Srinagar

Llegamos muy tarde a Srinagar, en medio del toque de queda que mandaba callar a todo el mundo en el verano de 2016. Después de un día completo de carreteras de vértigo llenas de personajes que hacían cumplir mis sueños de hace años, paramos en Sonamarg. El plan era continuar cuando se hiciera bien de noche, por ese toque de queda… 

¿Que por qué aventurarse hasta Srinagar si las cosas estaban tan tensas?

Porque teníamos un vuelo para dos días después, que partía de allí y nos llevaría a Amristar. Y porque cuando estás de viaje quizá te vuelves más inconsciente. O no te quieres creer lo que dicen los medios de comunicación. Sea como sea, el contacto que teníamos en Srinagar aseguraba que podíamos, así que fuimos.

Como decía, veníamos de todo un día de trayecto pasando por Kargil y superando las carreteras pistas con desfiladeros de vértigo que ya os mostré en otro post.

En un hotel de Sonamarg nos dejan cenar y dejar las cosas. Damos una vuelta, cenamos, echamos unas partidas a las cartas o leemos. A las 23 h nos avisan de que debemos ponernos en marcha. La noche es muy oscura.

Todos esperando a que los soldados den el OK

No habíamos avanzado casi nada, cuando nos detienen. Hay una buena fila de coches que se sigue haciendo larga detrás de nosotros. Hace mucho frío, los cristales se empañan y las lucecitas de las linternas y móviles de los que se apean de los coches vienen y van. Me quedo dormida. Una hora y media después, una sacudida me despierta.

De repente todo y todos se ponen en movimiento, y como si de un rally se tratara, salimos despedidos hacia delante. No hay fila que valga, tonto el último. Me da la risa tonta por el espectáculo, y los nervios…

Hacemos el trayecto de 85 kilómetros en una hora y media. Más que un récord en esas carreteras llenas de agujeros, aunque para ser justos hay que decir que este tramo está bastante bien. Siendo de noche no se ve nada, por lo que no podemos temer a los precipicios que seguramente caen a nuestro lado. Quien no se consuela…

En realidad buena parte del viaje lo hice con los dientes apretados y los ojos muy abiertos, y no fui la única. Me esforcé en dejar la mente en blanco.

Cuando llegamos a las calles de Srinagar nos hacen parar en un par de puestos de vigilancia. Hay soldados apostados en casi cada esquina, protegidos por barricadas hechas con sacos. La ciudad está dormida, aparentemente. Al fin, llegamos a la orilla del lago Dal y en unos minutos embarcamos rumbo a nuestro hotel flotante. Mañana será otro día…

noche en Srinagar

Las tensiones de Cachemira

En esta región hay tres bandos, por decirlo de una manera sencilla. Los que están a favor de pertenecer a India. Los que quieren pertenecer a Pakistán (país con el que India se disputa el territorio). Y los que quieren que Cachemira sea independiente.

En mayo o junio de 2016 el ejército indio irrumpió en la casa de un chaval que no llegaba a los 30 años de edad. Se trataba del líder de los independentistas de Cachemira. La versión oficial es que las cosas se les fueron de las manos. El caso es que mataron a este chaval, que además de ser una persona, era y se convirtió en un símbolo. Un mártir.

A  partir de ahí empezaron las protestas en la calle. La gente de Cachemira está harta de vivir en un estado militarizado. Sin libertad de expresión ni de movimientos.

panorámica de Srinagar
Panorámica de Srinagar

Piensa que cualquier día entran en tu casa y tratándote como a un terrorista porque te dedicas a dar propaganda a tus ideales, te matan. En resumen las cosas van por ahí.

Con las protestas y manifestaciones hubo más violencia y muertes. El gobierno de India decretó el Estado de Excepción e impuso un toque de queda. No se levantó hasta noviembre o diciembre de 2016, según me cuenta un chico de allí con el que me escribo por Instagram.

El día en que te despiertas en mitad del lago Dal y empiezas a descubrir su microuniverso

Transcribo las palabras de mi diario de viaje:

«Estoy en el famoso lago de Srinagar, donde venían los ingleses en la época de la colonia huyendo del calor de la llanura del Indo.

Esto es precioso. El lago refleja todo a la perfección. Los lotos, las barcas, las houseboats. Estamos en uno de estos hoteles, «de lujo», con muebles como los de una casa antigua, alfombras y un porche magnífico.

