mercado montes mandara

Volviendo del Monte Ziver a Mokolo, pasamos por una pequeña población –Damsai- donde hay mercado, y decidimos parar tanto para verlo de cerca como para probar la cerveza de mijo, el bil-bil.

Un mercado en los montes Mandara

Enseguida nos damos cuenta de que reina un ambiente de relajo y fiesta. Serían alrededor de las 14.30 h, es decir, el mercado llevaba al menos 4 ó 5 horas funcionando…

Durante esas horas, la mayor parte de la gente había ocupado parte de su tiempo (o todo) a beber bil-bil, especialmente los mayores! (me refiero a más de 50 o 60 años)… Y estaban ya en ese momento de exaltación de la amistad, o de me pongo violento en un pis pas, que todos conocemos.

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Los mercados se celebran una vez por semana, y a ellos acuden no sólo las gentes del pueblo donde se celebran, sino de muchas otras poblaciones. No suelen empezar pronto, ya que gran parte de la gente ha de recorrer el camino a pie o en burro (aunque las motos son cada vez más frecuentes, aún no están del todo generalizadas).

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El caso es que es el acontecimiento social de la semana, es el momento de encontrarse con los amigos, de ligar, de hacer negocios importantes sobre tierras o ganado… además de comprar y vender productos de la tierra y otras mercancías del día a día. Es momento de fiesta, de pasarlo bien, de vestirse con las mejores galas.

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Por eso, en los mercados de este tipo se ve un despliegue de colorido maravilloso… las mujeres con sus ropas de vivos colores, esas telas que parecen tener vida propia, llenan el ambiente.

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Y se bebe, claro que se bebe, como parte de la fiesta que es!! El bil-bil es la cerveza local, cerveza casera hecha a base de mijo fermentado, que se prepara el mismo día o el anterior y se bebe en calabazas.

¿Cómo es?… yo la conocí unos años antes en Burkina Faso, y tiempo después logré encontrar una comparación nada deshonrosa: se parece a la sidra asturiana, la natural. Es decir, es una bebida acuosa, ligera, con un punto de acidez y en este caso pelín amargo. Eso sí, aquí (en Camerún, en Burkina) se sirve templada, o en el mejor de los casos a temperatura ambiente, y tiene una especie de posos muy finos que se sienten al beberla, la harina del mijo.

La camerunesa me resultó algo más insípida, aunque probamos un par de variedades.
Nadie se va hasta que se acabe!! Esta es una de las costumbres que diferencian a los pueblos animistas del Islam que reina en la llanura, o del cristianismo en otras zonas. Tanto la Administración colonial como la camerunesa han intentado controlar la producción y consumo, pero fracasan una y otra vez, ya que el arraigo de esta bebida y sus significados, es muy fuerte.

Sí, en el pasado el bil-bil sólo podía ser consumido por los hombres en determinadas ceremonias religiosas relacionadas con la vida y la muerte, pero con el tiempo se ha democratizado, las mujeres son las que se encargan de elaborar y venderla, y también la consumen, vaya que sí!!.

Como os iba diciendo, cuando llegamos al mercado la mayor parte de la gente estaba bastante “afectada”… Por otro lado, era nuestro “primer mercado auténtico” del viaje, y estábamos emocionados, con nuestras cámaras –cómo no-, así que nos pusimos a hacer fotos aquí y allá. Algunos protestaban, y dejamos de hacer fotos, pero pronto el ambiente empezó a caldearse un poco. No, no pasó nada, y de hecho nos separamos y dispersamos para relajar la cosa (algo muy recomendable, si sois varios los que viajáis juntos), pero esa entrada de guiris inexpertos no ayudó.
Se nos pegaron varios pesados a la chepa, que no dejaban de decirnos cosas (más bien gritarnos) en su idioma… seguramente buscaban que les pagásemos una calabaza más de bil-bil, o sencillamente nos echaban su charla de borrachos.

Claro, imaginaos en una fiesta, todo el mundo bebido menos tú, y además son desconocidos que te hablan en otro idioma, te cogen de la manga, te señalan, o (algunos también) te tiran besos… hablo de señores bastante mayores –los jóvenes se veía que “controlaban” más, o estaban a “su tema”: ligar con las muchachas-.

En fin, que acabamos yéndonos antes de lo que habíamos previsto, un tanto agobiados por el ambiente…

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No acabó ahí la cosa. En la carretera tanto en nuestro sentido como los del contrario, circulaban motos tambaleantes y zigzagueando peligrosamente, con 3 adultos montados. Unos se iban del mercado de Damsai, otros venían del de Mokolo.

Una de estas motos se cayó delante de nuestras narices, con un chico y dos mujeres… Más bien volcó, cuando ya estaba prácticamente parada. Todos borrachos!!. La mujer de más edad le echó una bronca tremenda al joven que conducía, y emprendieron de nuevo la marcha tambaleante. Menos mal que circulan a poca velocidad, ja, ja!!. La verdad es que el panorama era bastante cómico, y evidentemente si le hubiéramos dado con más ganas al bil-bil, quién sabe, pero la prudencia ante una posible diarrea, el cansancio del trekking del que volvíamos…. Sí, sí, excusas.

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