Leh al atardecer

Leh huele a pan recién hecho en cuanto amanece. Y brilla en tonos rojos cuando anochece. Leh es ruidosa y tranquila a la vez. La capital de Ladakh es una amalgama de gentes, religiones, estímulos y sorpresas. En Leh se está muy bien, y ya es uno de esos sitios a los que no me importaría volver una y mil veces.

Como me dijo un chico de allí: next year. Yo no diría tanto, pero no me importaría volver 🙂

Ahora voy a ver si logro contaros por qué es así.

Leh

Primer paseo por Leh, ya había caído la noche. Al fondo la mezquita Jama Masjid

Llegas a Leh y miras cómo se cruzan contigo tibetanos, monjes, musulmanes, burros y vacas. Una mezcla de India, Tibet y recuerdos de Asia Central se mezclan ante tus ojos.

Leh

Leh India

Leh

Leh

Mientras escuchas la llamada a la oración que proviene de la Mezquita del Viernes (Jama Masjid), o de alguna otra del barrio musulmán, contemplas a los monjes tibetanos haciendo sus compras, o a mujeres hindúes que vienen y van concentradas en sus cosas. Respiras las diferencias.

Leh

Llegar a Leh después de recorrer 252 km. desde el Valle de Sarchu, sin ver más alma que las que transitan esas carreteras, es un soplo de aire urbano y abundancia.

Leh

Estamos a 3.505 metros de altura sobre el nivel del mar, y después de haber atravesado puertos que suman otros dos mil metros a esta cifra, la verdad es que la respiración y los movimientos se expanden de nuevo.

Leh

Además la capital de Ladakh se está poniendo guapa. Este verano de 2016 estaba en plena reforma Main Bazaar, una arteria que recorre buena parte de la ciudad. Quedará una avenida ancha, amplia y peatonal en la parte más repleta de tiendas, restaurantes y alojamientos.

Un punto de sofisticación, urbanidad, occidentalismo. Sí, no termina de gustar al viajero que busca lo auténtico, pero quizá no se trate de eso. Quizá no tengan por qué quedarse en la Edad Media.

Leh

Pero mejor voy a organizar un poco todas estas ideas y sensaciones producto de mi estancia allí, de varias noches.

Creo que nunca llegamos a pasar un día verdaderamente completo en Leh porque la “utilizamos” como base de operaciones para visitar distintos puntos de los alrededores. Aun así, desde la primera mañana en que aproveché a explorarla a solas, hasta la última noche, fue un verdadero placer conocerla.

Leh

El antiguo Palacio Real de Leh y el pequeño monasterio de la montaña

Como una atalaya privilegiada, el Palacio preside la ciudad. Ya no es lo que era. Su estado de conservación es muy malo, pero tiene unas vistas del valle impresionantes.

Leh India

Dicen que es una versión en miniatura del Potala, aunque esto lo dicen de unos cuantos edificios situados en diversos “pequeños Tibet”, como el cercano monasterio de Thiksey. Y será verdad, ya que el Potala de Lhasa es toda una referencia para el pueblo tibetano.

Palacio de Leh

El Palacio de Leh es visible desde casi cualquier esquina.

  • Fue construido en el año 1600 y en tres años estaba listo.
  • Tiene más de 100 habitaciones, aunque muchas ya no son accesibles.
  • En sus tiempos estaba dividido en dos: el establo y la despensa donde se guardaban las provisiones para los duros inviernos (cereales, fruta y carne secas), y las habitaciones de la Corte, con sus salones de recepción o la capilla.

Leh

La capilla real es precisamente uno de los lugares que se pueden visitar y donde dan ganas de quedarse un buen rato.

Está presidida por el Buda de las mil cabezas, manos y pies, que no es otro que el Buda de la Compasión.

Qué apropiado que tenga tantas cabezas, manos y pies para representar a la Compasión ¿no? Otra cosa es el signo que hace con su mano, que en nuestra cultura no tiene precisamente esa acepción, je, je.

