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De Tamil Nadu a Kerala

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Tamil Nadu

El viaje al Sur de India estuvo lleno de grandes momentos y sorpresas por la falta de referencias que teníamos.

Entre el estado de Tamil Nadu y Kerala, por ejemplo, está la Reserva de Periyar, un espacio natural precioso, pero antes de abandonar Tamil Nadu, y en realidad antes de llegar a Madurai, hago una mención especial a Thanjavur o Tanjore, una de las ciudades más comerciales del delta del Kaveri.

De Tamil Nadu a Kerala, hacemos una parada en Thanjavur

En Thanjavur, otro nombre que suena a Viaje, evocador como sólo algunos nombres pueden serlo… hay un gran templo. A diferencia de los demás, el Brihadishwara temple no está pintado de vivos colores.

Thanjavur

Fue construido para reflejar el poder del rey Rajaraja I, para facilitar el trabajo de Shiva, y en efecto las galerías que circundan el centro están llenas de lingam (representación del pene de Shiva sobre la “base femenina” cuyo nombre es “Choni”, sí, ja, ja, como lo leéis!!). Lingam que son adorados con lamparillas de aceite…

Thanjavur

Thanjavur

Como ya habíamos visto en otros templos, lo primero que te encuentras es un elefante encargado de bendecir a los que cruzan la puerta y depositan una moneda en su trompa (que no todo va a ser cuestión de fe).

Thanjavur

Thanjavur

Eso, y un señor que se dedicaba a hacer dibujos en la piel, tipo henna, pero con unos sellos tallados en madera. Belén se encaprichó de uno y al irnos se lo hizo, y resulta que no sabemos qué pintura era pero le quemó parte de la piel y durante unos días temimos por que se le quedara la forma del dibujo para siempre!!.

Este templo es famoso por la gran actividad o “industria” que llegó a reunir. No menos de 400 danzarinas devadasis (“esclavas de los dioses”) fueron empleadas y provistas de una casa en el recinto del templo. Otras 200 personas, incluyendo profesores de danza, músicos, lavanderas, joyeros, carpinteros, astrólogos, contables… se contrataron para los rituales y procesiones. Una ciudad de profesionales, en otras palabras, al servicio de la religión y sobre todo del engrandecimiento de su señor, del Poder.

Los frescos que acompañan a los lingam de Shiva en esas galerías dan testimonio de aquella época dorada, y son igualmente otro de los reclamos, junto con el gran nandi de bronce (toro sagrado, muy presente en el Sur), que dicen es el tercero más grande de toda India.

Thanjavur

Thanjavur

Thanjavur

Thanjavur

Reserva Natural de Periyar

Si damos un salto en el mapa, os diré que en la frontera entre Tamil Nadu y Kerala hay una reserva natural llamada Periyar. Entre colinas llenas de plantaciones de té, café y especias, casi 800 kilómetros cuadrados han sido reservados para que los escasos tigres, leopardos, elefantes, monos, búfalos, y otros animalillos sigan viviendo o sobreviviendo.

Periyar

Thekkadi es la población fronteriza entre ambos estados (en cada frontera hay que pagar una especie de peaje, por cierto), y la más cercana a la entrada principal a la Reserva.

Periyar

El paisaje ha ido cambiando, y desde un relativo árido Tamil Nadu, hemos llegado a un paisaje mucho más verde y acuoso, montañoso también…

Periyar

Thekkadi es un buen sitio para visitar los “jardines de especias” donde os enseñarán el árbol de la pimienta, el café, la canela, y un largo etcétera, o daros un masaje con las técnicas ayurveda, que son de aquí, y disfrutar de ese extraño paisaje que es el de las plantaciones de té y café, con los arbustos bajos y recortaditos, muy verdes -al menos en época de lluvias-.

Periyar

Tienda de frutas en Thekkadi, ya de noche. Ojo con esa especie de pepinos larguísimos 🙂

Periyar

Para ir a la Reserva, teníamos que alquilar un rickshaw. Hablamos con los conductores que estaban medio ociosos alrededor de nuestra guesthouse y por fin negociamos con uno el trayecto del día siguiente. A las 5 a.m. vinieron a buscarnos. Junto a él venía toda la familia (en la sección Gentes del mundo tenéis un pequeño relato al respecto). Era un rickshaw de éstos que son un poco más grandes, con espacio detrás para carga de cosas o personas.
Para allá que nos fuimos, parando en el camino a tomar el primer té con leche y un plátano cuando el sol aún no había superado las “Cardamom hills”, ni dispersado la niebla que cubría los campos de té y café.

