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Imágenes y sensaciones de Omán

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Quién me iba a decir a mi que iba a volver tan pronto a Omán, un destino que me encandiló desde el minuto uno, hasta el último. Tenía curiosidad por revivir y descubrir nuevos lugares, y por mis reacciones ante un destino que inevitablemente había idealizado. Hoy os traigo, pues, las imágenes y sensaciones de Omán después de este segundo viaje al país de Simbad el Marino. 

Volver a Omán y tratar de verlo con un nuevo punto de vista…

Como decía antes, es inevitable idealizar un destino. Si la experiencia de un viaje fue buena, o extraordinaria, por el momento y la compañía, lo idealizas en tu cabeza. Al menos yo soy así. El entusiasmo te puede y lo que  más recuerdas son las partes buenas.

Pero volver tan pronto a un lugar que te sorprendió tanto puede tirar abajo algunos prejuicios positivos, y también ensalzar otros. Es lo que me ha ocurrido con Omán.

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Reencontrarme con Mutrah, la parte vieja de Mascate, la capital, fue una sensación bonita. A pesar del calor y humedad altísimos y del cansancio por las horas de vuelo, volver a ver a los taxistas de Mascate en sus sillas esperando clientes, los edificios que recuerdan los tiempos ilustres de comercio marítimo, el zoco con tiendas de las Mil y Una Noches, el aroma del incienso… hicieron que se pintara una sonrisa en mi cara.

imagenes y sensaciones de Oman

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Hubo reencuentro con personajes como Amina, la voluntaria de la mezquita del Sultán Qaboos de Mascate que arreció con su discurso “evangelizador” pero al fin y al cabo entrañable en sus gestos. O con el imam Ali, que regenta una librería en la vieja Nizwa además de llevar su propia mezquita. Hubo abrazos, o el favor de llevarnos en coche para lograr una perspectiva de la fortaleza de Nizwa iluminada en la noche.

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El imam Ali atendiendo a un cliente en su tienda

Omán sigue ofreciendo experiencias inigualables

Atardeceres y amaneceres que en esta ocasión he disfrutado como nunca por tener más noches de acampadas y alojamientos en plena naturaleza.

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Cielos nocturnos inmensos, de esos que se echan de menos en nuestra “civilización”. ¡Cómo hemos disfrutado haciendo fotos a las estrellas!

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Bañarte en el mar, por la noche, y que al mover los brazos aparezcan cientos de puntitos luminosos. ¿Polvo de hadas? Es el plácton que bulle en la misma orilla de la playa. El responsable de que esas aguas sigan siendo ricas en pescado.

Observar cómo es el saludo tradicional omaní: dos o tres toques nariz con nariz. A lo esquimal, con lo lejos y diferente que está un lugar de otro. Entre hombres, o con alguna mujer si es de la familia. No lo recordaba del anterior viaje, no sé si porque es uno de esos retazos de memoria que se pierden por no anotarlos en la libreta y en su momento.

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Disfrutar de la hospitalidad, en el salón para los invitados que toda casa que se precie tiene. Una estancia aparte reservada a los encuentros masculinos, pues las mujeres se reúnen en la casa principal siempre -de donde no deben salir así como así, me atrevo a decir-. Las extranjeras sí somos invitadas a ese rincón masculino, donde se realiza el ritual del café, fruta y dátiles. Fruta de los huertos de los oasis, como las granadas y las naranjas. De temporada.

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en casa de Asham

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Escuchar constantemente el sonido del árabe, menos árido cuanto más lo escuchas. Aprender más palabras de esta lengua que se nos antoja tan difícil.

Omán sigue siendo un paraíso para los fotógrafos

Siempre nos falta tiempo a los fotógrafos (aunque yo sólo soy aficionada), si viajas con los días contados. Esto es así y hay que intentar adaptarse, con frustración y todo.

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Esta vez tenía otra oportunidad, volver a Omán y tratar de recaptar su luz, sus colores, su espíritu, las sensaciones. Oportunidad de hacerlo de forma diferente y a ser posible mejor. He llevado un gran angular que en el anterior viaje no tenía, y un fijo de 35 mm. que tampoco llevé en la otra ocasión. El segundo casi no salió de mi mochila, pero sí el primero. ¿Lo habré logrado?

La luz de Omán, y sus colores, no han cambiado

Menos mal. Es lo que más me gusta. Son ligeramente diferentes porque el mes es otro, pero ahí están la blancura, el azul, la roca de la montaña, la arena del desierto y el adobe de los antiguos edificios llenándolo todo. Y es maravilloso.

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Poco a poco se te mete dentro, en la retina y en la cabeza. Pura armonía de paisajes. Al menos he traído más de esa belleza contenida en megapíxeles.

Y he descubierto nuevos rincones que también me he traído en la cámara

Ya os hablaré de ellos con calma, pero el Sugar Desert, la isla de Masirah, más rincones de las montañas o el mercado de pescado y la fortaleza de Barka, además de nuevos Wadis, son pequeñas nuevas estrellas que ya brillan en mis recuerdos.

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Y he visto más dhows navegando que en el anterior viaje. Esos barcos que disparan la imaginación. El recuerdo de cuando los árabes surcaban los mares hacia Oriente y África. Muchos ya no son de madera, pero mantienen su forma original y con ella los sueños.

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Pero…

La falta de cuidado del medio ambiente en Omán me ha llegado a ofender

Sí. En el anterior viaje quizá presté menos atención aunque algo comenté. O el problema se ha agravado.