Leh

También hay una biblioteca de manuscritos budistas. Estos son como pequeñas pilas de hojas, sin encuadernar, con tapas de madera labrada y protegidos por tela (seda).

Leh

Puedes subir por las antiguas escaleras que amenazan ruina y pasear por las estancias de techo bajo. Allí suele haber una exposición de fotografías de principios del s. XX con imágenes de Ladakh y Tibet, además de objetos religiosos, antiguos ropajes y algunos manuscritos. No se pueden hacer fotos en esta zona.

Leh India terraza del antiguo palacio

Turistas indios en el palacio de Leh

Es como una mansión abandonada, en la que de vez en cuando las escobas de algunos obreros levantan mucho polvo.

Leh India

Toca subir hasta arriba del todo por escaleras estrechas y de altos peldaños, pisar todas sus terrazas y extasiarte con el paisaje que se despliega a tus pies. Al fondo, con suerte, verás el Stok Kangri, el pico más alto de Ladakh con sus 6.123 m. de altura.

Leh

vistas del Stok Kandri el pico más alta de Ladakh desde Leh

Stok Kangri, el pico más alto de Ladakh

  • Cómo subir al Palacio de Leh y cuánto cuesta: se puede subir andando por una ruta marcada desde el centro de la vieja Leh, o bien en taxi por unas 170 rupias el trayecto. La entrada cuesta otras 100 Rps. y algo más si entras con cámara de vídeo.

Leh

En la misma montaña, unos metros por encima del Palacio, está el Fuerte y Gompa Tsemo.

Una construcción sencilla, empinada como la montaña, pulcramente encalada.

Al acercarte oyes el canto rítmico y de voz profunda de un monje en la sala de oración principal. ¿O son varios? Proyectan la voz de una manera que una nunca sabe.

Leh

Leh

Leh

Efectivamente allí está. Es uno solo y está enfrascado en sus hojas de oraciones.

Nos sentamos en el suelo en silencio, admirando las estatuas del altar, los colores de la estancia, y dejándonos llevar por ese canto. Cierro los ojos, me relajo, respiro. Los demás hacen lo mismo. Ya que estamos, un poco de meditación con esa banda sonora nunca viene mal y le habíamos cogido el gusto en Rishikesh.

Leh

Entablamos conversación con el monje cuando termina. Nos cuenta que vive allí solo, y que su hermano se casó con una española y vive en Barcelona. El hermano era guía turístico aquí en Leh, hasta que el amor le secuestró y se lo llevó a casi la otra punta del Globo.

Observo que el monje mira a las chicas con cierto descaro. No es el primero. Preguntamos si ellos, como hombres religiosos, tienen voto de castidad o no. Nos dice que sí, y sonríe. Es una persona agradable pero no puedo evitar pensar en que esa mirada tiene cierto aire libidinoso.

Y me sorprende igual que cuando veo a otros monjes con sus elementos del siglo XXI en la mano: relojes, gafas de sol, smartphones y tablets.

monje budista en Leh

Me choca porque yo relaciono el budismo con una especie de retiro espiritual para alcanzar la felicidad. Pero en fin, quién soy yo para juzgarles. También hay muchos ejemplos de curas y monjas católicos que no son lo que aparentan ¿no?

Toca recuperar el famoso dicho: El hábito no hace al monje.

monje budista en Leh

Volvamos a la ciudad, y vayámonos al antiguo Bazar, el Old Market de Leh

Leh calles de la ciudad vieja

No hay que dejar de dar un paseo por las calles del viejo Leh

Mientras el sol se levanta, sólo algunos trabajadores se dirigen a sus quehaceres. Hay una calle llena de panaderías, en el camino para subir al Palacio desde Main Bazaar. En esa dirección también hay varios hoteles. Más allá las vacas apuran los restos de basura que serán recogidos un poco más tarde por el servicio municipal.

