Caldas da Rainha: la ciudad termal que Portugal esconde entre azulejos y jardines abandonados

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Por Alicia Ortego

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Hay ciudades que te atrapan por su fama. Y hay ciudades que te atrapan porque has visto una foto preciosa. Caldas da Rainha es de las segundas. Acompáñame a descubrir uno de los secretos mejor guardados del centro de Portugal.

Una ciudad que nació de una reina y de un charco de agua sulfurosa

Caldas da Rainha está a unos 90 kilómetros al norte de Lisboa, algo más del doble desde Oporto, y a sólo 8 kilómetros de la ciudad medieval de Óbidos, en pleno corazón de la región del Oeste. No es una ciudad pequeña —ronda los 50.000 habitantes—, pero tampoco aparece en los grandes itinerarios de Portugal. Y quizás es justo por eso por lo que vale tanto la pena.

La historia de Caldas da Rainha empieza con una anécdota que mezcla la realeza, la superstición y una buena dosis de olfato —en todos los sentidos posibles.

Corría el año 1484 cuando la reina Leonor, esposa del rey João II de Portugal, viajaba de Óbidos hacia Batalha con su corte. A mitad de camino, el grupo se topó con algo inesperado: un grupo de campesinos bañándose en unas aguas de olor intenso y bastante poco apetecible.

La reina se acercó y les preguntó por qué lo hacían. Ellos le dijeron que esas aguas curaban los males más diversos. Leonor, que llevaba tiempo con una herida que no cicatrizaba y que ningún médico de palacio había conseguido sanar, decidió probarlo.

Según la leyenda —y los cronistas de la época—, sus dolencias se curaron y, por ello, al año siguiente ordenó construir un hospital termal en ese mismo lugar.

El edificio se levantó en 1485. Considerado el balneario más antiguo del mundo, el emblemático Hospital Termal de Caldas da Rainha, que debe su nombre a la reina Leonor, es una visita obligada en esta encantadora ciudad.

En torno a ese hospital, poco a poco, fue creciendo un pueblo. Y ese pueblo se llamó, con una lógica aplastante, «Caldas da Rainha»: las aguas termales de la reina.

caldas da rainha entrada al parque
Caldas da Rainha – Entrada al parque

El 21 de marzo de 1511, el rey Manuel I de Portugal, hermano de Leonor, concedió a Caldas da Rainha el estatus de ciudad. Una ciudad que, desde su fundación, tuvo una identidad muy clara: era un lugar para sanar, para respirar, para ralentizar el ritmo. Esa energía, de alguna manera, todavía flota en sus calles.

edificios art noveau
Edificios Art Noveau de Caldas da Rainha

A finales del siglo XIX y principios del XX, Caldas da Rainha vivió su periodo de máximo esplendor, cuando se pusieron de moda los tratamientos termales, los balnearios y el cuidado del cuerpo con aguas medicinales. Fue entonces cuando la ciudad se engalanó con los edificios de estilo romántico y Art Nouveau que todavía hoy definen su carácter.

Y fue también entonces cuando llegó un arquitecto con grandes planes… que nunca llegaron a ver la luz del todo.

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El Parque Dom Carlos I y los pabellones que podrían ser Hogwarts

Hay un momento, cuando entras al Parque Dom Carlos I, en que te paras. No porque quieras hacer una foto —aunque la harás—, sino porque el escenario que tienes delante no termina de encajar con lo que esperabas encontrar en una ciudad de provincias portuguesa.

En el corazón de Caldas da Rainha se encuentra el Parque Dom Carlos I, un oasis de historia y naturaleza que combina romanticismo, arte y arquitectura. Su origen se remonta a 1799, cuando se creó el «Passeio da Copa» para los pacientes del Hospital Termal.

Imagínate: un jardín diseñado para que los enfermos que venían a curarse en las aguas termales pudieran pasear, recuperarse, respirar.

lago y árboles reflejándose en el agua en el parque
Parque Dom Carlos I de Caldas da Rainha

El parque es muy bonito por sí solo: árboles centenarios, un lago con barcas, pavos reales paseando con su típica  dignidad, cisnes más orgullosos aún. Pero lo que de verdad te deja sin palabras está al fondo, frente al lago: los pabellones.

