líbano

Piensas en Oriente Medio y visualizas desiertos, camellos y señores y señoras tapadas de arriba a abajo. Dices Líbano y piensas en guerra, bombardeos, y musulmanes más bien radicales. No es así. Líbano está en paz, y en ese pequeño territorio conviven al menos las 18 religiones y sectas que están representadas en su parlamento. Si hay un país que contradice los clichés, es Líbano. Aquí van unas primeras impresiones.

Líbano es un país verde, montañoso, con costas rocosas y algunas playas. Ni una pizca de desierto tiene. Hay vacas, ovejas y cabras. En honor a la verdad sí que vi un camello para que se monten los turistas junto a las ruinas de Baalbek. De ruinas, por cierto, Líbano sabe mucho.

Fenicios, griegos, romanos, bizantinos, mamelucos, otomanos, cruzados… todos codiciaron estas tierras fértiles y con excelentes puertos de mar. Todos quisieron la madera de sus cedros, el tinte del múrex (un molusco marino del que se obtiene el color púrpura) y el vidrio de sus canteras. Bienes de lujo que los fenicios supieron explotar y difundir por todo el Mediterráneo y parte del extranjero, como se suele decir.

cabras subiendo la montaña verde en fila india

Líbano hoy

Líbano está en paz. Es cierto que es una paz es precaria, guardada por soldados nacionales y de la ONU fácilmente visibles en carreteras, monumentos y zonas concurridas. Israel está en el sur, siempre amenazante. Siria con su guerra, dicen que ya terminada, a tiro de piedra…

glorieta con garita y dos militares de guardia en líbano

Decía que la amenaza de Israel siempre está ahí. La última “gorda” que hicieron fue bombardear un campo de refugiados palestinos en Sidón, en el año 2006. Sidón es territorio de Hezbollah. Y contra ellos iban las bombas. Durante algo más de un mes hubo combates. Una guerra hecha y derecha. No hace tanto.

Hezbollah, que significa el «Partido de Dios» es una organización político y militar chiíta formada en 1982, cuando la invasión de Israel para eliminar la Organización de Liberación Palestina del territorio. Su espejo es la Revolución Iraní de 1979, y este país es quien, principalmente, alimenta sus huestes con recursos armamentísticos, entrenamiento y educación teológica. Entre sus ambiciones están proclamar un estado islámico en Líbano, pero en sus estatutos, o como los quieras llamar, insisten en que sólo se hará por consenso. Si una mayoría elige el Islam. Algo que está muy lejos de suceder en Líbano.

El enclave es complicado y la vida en este pequeño país no es fácil

El sueldo medio (funcionarios) es de unos 700-800 dólares al mes, y esto es lo que puede costar, fácilmente, alquilar un piso en Beirut.

El gobierno es un ejemplo de convivencia interreligiosa en esta zona del mundo tan convulsa, pero es complicado. Hay muchas leyes que son distintas según la confesión religiosa. Las leyes de divorcio de los musulmanes no tienen que ver con las de los cristianos. Si una persona se casa con otra de otra religión, uno de ellos debe renunciar a su fe. No existe el matrimonio civil, pero es legal si se realiza fuera de sus fronteras. Las herencias y muchos otros temas, igual.

Un país con múltiple personalidad que aplica al día a día de sus habitantes. Cada vez que te cuentan algo de esto, la cabeza da vueltas. ¡¡Menudo lío!!

Cuando en 1946 llegó la independencia de facto (se proclamó tres años antes pero hasta que no se fueron las tropas francesas no llegó a ser tal), se construyeron las bases del estado que es hoy.

Una república y democracia parlamentaria donde se guarda un estricto equilibrio entre las confesiones religiosas según su proporcionalidad en la población.

El Presidente debe ser un cristiano maronita, el Primer Ministro un musulmán sunní, y el Presidente del Parlamento un musulmán chií. Los ministerios y los 128 escaños del parlamento se reparten entre las facciones cristianas y musulmanas teniendo en cuenta las diferentes sectas. Las elecciones se celebran cada cuatro años y votan todos los ciudadanos libaneses de más de 21 años.

La década de los 60s y 70s del pasado siglo fue la «época dorada». Beirut era conocido como el París de Oriente Medio. Había una prosperidad económica que era la envidia del entorno, el turismo estaba en alza…

Pero la cosa se empezó a torcer mucho, muchísimo. Aunque no se puede dejar de lado lo que sucedía en los países de alrededor, porque entraba también en Líbano lo quisieran o no (la Guerra de los Seis Días, por ejemplo), ellos mismos tenían un conflicto entre cristianos y musulmanes chiítas que estalló en 1975.

