¡¡Estamos ante el famoso Lago Titicaca!! La Península de Capachica fue nuestra primera parada y fonda. Dormir en las casas de Llachón, descendientes de los antiguos habitantes del lago, conocer sus medios de vida y bailar con ellos alrededor de la hoguera es una experiencia inolvidable que te voy a contar aquí.
Cómo llegar a la Península de Capachica
Puedes llegar a la Península de Capachica desde muchos sitios, siendo Juliaca y Puno las ciudades grandes que están más cerca del Lago Titicaca.
Nosotros fuimos desde el Valle del Colca, por carretera desde Chivay. Fueron ocho horas de camino, con una parada al inicio para admirar el paisaje recién nevado y helado de las alturas inmediatas.

Y antes de llegar, otra parada para almorzar cerca del mirador Alto Lagunillas, a 4.413 metros de altura. El paisaje está dominado por las hierbas ichu y una planta típica de la pampa, el bofedal. Se adhiere fuertemente a la tierra y roca y cuando la tocas está muy dura.
En el lugar donde nos comemos unos bocatas con lo comprado el día anterior en Chivay, presenciamos una triste historia. Os la cuento en la sección Gentes de América de este blog.


El tiempo no acompañaba mucho, y el paisaje de la pampa resulta bastante monótono. Para salir del aburrimiento trato de fijarme en los detalles del camino, pero únicamente me encuentro con extensiones de hierba ichu y muchos plásticos y botellas. Un verdadero basurero que sólo genera tristeza.
La modernidad mal gestionada, mal digerida, mal traída, mal llevada, mal entendida.

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Turismo vivencial en Llachón (Península de Capachica)
A eso de las 15 h. llegamos a las orillas del Lago Titicaca y todo cambió. Estamos en la Bahía de Puno, en la Península de Capachica.
Íbamos a dormir con la comunidad Llachón. En sus casas. Frente al lago navegable más grande del mundo, a 3.810 m. de altura.
El pueblo, situado en la costa que se extiende frente a Puno, se desparrama en caseríos y huertos aterrazados en la escarpada ladera, junto al agua.
Cuando yo fui estaban en proceso de arreglar las calles, seguramente cementándolas para permitir el acceso de los vehículos a todos los rincones. Pero de momento no eran más que caminos pedregosos por los que había que ir caminando.
En la coqueta plaza nos esperaban las familias que nos iban a dar cobijo, y que forman parte de otra iniciativa de «turismo vivencial» como la que habíamos conocido en la Cordillera Blanca.
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Los Llachón
Los habitantes de la Península de Capachica son los Llachón, descendientes de los antiguos Aymaras, si bien la conquista de los incas logró que terminaran hablando quechua. El pueblo con mayor tamaño en esta península se llama así, Llachón.


Las mujeres Llachón van vestidas con trajes típicos muy coloridos. Las casadas, además, llevan sombreros de tres picos. Las solteras (incluyendo las niñas) llevan un gorro de punto ribeteado de alegres colores que les hace parecer una flor. Son los trajes que utilizan a diario.
El traje de los hombres consiste en un chaleco y pantalones negros, combinado con una camisa blanca o beige.


El color es constante en los habitantes del lago. Siempre contrastando con la aparente monotonía del agua, el cielo y la suavidad de la curva de sus islas.
Precisamente la preciosa niña de cerca de dos años que habita la casa donde me alojo se llama Flor. Su abuela se llama Rosa, y son muy simpáticas, aunque tímidas y contenidas.

Llevamos una pequeña mochila con lo justo para pasar la noche, que se anuncia muy fría. Y cometo un grave error. No llevo el trípode.
Esa noche fue ideal para hacer fotos con las luces de Puno enfrente. Como amenazaba tormenta, estaba convencida de que no tendría oportunidad de usarlo. Sin embargo, al ir a acostarnos pudimos contemplar el lago Titicaca con la Vía Láctea cruzándolo. Una imagen que nunca olvidaré.
Para dejar nuestras cosas cada uno nos fuimos a la casa asignada, de los varios alojamientos «rurales» que hay en la Península de Capachica.
En mi caso descubro una pequeña habitación de paredes de adobe y techo de caña, muy acogedora. Limpísima y con camas llenas de mantas de colores. A través de la ventana se despliega el lago.
Cuando fuimos a acostarnos, después de pasar la tarde con ellos, Rosa nos ofreció unas botellas de agua caliente para no pasar frío. Botellas y no «bolsas de agua caliente» como las que conocemos. Se trata de utilizar una botella de agua mineral, de plástico, de las de toda la vida. Resulta que el plástico aguanta la temperatura alta y no se sale ni una gota en toda la noche. Un buen truco para una noche fría.

Tras dejar nuestras cosas, nos acercamos al comedor de la Comunidad. Allí nos darían de cenar y desayunar, y allí empezamos con un mate de coca para entrar en calor y hacer tiempo.
Puedes vivir una experiencia similar con este tour de 1 o 2 días en Llachón, desde Puno.
Un paseo por el lago Titicaca con una puesta de sol grandiosa
El sol empieza a bajar y los Llachón quieren llevarnos a ver uno de sus orgullos: los criaderos de trucha que tienen cerca de la orilla. Las venden, y por supuesto las consumen. De hecho esa noche cenamos una trucha a la parrilla riquísima y recién pescada.


A golpe de remo surcamos por primera vez esas aguas que reflejan a la perfección las nubes, el sol, y cualquier figura que se alce sobre ellas.

