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Trekking en el Monte Ziver y el brujo de la lluvia

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trekking monte ziver

Después del trekking a Oudjilla,  volvemos al día siguiente a adentrarnos en los Montes Mandara, ya para quedarnos un par de noches en los pueblos de la zona, y seguir “trekkeando” por estos magníficos paisajes :).

Salimos a eso de las 7 am de Maroua. Hacemos una breve parada en Mokolo, en el Campement Le Flamboyant, donde pasaremos esa noche… y continuamos rumbo al Monte Ziver.

Hoy es día de mercado en Mokolo, en la calle principal está empezando el bullicio típico de ese día, y las carreteras o pistas de acceso están llenas de gente que acude al mercado, procedente de los pueblos de alrededor. A pie, en moto, en camiones descubiertos, en burro… muchos cargados con los productos que van a vender, para comprar otros. Muchos con sus mejores galas, ya que este es un acontecimiento social, no sólo mercantil… (hablaré de ello más ampliamente en la siguiente entrada :)).

montes mandara

Estamos es el País Mafa, tribu animista que habita un paisaje marcado por grandes rocas de granito y pequeñas aldeas que parecen sacadas de un cuento, con sus casitas de adobe y sus tejados de paja, rodeadas por cultivos de mijo en terrazas.  Aquí no suelen venir los turistas, y la mayor parte de las gentes que vemos se mantiene a distancia.

monte ziver camerun

Los niños nos observan desde una distancia respetuosa…

Es importante que se vaya con un guía mafa, que se puede contratar en Mokolo, a fin de no tener problemas y de no perderse!.

La subida se presenta algo más dura de lo que habíamos pensado. Empezando a las 10.15 de la mañana (Mokolo está a 75 km de Maroua, más la parada en el campement…), y el sol está alto, pegando de lo lindo!. No obstante, a partir de cierta altura empieza a soplar el viento, se nubla un poquito, y todo va mucho mejor. La mayoría de las veces no hay caminos, pero las rocas de granito, redondeadas, facilitan la subida –cuando llueve, sin embargo, son muy resbaladizas-. Yo personalmente prefiero este tipo de subidas a los caminos o pistas. Me resultan más divertidas y no acabo con los pies destrozados por las piedras que se clavan, pero en gustos…

monte ziver

pais mafa

sorgo

lagarto

trekking monte ziver

trekking monte ziver

Bastante arriba ya, vivimos uno de los momentos que más me han gustado de este viaje: el encuentro con el Brujo de la lluvia.

Los brujos de la lluvia son toda una institución en el África animista. Seguramente han perdido parte del poder, autoridad, glamour o como lo queramos llamar, que tenían en el pasado, pero siguen siendo personas importantes, reconocidas y respetadas, y por supuesto siguen ejerciendo como tales.

Los servicios del brujo de la lluvia se requieren para muchos y variados objetivos: saber cómo va a ir el viaje que se quiere realizar (¿adivináis qué le preguntamos? Je, je…), cómo van a ser las cosechas, cómo están los parientes que viven lejos o se han ido, incluso buscar solución a problemas –seguramente provocados por espíritus malintencionados o despistados-, problemas sociales, conflictos morales o éticos… y, por supuesto, en principio es quien se encarga de que la estación de las lluvias comience y termine a su debido tiempo –aunque, si eso no sucede, siempre habrá razones que lo expliquen!-.

Suele ser un “oficio” que se transmite de padres a hijos. Si hay varios hijos, él decidirá quién es el que tiene dotes para ello, y cuando lo crea conveniente, le iniciará en sus conocimientos y sabiduría. Puede ser que ninguno de sus hijos muestre cualidades especiales, pero sí lo haga algún familiar –un sobrino…-.

Me llevé El antropólogo inocente de Nigel Barley al viaje, para reelerlo in situ, y él habla de estos brujos. Es cierto que escribe sobre los brujos Dowayo, la tribu con la que convive para hacer su estudio antropológico, y que estos se sitúan en los Montes Atlantika, más al sur de donde nos encontramos, pero pude observar que aquí había muchas similitudes.

Por ejemplo, las piedras. El brujo realiza sus adivinaciones con unas piedras concretas, piedras mágicas, guijarros de diversos colores y formas, sin aristas por lo que pude observar, y con ellas realiza sus averiguaciones a través de una serie de movimientos rítmicos y palabras mágicas.

El brujo de Barley, además, le mostró con gran secreto y misterio su piedra más preciada, las más poderosa: una canica azul. Cuando el antropólogo quiso cogerla, él le dijo: ¡no, te mataría!… y afirmó que pertenecía a sus antepasados desde hacía muchos miles de años.

Me impresiona cómo las culturas integran los nuevos elementos, los incorporan y afirman que les han pertenecido desde siempre, especialmente en el capítulo de las creencias y religiones. Supongo que se busca la autoría del poder y el secreto de los orígenes.