Periyar

Nuestro chófer con su bebé, vestida de día de fiesta

Periyar

Amanecer en las Cardamom Hills

Periyar

Cuando llegamos al perímetro de la Reserva, y después de pagar las correspondientes entradas, seguimos por una carretera con más pinta de pista que otra cosa… nuestro conductor iba mirando hacia todas partes, y nos pidió silencio (en realidad, íbamos todos medio dormidos, incluso los peques). Por lo visto en cualquier momento podíamos encontrarnos con elefantes o cualquier otro animal salvaje. De hecho, en un momento dado paró, bajamos, y nos mostró unas cacas de elefante que aún estaban relativamente frescas -según él, de sólo un par de horas-. Junto a ellas, una huella en el barro que ya empezaba a desdibujarse.
Pues… esto fue lo más cerca que nos quedamos de ver un elefante, snif. Como seguramente ya sabréis, estos son los típicos sitios que en época de lluvias son estériles para ver bichos, ya que hay pocos y como tienen agua en cantidad para beber, no se dignan a exponerse a nuestras miradas sino que se van a lo más profundo de la vegetación.

Periyar

Antiguo templo ya dentro de la reserva de Periyar, donde nuestro chófer y su familia pararon a hacer una ofrenda

Por fin llegamos al centro de visitantes. Allí se pueden contratar (creo recordar que con tarifas fijas) trekkings de varias horas para ver animales -o para intentar verlos-. Además, se sitúa frente a un lago donde los elefantes van a beber. No tuvimos suerte, pero unas amigas fueron unas dos semanas después que nosotros y sí los vieron. O sea, existen.
Optamos por un trekking de 2,5 horas, a ver qué tal nos iba (el siguiente ya era de 5 ó 6 horas y no llevábamos comida ni agua para ello). Además de ponerte un guía del parque que va con vosotros, te dan una especie de botas altas de tela para ponerte sobre tu calzado y pantalones porque… sí, los caminitos de la selva están llenos de sanguijuelas!!!
El guía (un local que iba descalzo y con los pantalones arremangados) iba “armado” con una bolsa de sal gruesa. Es el mejor antídoto contra estos chupópteros, tanto para ponerse sobre el calzado y así disuadirlas de que suban en busca de un pedazo de piel en el que engancharse, como para quitárselas una vez que lo han conseguido, así que ya sabéis!

Periyar

Luchando contra las sanguijuelas. Pasamos más tiempo agachados poniéndonos sal y quitándonos las que aun así subían, que otra cosa…

Por cierto, que debíamos ir en silencio para no espantar a los animales, lógicamente, pero cuando a mi se me enganchó una en el índice de la mano y empezó a agitarse la muy… no pude evitar soltar un gritito, justo cuando estábamos a punto de ver a un búfalo salir de la espesura (no llegó a salir, sólo adivinamos el bulto, y el guía me asesinó con la mirada). Esto y un par de monos en las alturas de las ramas, fue todo lo que conseguimos “ver”. Bueno, sanguijuelas sí, muchas!.

Periyar

Periyar

Era día de fiesta, y en el centro de recepción de visitantes habían hecho esta ofrenda floral en el suelo, algo muy típico de toda esta región

Periyar

Si aguzáis la vista, casi en el centro de la foto hay un mono negro saltando, juas, juas

Periyar

Aquí los elefantes vienen a beber… el día que quieren, claro

Comimos en el centro de visitantes por un precio muy razonable, compartiendo mesa con una pareja de franceses (a él se le había enganchado una sanguijuela en el estómago y no se dio cuenta hasta un rato después. La herida no dejaba de sangrarle) y algunos locales. La comida era realmente picante!! servida en hojas de banano y comiendo con la mano, consistía en una gran variedad de platos (lentejas, arroz, pakkoras o buñuelos de arroz, etc, etc.) dispuestos en pequeños montones, al más puro estilo de Kerala.
En fin, la visita a Periyar fue muy poco productiva, pero sí divertida, entrañable y llena de paisajes preciosos así que ni tan mal!. Además, al volver el chófer nos propuso hacer un pequeño desvío para ver una presa que hay allí cerca. Así, ellos completarían su día de fiesta en familia también, ya que por lo visto el sitio les gustaba mucho para ir en plan picnic, y allí que nos plantamos 🙂

Periyar

Y al día siguiente, ya de camino hacia la costa de Kerala, vimos a un elefante en curiosa disposición 😛

Kerala

Pensaba seguir con Kerala y los Backwaters, pero creo que este post puede hacerse demasiado largo así que… otro día seguimos 😉

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