No hay viaje a Irlanda que no incluya los Acantilados de Moher (Cliffs of Moher). Es ese lugar que, por muchas fotos que hayas visto en Instagram, te deja sin aliento cuando te asomas al borde del Atlántico. Con 214 metros de altura y una historia geológica de más de 300 millones de años, son, sin duda, la visita obligada en la costa oeste. Pero, ¿cómo visitarlos sin morir en el intento por las multitudes o el clima? En esta guía te cuento todo lo que he aprendido.
Cómo llegar a los Acantilados de Moher
Dependiendo de tu punto de partida, tienes varias opciones:
Información práctica: Todo lo que necesitas saber antes de tu visita
Si estás organizando tu escapada, es fundamental que tengas claros algunos detalles logísticos. Los Acantilados de Moher no son sólo un paraje natural, sino un recinto gestionado que requiere planificación para evitar sorpresas con el presupuesto o las colas.
El Centro de Visitantes y las entradas
El edificio del Centro de Visitantes está excavado en la propia colina, una decisión arquitectónica muy acertada para no romper la estética del paisaje. Dentro encontrarás una exposición interactiva (la Atlantic Edge Exhibition) que explica la geología y la historia de los acantilados de forma muy amena.
Sobre las entradas: Es vital saber que el precio de la entrada incluye el acceso al centro de visitantes y el parking. Te recomiendo que reserves tu entrada online con antelación en la web oficial de los Cliffs of Moher. No sólo te asegurarás la disponibilidad en las franjas horarias más solicitadas, sino que, en muchas ocasiones, obtendrás un precio más competitivo que comprando en taquilla el mismo día.

El parking: ¿Qué debes tener en cuenta?
Mucha gente piensa que el parking es gratuito al ser un espacio natural, pero en Moher el aparcamiento es un servicio de pago. La buena noticia es que el coste del parking está incluido en el precio de la entrada por persona.
Otros datos de interés
Dónde alojarse cerca de los acantilados de Moher
Si viajas en coche, te recomiendo que hagas noche cerca de los acantilados. En mi caso, encontramos un Bed&Breakfast pasando de largo el parking principal de los acantilados, de camino a Doolin.
Enseguida dimos con una casita, The Rambler’s guest– regentada por una entrañable mujer, ya bastante entrada en años-, que nos mostró las habitaciones.

Más tarde nos contaría que en la casa de al lado vive su hija. Ella enviudó hace unos años pero allí vivía bien, tranquila. Siempre esperando la oportunidad de algún viajero que quisiera alojarse en su humilde morada.
El lugar era efectivamente muy tranquilo, con campos alrededor y algunas otras casas. El mar enfrente. El precio de 50€ con desayuno por la habitación doble nos convenció, así que decidimos quedarnos tres noches para explorar la zona, que se anunciaba muy interesante.

La visita a los acantilados de Moher
¿Sabías que los acantilados de Moher reciben turismo desde el s. XVIII?
Desde el parking, cruzamos la carretera y accedemos a lo que es un «complejo turístico» en toda regla. El Centro de visitantes del que ya te hablado y unas escalinatas para acceder a la torre de O’Brien, construida en el s. XIX. Esta queda en un extremo de las grandes paredes verticales que caen al mar. Una torre a la que, si quieres subir, tendrás que pagar una entrada extra.
Desde allí arriba, al pie de la torre, se extienden las grandes paredes verticales a izquierda y derecha, siempre al otro lado de unos muretes de un metro y medio de altura que hacen que algunos tengamos casi que ponernos de puntillas para poder verlo cómodamente.
Todo sea para evitar caídas accidentales, o no tan accidentales. De hecho, hay carteles de una organización llamada «los samaritanos» que indican un número de teléfono para que no recurras al suicidio. Si es que vas allí con el ánimo un poco bajo.
Los caminos de los acantilados
Los acantilados de Moher tienen un camino oficial y uno extraoficial, y la verdad es que para disfrutarlos de verdad, hay que aventurarse un poco.