Cuando vamos de vuelta, una pequeña competición llena de buen humor se establece entre las barcas. Nuestro remero en ese momento es Clever, un guapísimo niño de 10 años. Es muy tímido y silencioso, pero ríe con orgullo cuando logra adelantar a la otra barca. Por supuesto le aplaudimos y animamos, aunque acaba cansado antes del fin de trayecto y su padre le releva.


Una fiesta inesperada en la Península de Capachica
Cae la noche y toca refugiarse del frío. La altitud no perdona. Menos mal que nos espera una cena riquísima. Sopa de quinoa, papas de varias clases, boniato, arroz y trucha. Todo sencillo y delicioso, además de hecho con cariño en la cercana cocina.
Hay algunos movimientos raros mientras estamos de sobremesa tomando un mate calentito. Las mujeres vienen y van con grandes fardos de tela y por fin se desvela el misterio.
Nos han preparado una fiesta y nos invitan a vestirnos con su traje típico. Ay madre, qué poco me gustan estas cosas, pero lo han preparado con tanto cariño que cómo negarse.
En pocos minutos nosotras nos calzamos una de esas voluminosas faldas. Ellas nos ponen la faja y el chaleco bordado y nos coronan con un sombrero de tres picos. Todo entre muchas risas.
Mientras, en el patio en el que están cayendo algunas gotas de lluvia (quién diría que luego despejaría), encienden una hoguera y parte de los hombres se preparan a tocar sus instrumentos. Es el momento de bailar alrededor de la hoguera.
Las niñas pequeñas, de unos cuatro años (nuestra Flor ya se ha ido a la cama rendida) están encantadas y son las que más bailan y a mejor ritmo.
Aunque contado pueda sonar a «turistada» el ambiente es cálido, amigable y acogedor. Esa gente sabe hacerte sentir bienvenido y al final nos echamos unas buenas risas, que es de lo que se trata.
Eso sí, un rato de baile a esa altura y con un sombrero difícil de llevar con un mínimo de dignidad -se me cae constantemente- cuesta ¿eh? (qué dura la vida del turista, ja, ja, ja). No, no vas a ver mis pintas… pero sí puedes ver este vídeo.
Después, Rosa nos guía hasta su casa. Acordamos ir por su atajo, y resulta que incluye trepar por los muretes de piedra que aterrazan la ladera para los cultivos 😅 Esto en una noche sin luna y un poco cargadas con las ropas que nos había prestado y nuestros enseres.
Llegamos sin tropiezos, nos despedimos de los burritos del corral y me acuesto contenta. Es ahí cuando me doy cuenta de que la Vía Láctea reina sobre el Lago Titicaca.
La forma de vida de los Llachón en el Lago Titicaca
Tras dormir como un tronco, volvemos al comedor para desayunar buñuelos y tortitas recién hechos, a las 7 de la mañana. Simplemente delicioso.
Acto seguido nos muestran cómo viven allí ya que el turismo es sólo un complemento a su humilde economía.

El cultivo en la Península de Capachica se hace con herramientas rústicas que requieren de mucha fuerza física. Es variado en cuanto a tubérculos, y como ya habíamos visto el día anterior esto se completa con la trucha (que no es un pez original del lago sino que ha sido introducido).
Además, producen algunas artesanías, aunque la mayor parte de sus tejidos son de uso propio o para vender en los mercados locales.

Los motivos de flores y colores que hacen en los tejidos designan a la comunidad a la que se pertenece, como en tantos y tantos lugares de este mundo. El DNI o la Partida de Nacimiento ya se inventaron hace muchísimo tiempo.
No me resisto a comprarle a Rosa algunas pulseritas y marionetas hechas de punto para traer de regalo. Mejor a ellos que no en una tienda ¿no?



A nuestro alrededor las pequeñas juguetean entre ellas y con nosotros. Ya la tarde anterior nos ganaron los corazones. Fue entonces cuando una le dijo a otra «¿Ése? ése se llama ¡Turista!» y todos nos partimos de risa.
La nueva generación empieza a normalizar la convivencia con gentes venidas de muy lejos. Espero que lo encajen bien.
Por supuesto, nos despiden con un pequeño discurso que a su vez debemos corresponder con nuestro agradecimiento.


Mapa interactivo
Aquí tienes un mapa de la Península de Capachica y la situación de la comunidad Llachón. Además, puedes utilizarlo para buscar alojamientos con los filtros de la parte superior, y puedes hacer todo el zoom que quieras 😉
Notas breves sobre el Lago Titicaca o Titikaka
¿Sabes que su nombre en quechua suena parecido a Titijaja? Pues dicho en voz alta y como carraspeando las jotas es, para nuestro oído… ¡¡Muy divertido!! (haz la prueba)
El lago Titicaca tiene dos nacionalidades, la peruana y la boliviana. Su extensión es de casi 150 km de longitud, 60-70 km de anchura y 281 metros de profundidad estimados. Se alimenta con las aguas de 25 ríos y tiene una ligera salinidad. Cifras que marean.
En total, se calcula que viven algo más de dos millones de personas en todo el lago, siendo algo más de un millón los del lado peruano.
Tanta masa de agua logra atemperar el clima de un lugar tan alto, pero aun así los cambios de temperatura entre el día y la noche son bastante drásticos. Por otro lado, el lago Titicaca está amenazado por la contaminación de la ciudad de Puno.

Espero que este relato de mi experiencia en la Península de Capachica te haya gustado y, sobre todo, te anime a incluirlo en tu estancia en el Lago Titicaca, porque es un lugar que merece la pena 😊
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