Cascadas La lobé

Seguimos en el sur de Camerún, y después de los días en las playas salvajes de Rocher du Loup, volvemos a Kribi, esta vez ya por poco tiempo. En breve dejaremos la costa y subiremos hacia el Oeste del país, pero antes visitamos las Cascadas de La Lobe y tenemos un encuentro con los pigmeos Bagdeli.

Apurando las horas en Kribi: visita a las cascadas de la Lobe

Primero vamos a comer al puerto de Kribi, un lugar que sólo vimos de paso al salir para las playas del sur. Como ya comenté, fue construido por los colonialistas para poder dar salida a las mercancías de caucho, marfil y madera.

Prueba de la presencia alemana del pasado es una enorme iglesia católica que se alza sobre dicho puerto. Justo debajo se extiende lo que debían ser las lonjas del puerto, hoy llenas de mesas y puestos de pescado a la brasa. Este es nuestro destino para comer.

Al pie de los muelles hay barcos llenos de herrumbre y barcazas como las que vimos en la playa, descansando bajo la fina lluvia del día.

barcas en el puerto de kribi
pescados asándose en una parrilla camerún

El pescado, como siempre, elegido a dedo, resulta muy rico. Aunque tengo el estómago un poco mal, quizá por la papaya de la noche.

Mientras comemos, un hombre y su guitarra nos ameniza con una serie de canciones. Entre ellas canta la famosa Guantanamera, en una mezcla de español y francés. Una mujer con trenzas de dos colores que se sienta en la mesa de al lado se pone a cantar, en perfecto español y con buena voz. Luego nos cuenta que su marido es cubano.

Además del músico, que por cierto canta bastante bien y acabo dándole un dinerillo, hay unos cuantos vendedores de artesanías para guiris que discretamente nos llaman, pero sin ser pesados.

Finalizada la comida nos vamos a ver las Cascadas de la Lobe, un fenómeno poco común.

El río Lobé muere en las aguas del Atlántico. Estas cascadas son su último suspiro, aunque no tenemos mucha suerte ya que tienen poquísima agua!

Trepamos por sus rocas sin problemas, aproximándonos al cauce, y observo que hay bastante basura en los charcos. Una lástima. Al menos vemos un pajarillo, una especie de Martín Pescador, de brillantes colores… precioso!!

barcas en la arena y al fondo las cascadas de la lobe
pescador en su barca en cascadas de la lobe

Nos cuentan que un camerunés murió justo el día anterior allí mismo. Era el guía de un grupo de chavales –creo que alemanes, en plan boy-scoutt-, y además ese día invitó a su novia a unirse a ellos. Los chavales se bañaron en la laguna que forman las cascadas. Le invitaron a sumarse, les preguntó si hacían pie, y ellos le dijeron que “sí” aunque no era verdad. Y el hombre no sabía nadar… ¿se lo llevó la Mami-Wata?.

barcas en el agua y el mar al fondo en cascadas de la lobe
pescadores arreglando sus redes junto a las cascadas de la lobe
niña pescando con un junco largo en cascadas de la lobe

El encuentro con los pigmeos Badeli

Al día siguiente, antes de partir hacia Douala, vamos a visitar a un clan Bagdeli, a 20 kilómetros de Kribi.

Estos están mezclados con otra tribu cuyo nombre no recuerdo, y de hecho tienen rasgos físicos bastante más suaves que los Baka que vimos un par de días antes.

madre diciendo a su bebé algo cascadas de la lobe

El caso es que fueron muy agradables desde el principio, y después de un rato sin saber qué hacer, porque el jefe no estaba en casa y es el líder el que debe decidir si podemos estar allí, al final nos aceptan, sacan unos tambores y se ponen a cantar y bailar.

Los Bagdeli son un pueblo alegre, reviven con la música, sus miradas se encienden, y están contentos.

Inventan canciones sobre la marcha, y en una de ellas por ejemplo no dejaban de repetir “el avión, el avión”. Se refieren a nosotros, que llegamos y partimos de allí en avión. También insisten en que compartamos el baile con ellos, sacándonos al círculo que han formado.

mujeres y niños de tribu pigmeos cascadas de la lobe
pigmeos bailando en la puerta de su casa cascadas de la lobe
hombre con faldita de hojas bailando cascadas de la lobe

Los ritmos y movimientos son geniales. No me extraña que los críos sepan bailar como los adultos, ya que los bebés siguen pegados a sus mamis mientras éstas saltan y agitan su cuerpo como los demás!
La música se debe oír desde lejos, y poco a poco van viniendo más. Salen de la selva, vienen por el camino. Todos se incorporan al baile y las palmas, tirando sus cosas al suelo según llegan, con entusiasmo. ¡Me encanta!!

Algunas curiosidades de los Bagdeli

El liderazgo en las tribus pigmeas se organiza de una forma bastante lógica. No hay familias ni líneas sucesorias, y ni tan siquiera “elecciones”.

El jefe lo es porque es el que tiene más habilidad para guiar a los demás en la búsqueda de alimentos, la búsqueda de un lugar para vivir, la caza. Si un tiempo después surge otro nuevo líder, el anterior ya no será considerado como tal. Parece un proceso bastante natural.

Además, las ancianas bagdeli son reputadas curanderas. Por su conocimiento ancestral de las cortezas, plantas y arcillas con las que preparan remedios tradicionales. Nos cuentan que son tan famosas que incluso los hombres de negocios de Douala y Yaoundé acuden a ser tratados por ellas.

mujeres y niños bailando cascadas de la lobe

Los bailes y canciones es su manera de agradecer la visita. Nosotros les llevamos unos regalillos comprados en Kribi: jabón y alguna cosa más. Es algo que se debe hacer. Pero no te confundas, no hacen el «numerito» para el turista.

Viven al lado de la pista forestal, al borde de la selva. Observo que en el arcén hay muchas bolsitas de alcohol vacías, desparramadas.

En Camerún el alcohol se vende en bolsitas de plástico de 5 cl.
Un alcohol que suele tener 45º, y que siempre llaman whisky, aunque sea ginebra o ron. También hay botellas, pero son bastante caras y desde luego intocables para la mayoría de bolsillos de los locales. Estas bolsitas, en cambio, son muy baratas. Y los pigmeos, como otros pueblos que han sido marginados en su propia tierra, no han escapado del alcoholismo.

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