Los pabellones del Parque Dom Carlos I

Los pabellones fueron un proyecto arquitectónico, hoy en día en ruinas, que nunca cumplió su función original. Son altos, esbeltos, con una arquitectura severa y casi victoriana que no encaja del todo con el entorno verde y tranquilo del parque. Y precisamente eso es lo que los hace hipnóticos.

Cuando encuentras el sitio donde se ven reflejados en el agua del lago, la belleza del conjunto es innegable. Esta imagen es lo que me llevó a visitar Caldas da Rainha.

parque con lago y pabellones abandonados reflejándose en el agua en caldas da rainha
Los pabellones de Caldas da Rainha en la imagen más típica y perfecta

La historia detrás de ellos tiene toda la épica —y toda la melancolía— de los grandes proyectos frustrados. Se debe a un único hombre: Rodrigo Maria Berquó, un ingeniero y arquitecto de orígenes azorianos que nació en 1839.

Berquó tenía un sueño ambicioso: convertir Caldas da Rainha en una verdadera estación termal europea, a la altura de las grandes de Francia o Alemania. Para eso, entre 1889 y 1891 reformó el parque, añadió el lago, los senderos y el quiosco. Y después diseñó los pabellones: un complejo hospitalario moderno, lujoso, que rivalizara con los mejores de Europa.

Su construcción se inició en 1894, con la previsión de que estuvieran concluidos diez años después. Pero con la muerte de Berquó en 1896, las obras se pararon y el proyecto fue abandonado.

Los pabellones se quedaron a medio hacer, con ese aire fantasmal que tienen hoy. En 1901 tuvieron sus primeros ocupantes y, con el paso de los años, albergaron un cuartel militar, una comisaría de policía, una biblioteca, una oficina de turismo y una escuela secundaria. Desde 2005 se encuentran totalmente abandonados.

pabellones de caldas da rainha
Pabellones abandonados de Caldas da Rainha

Hoy, con los cristales rotos, los pasillos vacíos y la vegetación abrazando la fachada, los pabellones tienen algo de película. De hecho, hay fans de Harry Potter que van a visitar este lugar, porque se dice que los pabellones inspiraron la saga del pequeño mago. Nadie lo ha podido confirmar, pero mirando esos torreones y esas arcadas cubiertas de musgo… no cuesta nada creerlo.

ventanas rotas de los pabellones de caldas da rainha
Ventanales rotos de los pabellones con balcones de filigrana – Caldas da Rainha

Lo que sí es oficial es que el programa Revive del gobierno portugués incluyó los pabellones en su lista de edificios a rehabilitar, con la idea de convertirlos en un hotel de cinco estrellas. Si cuando leas esto ya está en marcha: bienvenido a uno de los hoteles con más historia de Portugal.

Por si te lo preguntas: los pabellones no se pueden visitar por dentro, algo comprensible ya que puede ser peligroso.

Dentro del parque, también merece una visita el Museu José Malhoa, inaugurado en 1933 y considerado el primer museo de Portugal diseñado desde cero para ser museo.

Este museo exhibe pinturas del naturalista portugués José Malhoa y obras de otros pintores del Grupo do Leão, además de esculturas, dibujos y cerámica de los siglos XIX y XX. Está justo al lado del lago y hay que pagar entrada.

estatua del museo del parque dom carlos I
Estatua de José Malhoa frente al museo – Caldas da Rainha

La Praça da Fruta: el mercado más antiguo de Portugal 

A unos minutos a pie del parque, en la Praça da República, se sitúa el mercado más antiguo de Portugal, o eso dicen.

Cada mañana —todos los días del año, sin excepción, llueva o haga sol— la plaza se llena de puestos de colores. Frutas, verduras, flores, pan casero, quesos.

La Praça da Fruta es el corazón vibrante de Caldas da Rainha desde el siglo XV. Es el único mercado diario al aire libre en la ciudad que ha llegado a nuestros días prácticamente intacto.

mercado de la fruta de caldas da rainha
Mercado de la fruta – Caldas da Rainha, Portugal

Según cuenta la leyenda, la «Praça do Rossio», actual «Praça da República» de Caldas da Rainha, fue ofrecida por la propia Reina Doña Leonor a los productores agrícolas de la región para que vendieran sus productos. No hay documentos históricos que lo confirmen, pero resulta bonito pensar que el mismo impulso que llevó a la reina a construir un hospital —cuidar de su gente— también está detrás de este mercado que lleva 600 años funcionando.