Leh

Los encargados de hacer el queso que sirve de base para muchos platos bregan ya con las ollas.

tenderos del bazar de Leh

En mi primer paseo en solitario por las calles de Leh, al amanecer, la gente me recibió muy amablemente

El Old Market no son las calles principales, las de las tiendas para turistas, sino un pequeño laberinto que se extiende en paralelo a estas.

Allí das un salto a Asia Central, a los libros de escritoras como Alexandra Dávid-Néel o Rosita Forbes.

old market Leh

Los comercios se organizan por gremios, como toda la vida.

Aquí las telas, allí los sastres para hacerte un traje, un magnífico abrigo tibetano, o un salwar kameez que es ese vestido de camisa larga y pantalón que llevan las mujeres, de alegres colores.

escenas del viejo mercado de Leh

sastre de Leh

sastrerías en el old market de Leh

Por allí las carnicerías, y más allá los barberos, y los joyeros. Los vecinos conversan, compran, venden.

carnicería de Leh

barbero de Leh

barbero de Leh

joyeros del old market de Leh

tienda de alfombras de Leh

Ojo a vuestras bolsas, algún amigo de lo ajeno puede cruzarse en tu camino e intentarlo. En nuestro caso, sólo fue un intento.

Mezquita Jama Masjid

La mezquita que recuerda a un palacio mogol está en la curva de Main Bazaar. Encajonada entre varios edificios, perfectamente visible, por encima de ella se alza el Palacio, en las alturas.

Se puede visitar. De hecho, si ven que dudas en la entrada, alguien se acercará y te dirá que entres, sin problema. Te descalzas y listo. No cobran entrada.

La únicas condiciones son que no entres en la hora de la oración y que vistas decentemente. Nosotras debemos cubrirnos la cabeza.

mezquita Jama Masjid de Leh

alfombras de oración en la mezquita de Leh

mezquita de Leh

La antigua mezquita tenía casi la misma edad que el Palacio de Leh, y fue encargada por el emperador Mogol Aurangzeb, más religioso que sus antecesores.

Sin embargo, la que hoy podemos ver ha sido reconstruida entre los años 2002 y 2005, o sea que es un edificio moderno aunque con algunos elementos que sobrevivieron. Además, como todo en estas tierras, los años no le sientan muy bien.

los viajes de Ali en Leh

Mercados de refugiados tibetanos

Así se anuncian, los tibetan refugees market, y eso es lo que son. Aunque las guías hablan de uno o dos, hoy en día son varios los mercadillos con los que los refugiados tibetanos tratan de salir adelante en esta nueva patria, tras escapar de sus tierras ocupadas por China. A veces son cuatro o cinco puestos en una acera, y otras un solar completo entre los edificios del centro de Leh.

tibetan market de Leh

Son un buen recurso para comprar regalos, o sencillamente dar una vuelta cuando ya ha caído la noche y poco más puedes hacer, aparte de ir a tomar unas cervezas (aprovechando que aquí hay cerveza en muchos sitios, e incluso puede que fría!).

Los tibetanos son gente sencilla, muy agradables en su mayoría, y seguro que podrás intercambiar con ellos unas palabras o bromas. Si además repites, puede que te reconozcan y las bromas se conviertan en miradas de complicidad y de abierta simpatía.

niña tibetana de Leh

Y por fin probé el famoso té tibetano

En uno de sus puestos nos encontramos con unas mujeres tomando el sol y unos vasitos con una bebida de color rosa. Enseguida lo identifiqué, recordando mis lecturas sobre la cultura tibetana: té con leche de yak (que es de color rosa), mantequilla y sal.

