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Quién me iba a decir a mi que iba a volver tan pronto a Omán, un destino que me encandiló desde el minuto uno, hasta el último. Tenía curiosidad por revivir y descubrir nuevos lugares, y por mis reacciones ante un destino que inevitablemente había idealizado. Hoy te traigo, pues, las imágenes y sensaciones de Omán después de un segundo viaje al país de Simbad el Marino (sí, he repetido).

Imágenes y sensaciones de Omán

Como decía antes, es inevitable idealizar un destino. Si la experiencia de un viaje fue buena, o extraordinaria, por el momento y la compañía, lo idealizas en tu cabeza. Al menos yo soy así. El entusiasmo te puede y lo que más recuerdas son las partes buenas.

Volver tan pronto a un lugar que te sorprendió puede tirar abajo algunos prejuicios positivos, y también ensalzar otros. Es lo que me ha ocurrido con Omán.

calle de Muscat con un hombre vestido tradicional y el minarete blanco de una mezquita
Calle de Muscat, la capital de Omán

Reencontrarme con Mutrah, la parte vieja de Mascate, la capital, fue una sensación bonita. A pesar del calor y humedad altísimos y del cansancio por las horas de vuelo, volver a ver a los taxistas de Mascate en sus sillas esperando clientes, los edificios que recuerdan los tiempos ilustres de comercio marítimo, el zoco con tiendas de las Mil y Una Noches, el aroma del incienso… hicieron que se pintara una sonrisa en mi cara.

👉 Si quieres leer más sobre Mascate o Muscat, mira esta guía completa que publiqué aquí.

grupo de cinco hombres con sus túnicas largas sentados en sillas pleglables en la calle. Son los taxistas de Muscat
Taxistas de Muscat esperando a sus clientes
tienda de las mil y una noches en el zoco de muscat
Tienda de las mil y una noches ¿no crees?

Hubo reencuentro con personajes como Amina, la voluntaria de la mezquita del Sultán Qaboos de Mascate que arreció con su discurso «evangelizador» pero al fin y al cabo entrañable en sus gestos.

O con el imam Alí, que regenta una librería en la vieja Nizwa además de llevar su propia mezquita. Hubo abrazos, o el favor de llevarnos en coche para lograr una perspectiva de la fortaleza de Nizwa iluminada en la noche.

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El imam Ali atendiendo a un cliente en su tienda

Omán ofrece experiencias inigualables

Atardeceres y amaneceres que en esta ocasión he disfrutado como nunca por tener más noches de acampadas y alojamientos en plena naturaleza.

amanecer en una playa de Omán con el sol como una bola amarilla sobre el agua
amanecer en una playa de Omán

Cielos nocturnos inmensos, de esos que se echan de menos en nuestra «civilización» ¡Cómo hemos disfrutado haciendo fotos a las estrellas!

vía láctea sobre el cielo de Omán
Vía Láctea sobre el cielo de Omán

Bañarte en el mar, por la noche, y que al mover los brazos aparezcan cientos de puntitos luminosos. ¿Polvo de hadas? Es el plácton que bulle en la misma orilla de la playa. El responsable de que esas aguas sigan siendo ricas en pescado.

Observar cómo es el saludo tradicional omaní: dos o tres toques nariz con nariz. A lo esquimal, con lo lejos y diferente que está un lugar del otro. Entre hombres, o con alguna mujer si es de la familia. No lo recordaba del anterior viaje, no sé si porque es uno de esos retazos de memoria que se pierden por no anotarlos en la libreta y en su momento.

mercado de pescado de barka en oman
Mercado de pescado de Barka

Disfrutar de la hospitalidad, en el salón de invitados de toda casa omaní que se precie. Una estancia aparte reservada a los encuentros masculinos, pues las mujeres se reúnen en la casa principal siempre -de donde no deben salir, me atrevo a decir-. Las extranjeras sí somos invitadas a ese rincón masculino, donde se realiza el ritual del café, fruta y dátiles. Fruta de los huertos de los oasis, como las granadas y las naranjas. De temporada.

visita en casa omaní en la cordillera al hajar
En casa de Asham

Escuchar constantemente el sonido del árabe, menos árido cuanto más lo escuchas. Aprender más palabras de esta lengua que se antoja tan difícil.