Lo que sí está documentado es que los hábitos de los productores y vendedores se han mantenido durante todo este tiempo.

Una curiosidad: en el empedrado del suelo de la plaza están dibujados los espacios exactos que cada puesto debe ocupar. Los vendedores llegan antes del amanecer. El mercado abre a las 7 de la mañana y cierra sobre las 14:30 o 15:00 horas.

Yo llegué sobre las 11 h., que ya es un poco tarde si quieres ver la plaza en su máximo esplendor. Pero todavía quedaba ese ambiente imposible de fabricar: señoras regateando en voz alta, el olor a fresas recién cortadas, ramos de flores tan grandes que tapaban la cara de quien los llevaba.

fresas en el mercado
Fresas en el mercado de Caldas da Rainha

La plaza en sí también vale una mirada. Los edificios alrededor tienen fachadas con revestimientos cerámicos que mezclan el romanticismo con el Art Nouveau, inaugurados en 1883 como símbolo de un embellecimiento progresivo de la ciudad, que lentamente prosperaba con la llegada de los bañistas.

Rafael Bordalo Pinheiro y la cerámica que lo cambió todo

Sería imposible hablar de Caldas da Rainha sin hablar de cerámica. Y sería imposible hablar de la cerámica de Caldas sin hablar de Rafael Bordalo Pinheiro.

Bordalo Pinheiro llegó a la ciudad en 1884, cuando ya era un artista conocido en Lisboa como ilustrador y caricaturista. Ocupó el cargo de director artístico de la Fábrica de Faianças das Caldas da Rainha entre 1884 y 1905, y allí se destacó como ceramista.

Lo que creó en esos años fue una revolución: piezas con formas de verduras y animales, llenas de humor y de crítica social, que convirtieron la cerámica popular de Caldas en algo reconocible en todo el mundo.

Tras la muerte de Rafael Bordalo Pinheiro en 1905, la fábrica fue vendida y desmantelada. Fue entonces cuando su hijo Manuel Gustavo decidió fundar la Fábrica de Faianças Bordallo Pinheiro y continuar el trabajo de su padre, actividad que la nueva fábrica mantiene hasta los días de hoy.

Hoy puedes visitar la Casa-Museu São Rafael en la misma ubicación de la fábrica original, justo detrás del Parque Dom Carlos I.

Y si te apetece ir más allá, la Rota Bordaliana es un itinerario peatonal que recorre los 22 puntos más emblemáticos de la huella de Bordalo en la ciudad: azulejos, esculturas, edificios. Un paseo que es, a la vez, un recorrido por la historia del arte portugués del siglo XIX.

Y sí: en muchos puestos del mercado, en las tiendas de souvenirs y hasta en el arte callejero, verás esas piezas de cerámica que han hecho famosa a Caldas da Rainha por razones que quizás no esperabas. La tradición del humor caldense se manifiesta en formas… digamos que inequívocamente masculinas. Los niños se ríen. Los adultos también. Bienvenido a Caldas.

fachada revestida de azulejos portugueses
La cerámica portuguesa siempre presente – Caldas da Rainha

El Hospital Termal: donde empezó todo

No puedes irte de Caldas da Rainha sin pasar por donde empezó todo. El Hospital Termal Rainha D. Leonor, en el Largo Rainha Dona Leonor, es el edificio fundacional de la ciudad.

Sus aguas termales poseen indiscutibles propiedades antiinflamatorias que siguen atrayendo a numerosos visitantes hasta nuestros días.

Aunque el hospital termal sigue en funcionamiento como establecimiento de salud, puedes visitar el Museu do Hospital e das Caldas que está dentro de sus instalaciones, con documentos y objetos que recogen más de cinco siglos de historia termal.

Antiguamente, el primer día de cada temporada, se leía el Compromiso —que data de 1512— un conjunto de normas establecidas por la reina Leonor para garantizar el buen funcionamiento de «su» hospital. Ese detalle, ese cuidado con el que Leonor pensó en los enfermos de su reino, lo dice todo sobre la ciudad que fundó.

