douala camerun

Llega el momento de la despedida. El viaje a Camerún termina, las vacaciones terminan, la rutina volverá muy pronto. Douala es nuestro fin de trayecto, la capital económica de Camerún. Aquí te cuento nuestro breve paso por esta ciudad africana que, como muchas otras, no es demasiado agradable. Al contrario, es una ciudad peligrosa en el momento en que la visitamos, verano de 2011. Estamos medio secuestrados en el hotel, y salimos sólo para comer.

El hotel Beausejour Mirabel, que tiene wifi gratuita, me permite mandar algunos saludos desde mi móvil :). Rehago el equipaje, ya pensando en la aduana. Hago sitio a algunos recuerdos, tiro lo que he «destrozado» por el camino y que seguramente alguien va a aprovechar aquí, y suspiro por el África que tengo que dejar una vez más. Hasta la próxima.

calle céntrica de Douala desde el balcón del hotel

Douala es la capital económica de Camerún

Aquí llegan y parten la mayoría de vuelos internacionales de Camerún. También es la ciudad más grande y poblada del país, y su puerto concentra la mayor parte del movimiento de importación y exportación.

Una ciudad que no deja de crecer, a la que no dejan de llegar personas del campo buscando un futuro mejor. Atraídos por las luces de neón, los plásticos de colorines traídos de China, las promesas que rara vez se cumplen.

El Paraíso no existe, y menos en una gran ciudad, pero ellos no lo saben. Crecen y crecen sin parar las chabolas, extendiendo los límites de la ciudad. Hay un alto nivel de inseguridad ciudadana en Douala, especialmente para los blancos.

Douala

Los edificios parecen ir cayéndose a pedazos poco a poco, especialmente los de factura colonial. El resto, parece que crecieron así.

Lo que uno puede hacer en Douala

Nos vamos a comer a un restaurante que está a unos 300 metros del hotel, pero vamos en coche y nos bajamos a pie de puerta. Es un restaurante bastante popular, donde resultan ser eficientes y la comida está bastante rica. Aquí se puede degustar el endolé, y además triunfa el pollo asado con patatas fritas, o arroz, o plátano frito. También hay bistec y pescado.

De ahí nos vamos a gastar los últimos CFAs al Centro Artesanal, llamado Marché des Fleurs (Mercado de las Flores) porque en su cara exterior, la que da a la calle y al tráfico, se suceden un montón de puestos de flores. La mayoría son coronas de muertos.

Los puestos de artesanía se concentran en una especie de recinto semicerrado, con un patio a la entrada donde dejar el vehículo. Forman varios callejones llenos de tiendas abarrotadas de todo tipo de artículos de artesanía camerunesa y de otros países africanos.

Es decir, buena parte de la producción de Foumban. Los precios son subiditos y hay que regatear con fuerza y paciencia. No siempre consigo bajar a un precio razonable para mi, así que abandono el intento en más de una ocasión.

Por ejemplo, un bolso de seda y algodón, de la zona saheliana, realmente bonito aunque no de factura muy «fina». Pues el tipo no lo bajaba de 8 euros!! (y empezó con… 16 €?). No lo quiso bajar a los 6 euros que yo le ofrecía como precio máximo, que ya está bien. Pues nada, tampoco pasa nada.

Atardecer en Douala, espectacular despedida inesperada

La luz va cayendo y volvemos al hotel. Por el camino, mirando por la ventanilla, observo que las nubes van tornando a colores rojizos, naranjas, malvas. Pienso que es una lástima no disponer de un buen horizonte para este último atardecer, menos plomizo que los anteriores.

atardecer de nubes rosas y horizonte rojo y amarillo en Douala

Fijándome más, veo la silueta de una montaña. Me pregunto si será el monte Camerún. Resulta que sí, que lo es. Es la única gran montaña que se divisa en la ciudad y está en la dirección correcta.

El monte Camerún, esa mole de más de 4.000 m. que está situada a unos 70 kilómetros de Douala, y que en época de lluvias es muy difícil de ver ¡¡¡está ahí!!!

Además de confirmarnos que lo es, resulta que nos dicen que el hotel tiene una azotea a la que se puede subir libremente y en ascensor. Uuuuoooohhh!!!! pues allí que salimos disparados, pasando un momento por la habitación en busca de la cámara. No nos la habíamos llevado con nosotros por temor a un asalto.

Douala

Y así fue, un atardecer magnífico, con el monte Camerún despidiéndose tras las grúas del puerto de Douala y una de las iglesias que los alemanes dejaron allí de recuerdo. A nuestros pies, la ciudad empezaba a dormir.

Ahora que el viaje ha terminado, que ha pasado algo de tiempo y mis recuerdos empiezan a teñirse de una pátina distinta a los que tenía nada más volver de allí, recuerdo este país con cariño.

Puedo asegurar que me ha gustado  y que efectivamente es un destino muy variado. Una «pequeña África» en una extensión similar a la de España. Un país de gran riqueza cultural y paisajística. Un país al que merece la pena ir, en el que hay muy poco turismo, y del que sobre todo destacaría el Extremo Norte y el Oeste. Aunque para gustos, los colores 🙂

Aquí tienes todo el diario de viaje a Camerún


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