No podía irme de allí sin probarlo, así que saludamos, preguntamos, nos confirmaron y nos sirvieron un vaso que nos costó unas 5 Rps. Observaron divertidas cómo lo probábamos. Al ir avisada, hasta me gustó. Pero si no te esperas que el té vaya a estar salado y algo grasiento, probablemente no te guste. Es lo que cuentan la mayoría de viajeros. Yo creo que podría acostumbrarme. Quizá porque ha formado parte tanto tiempo de mis sueños 🙂

té tibetano con leche de yak en Leh

mujeres tibetanas tomando té en Leh

Volvemos a la calle Main Bazaar

calle main bazaar de Leh

Volvemos, o mejor dicho, nos centramos en la zona más popular y populosa de Leh. Main Bazaar, que ya he citado varias veces. Un oasis en las montañas.
Aquí se concentran los restaurantes y la oferta de agencias locales, casas de cambio, bancos, y comercios de todo tipo. Por aquí pasarás sí o sí, y asistirás a la mezcla imposible pero pacífica de lo de antes y lo de hoy.

mujeres en main bazaar de Leh

puestos de mercancías en Main Bazaar de Leh

En Leh puedes encontrar de todo, desde una quizá necesaria tarjeta de memoria extra para tu cámara, como fue mi caso, hasta ropa de montaña a muy buen precio, pasando por todo tipo de recuerdos de viaje. La mercancía estrella son las pashminas de la cercana Cachemira.

No dejes de comprar unos albaricoques del Valle de Leh, pequeños y muy sabrosos, en los puestos de la acera. Ni de pasar por la tienda de zapatillas de esparto típicas de Ladakh.

vendedoras de Leh

puestos de verduras en el centro de Leh

comercio tradicional de Leh

Comercio tradicional que sobrevive entre la modernidad de Main Bazaar

tienda tradicional de Leh

zapatillas típicas de Ladakh en una tienda de Leh

Dónde comer en Leh

Para terminar, a título práctico, por si estáis por ahí y no sabéis qué opción escoger, anoto aquí varios sitios para comer o cenar en Leh que me gustaron mucho. Todos están en Main Bazaar, entre la mezquita y las calles más antiguas.

Il Forno, uno de los restaurantes con mejores vistas de Leh

Sí, lugar de nombre italiano con un estupendo horno en el que cocinan pizzas al momento, pasta y algunos otros platos. Todo lo que probamos estaba muy bueno.

Tienen cerveza aunque sólo está fría si vas a una hora de poco público, por ejemplo a media tarde. Después las neveras no dan para mucho. Además hay apagones recurrentes, en la ciudad me refiero. Lo normal es que esté llenísimo a la hora de la cena, así que ojo. Os podéis acercar a reservar mesa antes.

Esto de que esté tan lleno habla muy bien del local, pero es que además la práctica totalidad de sus mesas se extienden en dos terrazas desde donde contemplar cómo el sol ilumina el Palacio y las calles del viejo Leh, mientras va dejando paso a la luna.

Tienen wifi pero no suele funcionar. ¡Se lo perdonamos!

Himalayan Cafe

Esta es otra opción más local. Aquí la cocina es tibetana y/o ladakhí. Tanto los momos como los platos de fideos están muy buenos.

Hay unos cuantos restaurantes así en las calles principales de Leh, todos en los pisos superiores de los abigarrados edificios, y con ventanas a la calle.

La verdad es que a veces es difícil encontrar el camino hasta el restaurante. Los edificios están llenos de carteles de comercios y mercancías. Hay que entrar al patio interior y subir por escaleras que no sabes muy bien a dónde te llevan y que tienen un aspecto un tanto chamuscado. Pero las cosas son así allí.

Restaurante Amdo

Aquí es donde probamos unas cuantas variedades de momos, todas deliciosas, tanto al vapor como fritos. Recuerdo especialmente los de queso y los de cordero. Mmmmm…. Los platos cuestan unas 130 Rps, más o menos como en el Himalayan Cafe.

¿Entendéis ahora por qué me gustó tanto Leh?

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