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Omán es un paraíso para los fotógrafos

Siempre falta tiempo para fotografiar como quieres, si viajas con los días contados. Esto es así y hay que intentar adaptarse, con frustración y todo. Pero esta vez tenía otra oportunidad. Volver a Omán y tratar de recaptar su luz, sus colores, su espíritu, las sensaciones, era uno de mis objetivos de viaje. 

Una oportunidad de hacerlo de forma diferente y a ser posible mejor, aunque el plan de viaje no estaba orientado a la fotografía.

He llevado un gran angular 11-16 mm., y un objetivo fijo de 35 mm. El segundo casi no salió de mi mochila, pero sí el primero ¿Lo habré logrado?

barca con cuatro hombres volviendo a la playa al atardecer en masirah
Pescadores volviendo a la playa en la isla Masirah
sol poniéndose en las montañas de la isla masirah
Atardecer entre las montañas de Masirah

La luz de Omán y sus colores

La luz de Omán y sus colores no han cambiado. Menos mal. Es lo que más me gusta. Son ligeramente diferentes porque el mes es otro, pero ahí están la blancura, el azul, la roca de la montaña, la arena del desierto y el adobe de los antiguos edificios llenándolo todo. Y es maravilloso.

sala interior de un castillo de Omán con pasillo abovedado y todo revestido de adobe
Sala de un castillo de Omán

Poco a poco se te mete dentro, en la retina y en la cabeza. Pura armonía de paisajes. Al menos he traído más de esa belleza contenida en megapíxeles.

Y he descubierto nuevos rincones que también me he traído en la cámara

El Sugar Desert, la isla de Masirah, más rincones de las montañas o el mercado de pescado y la fortaleza de Barka, además de nuevos Wadis, son pequeñas nuevas estrellas que ya brillan en mis recuerdos.

dunas blanquecinas en el Sugar Desert
Sugar Desert
atardecer en tonos azules y morados en las montañas de Al Hajjar
atardecer en las montañas Al Hajjar

Y he visto más dhows navegando que en el anterior viaje. Esos barcos que disparan la imaginación. El recuerdo de cuando los árabes surcaban los mares hacia Oriente y África. Muchos ya no son de madera, pero mantienen su forma original y con ella los sueños.

dhow navegando hacia la costa de masirah
Un Dhow en el mar


Pero…

La falta de cuidado del medio ambiente en Omán me ha llegado a ofender

Sí. En el anterior viaje quizá presté menos atención aunque lo vi. También podría ser que el problema se vaya agravando rápidamente.

El caso es que no hay un rincón del desierto que no se libre de una botella o un envoltorio de plástico. Ni siquiera en las playas vacías de gente. Los pocos que pasan por allí en los días festivos dejan su rastro. Las mareas hacen otro tanto trayendo parte de la basura que flota por los océanos de todo el mundo. Ni una montaña, por remota que parezca, se libra.

camellos comiendo cartón en un pueblo de omán
Camellos comiendo cartón y plásticos en un pueblo de Omán

Contemplar con impotencia cómo la gente se acerca a la barandilla del ferry para tirar al mar, impunemente y con toda tranquilidad, un vaso de té o una botella, es desolador.

O cómo, tras una noche de juerga en la playa, todo se queda ahí… y llega un camión de limpieza y se lleva 10 de los 100 desperdicios, y sólo de los «nuevos», no los de «anteriores ediciones».

Gracias a que la población de este país es escasa no viven en un verdadero basurero, pero tiempo al tiempo.