Para más detalles sobre el Hospital Termal lee esta ficha de la web Center of Portugal.

hospital termal
Hospital Termal Rainha Leonor de Caldas da Rainha

Información práctica: cómo llegar a Caldas da Rainha

En autobús (la opción más cómoda)

  • La mejor manera de llegar desde Lisboa sin coche es el autobús. Hay un autobús directo que sale desde la Estação Rodoviária de Sete Rios y llega al Terminal Rodoviário de Caldas da Rainha. Los servicios salen cada 30 minutos y operan cada día; el viaje dura aproximadamente 1 hora y 10 minutos.
  • Interesante: Si llegas en avión directamente, hay también autobús directo desde el aeropuerto de Lisboa (Humberto Delgado) a la Terminal de Caldas da Rainha. Hay tres servicios al día, y el trayecto dura aproximadamente una hora.
  • La compañía que opera la ruta es Rede Expressos. Puedes comprar los billetes en la web de Rede Expressos o en la propia estación.
  • Con esta misma compañía también puedes llegar a Caldas da Rainha desde el norte: desde Oporto (unas 2,5 horas de trayecto), como desde Coímbra o desde la bonita ciudad costera de Nazaré (muy cerca).
  • Desde Óbidos: Si combinas Caldas da Rainha con la visita al castillo medieval de Óbidos —que está a solo 8 km—, hay tren directo entre ambas ciudades que dura apenas 4-6 minutos, y autobús cada hora con unos 15 minutos de recorrido.

No te pierdas mi guía de Coímbra y mi guía de Nazaré, dos sitios maravillosos que deberías incluir en tu viaje a Portugal.

fachada con ventanas pintadas con bailarinas de ballet
Fachada inspiradora que representa el espíritu de Caldas da Rainha

En coche

Caldas da Rainha está muy bien comunicada por carretera. Desde Lisboa tardas una hora aproximadamente, por la autopista A8.

  • Ojo con los peajes: Portugal tiene un sistema de peaje electrónico, así que asegúrate de tener una solución de pago antes de coger la carretera (muchas compañías de alquiler ofrecen un dispositivo de vía verde, o puedes contratar uno aparte).

Una vez en la ciudad, aparcar en el centro es relativamente sencillo y, en general, hay bastante rotación. Puedes dejar el coche y recorrer todo el centro histórico a pie en un día tranquilo. Además, apenas hay cuestas.

Combinación perfecta: Si viajas en coche desde Madrid o desde el norte de España, Caldas da Rainha encaja muy bien dentro de una ruta por el centro de Portugal que incluya Óbidos, Alcobaça, Batalha y Nazaré. Son destinos que se pueden visitar de camino al sur o al norte, todos a menos de una hora entre sí.

calle con edificios de colores de caldas da rainha
Calles de Caldas da Rainha

Mis consejos para sacarle el máximo partido

Llega por la mañana. El mercado de la Praça da Fruta merece que organices el día en torno a él: es entre las 8 y las 11 cuando está en su mejor momento. Después, con el estómago lleno de fruta de temporada, el resto del día se visita mucho mejor.

Reserva un rato bien largo sólo para el parque. Los pabellones, el museo Malhoa y el lago dan para más de un paseo rápido. Si el día acompaña, es uno de esos sitios donde sentarse en un banco y no hacer nada también cuenta como plan.

Aprovecha para comprar cerámica. No como turista, sino como quien reconoce que la loza de Caldas es un objeto de diseño con siglos de historia. Las piezas son auténticas y tienen un precio razonable si compras directamente en las fábricas o tiendas locales.

Y si puedes, quédate a dormir. Caldas da Rainha de noche es una ciudad diferente: tranquila, de bares con bacalao y vino del Oeste, de calles que se vacían despacio y sin prisa. Ese Portugal de verdad que tanto buscamos a veces sin encontrarlo. Puedes empezar a buscar alojamiento en Caldas da Rainha haciendo click aquí mismo.

calle con paraguas de colores
Centro de Caldas da Rainha

¿Has estado en Caldas da Rainha? ¿Sabías lo de los pabellones? Cuéntame en los comentarios, me encanta saber cómo la viviste tú 😊

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