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Nizwa, capital cultural del mundo islámico

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nizwa

La ciudad omaní de Nizwa es una pequeña joya… me atrevería a decir que la “tacita de plata” de Omán, que Ibn Battuta describió como una ciudad al pie de las montañas, rodeada de grandes huertas y bonitos bazares. 

Demos un paseo por Old Nizwa, probablemente la ciudad más bonita de Omán

Llegas a la vieja Nizwa y te encuentras con unas murallas tremendas. Por encima de ellas sobresale una enorme torre que parece continuarlas al no cambiar de color. Junto a ella, las cúpulas de las mezquitas decoradas con dibujos geométricos.

nizwa omán

Hoy luce todo como nuevo desde la reforma que hicieron en 1990. El conjunto es estéticamente muy bonito, y pasa a la categoría de precioso a la luz del atardecer.
Además, si nos ponemos a imaginar, quizá nos demos cuenta de que tendría un aspecto muy similar allá por 1668, cuando se terminó de construir el fuerte.

Y quizá también veríamos a hombres con ropajes similares, aunque habría más variedad de vestimentas.

nizwa puerta del zoco

Hasta aquí llegaban los viajeros de otros lugares. Por mar o tierra tras haber cruzado el terrible desierto de Arabia, buscaban fonda y venta de sus mercancías en los bazares.
Seguramente la limpieza de las calles no sería tal, y desde luego no habría ningún rótulo luminoso, ni asfalto. Pero aun así, podemos ponernos a imaginar ¿no?

Nizwa

Un poco de historia de Nizwa

Hubo una vez en que Nizwa fue la plaza más disputada entre las beligerantes tribus, antes de que Omán fuera un sultanato. 

Nizwa

El cruce de caminos natural entre la región de Dhofar (sur del país), la costa y el norte.
El centro del arte y la educación.
Un jardín, el principal oasis de las montañas -aunque no el único-.
Una meta, un objetivo para muchos.

Nizwa

Nizwa

Hoy, quizá el sitio más turístico de Omán, ha ejercido de Capital árabe de la Cultura Islámica durante 2015.

Nizwa

Junto a Cotonú (Benin) que también he visitado este año (casualidades!!), y Almaty (Kazajstan), la Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura ha decidido que sus 12 siglos de historia y su patrimonio son suficientes. Es un agradecimiento no sólo a su contribución a la cultura, sino también a su tolerancia, uno de los valores de los que Omán puede presumir.
Sin grandes alharacas, tan sólo publicitado en algunos carteles este evento, como corresponde al carácter discreto de los omaníes.

En Nizwa te reciben con amabilidad y simpatía. Tiene mérito porque aquí ya no estábamos solas y efectivamente nos encontramos con más turistas. Y se hace raro, incluso hasta un poco molesto.
Pero te relajas cuando por la tarde y noche parece que ninguno está interesado en andar por las calles de la vieja ciudad. O bien estaban en las piscinas de los cómodos hoteles, o qué sé yo, pero no allí, donde realmente merecía la pena estar. Increíble cómo la gente pierde la oportunidad de ver y vivir semejantes lugares.

Nizwa

El fuerte de Nizwa

El más antiguo y grande de todo Omán, tenía la gran misión de proteger este suculento y estratégico cruce de caminos.

Nizwa

Nizwa

Hasta poco antes de la gran restauración, el wali –gobernador local- vivía aquí, pero parte de sus techos se vinieron abajo con las lluvias y la falta de mantenimiento, así que tuvo que mudarse.

Poco después se acometió la gran obra que lo convirtió en museo y también en lugar de recepción cuando el sultán Qaboos viaja allí, al menos una vez por año.

Nizwa

Es una edificación impresionante, sobre todo la enorme torre de más de 30 metros de diámetro. Se puede subir hasta arriba para contemplar todo el oasis de Nizwa, donde crecen hasta 40 variedades distintas de dátiles. Al fondo, las montañas.

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Nizwa

Una estructura de grandes dimensiones, líneas puras, colores ocres. Un pequeño oasis de tranquilidad y frescor en sus habitaciones, más cuando lo visitas en el centro de la mañana, como buenos guiris.

Nizwa

Los cojines antiguos aún conservan sus colores a pesar del uso

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Sería agradable pasar una noche aquí…

Nizwa

Nizwa

Antigua jofaina. Cada vez que nos invitaron a tomar café y dátiles, nos ofrecieron una similar llena de agua para lavarnos las manos.