Srinagar interior houseboat

Ahora llueve en plan tormenta. A mi alrededor los hombres pescan y los barqueros se relajan en espera de que salgamos a dar un paseo por el lago».

chico con una hoja grande como sombrero en srinagar
Sombrero para la lluvia ¿es, o no es una gran idea?
barquero tumbado en su barca en el lago dal srinagar

La vida desde una houseboat

Estos hoteles flotantes que guardan el más puro estilo colonial es el alojamiento preferido de los turistas en Srinagar. No es para menos. Un lugar poético y lleno de encanto, aunque no están en perfecto estado y hay que andar con ojo sobre las tablas podridas de las pasarelas. No es difícil imaginarse a las damas y caballeros victorianos asomados a esas barandillas.

houseboat del lago dal en srinagar con barca delante

Cada «habitación», que es una barca entera para cuatro personas, tiene asignado un servicio. Uno o varios hombres dedicados a servirte. El que nos tocó era un tipo serio, enjuto, y que nos ponía nerviosas. Silencioso, aparecía en cualquier momento dispuesto a ofrecerte cerveza, agua, o lo que fuera (de pago). Un servilismo al que no estoy acostumbrada, aunque significa un montón de puestos de trabajo.

Rodeados de agua y plantas acuáticas, desde las houseboats el panorama es sencillamente precioso. Las montañas al fondo, verdes en esta época del año. Los colores refulgentes, las barcazas que son hoteles, pero también viviendas, farmacias, tiendas de ultramarinos, sastrerías, talleres de artesanía y muchas más cosas. Hay aves, patos, y vegetación por doquier en la que destacan los lotos y nenúfares…

Srinagar barcas en lago Dal
dos pájaros sacudiéndose el agua de lluvia sobre una madera en srinagar

La gente viene y va, siempre en barca.

remo de color rojo en forma de corazón en el lago dal srinagar
barquero remando de espaldas entre las casas del lago dal srinagar

Se ocupan de sus quehaceres, o sencillamente pasean. Algún grupo de chicas jovencitas, familias que no sé si son turistas locales o es que viven allí… En la siguiente «esquina» hay una chica lavando ropa directamente en el lago. Un poco más allá un señor y ¿su hijo? pescando pacientemente.

  • jóvenes de Srinagar
  • Srinagar vida en el lago dal

De noche el cielo se despeja y aprovecho para hacer algunas fotos. Hay luna llena y mucha luz que proviene de la parte terrestre, aparte de la propia de nuestra houseboat. Logro captar el paisaje y las barcas que aún siguen en movimiento, seguramente de vuelta a casa.

lago dal a la luz de la luna con una barca pasando delante srinagar
lago dal de noche con luz rojiza y montañas al fondo srinagar

Aquí hay dos ciudades: la terrestre, de la que poco podemos ver incluso de día por la situación que os acabo de contar… y la acuática, por la que estoy empezando a contaros.

La Srinagar acuática: un lago de comerciantes

Desde el primer momento recibimos visitas en nuestro porche, y también durante los paseos en barca por el Lago Dal. Son comerciantes que intentan vendernos desde un supuesto azafrán, hasta pashminas (estamos en Cachemira!), joyas de plata, artesanía hecha en papel maché y semillas de flores.

Se aproximan con su barca y se ponen junto a la tuya. Te llaman, apelan a tu sentido consumista desplegando todo lo que llevan, y cantan las cuatro palabras que han aprendido en inglés y español. A veces se relajan e intentan entablar conversación. Pacientes, esperan a que te ablandes «atacando» por ese lado, el más humano. Primero nos hacemos amigos, luego me compras algo, parece ser la estrategia.

Como el turismo ha caído en picado, insisten más que nunca, supongo. No se cansan. Media hora diciendo que no quieres comprar nada (lo que sea que te intentan vender) y media hora que insisten, hasta que se van a otra barca de turistas, si la hay. Respiras, pero vuelven. Siempre vuelven.

El «tío de las flores» me persiguió hasta el último minuto, y eso que le intenté hacer comprender que la jardinería no es lo mío! El del azafrán también, y el de las joyas.

vendedor de flores en Srinagar

La verdad es que cada vez quiero comprar menos cosas en los viajes.

fábrica de objetos de papel maché pintados de colores y flores srinagar

Cada vez me interesa menos esa parte del viaje… Pero aquí, hora tras hora, empiezo a sentir que debería hacerlo para aportar algo a su economía que en esos momentos inciertos se ha hundido casi literalmente. Al final cae un bolso precioso de un vendedor muy amable (aunque insistente hasta la saciedad como todos).

comerciante de Srinagar
El señor que me vendió el bolso
chico asomándose por la cortina de una barca, sonriente en srinagar

No todo son souvenirs. Levantándonos de madrugada, nos vamos a visitar el mercado de frutas y verduras local

Se celebra sobre el agua todos los días. Uno de esos célebres «mercados flotantes» que tanto se «venden» en las guías turísticas. Pero a diferencia de otros que he visto, este es suyo. Total y absolutamente suyo.