La cosa va así: en primer término hay un camino ancho, de cemento, que permite hacer el pequeño recorrido oficial en el que además se suelen situar algunos músicos con sus arpas y flautas.
Cuando este camino termina, una parte de los visitantes traspasa el límite para seguir andando por un estrecho sendero de tierra y hierba apisonada que bordea los acantilados sin ninguna barrera artificial.
Aquí es cuando empecé a disfrutarlo de verdad. De repente habíamos salido de la «civilización» y me vi rodeada de florecillas silvestres, mar, horizonte y roca.
Siempre con cuidado, decidimos andar hasta el final. O por lo menos hasta que nos cansáramos. La distancia es mayor de lo que aparenta, siendo 8 kilómetros en total. Tuvimos suerte (de nuevo), porque ese día no hacía viento, no llovía, ni había niebla. Me imagino que este camino en esas condiciones es muy poco recomendable.
Si tienes algo de vértigo… ¡aquí te lo curas o lo contrario!
Deteniéndonos en los detalles de los acantilados de Moher
El juego de perspectivas es increíble. En más de una ocasión temí por la vida de alguno de los que se asomaban al precipicio, pero es cierto que lo que a distancia parece una gran temeridad, en realidad no lo es tanto. Así, es probable que ellos también «temían por mi vida» cuando me asomaba un poquito al borde. O cuando pasaba por algún tramo del camino muuyyy pegado al abismo. Lugares en los que, desde mi ángulo, no sentía que estuviera en peligro.
Las paredes de más de 200 m. de altura caen «cortadas a pico» y se estrellan contra el mar. La erosión es muy visible y la roca caliza se parte en formas geométricas fascinantes y de vivos colores: ocres, rojos oscuros, grises…
Las gaviotas (Kittiwakes o Gaviotas tridáctilas), cormoranes y otras aves entre las que dicen que se encuentran los frailecillos, viven aquí. En total más de 20 especies de aves anidan en los cliffs, siendo esta la mayor colonia de aves marinas de Irlanda. Especialmente las gaviotas no dejan de «corretear» o más bien de «voletear» arriba y abajo.
Observamos también cómo unos barquitos recorrían un buen tramo de acantilados acercándose mucho a los mismos. Pensamos que no era mala idea ver esta maravilla desde esa perspectiva, así que nos lo apuntamos mentalmente.
Viendo que aún nos quedaban unos buenos dos kilómetros hasta el Hag’s Head, la torre que se alza en el otro extremo de los acantilados, decidimos volver sobre nuestros pasos. De esta torre puedo contar que por lo visto es lo que queda de un fuerte demolido en las guerras napoleónicas.
Fue volviendo cuando me empecé a fijar en un detalle que más tarde confirmaría en los carteles explicativos. Buena parte de las rocas que pisamos, o que están dispuestas a modo de «murete», tienen fósiles. En concreto rastros de las olas en la arena de antiguas playas y huellas de gusanos u organismos similares que están ahí «grabadas» para siempre.

En los siguientes días descubriría que estas rocas se emplean incluso para hacer el suelo de las casas. De hecho, la casa donde nos alojábamos tenía así construido el piso de la entrada y el salón. ¡¡Alucinante!!
La piedra se llama «Liscannor» y efectivamente se utiliza en edificios y caminos. Se extrae de una cantera local, aunque si te fijas bien en muchas de las rocas que coronan los acantilados, se pueden ver esos mismos fósiles.
Los acantilados de Moher en barco
Al día siguiente nos acercamos a Doolin y nos informamos de los barcos o «cruceros» que te llevan a la base de los Cliffs of Moher. No nos lo pensamos dos veces.
Se trata de 1 hora de excursión en la que con un pequeño barco recorres buena parte de los acantilados. Te acercan a la gran roca que se alza solitaria y que está llena de cormoranes y otras aves que allí anidan, comen o descansan.
