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Douala, fin de trayecto. El gran volcán nos despide.

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douala camerun

Ahora sí, llega el momento de la despedida. El viaje a Camerún termina, las vacaciones terminan, la rutina volverá muy pronto. Douala es nuestro fin de trayecto, la capital económica de Camerún.

Intento consolarme pensando que esa rutina posibilitará nuevos viajes, cerca o lejos, y que además siempre se puede romper escribiendo sobre ello, contemplando las fotos, intercambiando experiencias y relatos con otros viajeros. A ver, hay que consolarse, aunque la experiencia de viaje siempre es el centro y lo mejor de todo 🙂

Volvemos a Douala, esa ciudad peligrosa, en la que previsiblemente estaremos medio-secuestrados en el hotel. Un hotel -el Beausejour Mirabel- que tiene wifi gratuita con la que puedo mandar algunos saludos desde mi móvil :). Me dedico a rehacer el equipaje, ya pensando en la aduana. Hago sitio a algunos recuerdos, tiro lo que he “destrozado” por el camino y que seguramente alguien va a aprovechar aquí.

Douala

Douala es la capital económica de Camerún

Aquí llegan y parten la mayoría de vuelos internacionales. También es la ciudad más grande y poblada, y su puerto concentra la mayor parte del movimiento de importación y exportación del país.

Una ciudad que no deja de crecer, a la que no dejan de llegar personas del campo buscando un futuro mejor. Atraídos por las luces de neón, los plásticos de china de colorines, los billetes…

El Paraíso no existe, y menos en una gran ciudad, pero ellos no lo saben. Crecen y crecen sin parar las chabolas, extendiendo los límites de la ciudad. Hay un alto nivel de inseguridad ciudadana en Douala, especialmente para los blancos.

Douala

Los edificios parecen ir cayéndose a pedazos poco a poco, especialmente los de factura colonial. El resto, parece que crecieron así…

Lo que uno puede hacer en Douala

Nos vamos a comer a un restaurante que está a unos 300 m. del hotel, pero en coche y a pie de puerta. Es un restaurante bastante popular, donde resultan ser eficientes y la comida está bastante rica. Aquí se puede degustar el endolé, y además triunfa el pollo asado con patatas fritas, o arroz, o plátano frito. También hay bistec y pescado.

De ahí nos vamos a gastar los últimos CFAs al Centro Artesanal, llamado Marché des Fleurs porque en su cara exterior, la que da a la calle y al tráfico, se suceden un montón de puestos de flores. La mayoría son coronas de muertos.
Los puestos de artesanía se concentran en una especie de recinto semicerrado, con un patio a la entrada donde dejar el vehículo. Forman varios callejones llenos de tiendas abarrotadas de todo tipo de artículos de la artesanía camerunesa y de otros países africanos.

Es decir, buena parte de la producción de Foumban. Los precios son subiditos y hay que regatear con fuerza y paciencia. No siempre consigo bajar a un precio razonable para mi, así que abandono el intento en más de una ocasión.

Por ejemplo, un bolso de seda y algodón, de la zona saheliana, realmente bonito aunque no de factura muy “fina”. Pues el tipo no lo bajaba de 8 euros!! (y empezó con… 16 €?). No lo quiso bajar a los 6 euros que yo le ofrecía como precio máximo, que ya está bien! Pues nada, tampoco pasa nada.

Atardecer en Douala, espectacular despedida inesperada

La luz va cayendo y volvemos al hotel. Por el camino, mirando por la ventanilla, observo que las nubes van tornando a colores rojizos, naranjas, malvas. Pienso que es una lástima no disponer de un buen horizonte para este último atardecer, menos plomizo que los anteriores.

Douala

Fijándome más, veo la silueta de una montaña, me pregunto si será el monte Camerún.
Resulta que sí, que lo es. Es la única gran montaña que se divisa en la ciudad, y está en la dirección correcta.

El monte Camerún, esa mole de más de 4.000 m. que está situada a unos 70 km. de Douala, y que en época de lluvias es muy difícil de ver, está ahí!!!

Además de confirmarnos que lo es, resulta que nos dicen que el hotel tiene una azotea a la que se puede subir libremente y en ascensor. Uuuuoooohhh!!!! pues allí que salimos disparados, pasando un momento por la habitación en busca de la cámara.

Douala

Y así fue, un atardecer magnífico, con el monte Camerún despidiéndose tras las grúas del puerto de Douala y una de las iglesias que los alemanes dejaron allí de recuerdo. A nuestros pies, la ciudad empezaba a dormir.

 

Ahora que el viaje ha terminado, que ha pasado algo de tiempo y mis recuerdos empiezan a teñirse de una pátina distinta a los que tenía nada más volver de allí, recuerdo este país con cariño.

Puedo asegurar que me ha gustado  y que efectivamente es un destino muy variado, una “pequeña África” en una extensión similar a la de España. Un país de gran riqueza cultural y paisajística. Un país al que merece la pena ir, en el que hay muy poco turismo, y del que sobre todo destacaría el Extremo Norte y el Oeste. Aunque para gustos, los colores 🙂

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