machu picchu

Tantas veces soñado y tantas veces visto en fotografías. Las ruinas de Machu Picchu es uno de los sueños viajeros de mucha gente. Soñé muchas veces con hallarme ante la panorámica extendiéndose a mis pies. Con ese pico al fondo que parece una pirámide mal hecha, natural y a la par tan a propósito, tan escénica. Conocería su nombre allí: Wayna o Huayna Picchu.


La noche anterior me embargaba la emoción. Mariposas en el estómago lo llamamos aquí. Me parecía vivir un sueño, porque por fin conocería la mítica ciudad inca que ni los ansiosos conquistadores españoles llegarían a vislumbrar.

Primera parada: Aguas Calientes

calle de aguascalientes con montañas verdes al fondo

No me importaba que el pueblo de Aguas Calientes estuviera lleno de tiendas de souvenirs y restaurantes. Lleno de visitantes como yo: turistas, viajeros, algún trotamundos, hippies allí establecidos. Enganchados a esa meca viajera.

tren de vagones azules en la estación de aguas calientes

No, yo sólo pensaba en lo que aquellos cerros cubiertos de selva esconden, y temía la decepción. Pero hablamos de un lugar que es muy difícil que decepcione.

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Y por fin, Machu Picchu

Soñé que veía amanecer frente a Machu Picchu, contemplando la ciudad de piedra inca desde lo alto.  

cabaña con techo de paja y monte huayna picchu detrás en machu picchu

También soñé que trepaba por las laderas del Wayna Picchu y llegaba a su vertiginosa cumbre, desde donde contemplaba una de las selvas más altas del mundo.

montañas de laderas vertiginosas cubiertas de vegetación y al fondo el río

Soñé con pasear entre los muros de piedra cuidadosamente labrados. En las calles de una ciudad que fue habitada hace siglos para después quedar oculta de la codicia y crueldad de los últimos conquistadores.

casas de machu picchu con muros de piedras a falta del tejado

Y lo hice. 

Soñé que la niebla no ganaba la batalla a mis ojos, a la mirada de los que allí estábamos, y lo encontré, tuve esa suerte.

Sentí que estaba en un lugar muy especial, de gran belleza. Y estuve.

Sentí que era muy afortunada, sentí que era feliz.

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Machu Picchu es uno de los yacimientos arqueológicos más bonitos del mundo

¿Porque se puede contemplar a vista de pájaro en toda su extensión, compacta y abarcable? ¿Porque son construcciones de tamaño natural y no «sobrehumana» como los templos y pirámides egipcios, birmanos o camboyanos? Quizá sea eso.

plaza con ruinas en machu picchu

O quizá sea por el entorno perfecto en el que se construyó. Un escenario que bien podría ser la Bahía de Ha Long sin agua. Cerros verticales e imponentes cubiertos de selva. Cientos de tonalidades verdes que compiten con el cielo azul, cuando éste se deja ver.

Se especula con que era uno de los lugares más sagrados de los Incas. El refugio del último inca (rey), sus sacerdotes y mujeres consagradas a los dioses.
No me extraña que fuera así porque la grandiosidad del lugar hace pensar en que estamos en el Olimpo de los dioses. 

altar en Machu Picchu

Nunca sabremos exactamente quién y por qué vivían allí, aparentemente apartados del resto del mundo. Ni por qué estuvo tanto tiempo oculto, cómo se abandonó, quién vivió allí hasta el final.

«El descubrimiento» de Machu Picchu

Hiram Bingham la devolvió al mundo en 1911.

Allí encontró objetos de bronce, plata, cerámica… y 135 esqueletos, de los cuales 109 eran de mujeres. Conjeturó que eran «hijas del sol», mujeres consagradas al dios de los Incas. Refugiadas de los conquistadores españoles y el azote de los curas cristianos.

cabaña de piedra con tejado de paja a dos aguas muy inclinado y mucha niebla alrededor

Hiram estuvo excavando tres años en Machu Picchu y realizó 12.000 fotografías. Esta cifra es astronómica si tenemos en cuenta que fue a principios del siglo XX.

Y si la experiencia de este afortunado ser humano debió de ser mayúscula cuando se halló ante una ciudad completa semienterrada en el selva. Yo, humilde visitante, me encontré con más de lo esperado, si cabe.

plaza de Machu Picchu

Los puntos clave de Machu Picchu

El INTIHUATANA es un perfecto altar labrado en la roca.

