hacia los montes mandara

Hoy nos levantamos tempranito para ir a Maroua, a 260 km., por una carretera asfaltada, pero llena de agujeros –baches no, agujeros!!-, que nuestro vehículo tiene que esquivar continuamente. Al menos, el tráfico no es muy intenso, aunque la mayoría son camiones cargados hasta los topes que se dirigen a la frontera.

Hace muchísimo calor, y nos dicen que no es normal para la época de lluvias.

camiones en la carretera cargados hasta doblar su altura hacia los montes mandara
La carga de estos camiones dobla su altura

Un árbol distingue el paso a Nigeria

Una de las primeras paradas es en plena carretera. A unos 300 m. se alza un árbol gigantesco, realzado por su soledad en el campo. Este árbol marca la frontera con Nigeria. Y mira tú por donde que, aprovechando sus ramas, unos hombres están terminando con la matanza de lo que supongo son corderos… estamos en Ramadán, y llevan vestimenta musulmana, así que seguramente sea la carne para esa noche, y quizá para la siguiente.

árbol seco debajo un hombre corta cordero colgado hacia los montes mandara

A la derecha descubrimos un pozo, donde un grupo de chicas y niños están sacando agua. Decidimos acercarnos, y aunque lo intentamos, no podemos comunicarnos con ellas. No hablan francés, y nosotros no hablamos su dialecto, pero nos permiten hacerles unas fotos mientras nos observan con una mezcla de curiosidad y desinterés.

pozo de agua en el Sahel de Camerún

Por sus rasgos, me atrevo a pensar que son de origen Peul – Fulani – Fula – Fulbé, el pueblo nómada más grande del mundo, gente de rasgos finos y elegantes, que se extiende por todo el Sahel a lo largo de un montón de países.

De los primeros en abrazar el islamismo, llegaron a Camerún y se establecieron como señores feudales, sometiendo o desplazando a las etnias que habitaban estas regiones, y extendiendo el Islam.

mujer de camerún con peinado de trenzas muy guapa hacia los montes mandara
chica de camerún con velo blanco en la cabeza mirando al infinito hacia los montes mandara
tres mujeres en el pozo donde cogen agua hacia los montes mandara
niña con trencitas mirando fijamente a la cámara hacia los montes mandara

Al otro lado de la carretera hay un poblado, y los niños se empiezan a acercar para jugar con nosotros y con las cámaras. Les encanta verse en la pantalla, y no dejan de pedirnos que les hagamos instantáneas. Eso sí, cuando posan en solitario, se cuadran formales, serios, y nos atrapan en sus pupilas.  

tres niños mirando a la cámara hacia los montes mandara

Es impresionante lo mucho que ves en unos pocos metros cuadrados! Para mi, esto es viajar… descubrir cada día gentes, paisajes, costumbres o formas de hacer. Esto es vivir!

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