vestíbulo de la estación de são bento con gente admirando los paneles de azulejos

Cuando los portuenses reclamaban una estación de tren en el centro de la ciudad, seguro que no se imaginaban que en el futuro sería uno de los imprescindibles a visitar en Oporto. La estación de São Bento es un museo abierto a todos y a todo, en el horario de trenes habitual, con un reclamo inconfundible y precioso: el vestíbulo cubierto de unos 20.000 azulejos que hablan de la historia de Portugal. Sigue leyendo, que te voy a descubrir sus secretos 🙂

Cómo empezó la estación de São Bento a ser una realidad

A finales del siglo XIX los habitantes de Oporto querían tener una estación de tren céntrica, algo totalmente lógico teniendo en cuenta las ventajas que ello traería a la ciudad. Lisboa y Braga ya tenían la propia, y ellos no. Bueno, no es que no hubiese tren, pero se quedaba en la Estación de Campanhã, bastante a las afueras.   

El caso es que hacia 1887 se decidió tirar abajo el Monasterio de São Bento Ave María, de monjas benedictinas, sito entre la Praça Almeida y la Praça da Batalha. La decisión tuvo su polémica pero al final se llevó a cabo. Se cuenta que aún se oyen los rezos de las religiosas. No sé si en las noches de tormenta…

fachada de la estación de são bento vista desde un lado y con iglesia al fondo con azulejos

Comenzaron las obras y hubo una ceremonia de puesta de la primera piedra con Carlos I al frente en el año 1900, pero la inauguración propiamente dicha fue en el año 1916.

Ya tiene más de 100 años, pues, y si quieres leer con más detalle los avatares de la construcción de esta preciosa estación y las dificultades para solventar el paso por el Duero, te recomiendo este artículo que encontré buscando información.

interior de la estación de sao bento en oporto con paredes llenas de azulejos

Vale, ya estamos situados en la historia ¿y de los azulejos, qué? 

La estación consta de un vestíbulo anterior a la zona de los andenes. Es aquí donde el maestro Jorge Colaço, nacido en Tánger, llevó a cabo el encargo de decorar los azulejos con sus pinturas. Él es también el que pintó los azulejos de la fachada de la iglesia de São Idelfonso, que está justo al lado de la estación. 

El caso es que Jorge Colaço tardó ¡11 años! en pintar todos los azulejos del vestíbulo. ¿Mereció la pena la espera? Yo diría que sí, e incluso no me parece que tardara mucho si piensas en la cantidad que son. El resultado es increíble. 

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Cuando entras en el vestíbulo de São Bento tu mirada se emborracha con las figuras y escenas pintadas en color azul. Llenan todas las paredes libres y sólo las puertas rematadas en arco, una gran vidriera rota por el típico reloj de estación y un panel de salidas/llegadas que ya parece algo antiguo, interrumpen el festín de arte. 

vestíbulo de la estación con dos chicos haciendo fotos a los azulejos y otros mirando los horarios de trenes

Mientras miras hacia arriba y al frente, tratando de no interponerte en el camino de los que van a coger un tren, ni en el de los turistas ociosos que como tú abren la boca maravillados, intentas entender qué estás viendo. 

Un consejo: si quieres evitar encontrarte con los grupos de turistas que van con sus guías y banderines (a no ser que formes parte de uno de ellos), evita las horas de media mañana y media tarde. De hecho, te recomiendo ir al atardecer. Es cuando la luz del sol entra en horizontal por la puerta principal.

vestíbulo de la estación de são bento con sol de atardecer entrando por las puertas y gente caminando
vestíbulo de la estación de oporto con grupos de turistas escuchando a sus guías

Entendiendo los azulejos de la estación de São Bento

Empecemos por el friso superior, la parte de más arriba que toca el techo y que recorre toda la planta de la sala. También son azulejos pero están pintados en varios colores. Muestran la evolución de los transportes en Portugal. Muy apropiado para una estación de trenes ¿no crees? Sin embargo, reconozco que no me gustó tanto porque me resultaba demasiado colorido frente al resto. Todas las cosas se definen por comparación, y puede que esos azulejos me gustasen más si estuviesen en otro sitio. De hecho no tengo ninguna foto «de detalle» aunque puedes apreciarlo en la imagen anterior.  