Situado en el lugar más alto de la ciudad, rodeado de lo que se supone son tres templos, los sacerdotes amarraban allí el sol en el solsticio de invierno.  Lo hacían para que éste no desapareciera y por tanto se acabara el mundo. Porque sin el sol no podemos vivir, ni mucho menos labrar la tierra y conseguir el sustento básico.

altar de piedra con dos escalones y una piedra vertical donde el sol se posa

Pero era el TEMPLO DE LAS TRES VENTANAS el que atraía toda mi atención cada vez que asomaba. El templo más bello.

No tiene pérdida. Resplandece entre el resto de construcciones porque está hecho con granito blanco y a base de sillares perfectamente cincelados y encajados. Más perfectos que el resto. Un gigantesco rompecabezas que no necesita de ningún tipo de argamasa, cemento o pegamento para tenerse en pie siglo tras siglo.

Dicen que desde sus ventanas se puede contemplar la salida del sol y se cree que es una referencia al origen de los incas, surgidos de tres ventanas en la montaña de Pacaritambo, cerca de Cuzco. 

fachada del templo de las tres ventanas de piedra clara

El TEMPLO DEL SOL, una forma circular única en las ruinas de Machu Picchu

Su forma circular es única en Machu Picchu, pero similar al de Cuzco. Se piensa que se construyó como réplica de éste último, el centro espiritual del reino.

templo del sol con forma semicircular

Las CASAS de Machu Picchu

Esas casas a las que únicamente les falta el techo perecedero, que era de fibras vegetales. Son visibles los agujeros en la piedra que servían para amarrar las puertas de madera y no dejar que entrara el frío.
Dicen los arqueólogos e historiadores que las medidas de seguridad eran innecesarias en el mundo inca. Nadie poseía nada de valor excepto los reyes y sacerdotes. Sólo vivían con lo indispensable para comer y vestir. Por tanto, no había nada que robar, nada para suscitar envidias.

antigua ciudad de Machu Picchu

También son visibles las hornacinas que los arqueólogos creen que servían para depositar los objetos cotidianos, la cerámica y otros enseres. Bueno, en el caso de los templos, esos huecos en las paredes servían para situar estatuillas que representaban a sus dioses. A veces recubiertas de oro y dispuestas para que el sol de la mañana o de la tarde se posara en ellas y resplandecieran.

casas en Machu Picchu

La subida al Wayna Picchu

Fue un regalo, y me explico. No todo el mundo puede subir. Del límite actual de 2.500 visitantes diarios al día en Machu Picchu, al Wayna Picchu sólo pueden ascender 400 en dos turnos, a las 7 y a las 10 de la mañana (200 personas en cada turno).

Las entradas son adjudicadas por mecanismos inciertos, que pueden tener que ver con la antelación con que haces la reserva y las posteriores anulaciones, si las hay. El suplemento a pagar por ello es irrisorio en proporción a la entrada general.

Sea como sea, hay gente que recibe la entrada y no la utiliza porque no se ve con fuerzas para acometer la subida. Son entradas que se pierden…

llama en Machu Picchu

En los horarios referidos, hay un margen de una hora a partir de la salida para que puedas presentarte en el acceso. Tras mostrar el pasaporte y la entrada acreditada, inicias la ascensión.

Por eso fuimos a eso de las 10.30 de la mañana. Evitamos la cola de entrada del segundo turno y el apelotonamiento inevitable en el camino. Subimos y bajamos casi solos, y las sensaciones y emociones se intensificaron.

pico de huayna picchu asomando al fondo de las ruinas de machu picchu
El Huayna Picchu asoma por los muros de la ciudad inca. Cada vez que lo miraba, antes de subir, pensaba «¿podré?» Y cada vez que lo miraba, al bajar, pensaba «no me lo creo, he estado allí arriba!!»

Medidas de protección que Patrimonio de la Humanidad impone a Perú, y de las que no me voy a quejar porque además si ya somos muchos yendo y viniendo por allí no quiero ni pensar en que la entrada fuera libre.

Tenía mis dudas

Las tres horas anteriores a ir al punto de salida del Wayna Picchu, mientras recorría las ruinas, no dejaba de mirar el escarpado pico y pensar que era realmente vertical.