La imagen del Sultán Qaboos hace aguas

En el primer viaje a Omán me llevé una imagen muy idealizada del Sultán Qaboos. Era la que me transmitieron los propios omaníes con quienes hablamos el año pasado.

Creo que entonces, en Abril de 2015, los ánimos estaban altos porque el sultán acababa de volver tras varios meses de tratamiento de cáncer en Europa. Supongo que estaban más contentos de lo habitual, aunque es cierto que a este hombre se le agradece la unidad, desarrollo y paz que ha logrado Omán en las últimas cuatro décadas. Pero he descubierto (por fin) que no es oro todo lo que reluce y que hay voces discordantes.

Qué importante es el momento actual del lugar que visitas, para la imagen que te llevas de él. Y qué poco nos damos cuenta.

Para empezar, el sultán hace tiempo que no sale en los medios de comunicación y la población no sabe cuál es su estado. Ni siquiera si sigue vivo. Una vez haya muerto (o se sepa), el gobierno tiene que ponerse de acuerdo en un candidato para sucederle. El elegido sería uno de sus familiares porque no tiene hijos reconocidos oficialmente. Si no lo consiguen, dicen que Qaboos ha dejado escrito en un papel quién debe de ser su sucesor. Las antiguas rencillas entre tribus amenazan con salir a la superficie.

Estando allí, nos enteramos de que ese día habían cerrado el único periódico crítico con el gobierno. El desencadenante fue denunciar, demostrándolo con papeles, una trama de corrupción en el gobierno. Todo el personal del periódico fue enviado a la cárcel. No he vuelto a saber más, y en cualquier caso esta es la versión de un omaní cuyo nombre no voy a revelar aquí.

Esperemos que no sigan con la espiral de autoritarismo absurdo de otros países y que el país se mantenga estable. De momento lo es, y Omán es muy seguro para viajar (de los países más seguros en los que he estado).

Actualización diciembre 2021: el Sultán Qaboos murió en enero de 2020 con 79 años de edad y después de estar casi 50 años al frente de su país. Le ha sucedido su primo Haitham bin Tariq Al Said, que fue Ministro de Cultura y Patrimonio de Omán entre 2002 y 2020 entre otros cargos, como el de Presidente Honorario de la Asociación de Omán para Discapacitados, o Secretario General de Asuntos Exteriores. Parece que la línea de estabilidad y diplomacia se continúa.

Es una sociedad muy machista

Sí, no es ningún secreto, pero es así. Omán es un país muy machista. Como todos los de alrededor.

A su favor hay que decir que los hombres hablan con las mujeres mirándonos a la cara, a los ojos, como de igual a igual en sus gestos y tono de voz. No hablo sólo de su actitud para con las extranjeras, tambien con las suyas… pero si son de su familia o trabajadoras de cara al público.

Pero la mujer sigue siendo «algo» con menos derechos. Personas que deben ocultarse de las miradas de los que no sean de su familia. Incluidas las extranjeras.

tres hombres omaníes en el puerto de Masirah
Tres hombres omaníes en el puerto de Masirah

Las omaníes van muy tapadas, salen poco de casa, y sus matrimonios se siguen concertando. Es cierto que conducen sus coches, algunas trabajan, muchas estudian en la universidad y no sabemos cuántas ejercerán la profesión.

Pero siguen utilizando las máscaras medievales de tela negra que usaban sus antecesoras. Siguen rehuyendo tu mirada y es difícil encontrar complicidad o comunicación con ellas, de mujer a mujer. Para empezar, tienes que ser autorizada por uno de sus hombres a entrar en la casa y hablar con ellas un rato. Es posible que en la calle se nieguen a intercambiar unas palabras contigo, aunque estén solas en ese momento, y sobre todo cuando son jóvenes.

Pero más allá de estos peros, y sabiendo que ningún país se libra de los suyos propios, espero que estas imágenes y sensaciones de Omán te sirvan de inspiración para considerarlo como un destino. Aquí tienes un vídeo que espero refuerce más mis palabras 😊

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