Empezaron los ataques entre unos y otros, las masacres, y todo cayó en el caos. La guerra civil se prolongó hasta el año 1990. Quince años de guerra que segaron entre 100.000 y 200.000 mil vidas, aparte de los heridos y desplazados. Aún hoy no les gusta hablar de esa guerra.

Los olvidados

En Líbano hay una sobrepoblación de “olvidados”. Los refugiados palestinos que llevan décadas, generaciones, allí. En campos de refugiados amurallados y vigilados. Pueden estudiar incluso en la universidad, pero no trabajar legalmente, ni muchas otras cosas. La mayoría han sido despojados de su nacionalidad, por nacer en un sitio que hoy se llama Israel. ¿Te imaginas? Yo no, pero sí recuerdo que eso es lo que hizo Franco con los refugiados españoles que huyeron a través de los Pirineos al acabar la guerra…

Y la más reciente presencia de refugiados sirios. Por cientos de miles. Dicen que están empezando a volver a su país, ahora que la guerra ha terminado en esta primavera de 2019, pero no todos pueden. Los opositores, los desertores, los desconfiados, los que aún no se han desprendido del miedo y los traumas de la guerra, siguen varados en Líbano.

Líbano les acoge en sus tierras, como hicieron antes con ellos, cuando su guerra. Porque los libaneses también fueron refugiados en Siria. Pero parece que no hace mucho más que esto. Bueno, Europa ni siquiera.

campamento de refugiados sirios con tiendas hechas con plásticos blancos de la ONU
Campamento de refugiados sirios en el Valle del Bekaa

Aunque pienses lo contrario tras leer estos y otros datos, el día a día en Líbano transcurre pacíficamente. Puedes ir a conocerlo con un nivel de seguridad equiparable al de muchísimos otros lugares del mundo, y merece la pena.

La gente del Líbano es amable, simpática, acogedora

Mediterráneos, son tranquilos pero no están «dormidos». Creo que siguen siendo un poco fenicios. Es decir, desde mi imaginación: inteligentes, negociadores, comerciantes, buenos anfitriones, amigos de la buena vida o dolce vita.

La conversación fluye fácilmente, aunque todo depende del idioma que compartas. Con los mayores podrás hablar en francés, ya que esta era la lengua extranjera que se estudiaba en sus días de colegio. Con los jóvenes, en inglés, aunque fuera de Beirut hay mucha gente que no lo habla.

El árabe es el idioma común a todos y ojo, que esto no significa que sean musulmanes.

La verdad es que a los occidentales nos cuesta disociar las dos ideas. Puedes caer en la trampa de preguntar a un árabe si cumple con el Ramadán, y puede resultar que es cristiano, o druso, y por tanto te responde con un «no» muy claro. Una pregunta bastante fuera de lugar, en la que tú has dado por hecho que si cree en algo, será en Allah.

Y no, no van anunciando a qué fe o cultura pertenecen. Seguramente ellos se distinguen más o menos fácilmente entre sí, y nosotros… pues no, salvo algunos casos claros.

Líbano pone a prueba tus clichés a cada paso, vaya.

Recuerdo al taxista que nos enseñó las fotos de sus hijos y su mujer tras cinco minutos de conversación y risas, sin apenas hablar inglés.

O las chicas que tenían un centro de estética unas calles más allá y nos hablaban en árabe. No nos entendíamos pero nos morimos de risa durante un rato mientras admirábamos su estilo kadarshian.

dos chicas libanesas posando sonrientes muy maquilladas

Las mujeres que pelaban verduras en el zoco de Trípoli, el hombre que nos daba a probar pastas de sésamo y pistachos cada vez que pasábamos por delante de su pastelería en la calle Hamra de Beirut. Siempre con una sonrisa ancha.

La mujer que andando por la acera nos empezó a hablar en un español titubeante porque había vivido aquí unos años. El niño de ojos verdes (¡cuántos ojos verdes hay en Líbano!) que vendía una especie de algodón dulce con almendras.

vendedor de dulces sonriente ante la cámara
señor con pantalón turco y cafetera ornamentada sonriente ante la cámara y levantando pulgar

La amabilidad se responde con amabilidad, sonrisas, y hospitalidad.

Puede que sea porque Líbano es un país de emigrantes. Entre diez y catorce millones de libaneses y sus descendientes viven fuera. Y no olvidan a su país, vuelven por vacaciones e invierten en su economía, construyen casas de veraneo, etc.

