kribi camerun

Desde Douala, el sur de Camerún se abre a través de carreteras con vegetación tropical a un lado y otro.
Selva, selva, selva, con árboles de tronco blanco y sin ramas salvo en la copa. Altísimos, despuntando aquí y allá. Bambúes gigantes, que forman enormes ramilletes. Y camiones transportando troncos enormes, recién cortados o arrancados de la Madre Tierra.

Primeras diferencias entre el Norte y el Sur de Camerún

Paramos en un sitio de carretera, a eso de las 11 de la mañana, y ya tienen preparado el guiso del día: antílope y puercoespín. En sendas ollas, aunque al puercoespín no le terminamos de “reconocer”.

Demasiado pronto para comer, si bien después se nos hace tarde en ruta y tampoco lo hacemos. En fin, Kribi nos espera con sus pescados a la brasa.

También hemos cambiado de contexto. Aquí la mayoría son cristianos, y los rasgos físicos son diferentes al Norte.

Caras más anchas, ellos con cuerpos muy musculosos. No muy altos y en general más “negros”. A veces nos lanzan besos desde su coche o moto 🙂

Otro gran cambio que percibimos en la gente: la pachorra. Esto es pachorra caribeña, de la buena. Por ejemplo, el personal del hotel: caída de ojos, movimientos casi imperceptibles, frases a media lengua donde cuesta saber si “sí”, o si “no”…

Kribi, el sitio vacacional de Camerún

Estamos en el Golfo de Guinea, y Kribi es el sitio de vacaciones para el turismo local. 

Como estamos en monzón, es época baja, así que no hay mucho público en los días que estamos.

Hasta aquí llegaron los portugueses, con Vasco de Gama a la cabeza, pero no sería hasta el s. XIX cuando se establecieron los primeros europeos. Estos fueron alemanes, responsables de la conversión al cristianismo de la población, la mayoría de etnia batanga.

Además, construyeron un puerto desde donde exportar caucho y marfil… también madera, algo que se sigue haciendo aunque a menor escala -al menos de momento-.

sur de Camerún

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La playa de Kribi

Es una chulada, con palmeras y árboles con las raíces al aire y cuyas ramas se extienden formando lugares de sombra bastante amplios.

sur de Camerún

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La arena es clara, pero con manchas negras aquí y allá.

Después de unos días en esta costa, comprobamos tristemente que es brea, o petróleo (las plantas de los pies se nos tiñeron de negro, y no lo conseguimos quitar hasta la vuelta a España, no digo más!!).

En este mar hay pozos de petróleo y gas, a menudo bastante cerca de la costa. El “paraíso” está dejando de serlo, y además a pasos agigantados –ya os contaré más delante de qué manera-.

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Con todo y con eso, la playa está bastante limpia en cuanto a residuos humanos se refiere. Hay pocas conchas, pero muchas semillas y hojas de los árboles próximos, y de las que trae el mar.

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Un mar bravo, indómito, que hace el baño bastante peligroso, que te revuelca en la misma orilla con mucha facilidad…

Y aquí y allá, grandes barcas fabricadas con troncos, de una sola pieza, entrando o saliendo del mar, y los pescadores arreglando las redes o preparando los aperos.

sur de Camerún

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Dónde alojarse en Kribi

Nos alojamos en el Hotel Paradise, a unos 20 minutos andando del centro del pueblo y frente a la playa.

Es un lugar bastante curioso, con edificios de madera que albergan las habitaciones, el restaurante donde desayunamos, y unos jardines muy bien cuidados entre uno y otro. Las habitaciones son bastante modestas, pero están limpias.

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Encuentros en la Tercera fase… o con el rodaje de un culebrón televisivo

Andando por la playa, nos encontramos con un equipo de rodaje local. Están rodando un culebrón!!! De hecho nos llaman para que aparezcamos en una escena, pero francamente, no nos apetecía sin ir al peluquero antes… ji, ji.

Resulta que están alojados en nuestro hotel, y que a la mañana siguiente estaban ya rodando unas escenas.

