas personas y todos me dijeron que estaba loca…, Otra cosa, muchos irlandeses que conozco tienen dos niños muy seguidos que si los ves en la calle parecen gemelos. También tienen la manía de comprar cochecitos para cuatro o cinco niños….
Ja, ja, lo de la natalidad en Irlanda es punto y aparte aunque supongo que tiene que ver con la religión y el valor de la familia :) Fue muy divertido y precioso este recorrido!
Gracias por tu comentario!
Hola!!! Me encantó tu diario y me convenció de visitar Dingle…es justo lo que busco. Recién ahora estoy armando mi viaje para el año que viene a Irlanda. Todavía estoy investigando qué lugares conocer, pero busco paisajes increíbles y salvajes. Tengo tres semanas para distribuirlas en algunas ciudades y sobre todo lugares como éste. Cualquier consejo que puedas darme lo agradeceré. Saludos!!!
Hola Fernando! Me alegro de que te guste. Hay más artículos sobre mi viaje a Irlanda en este blog, y además este resumen https://losviajesdeali.com/irlanda-un-viaje-de-tres-semanas/ En el menú de destinos los tienes todos. Además no te pierdas la ruta Ring of Kerry, y yo particularmente te aconsejo la isla Inishbofin, aunque hay otras