El caso es que no hay un rincón del desierto que no se libre de una botella o envoltorio de plástico. Ni siquiera en las playas vacías de gente. Los pocos que pasan por allí en los días festivos dejan su rastro. Las mareas hacen otro tanto trayendo parte de la basura que flota por los océanos de todo el mundo. Ni una montaña, por remota que parezca, se libra.

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Camellos comiendo cartón

Contemplar con impotencia cómo la gente se acerca a la barandilla del ferry para tirar al mar, impunemente y con toda tranquilidad, un vaso de té o una botella, es desolador.

O cómo, tras una noche de juerga en la playa, todo se queda ahí… y llega un camión de limpieza y se lleva 10 de los 100 desperdicios, y sólo de los “nuevos”, no los de anteriores ediciones.

Gracias a que la población de este país es escasa, no viven en un verdadero basurero, pero tiempo al tiempo.

La imagen del Sultán Qaboos hace aguas

No sé si recordaréis que me llevé una impresión muy idealizada. La que me transmitieron los propios omaníes con quienes hablamos el año pasado, o la que quise escuchar.

Creo que entonces, en Abril de 2015, los ánimos estaban altos porque el sultán acababa de volver tras varios meses de tratamiento en Europa, por un cáncer. Supongo que estaban más contentos de lo habitual, aunque es cierto que a este hombre se le agradece la unidad, desarrollo y paz que ha logrado Omán en las últimas cuatro décadas. Pero he descubierto (por fin) que no es oro todo lo que reluce y que hay voces discordantes.

Qué importante es el momento actual del lugar que visitas, para la imagen que te llevas de él. Y qué poco nos damos cuenta.

Para empezar, el sultán hace tiempo que no sale en los medios de comunicación y la población no sabe cuál es su estado. Ni siquiera si sigue vivo. Una vez haya muerto (o se sepa), el gobierno tiene que ponerse de acuerdo en un candidato para sucederle. El elegido sería uno de sus familiares porque no tiene hijos reconocidos oficialmente. Si no lo consiguen, dicen que Qaboos ha dejado escrito en un papel quién debe de ser su sucesor. Las antiguas rencillas entre tribus amenazan con salir a la superficie.

Estando allí, nos enteramos de que ese día habían cerrado el único periódico crítico con el gobierno. El desencadenante fue denunciar, demostrándolo con papeles, una trama de corrupción en el gobierno. Todo el personal del periódico fue enviado a la cárcel. No he vuelto a saber más, y en cualquier caso esta es la versión de un omaní cuyo nombre no voy a revelar aquí.

Esperemos que no sigan con la espiral de autoritarismo absurdo de otros países y que el país se mantenga estable. De momento lo es, y Omán es muy seguro para viajar (de los países más seguros en los que he estado).

El futuro puede que sea incierto pero ¿en qué sitio no lo es?

Es una sociedad muy machista

Sí, no es ningún secreto, pero es así.

A su favor hay que decir que los hombres hablan con las mujeres mirándonos a la cara, a los ojos, como de igual a igual en sus gestos y tono de voz. No hablo sólo de su actitud para con las extranjeras, y esto es diferente con respecto a otros países árabes.

Pero la mujer sigue siendo “algo” con menos derechos, que debe ocultarse de las miradas de los otros y otras que no sean de su familia.

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Van muy tapadas, salen poco de casa, y sus matrimonios se siguen concertando. Es cierto que conducen sus coches, algunas trabajan, muchas estudian en la universidad y no sabemos cuántas ejercerán la profesión.

Pero siguen utilizando las máscaras medievales de tela negra que usaban sus antecesoras. Siguen rehuyendo tu mirada y es difícil encontrar complicidad o comunicación con ellas, de mujer a mujer.

Tú tienes que ser autorizada por uno de sus hombres a entrar en la casa y hablar con ellas un rato.

Este país, con todo, sigue ofreciendo experiencias inigualables. Por eso he hecho esta colección de imágenes y sensaciones de Omán…


 

 

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Feedback

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  • MurZielaGa

    ¡Me ha encantado saber de este país a través de tus ojos! Ya sabes que soy fan de tus viajes y me gusta descubrir “tus lugares”. No sabía nada sobre Omán la verdad y con tus imágenes me ha sorprendido un montón. Lo que sí me esperaba es su “peor cara” con el medio ambiente y la mujer… ¡Aunque espero que sigan mejorando en esos temas! ¿Llegará el día en que seamos todos iguales en el mundo? Utopías o no me ha gustado que también muestres el lado “menos bueno” del país. ¡Un granito de arena para la lucha!
    Aún así has mostrado un país súper apetecible y con unos cielos de infaaaaaarto. ¿Cuándo practicamos esas nocturnas ;)?

    • Alicia Ortego

      Muchas gracias guapa!! bueno, tienes más posts de Omán ya en el blog desde hace tiempo, por si te apetece profundizar, y habrá más, lógicamente 🙂
      Revisitar un país que tanto te gustó, con tan poco tiempo desde el anterior viaje, hace que algunas cosas las puedas poner en su sitio… o bien quizá tú eres la que cambias tu mirada.
      No creo que llegue el día en que seamos todos iguales, ja, ja, así dicho hasta no suena bien, aunque entiendo lo que quieres decir, perfectamente… pero eso no quita que no luchemos por algunas causas. De todas formas, claro, nuestro concepto del bien es nuestro.
      Muaaaacckkk!!!! Seguro que hay ocasión de practicar esas nocturnas, llegará 🙂

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