Una comida en Nizwa

Llegamos en pleno mediodía después de visitar los oasis que hay entre el desierto de Wahiba y Nizwa.

Parecía mentira que esa misma mañana hubiéramos amanecido entre las dunas, e incluso nos hubiéramos dado un paseo en dromedario!

Fuimos a comer a uno de los restaurantes más reputados de la ciudad: Al Tourath Al Arabi. Nos invitaba nuestro guía Amur, así que no os puedo decir nada de los precios, pero creo que no es excesivamente caro y está especializado en comida omaní. Esta cocina tiene fuertes influencias del subcontinente indio y de África.

Arroces especiados y con frutos secos, samosas, y por supuesto hummus.

Nizwa

Instalándonos en el patio de atrás, escuchando el agua de una fuente un poco hortera que trataba de refrescar el ambiente, nos sirvieron unas limonadas con menta a las que yo ya me había hecho adicta.

El camarero-jefe originario de Zanzíbar vino a saludar y yo me acordé del pasado del sultanato de Omán, cuando llegaba hasta esas lejanas costas africanas.

El restaurante se sitúa justo enfrente de una de las puertas principales de la muralla que da paso a la medina y junto a la parada de microbuses, así que no tiene pérdida.

Nos retiramos después para la pausa del mediodía, evitando el calor… y por la tarde decidimos darnos un buen paseo.

Nizwa al atardecer resplandece y cobra más sentido que nunca.

Anécdota del día: el taxista honrado

Conseguir un taxi que nos llevara desde el hotel (había unos 4 km) al centro fue un poco complicado.

En el propio hotel nos dijeron que ellos no llaman a los taxis (¡¡) y nos vimos andando por el arcén de la autovía que lleva a Nizwa, que además estaba en obras, recibiendo bocinazos de los coches y camiones.

Un taxista se apiadó de nosotras y nos recogió, justo cuando ya pensábamos en cruzar e intentarlo por otro sitio. Dentro iban otros dos pasajeros, trabajadores emigrantes de India o Bangladesh.

Nizwa

El taxista (omaní, todos los son) nos dio conversación: que si aquí hace calor y en España frío, que si nos gusta Omán.

Aunque yo seguía la conversación, reconozco que estaba preocupada pensando en lo que nos costaría, porque no conseguimos que nos lo dijera antes de subir al vehículo y el hombre no podía estar parado mucho tiempo en aquel sitio. Se lo pregunté hasta 3 veces mientras rodábamos, pero él decía que no nos preocupáramos.
Efectivamente, me preocupé por nada. Al llegar nos cobró lo mismo que a los demás pasajeros, unos céntimos de euro (0.200 OMR). Además quiso dejar claro que no nos quería timar y que estaba en desacuerdo con que eso se hiciera con los extranjeros. No sé si es una práctica más o menos común allí en Nizwa. En Mascate ya os digo yo que sí, y hay que regatear ¡Bien por él!

Paseando por la vieja Nizwa

Nos internamos, por fin, en las murallas de Nizwa. Entramos en una tienda a comprar un par de postales y nos encontramos con que el dependiente era un chico joven que lucía una barba de estas que nosotros asociamos a los integristas.
Con gafas, y serio, nos atendió. Pero al ver que comprábamos una postal del Sultán Qaboos su cara se dulcificó, nos preguntó de dónde éramos, y después de un poquito de charla muy amable, al final nos dijo algo tipo “mañana estará aquí”. Y nos quedamos flipando: ¿de verdad iba a venir el sultán justo ese día? Luego no, no fue así, se refería a que ensayaban el festival para cuando vaya… no le entendimos bien.
El caso es que nos dejó una buena sensación por su amabilidad. Tanto es así que le pregunté si podía hacerle una foto y se prestó, como podéis comprobar más abajo.

Las apariencias engañan y viajar es de las cosas que más y mejor ayudan a reforzar esta verdad. 

Nizwa

Un ejemplo más de la amabilidad de Nizwa (actualización tras el viaje en Septiembre 2016)

Revisito este post tras mi segundo viaje a Omán, un año y medio después del primero. Y empezaré afirmando que los habitantes de Nizwa siguen siendo amables.