Buena parte de Líbano se sostiene con las remesas de los emigrantes.

Volvamos a la historia…

He pasado muy por encima unos párrafos atrás, pero la historia de Líbano se escribe con mayúsculas y es apasionante. Muchos pueblos y civilizaciones se establecieron en este pequeño territorio.

mosaico bizantino con dibujo circular y cuatro animales un léon, un toro

Desde los Cananeos, que ya vivían allí tres mil años antes de Cristo, hasta los Fenicios que llegaron aquí hace más de 4.500 años.

Eligieron estas costas, islas y bahías rocosas para dar impulso a su expansión por el Mediterráneo. Una expansión basada en el comercio, pero repleta de regalos para la cultura y civilización occidentales.

yacimiento de Tiro con fila de columnas y detrás el mar
Uno de los yacimientos de Tiro, junto al mar

Las primeras colonias fenicias del Líbano fueron Tiro, Sidón, Byblos y Beirut

Ciudades independientes, cada una especializada en uno o dos tipos de productos con los que comerciar. Por ejemplo, en Tiro se dedicaban a la producción y teñido de telas con el color púrpura. Apasionante la historia de los colores, por cierto. En Sidón se dedicaban a la extracción y trabajo del cristal. Tiro comerciaba con Egipto, y Sidón con Persia (hoy Irán).

tela teñida de color púrpura en una vitrina del museo de beirut
La púrpura fue uno de los tintes más codiciados y caros de la antigüedad. Los ricos y poderosos suspiraban por llevar mantos y vestidos de este color.
escoria de cristal de color verde en líbano
Los restos de la producción de cristal de la antigüedad son muy visibles en Tiro y Sidón

Hay mucho más que decir de los fenicios. Ellos desarrollaron el primer sistema de alfabeto. Con vocales y símbolos que representan sonidos y no ideas, como los jeroglíficos. De hecho fue en Byblos donde se encontró la inscripción más antigua del alfabeto más antiguo que conocemos. Está en la tapa del sarcófago de Ahiram, en el Museo Nacional de Beirut. Emociona verlo ahí, delante de ti.

inscripción de alfabeto fenicio en roca
La inscripción de alfabeto fenicio más antigua del mundo

Tanto como las estatuillas de los dioses Baalbek e Ishtar. El Zeus y Afrodita de los fenicios. Nunca los  había visto, ni mis compañeros de viaje. Fue todo un descubrimiento y hasta me indigné un pelín porque las menciones a los fenicios en las lecciones de historia de antaño eran muy superficiales.

estatuas de dios fenicio en el museo nacional de beirut en líbano
Estatuillas votivas de los fenicios encontradas en un templo de Byblos ¿A que son monísimas?

Los fenicios fueron sometidos al imperio de Egipto y, aunque recuperaron la independencia, después vinieron los asirios, los persas, Alejandro Magno, Pompeyo el Grande y con él el Imperio Romano.

sarcófago de piedra con dos cabezas de toro y al fondo arco romano en la ciudad de tiro en líbano
Yacimiento de Tiro, donde restos fenicios, romanos y bizantinos se dan la mano

Fueron los romanos los que edificaron una de las joyas Patrimonio de la Humanidad de Líbano. El yacimiento de Baalbek, que es cosa fina, fina. Lo más impresionante que he visto en mi vida. Un conjunto de templos y plazas con dimensiones de gigantes que te extasía.

posando debajo de cabeza de león y con templo de grandes columnas al fondo en baalbek líbano

Recuerdo que Alejandro, nuestro guía, se enfadó (me echó la bronca!) porque nos desperdigábamos cada dos por tres y no escuchábamos sus explicaciones.

Traté de decirle que en un sitio así el cuerpo te pide eso, ir y venir, vagar con la mirada y los sentidos y no atender a nada más. Bueno, sí, a tu cámara. Antes o después habrá tiempo de entender el sitio, leer o escuchar de su historia. Pero siendo un lugar tan increíble, o le dedicas todo un día para tener tiempo de emborracharte y de escuchar, o estás a lo que estás, que es estar allí.

plaza con templos alrededor en el yacimiento de baalbek con grandes nubes en el cielo
columnas de baalbek iluminadas por la noche

Líbano, por cierto, es un nombre semítico que está presente en el Antiguo Testamento y que se refiere al Monte Líbano, el más alto de la cordillera próxima a la costa con sus 3.200 metros de altitud.