Llegamos aún de noche y ya hay actividad. Todos son hombres acuclillados en un extremo de su barca hasta que hay oportunidad de venta. El día va aclarando y se va viendo cada vez más y mejor.

mercado flotante de Srinagar

Observo cómo se saludan, charlan entre ellos, regatean -algunos con una gestualidad digna del teatro-, y bromean. Me encanta, me quedaría horas. Nosotros nos mantenemos a un lado y la mayoría no nos hace ni caso. Insisto, me encanta.

mercado flotante de Srinagar

Compran pepinos, patatas, calabazas, berenjenas… Casi todo se cultiva allí mismo, con un sistema de bloques de tierra flotantes similar al del Lago Inle en Birmania. Todo es pesado con balanzas romanas.

Los clientes, al final, meten la mano en la barca del vendedor, cogiendo varias piezas más, a modo de «propina». Muchas veces el vendedor las recupera entre grandes aspavientos, jajajaja.

montón de berenjenas rosadas en una báscula en las barcas del mercado de srinagar
discusión amistosa entre barrquero y cliente srinagar
Recuperando los pepinos que el cliente quería abrocharse de más

Dando un tímido paseo por la Srinagar terrestre

Me hubiera encantado visitar el centro histórico, pero no había manera sin ponernos en peligro.

Al menos pudimos visitar la mezquita Hazratbal, que se sitúa junto al lago.

Su nombre significa «lugar sagrado» y dicen que guarda una reliquia. Un pelo de Mahoma traído por un descendiente del profeta en el año 1600.

Por lo visto esta es la única mezquita abovedada de Srinagar. Las demás tienen techos de tipo pagoda como los que habíamos visto en los pueblos de camino a Sonamarg.

mezquita de srinagar
mezquita de Srinagar
interior mezquita Srinagar

Completamos esta visita con un breve paseo por los muelles adyacentes a la mezquita, observando las preciosas casas de madera y ladrillo. Algunas personas de la zona nos saludan.

casas de srinagar de tres pisos y ladrillo

Al pasar junto a una carnicería veo a tres hombres sentados. Vecinos charlando. Les miro y les digo «salam aleikum».

Nosotras llevamos todo el tiempo un pañuelo en la cabeza (también en el lago), a modo de hiyab. Me responden sorprendidos (aleikum salam) y me preguntan de dónde soy, y si soy musulmana. Les digo que no, y se sorprenden más todavía porque yo he usado el saludo de su religión.

Me permiten que les haga una foto y me sonríen. Otra buena mujer también accede a que la fotografíe. Todos agradecen mucho que les muestre la foto en la pantalla.

Srinagar señores
retrato de mujer de srinagar con pañuelo blanco cubriendo la cabeza

De ahí nos vamos a los Jardines Mogoles. Están en la parte alta de una colina desde donde se domina todo el lago. Los jardines tendrán mucha historia, pero a mi no me parece que sea un sitio demasiado interesante. Después nos acercamos a un templo dedicado a Shiva y que está guardado por un sij, que es otra religión diferente a la hindú. Una pequeña muestra de la mezcla espiritual de India.

dos visitantes beben agua de fuente sagrada srinagar

Para acceder a la colina hay un control militar que nos obliga a pasar andando, con las cámaras y móviles bien guardados, y que obliga a un cacheo.

A la hora de la cena, durante la segunda y última noche en el lago Dal, escucho unas explosiones lejanas que me parecen fuegos artificiales. Me extraña por el toque de queda, y tampoco veo nada en el horizonte, pero es lo que me parece. Quizá es lo que quería creer.

Cuando salimos de Cachemira

Tras no sé cuántos controles y cacheos en el aeropuerto de Srinagar, nos enteramos de que esa noche hubo otro enfrentamiento en los alrededores de la ciudad. Cuatro muertos. Y nosotros haciendo turismo. Y yo pensando que eran fuegos artificiales lo que oía.

No sé bien explicar con palabras lo que sentí en ese momento.

Aturdida, pensé que no puede ser que este mundo sea una mierda tan grande. Que es muy injusto que tanta gente que además tiene tan poco esté muriendo de esa manera, por esas cosas. También que es horrible que yo vaya de vacaciones, campando con la cámara y mi mirada de occidental, por la misma tierra donde está pasando todo eso.

Sin embargo, también sé que el dinero que dejamos en aquella houseboat y con nuestras compras o las barcas que nos llevaban y traían fue un alivio para esa gente, que de repente se vio sin ingresos en la única temporada en que los tienen (verano). Sé, por el chico con el que sigo en contacto vía Instagram, que para ellos recibir visitas del exterior es un soplo de esperanza, o sencillamente de sentir que no están solos. También un signo de mínima normalidad.

Difícil conciliar todos estos sentimientos. No sé cuánto es excusa y cuánto realidad. Sé que es horrible y a la vez que, en parte, es necesario.

De todas formas, tenéis que saber que Cachemira ha vuelto a la paz contenida desde hace unos meses y que es posible que así siga… Yo no dejaría de volver a ir.

Para leer más sobre la situación de Cachemira:

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