Cuando llegamos a Baia dos Tigres, yo ya me había enganchado al contraste entre el desierto y el mar. A las enormes dunas que se alzaban entre nosotros y el mar, y al punto de adrenalina que te da circular en ese estrecho pasillo llamado Doodsakker. Sin embargo, no tenía ni idea de que iba a poder vivir un paseo épico por las dunas de Baia dos Tigres.
¿Qué es la Baia dos Tigres? El rincón donde el desierto del Namib toca el Atlántico
Baia dos Tigres forma parte del enorme desierto del Namib, dicen que el más antiguo del mundo, y está en el Parque Nacional de Iona en el sur de Angola.
El paisaje está conformado por una enorme extensión de dunas que se elevan hasta 80 o 100 metros sobre el mar. Sus colores son, a diferencia de la parte del Namib en el centro y sur de Namibia, de color amarillo, beige y gris oscuro.
Precisamente ese color oscuro forma un dibujo de líneas, gracias al viento, que en determinados momentos parece dibujar rayas en las dunas. De aquí viene el nombre de la Bahía de los Tigres.


Qué ver y hacer en Baia dos Tigres: mi experiencia
El banco de arena y la vida marina
Llegamos a Baia dos Tigres procedentes de la Baia dos Flamingos, un punto intermedio entre Moçamedes y este rincón del desierto del Namib.
Aunque el paisaje era muy bonito, no nos detuvimos mucho ya que después de comer nos íbamos a la Ilha Dos Tigres. Allí pasaríamos la noche, pero de esto ya te he hablado en el post que he dedicado a la isla más grande y fantasmagórica de Angola.
Cuando volvimos al continente, a la mañana siguiente, aún teníamos buena parte del día y la noche para conocer un poco más este sitio.

La pregunta era: ¿Qué ver y hacer en Baia dos Tigres, un lugar atrapado entre las dunas del Namib y el Océano Atlántico?
Cada uno escogió su plan. Yo me fui con Francesca a visitar un pequeño banco de arena que, cuando baja la marea, es muy accesible. Sólo hay que cruzar con el agua hasta las rodillas y en tres minutos estás allí, siempre y cuando sea en las horas de la marea baja.
Desde la orilla contemplamos algunas gaviotas y un ave enorme que puede ser una Garza azulada o Garza ceniza, Ardea Herodias sería su nombre científico. Estaba en un extremo de esta islita, totalmente quieta.

No nos acercamos a ella para no molestarla, así que caminamos en sentido contrario por ese desierto minúsculo rodeado de agua y observamos los detalles.
La arena, sobre todo en las orillas, tenía una capa de color rosa un poco rara. Parecía que alguien hubiese tirado un bote de pintura, pero su textura era similar a la de la arena más oscura que había debajo. Curiosamente no vimos, ni antes ni después, algo así en la orilla continental.
Entonces me fijé en que había muchas conchas con una capa también rosa ¿Sería eso mismo, que cuando se deshacen tiñen la arena? Es una teoría como otra cualquiera, que conste, pero fantaseé con que puede ser el mismo principio de las conchas de múrex que los fenicios utilizaban para conseguir el codiciado tinte púrpura de la Antigüedad.


Un poco más adelante vimos un montón de cangrejos grandes reunidos en torno a algo que aún no distinguíamos bien. Además de los cangrejos, había una gaviota que también picoteaba.
Nos acercamos despacito y calladas, pero por supuesto nos detectaron y empezaron a dispersarse. Fue entonces cuando vimos lo que había debajo. Era el cadáver de un lobo marino. Se estaban alimentando de él. Una escena digna de los mejores safaris de África.
No tenía ni idea de que los cangrejos son carroñeros, pero parece ser que sí, y puede que esta sea la razón por la que los locales no se los comen (preguntamos y nos dijeron que no, que no les gustan).

Al cabo de un rato nos pareció que la marea estaba subiendo, así que volvimos para no quedarnos aisladas en ese trocito de arena. Quizá no sea mucho problema cruzar nadando, aunque no te puedes fiar de las corrientes, pero además yo iba con la cámara y no me hubiera gustado tener que sumergirme en el agua con ella.
Después, decidí continuar caminando por la orilla hacia un cabo de arena que está como a un kilómetro y medio, puede que dos, y por el camino me encontré con un lobito de mar que, en cuanto me acercaba, se metía en el agua a nadar arriba y abajo. Según me alejaba, volvía a la orilla a tomar el sol ¡¡Me parecía tan precioso poder vivir esto y a solas!!