La palabra azulejo viene del árabe y según la fuente que consultes te dirán que significa “ladrillito” o “barro vidriado” (az-zulaiy). Cuentan que su origen se remonta a Mesopotamia, pero fueron los árabes los que introdujeron esta preciosidad en Al-Andalus.  

detalle de los azulejos de la estación de Sao Bento con dos mujeres de campo con pañuelos en la cabeza y pendientes largos

Ahora vamos a los murales que tanto llaman la atención…

En la pared de la izquierda, según entras desde el exterior, hay dos grandes escenas. En la superior se observa una batalla. Los jinetes chocan con sus monturas enfrentadas y buscan el pecho del contrincante con su lanza. Se trata de la conquista de Ceuta que tuvo lugar el 21 de agosto de 1415, mucho antes de que llegasen los españoles a esa plaza.

Fue un ataque rápido, porque los portugueses llegaron en gran número y atacaron a primera hora del día sorprendiendo a los soldados de Ceuta. «La llave del Mediterráneo», como se conocía a dicha ciudad, cayó esa misma noche y pasó al mando portugués por unos 100 años.

Pero no fue la rapidez de la batalla lo que llevó a elegirla para ser recordada en São Bento, es que fue el comienzo de la presencia de Portugal en el norte de África, quedando marcada en sus libros de historia con un gran valor simbólico para el país.

escena de batalla en los azulejos de la estación

Justo debajo de esta escena se representa el encuentro de Alfonso VII de León y Egas Moniz, en el siglo XII, otro capítulo de la historia de Portugal digno de ser recordado porque alude a la independencia del reino de León.

Si te desplazas al otro extremo del vestíbulo, te encontrarás con otra escena igual de regia: la entrada triunfal en Oporto de los reyes Juan I de Avís y Felipa de Lancáster en 1387. Era el día de su boda.

No es que fueran una pareja de enamorados, eso no se llevaba mucho por aquél entonces. Juan I y Felipa de Lancáster se casaron por conveniencia, estableciendo una alianza anglo-portuguesa con la que hacer frente a la recién establecida entre Francia y Castilla. Cosas de la política.

rey y reina montados a caballo con obispo entre ellos y damas de la corte andando detrás entrando en la ciudad de oporto en los azulejos de la estación de são bento

Los portugueses establecieron, a partir del siglo XVI y hasta el siglo XIX, una medida para los azulejos. Regular y mayor que la tradicional árabe: de 13,5 a 14,5 centímetros. El objetivo era optimizar la que ya era una importante actividad en Portugal. 

Pero, siendo estas escenas grandiosas, las que más me emocionaron fueron las escenas del muro que da paso a las vías del tren. En ellas se despliega la vida rural de Portugal varios siglos atrás. El transporte de las barricas por el río Duero, los carros de bueyes, los molinos de agua, la siega, una madre dando el pecho a su bebé…

panel de azulejos en tonos azules con un molino en el río y un carro tirado por dos bueyes con enormes cuernos
escena de siega con carro de paja tirado por un buey de grandes cuernos y un hombre agachado segando en los azulejos de la estación de são bento

Además hay un capítulo especial para la fiesta. El momento de descanso para el pueblo. Lo más cercano a unas «vacaciones», cuando este concepto no existía por aquél entonces. El vino y la comida corrían entre bailes, guitarras y panderetas.

La estética de los retratos, por cierto, me recuerda mucho a la serie de televisión Curro Jiménez, que recreó las andanzas de un bandolero del siglo XIX en la Serranía de Ronda, y también me recordó a las ferias andaluzas.

escena de feria con gente bailando tocando la guitarra y pandereta y banderines colgados en los azulejos de la estación de são bento
escena de fiesta con hombres y mujeres sentados a las mesas con jarras en azulejos de colores azules
detalle de los azulejos de la estación de são bento con dos mujeres sentadas en el suelo con ollas de barro y un hombre tocando una guitarra pequeña
azulejos de la estación de são bento representando una procesión con mucha gente en las calles

En definitiva, el vestíbulo de la estación de São Bento contiene toda una historia gráfica que, a falta de fotos, se pintó. Y se pintó como si fueran imágenes en blanco y negro, pero con el azul como color dominante en lugar de la escala de grises. Justo es decir que el maestro pintor se afanó en las sombras y los matices para dar relieve, perspectiva, profundidad y mucha vida.

Es como un libro comprensible para todos, independientemente del idioma que hablemos, aunque para entenderlo hay que pararse, observar los detalles, pensarlo un poco y leer. 

azulejos de la estación de são bento con unas barcas navegando en el río duero con tres mujeres con pañuelo en la cabeza

Por último, has de saber que desde São Bento puedes coger un tren regional a Coimbra, Braga o Guimarães. Estando allí me prometí a mí misma que un día volveré y me subiré a uno de esos trenes, después de amenizar la espera contemplando otra vez la obra de arte de sus paredes, por supuesto.

vías y andenes de la estación con un tren de cercanías entrando y techo de hierro con cristales

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