Aguzando la vista observaba por dónde discurría el camino, a fuerza de distinguir a las personas. Puntitos de colores que ascendían entre la vegetación. Sí, la gente subía por un camino realmente vertical.

cartel de piedra con flecha donde pone Huayna Picchu

Y recordaba el ataque de vértigo que tuve en una de las pirámides de Tikal, la ciudad maya que está al norte de Guatemala. Habían pasado muchos años y no me había vuelto a ocurrir pero es un pequeño trauma que recuerdo siempre porque lo pasé francamente mal.
Tenía miedo de que volviera a ocurrirme, pero ¿cómo rechazar esta oportunidad? ¿cómo «dejar pasar el tren» de subir hasta allí?

vista de las montañas en la subida al huayna picchu

No pensaba ni en las vistas que podría tener desde arriba. Sólo en el mero hecho de subir. En la experiencia, en realizar ése esfuerzo que otros no podrían hacer. Alcanzar ese logro.

Así que lo hice, sin pensar mucho en ello y concentrándome en el camino, en el suelo.
Salvo para parar y mirar a mi alrededor cada poco tiempo y hacer alguna foto, no levantaba la vista del suelo. Cuidando de no tropezar, de no resbalar, porque quizá con una caída sería suficiente para romperme algo o para caer al vacío.

ruinas de machu picchu vistas desde las alturas

La mayor parte del sendero -bien marcado y en algunos tramos con un cable al que te puedes agarrar- está rodeado de mucha vegetación. La sensación de verticalidad sólo está en tus propios pasos, en la pendiente que hay que subir, a veces trepar…

edificios de piedra inca construidos en terraza en la montaña

La montaña inconquistable

Camino inca, en su mayor parte son escalones labrados en la piedra de la montaña. Aquéllos hombres construyeron una atalaya allí arriba, en la que seguir celebrando rituales dedicados a sus dioses.

escaleras del último tramo del huayna pichu con ruinas de machu picchu abajo

Debían ser tipos altos (además de fornidos), porque la altura de las escaleras es mayor de lo que estamos habituados. O era que pensaban en construir los escalones para los dioses, no para ellos. Quizá para disuadir al enemigo aunque ¿quién intentaría conquistar un lugar como éste, que es como una torre con un único camino?

machu picchu visto desde la cumbre del huayna picchu parece un cortado gris en la montaña verde

Soñé que visitaba Machu Picchu, y lo hice.

pájaro con plumas rojizas y beiges en cuello y pecho sobre una roca

Podría seguir describiéndola a placer y no se me acabarían las palabras ni los adjetivos. Ni los sentimientos que sentí allí y que siento aquí cuando me entrego al recuerdo.

Quizá sea mejor recuperar algunas de las palabras que su descubridor «oficial», Hiram Bingham, escribió:

Aquí el río huye de la helada meseta abriéndose camino a través de gigantescos montes de granito. El sendero corre por una tierra de incomparable encanto. Tiene la majestad grandiosa de las Rocallosas canadienses, así como la sorprendente belleza del Nuuanu Pali, cerca de Honolulu, y la deliciosa vista del Koolau del Maui, mi tierra nativa. En la variedad de su hermosura y en el poder de su hechizo no conozco otro sitio en el mundo que se le pueda comparar. No sólo posee grandes picos nevados que asoman por encima de las nubes a más de dos millas de altura, precipicios gigantescos de granito multicolor que ascienden a miles de pies sobre la corriente espumante y rugiente, sino que también ofrece en sorprendente contraste orquídeas y barreras de árboles, la deleitosa belleza de  una lujuriante vegetación y la misteriosa brujería de la selva. Uno se siente irresistiblemente atraído hacia dentro por las continuas sorpresas que se muestran en esta garganta profunda y tortuosa que girando y quebrándose en zigzagues pasa sobre despeñaderos colgantes de increíble altura. Pero sobre todo esto está la fascinación de encontrar aquí y allá, bajo las lianas colgantes o prendidas en los altos de salientes peñascos, las ásperas construcciones de una raza desaparecida y tratar de comprender la turbadora historia de los antiguos constructores que hace muchos años buscaron refugio en una región que parece haber sido expresamente dibujada por la naturaleza como un santuario para los perseguidos, un sitio en que pudieran con paciencia y sin miedo dar expresión a su pasión por los muros de perdurable belleza. «La ciudad perdida de los incas» Hiram Bingham.

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