El caso es que sí, nos recibió y accedió a realizar una consulta. Esta se hace en una chocita de barro circular, que por fuera parece un granero más del lugar. Él se coloca frente a unos montoncitos de piedras mágicas, colocados de tal manera que parece un altar con figuras antropomórficas. Y además coge otro montón de piedras con las que va a trabajar sobre una esterilla.

El buen hombre accedió también a que le hiciéramos fotos (a cambio de una modesta contribución), así que ni corta ni perezosa grabé un pequeño vídeo:

Para los más curiosos: preguntamos qué tal nos iba a ir el viaje, y tras hacer las averiguaciones pertinentes, nos dijo que iba a ser bueno, sin contratiempos, y que seríamos buenos amigos para toda la vida. También nos dijo que estuviéramos tranquilos con respecto a los seres queridos que habíamos dejado en nuestro país, que todos estaban bien… y que al final del viaje debíamos hacer una gran fiesta para despedirnos.

Sí, creo que son cosas bastante generales, pero es de agradecer la prudencia y lo positivo del mensaje.

 

Después de esta experiencia, que me hizo sentir espectadora de una escena de otros tiempos, continuamos ascendiendo por el Monte Ziver.

La vegetación, además de los cultivos–mijo, mandioca, yuca, maíz, etc.-, me llama mucho la atención: las plantas suculentas y los cactus, aquí adquieren proporciones de árbol!

Árboles, por cierto, que casi no hay… Algunas higueras, algunas acacias, algún baobab –muy grandes, eso sí-, pero las opciones de sombra son pocas.

trekking monte ziver

Continuamente, durante todo el trayecto, grupitos de niños de diferentes edades salen de sus casas y nos miran pasar, nos saludan, o nos dicen “blanco” en su lengua… pero no se atreven a acercarse, se quedan siempre a una distancia de 50 ó 100 m., y la mantienen aunque vayas tú a ellos!.

En la bajada, en cambio, algunos sí se acercaron, en espera de que les diéramos las botellas de agua vacías, un bien que aquí está bastante cotizado.

Por fin llegamos a un grupito de casas, con una pequeña plazoleta entre las rocas y un gran árbol frondoso. Nos recibe un señor mayor, el jefe de la aldea. Comeremos aquí unos bocatas de sardinas, pero algunos compañeros quieren seguir ascendiendo… seguimos todos, pero llega un momento en que a falta de sombra y con el sol cayendo implacablemente sobre nuestras cabezas, una amiga y yo nos rajamos y decidimos volver a esa maravillosa sombra.

Allí está el jefe, que no sólo nos saluda amablemente, sino que saca una esterilla de su casa para que nos sentemos en ella.

Acto seguido, empieza un constante intento de comunicarnos, pero ni él habla francés, ni nosotras su lengua. Así que sólo nos queda mirarnos, sonreír, señalar cosas y decirlas en voz alta… Se va, y vuelve al minuto con un cacharrito con agua, una especie de estropajo, y un cabrito, y se pone a limpiarle ¿o a quitarle las garrapatas?.

monte ziver

Entre tanto, una mujer también mayor, seguramente su esposa, ha venido y se ha sentado cerca de nosotras con una calabaza llena de hojas que se pone a “limpiar” –no sabemos si son para comer, o si es lo que llaman “tabaco”, para mascar-. Habla con él y también nos dirige palabras de vez en cuando, pero no entendemos.
En un momento dado, mi amiga le muestra las uñas de los pies pintadas y ella se ríe como una chiquilla, le encantan!.

Igualmente, cuando le hacemos un par de fotos y se las mostramos en la pantalla de la cámara, sonríe con timidez, mientras que se ríe abiertamente de las que hacemos a su marido, y le dice cosas que suenan a broma.

camerun

Estos momentos, aunque sean un poco frustrantes por no poder entenderse, son los mejores en un viaje. Desde luego, este fue un rato muy entrañable, agradable… no olvidaré la amabilidad y hospitalidad que demostraron con una esterilla y su actitud, nada más y nada menos.

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Feedback

2
  • Babyboom

    Qué curioso lo del Dios de la lluvia!!! Hicisteis la fiesta para despediros? jejejeje. Hay que ver qué paisajes más verdes y qué bonitos!!! Un abrazo. 😉

  • Alisetter

    Ja, ja!! no es un Dios, es un Brujo, no es lo mismo, no?! ;)…. sí, hicimos fiestuki con las bolsitas de ron & café que se estilan allí, ja, ja!!
    Muchas gracias por tus comentarios guapa!! Sí, los paisajes son una pasada, aunque fuera de la estación de las lluvias supongo que están bastante más secos, un poco como nuestra Castilla 🙂

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