Por ejemplo, decidí ir de nuevo a la librería de aquél barbudo del que os hablaba en el párrafo anterior. Quería comprar una postal para enviar a una amiga, y de paso aprovechar para decirle que nos habíamos conocido el año anterior. Él respondió con una sonrisa pero claramente no me recordaba (normal). Nos fuimos, pero más tarde pensamos en buscar un sitio desde donde hacer una foto de la fortaleza iluminada. Ya era de noche.

A Sara se le ocurrió volver a la tienda y preguntarle a este hombre. Así lo hicimos, aunque yo tenía mis dudas. Elena habla árabe fluido así que se lo explicó mejor y entonces él, después de preguntarnos cuántos éramos (cuatro), decidió llevarnos en su coche.

Resulta que es imam y se llama Ali

En ese momento tenía que irse a dirigir la oración de la tarde a su mezquita. Y al lado hay un puente peatonal que cruza una autovía y desde donde se ve la fortaleza. Cerró la tienda y nos fuimos. Luego él volvía  a abrirla así que no había problema.

Así que allí nos ves, a los cuatro subidos  en un coche repleto de cosas infantiles (ha tenido su primer hijo en este año) rumbo a no se sabe dónde en plena noche.

Subimos al puente, hicimos las fotos, y mientras él dirigió la oración en una mezquita que no llegamos a ver porque estaba tras unas casas.

nizwa de noche

Nosotros no podíamos visitarla (está prohibido) pero él nos contó que el mirhab tenía 800 años de antigüedad e insistió en llevarse una de nuestras cámaras (esto después de las fotos del puente) para que pudiéramos verlo. Confiamos plenamente en él, y se llevó la cámara réflex de JAAC.

Tuvimos momentos de inquietud pero el hombre volvió y por fin pusimos rumbo de nuevo a… ¿el centro de la ciudad? Pues no! decidió dar un largo rodeo para que viéramos su barrio, allí donde la gente de a pie vive, y no sólo la ciudad monumental.

No nos bajamos del coche en ningún momento, y sí hubo minutos de tensión en plan “¿dónde nos lleva?” pero él lo notó y enseguida se rió y dijo que tranquilos, que sólo nos los enseñaba. Terminamos donde habíamos empezado, en la puerta de su tienda.

Continuamos con el paseo…

Empezamos a callejear sin ton ni son. Pronto encontramos la parte vieja de la ciudad, donde aún se alzan las antiguas casas.

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Señoriales, algunas ya muy rotas, desvelando sus interiores que seguro fueron suntuosos.

Ya lo he dicho en otros posts sobre este país, es una verdadera lástima lo que están perdiendo en patrimonio, y es casi un lujo ir a visitarlo antes de que termine desapareciendo. Aunque no sea sustituido por grandes rascacielos como sus vecinos (menos mal!).

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En esta casa, en nuestra segunda visita, una anciana salió a la puerta y al vernos nos invitó a dátiles y café. No dejaba de hablar en árabe, no entendíamos nada. En ese momento estábamos sólo JAAC y yo. Interpreté que nos preguntaba si éramos pareja, y si teníamos hijos. Es la conversación más común, y aunque JAAC y yo no somos nada de eso, ja, ja (Sara se había quedado en el zoco, que es la pareja de él), yo le dije a todo que sí. Me moría de la risa por dentro.

Nizwa

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Calles y callejuelas con olores buenos, porque los hombres y mujeres dejan un rastro de perfume muy bueno a su paso, y olores malos por la basura y orines de los rincones.
Varias veces tuvimos que darnos la vuelta porque no había salida, y en una ocasión nos invitaron a pasar a una casa, pero estaba anocheciendo y decidimos no fiarnos. En todo momento andamos con total tranquilidad.

NizwaNizwa

Los zocos de Nizwa

Volvemos al área más nueva, la de la muralla, el fuerte y el zoco.

Nizwa

Nizwa

Es cierto que el zoco ya no tiene el aspecto ni sabor de los de antaño, porque se ha reedificado y es moderno. Aun así, es una arquitectura que busca recordar el pasado.

nizwa taller reparación de máquinas de coser

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Combinación de tradición y modernidad… aquí unos cacharros tipo botijos con espitas de plástico

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Ahora es un recinto conformado por una serie de naves pulcras, perfectamente alineadas.
Las zonas de frutas, verduras, dulces y carnes estaban prácticamente desiertas. Ya era tarde y víspera de festivo.

En la parte de atrás, en un aparte, el espacio para el mercado de animales también estaba vacío y no lo veríamos lleno al día siguiente porque era el ensayo general del Festival. Lo que hubiera dado por poder verlo!!

