buea camerun

Salimos de Foumban a las 6.30 a.m., con un largo recorrido por carretera, rumbo de nuevo a la costa de Camerún.
El viaje transcurre entre siestas y lecturas, mientras el paisaje va cambiando, cada vez más dominado por las plantaciones de bananas, piñas, papayas, y caucho. No nos detenemos, así que me es imposible retratar estos paisajes de fantasía…

Me gusta ir mirando las plantaciones y su simetría extraña para ser algo natural: filas y filas de arbustos y árboles, según sea el cultivo. Perfectamente alineados, a veces con la niebla flotando entre sus “calles” o “túneles”.  Parece un decorado de película, de esas películas de misterio o terror, o de aventuras imposibles. Viendo esos caminos que no parecen tener fin, pienso en el Infinito y me invade una especie de calma y a la vez desasosiego.

plantación de caucho con árboles en perfectas hileras en buea

recipiente sujeto al tronco de un árbol lleno de caucho buea

Paramos en una plantación de caucho, mientras los camiones pasan cargados hasta los topes por la carretera. Nos acercamos a ver cómo se extrae ese “oro blanco” que volvió locos a muchos en Sudamérica, en Asia, y a menor escala en África. Se sigue extrayendo manualmente, en duras condiciones.

La antigua capital colonial: Buea

Esta población fue construida por los alemanes, que decidieron alejarse de la costa huyendo del calor y la malaria. Fue capital de Camerún durante 8 años, tiempo en el que construyeron viviendas, misiones, escuelas y edificios gubernamentales. Todo sigue en pie, a 1.000 m. de altura, bajo el Monte Camerún, rodeada de montañas y vegetación tropical además de las plantaciones de té que los ingleses plantaron… porque al perder la Gran Guerra, los alemanes tuvieron que irse y fueron reemplazados por los ingleses. Por eso estamos de nuevo en zona anglófona.

panorama de casas en la ladera de volcán en buea

La ciudad mantiene la estructura de pueblo y estilo alemanes, casas de madera grandes, con balconadas… y junto a ellas, las cabañas de madera donde vivían sus esclavos. Junto a la entrada, las tumbas de sus muertos.

casa de madera pobre pero pintada de azul y rosa con tumba al lado en buea

Desde aquí parten la mayoría de expediciones para ascender el monte Camerún o Foka. Para subir es obligatorio contratar los servicios de un guía local especializado y un permiso del Ministerio de Turismo camerunés. Un volcán enorme, de 4.100 m de altitud, que en esta época del año está siempre cubierto de nubes (y no fueron una excepción los días que anduvimos por sus alrededores). Tampoco se puede subir (o no es aconsejable) hacerlo en época de lluvias, nuestro verano…

calle con puestos de fruta protegidos por sombrillas de colores y de fondo la vegetación en buea

balcón con carteles de peluquería el Paradisio en BueaEn 1999 entró en erupción por última vez, siendo ésta la sexta del s. XX, aunque la última explosión fue en 1982, precisamente cuando se estaba rodando la película Greystoke: la leyenda de Tarzán. Sí, esa famosa peli se rodó en Camerún… para los que no os acordéis, os dejo el trailer:

La gente de aquí cree que las erupciones son causadas por las muertes de los jefes locales.

Damos una vuelta por el mercado, que ya está cerrando, y por las calles… Aquí por fin logro fotografiar un detalle muy gracioso, que ya habíamos visto en otros sitios. Muchos taxis llevan instalados en el techo del vehículo porta-esquís. Y muchos de ellos además, los han tuneado, dándoles una forma como de cuernos. También se pueden encontrar en otros lugares, como en  Kribi. Por lo visto llegó una remesa de estos chismes «equivocada» al puerto de Douala, hace unos años… y allí se quedó. A los taxistas les hizo gracia y los incorporaron como un elemento de decoración en sus coches (porque no, pistas de esquí en este país, no hay ;-)).

taxis con sujeta esquís en la vaca en las calles de buea

vino en brick Barón de Madrid encontrado en Camerún

También encontramos vino tinto en tetra-brick, producido aquí y que se llama… Barón de Madrid (¡!!). La curiosidad nos puede y nos lo llevamos a Limbe 🙂

Limbe

Por la tarde llegamos a Limbe. Nos alojamos en el Hotel Atlantic Beach, y me toca una habitación con balcón en la última planta (escaleras altísimas, sin ascensor… aún recuerdo cómo subí la mochila, arf), frente al mar.

hotel en la costa con palmeras y piscina en limbe

Aprovecho para salir a la terraza a escribir. Hace mucho viento, casi un vendaval, y el oleaje es muy fuerte, pero la temperatura es bastante agradable.
El hotel es bastante pintón, aunque tiene unos años y se nota bastante, sobre todo en las habitaciones… pero está razonablemente limpio, el servicio es bastante bueno en recepción (un poco menos en la parte de bar-restaurante), y resulta curioso ver a un pequeño «ejército» de jardineros cortando la hierba de los jardines a machetazo limpio :-). El resto de huéspedes del hotel son un grupo de una especie de convención, señores cameruneses de negocios o algo así, y alguna familia también local.
Frente a mi contemplo con desolación una pequeña plataforma petrolífera o de gas, «alucinantemente cerca», escribo en mi diario. Una verdadera lástima. Resulta inquietante.

panorama costa de limbe con plataforma petrolífera

A la izquierda, los restos de un barco hundido… apenas unos hierros sobresaliendo del agua. Y enfrente, a la derecha, las islas de la Bota.
Aquí la costa es totalmente volcánica, bastante rocosa, y la playa se halla cubierta por la marea alta a esta hora del día… Tan sólo unos kilómetros más allá se halla la colada de la última explosión del monte Camerún.
Para acceder a este hotel hay que subir unos metros por un caminito entre vegetación y árboles enormes, muy oscuro por la noche. Nos aconsejan que lo evitemos, ya que el año anterior atacaron a una pareja que volvía andando al hotel. La misma historia, que tristemente habíamos vivido el día anterior, otra lástima…
El viaje va acabando, nos quedan apenas un par de días en este país, y quizá esto, el cansancio, y el mal tiempo hagan que todo resulte un poco tristón.


 

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