Realmente merece la pena, si el tiempo acompaña.
Aquí puedes reservar una excursión en barco a los acantilados de Moher que además combina con un ferry a Inisheer para conocer esa isla ¡Me parece una gran idea!
Otra opción es ir al puerto y ver si hay plaza en alguna de las dos empresas que hacen el paseo en barco.
Una sorpresa inesperada: ¡delfines!
En el puerto había varias familias irlandesas que se bañaban en el mar, equipados con trajes de neopreno, y saltando una y otra vez desde el muelle. Nunca he entendido esa afición a bañarse en aguas tan sucias, pero nos entretuvimos viendo sus saltos, risas y chanzas.
Había un hombre de mediana edad que era el típico «papi enrollado», todo el rato haciendo bromas y divirtiéndose con los chiquillos como uno más.
De repente, estando en el agua, pegó un grito. Su mujer le preguntó qué pasaba y él dijo que «algo» había pasado rozándole las piernas. Y entonces apareció: ¡¡un delfín!!
Ya estábamos todos pendientes. Los bañistas y los que esperábamos a los barcos. Era el acontecimiento de la tarde y, efectivamente, estuvo un buen rato yendo y viniendo. Sobre todo se acercaba cuando el hombre le llamaba dando palmaditas en el agua.
El paseo en barco
Por fin llegó nuestro barco y pusimos rumbo a los acantilados. Es fantástico verlos «desde abajo» o desde el mar. Creo que así es cuando cobras más conciencia de sus dimensiones y señorío, y lo mejor no es tanto que te lo cuente, como que veas algunas de las fotos que hice:
Visitar los Acantilados de Moher no es sólo ver un paisaje; es sentir la fuerza bruta de la naturaleza irlandesa. Tanto si decides ir en una excursión exprés desde Dublín como si haces una ruta pausada por el condado de Clare, el recuerdo de estar ahí arriba frente al abismo te acompañará mucho tiempo. Solo recuerda: vístete por capas, carga la batería de tu cámara y prepárate para quedarte sin palabras.
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Fantásticas las fotos, Ali!
Tengo unas ganas enormes de visitar los acantilados de Moher. He estado tres veces en Irlanda pero siempre en otras partes del país… ahora leyendo tu post me he animado! :)
Un saludo! Me pasaré más a menudo por aquí!
Muchas gracias Cristina!! Desde luego es un lugar espectacular, aunque tampoco hay que perderse El Burren, que está a dos pasos de aquí ;)
Me alegro de que te haya gustado y de verte más por aquí :D
Un abrazo
Alicia
Hola Ali!!
Voy a ir a Irlanda el mes que viene y la verdad que descubrir tu blog está siendo lo mejor para organizar mi viaje. Muchas gracias por los detalles de tu viaje.
Me gustaría preguntarte cuál de las opciones te gustó más para ver los acantilados, si verlos desde arriba o desde el barco, ya que no tengo tiempo suficiente para ambas cosas.
De nuevo, muchas gracias por tus publicaciones.
Un saludo,
Judit.
Hola Judit! Qué bien, me alegro de que te sea útil el blog! No te sabría decir con cuál de las dos opciones me quedo, pero si hace mal tiempo está claro que no podrás hacer lo del barco posiblemente… Desde arriba son espectaculares incluso haciendo malo, eso sí, ten cuidado por el camino extraoficial pero hazlo! 😉
Hola Ali!
Definitivamente encontrar tu blog lleno de detalles, tips, anécdotas y sobre todo tus perspectivas personales de Irlanda han hecho que la planeación de mi viaje sea de lo más placentera y con las ganas de comenzarlo lo antes posible!!
Felicidades por el gran don que tienes de transmitir esas ganas de explorar el mundo 🙂
Un abrazo!
Arelí
Muchas gracias Araceli!! Espero que disfrutes mucho de Irlanda, es un gran país!!