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Pero la gente, el ambiente, el idioma, las maneras… eso está ahí.

El zoco de pescado

La zona del pescado está aún activa por la tarde, y es genial. Nos acercamos con cierta timidez. Como siempre, sólo se veían hombres. Los que venden, los que cortan el pescado, los que compran.

No me atrevía a hacer fotos aunque era lo que más deseaba. Pero en cuanto se percataron de nuestra presencia, alguien se nos acercó, nos preguntó de dónde éramos y bromeando me dijo que fotografiara a uno de los pescaderos al que él estaba comprando.
¿Sabéis ese humor que se puede ver también en los mercados de aquí? Pues igual 🙂

nizwa omán

Nizwa

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Otra anécdota: la guasa de los omaníes

Hubo uno especialmente bromista que vino y me dijo muy serio: “no puede hacer fotos si no paga”. Yo hice un ligero gesto de negación con la cabeza y me escondí detrás de una columna (sí, ja, ja, ja, como los niños o las avestruces escondiendo la cabeza!).
Un minuto después salí de mi escondite y él se acercó con su bebé en brazos y me dijo: “era broma, era broma!!”. Parecía realmente preocupado o un poco disgustado porque yo no le hubiera entendido bien. Le sonreí y también por orgullo le dije: “I know” (mentira podrida).
Jo, se parecía a los hombres de mi pueblo que te las sueltan así y como no les conoces, no lo pillas.

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El zoco de las especias

También hay un pequeño mercado de especias donde aún se respira parte del ambiente de antaño entre viejos muros, aunque parece que poco a poco va siendo axfisiando por las tiendas de artesanía y souvenirs.

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Tienda especializada en Halwa, el dulce típico de Omán, una especie de gelatina de dátiles con sabor a café y frutos secos

Terminamos la tarde rodeando la mezquita de cúpula grandiosa, y a la que nos está vedada la entrada por ser infieles.

Para volver, fuimos a coger un taxi, pero nos indicaron los microbuses que estaban a punto de partir. Localizamos el que pasaba por nuestro hotel, también por 0.200 OMR y que estaba casi lleno de trabajadores indios o pakistaníes.
Entramos y casi nos mareamos porque el olor a humanidad era terrible. Pero claro, ellos volvían a sus casas, quién sabe dónde y en qué condiciones, después de un largo día de trabajo. Miradas perdidas en el infinito, muy quietos, serios, ausentes. Al entrar pensamos que quizá no era muy seguro, pero una vez más estábamos equivocadas, no teníamos nada que temer.
El cansancio y quizá la melancolía hacían que ni siquiera repararan en nuestra presencia.

Cuando volví en 2016, decidimos hacer lo mismo. En esta ocasión no había microbuses en la parada, era bastante más tarde, pero apareció uno que andaba dando vueltas buscando clientes. Nos dijo que sí, que nos llevaba. Puso la música a todo volumen mientras miraba por el retrovisor, sólo había un par de pasajeros más. Bailamos y cantamos, parecía que nos íbamos de fiesta, y el chófer se partió de risa.

Ciao, Nizwa, un placer volver a verte! 🙂

Nizwa

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Feedback

4
  • Gloria

    Hola Ali!! Justo hoy estamos en Nizwa así que vamos a seguir tus recomendaciones y visitaremos lo que escribes en el post. Gracias por toda la información sobre Omán, nos está viniendo de lujo! Un abrazo (caluroso) desde tu querido Omán!!

  • Charo Pérez

    Todo un descubrimiento tu blog, Alicia, muchas gracias. He llegado aquí buscando información acerca de Nizwa, donde ahora mismo estamos, y me ha parecido muy interesante todo lo que cuentas, además de la forma tan amena en que lo cuentas!!! Te diré, además, algo curioso: dando una vuelta por el zoco hemos entrado en una de las tiendas, atraídos por los libros que exhibía… Y lo que son las casualidades… cuál no sería mi sorpresa al encontrarme de pronto con Alí, el imán del que hablas en este post, inconfundible porque recordaba haberle visto en tu foto!!! No he podido resistir la tentación y se lo he comentado, incluso le he enseñado su foto en tu blog, parece que le ha gustado 😉 Seguiré leyendo tu interesante blog durante nuestra estancia en Omán, y continuaré con los demás países que hayas visitado porque seguro que será igualmente ameno. Un cordial saludo.

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