El paseo épico por las dunas
Cuando el sol empezó a bajar, nos invitaron a subir a las dunas más altas en coche. Cuando llegamos arriba, empecé a entender el lugar. La extensión de las dunas del Namib se pierde en el horizonte.
Enseguida me di cuenta de que la referencia del mar y el islote por el que había paseado por la mañana eran una brújula suficiente para no perderme en este desierto, así que me separé del grupo y eché a caminar.

La sensación de libertad, de ser diminuta en la inmensidad de este arenal, y la belleza estética del sitio me fascinó.
Caminé durante dos horas subiendo y bajando por las dunas. Buscando las zonas de arena más compactas para ir más cómoda, y los mejores ángulos para hacer fotos.
Sí, disfruté haciendo fotos como hacía mucho tiempo. Todo un desafío tratar de mostrar esa inmensidad, conseguir que no entre arena en la máquina, y al mismo tiempo tener la suficiente fuerza mental para guardarla a ratos y disfrutar sólo con la mirada.



A veces conseguía dejar la mente en blanco, otras mis pensamientos vagaban por muchos recovecos de mi vida, mis cosas, mis reflexiones. Y otras no dejaba de pensar “pero qué maravilla estoy viviendo”.



Cuando el sol estaba a punto de ponerse, regresé. Tuve que caminar por algunas aristas de dunas que me dieron un poco de vértigo y no quería que se hiciese de noche del todo.
Y cuando llegué al campamento, volví con los ojos muy abiertos y me faltaban las palabras para describir lo que había vivido cuando me preguntaban qué tal el paseo. Fueron dos horas conmigo misma en un escenario onírico que nunca voy a olvidar.

Información práctica para viajar a Baia dos Tigres
Cómo llegar: la aventura del Doodsakker
Llegar hasta la Bahía de los Tigres requiere de cierto equipo y logística. Se suele salir de Moçamedes y pasar una noche antes de cruzar el Doodsakker, el tramo de costa donde las dunas de hasta 100 metros se encuentran con el mar.
Este tramo sólo se puede cruzar en los días de luna llena y luna nueva, durante las horas de la marea baja, que son más pronunciadas en esas fechas del mes. Si no, te puedes quedar sin vehículo.
Lo que se suele aconsejar es que vayas en convoy, por lo menos con dos coches, y por supuesto que sean 4×4. Además, lo mejor es ir con alguien que conozca esta costa.
Por otro lado, hay que llevar todo. Agua, comida, material de acampada, combustible… y si quieres cruzar a Ilha dos Tigres, una barca a motor.
Por todo esto, lo mejor es contratar una agencia local o apuntarse a un viaje con agencia que lo incluya en su ruta por el sur de Angola. Yo te recomiendo la agencia Kumakonda, con la que yo he viajado, y puedes leer sobre esto y más en mi guía con consejos para viajar al sur de Angola.


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Dónde alojarse
En cuanto a dónde alojarse, en Baia dos Tigres hay un lugar de acampada fijo. Está muy bien situado porque está protegido por las dunas, y esto es importante porque en esta costa el viento suele soplar fuerte.
Además, tiene una letrina, un pozo y hay algunas casetas de madera, aunque no están destinadas a dormir, si no a guardar materiales.
Si viajas por libre, intenta acampar por allí y sobre todo evita la playa, ya que si sube la marea te quedas sin terreno libre y te puedes ver en un aprieto. Tampoco te aconsejo que duermas en lo alto de las dunas por el viento… te aseguro que lanza la arena con mucha fuerza contra todo lo que haya por ahí.

Lo que seguro te estás preguntando sobre Baia dos Tigres
Espero que este post te inspire a decidir viajar a Angola. Este es sólo uno de los extraordinarios sitios que tiene este país, y desde luego se ha ganado un lugar especial en mi corazón.
En Baia dos Tigres disfruté de la soledad. De las infinitas ondulaciones, cambios de tonalidad y texturas, luces, sombras, y movimientos de las dunas. ¿Cuál es tu desierto favorito? ¡Cuéntamelo en comentarios!
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