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Fue buenísimo, porque el “prota”, un tipo bastante bajito pero agraciado, vestido con una americana y vaqueros, atravesó el restaurante mirando a todas las mujeres que estábamos desayunando con aire de “soy irresistible, lo sé, tranquilas”.

Con un bonjour de voz profunda, llegó hasta las camareras (que por cierto, ni se inmutaron. Su pachorra es tremenda!!). Después les hicimos unas fotos, y ahí nos ofreció su “lado bueno” y nos tiró besos mientras se las hacíamos.

Buenísimoo!!! Las mujeres protagonistas también muy majas.

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Sí, aquí los culebrones hacen furor, ya sean los que producción local o los venezolanos, que los emiten en versión original.

De hecho, ponen varios seguidos, y a ciertas horas ves a la gente (especialmente a las mujeres) en los comercios mirando embobados la tele.

Un encuentro común en esta playa es el de los fotógrafos profesionales. Es decir, tipos que se dedican a hacer fotos a los turistas y vendérselas luego.

Ahora van todos juntos, ya que prácticamente no hay público. Intentan hacernos alguna foto (para vendérnosla, claro), pero con nuestras cámaras al cuello la respuesta es fácil de sostener.

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Un paseo por el pueblo de Kribi

Esta primera tarde en Kribi la dedicamos a conocer el pueblo y tomar algo, después de tanto tren y carretera. Es lo que apetece… Y, bueno, no hay mucho que decir. Varias calles grandes, con tráfico incesante, y todo tipo de pequeños comercios a un lado y otro.

Me llama la atención la cantidad de peluquerías que hay, muchas!!

Ah! Hay una oficina de turismo en el cruce central, frente a una de las gasolineras –es que aquí también hay muchas gasolineras!-.

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Aquí abundan más los que no quieren vernos haciendo fotos (a la calle, sin enfocar claramente a nadie) y nos vienen con el argumento de que tenemos que pedir permiso a la chéfferie. No es así, que lo sepáis.

Nos sentamos en una terracita (sí, hay un par de “terracitas”) a tomar algo, y al rato se acerca un joven a saludarnos, pegar hebra y finalmente ofrecernos una excursión a no sé qué pueblo, que declinamos. Es muy educado en todo momento.

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Dónde y qué comer en Kribi

Llega la noche y nos vamos a cenar.

En un par de calles, en la parte más alta del pueblo, se concentran varios puestos de pescado a la brasa y algunos de pinchitos de carne.

Elegimos entre las opciones del día, en mi caso barbo, pero hay también carpa de mar (muy rica), lenguado, y algún otro pez.

Regateamos un pelín los precios, aunque no suelen hincharlos mucho, y siempre depende del tamaño del pescado. Mientras lo preparan, nos vamos a un bar con música bastante alta a pedir las bebidas y a esperar a que nos traigan el pescado.

Aquí se come con las manos, y siempre traen un barreñito con agua y jabón para que te las laves, antes y después. Por cierto, comer con las manos es un placer que he podido experimentar en Marruecos, Etiopía, India… y aquí. Realmente todo sabe mejor, no dejéis de hacerlo! 🙂

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Y las discusiones por los billetes viejunos siguen siendo una constante

Ah!, por cierto, en este bar tenemos, una vez más, una absurda discusión con la camarera. Digo una vez más porque es algo que nos ha pasado más veces, y que nos seguirá pasando: no quieren coger los billetes viejos y rotos. Billetes que a nosotros nos dan en el banco, o en cualquier otra compra.

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Intentamos mantenernos en nuestro sitio. No tenemos otro, o lo tomas o lo dejas, y además este billete nos lo han dado en el banco, qué quieres que te diga.

Pero ella también se mantiene en su sitio. La partida en tablas se prolonga media hora o más, mientras vamos acabando la cena y las bebidas.

Al final, cedemos, buscamos un billete que no esté roto, y nos prometemos rechazar todos los billetes así que nos intenten colar!!! –creo que no lo llegamos a hacer-.

Y el día se acaba.  Con la linternita por delante, volvemos al hotel por la carretera oscura. Este sitio es bastante seguro, por cierto.

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