Líbano significa “blanco”, y como no puede ser de otra forma, habla de la nieve que está en la cumbre gran parte del año. Si tenemos en cuenta que esta cordillera y la del Antilíbano separan el desierto de la costa, la imagen de una montaña nevada debía de ser muy poderosa para los que venían del interior.

Unas montañas codiciadas también por las gentes de los territorios que hoy son Siria y Palestina. Hay agua en abundancia, tierras fértiles, elevaciones que permiten adquirir posiciones estratégicas.

En esas montañas se refugiaron y sobrevivieron algunas minorías religiosas. Los maronitas, drusos, alauitas, cristianos.

El difícil acceso a muchos de sus valles, que hoy recorren carreteras a tope de curvas, las hacían perfectas para el refugio de la persecución.

Hoy en día siguen viviendo allí. En pueblos pulcros, de casas con tejados rojos, revestidas de piedra y bonitos jardines. Más o menos arracimados en torno a las iglesias que despuntan siguiendo la misma estética de las viviendas.

pueblo con tejados rojos y montañas nevadas al fondo
Valle de Qadisa

Siento que voy dando pinceladas de historia y vivencias casi sin ton ni son. Haría falta escribir un libro, y ya los hay. Líbano da para muchas letras, así que perdona si este texto te resulta muy superficial. Sólo pretendo despertar las ganas de viajar allí.

Un país de contrastes

Pasear por Beirut es darte de bruces constantemente con los recuerdos de la guerra civil que asoló el país entre 1975 y 1990. Al mismo tiempo te topas con una modernidad rabiosa. Rascacielos vacíos con señales de bombas y disparos en sus fachadas se alternan con los nuevos, a veces también vacíos, de cristales impolutos. Todos altísimos. Y entre unos y otros, aún quedan en pie muchas casas de la antigua colonia francesa, de aires románticos.

edificios de beirut nuevos y uno viejo bombardeado en líbano

Las mezquitas se alternan con las iglesias. La abundancia de unas y otras cambia según en qué población o región estés, pero no suele faltar ninguna de las dos. Edificios con antiguas columnas romanas, románicos, medievales, bizantinos… Todo se mezcla y convive.

iglesia cristiana junto a carretera en líbano
interior de mezquita de Beirut en Líbano con columnas romanas

El árabe suena a tu alrededor, a menudo salpicado de inglés y francés. Solo hay que poner un poco de atención y hasta puede que entiendas algunas cosas.

Hay mujeres con hiyab, con chador, y también con melena suelta y minifaldas o escotes de infarto. En la misma calle.

invitadas de una boda posando para fotos en el centro de beirut con vestidos sin mangas y pelo al aire
Día de boda en Beirut

En algunas ciudades no consigues beber una cerveza, y en otras encuentras hasta las tres marcas locales: Almaza (la más suave), Beirut (más amarga y graduada) y Colonel. Casi nunca baratas, eso sí.

Puedes salir de fiesta por locales hipster en Trípoli y en Beirut, sin problemas, y andar sola, tranquilamente, por todas partes. Bueno, tranquilamente excepto por los pitidos constantes de los taxis llamando tu atención. Hay que ganarse la vida.

Sales de Beirut y esperas encontrar algo distinto, y es un sí pero no. Hay mucha edificación desastrosa, mucha maraña de cables, carteles que publicitan lencería sensual junto a rostros de mártires y líderes chiítas. Según dónde. Pero cuesta encontrar ciudades de pinta más tradicional y cuidadas. Esta fue otra expectativa que se vino abajo, sin que me suponga un problema. Líbano es así y así hay que quererlo.

esquina de calle de trípoli con maraña de cables

Puedes cruzar una población de aire totalmente europeo, con casas donde se respira dinero, iglesias, jardines muy cuidados y gente que viste como tú y como yo… Y unos kilómetros más adelante, no muchos, una ciudad que parece que no se sostiene en pie o donde parece que el tiempo se ha detenido, a pesar de los cables colgando.

calle abovedada con moto aparcada en líbano

En todo este batiburrillo alcanzas a pasear por bazares que evocan las imágenes del Oriente que tanto fascinó a los viajeros (y viajeras) de finales del siglo XVIII y principios del siglo XX.

dos hombres sentados en una tienda de objetos de madera y mimbre en trípoli líbano

Artesanos de la madera y los colchones. Joyerías. Dulcerías. Carnicerías. Fruterías y pescaderías. Tiendas de lencería, siempre presente, y de ropa islámica. Khans o caravanserais, madrasas, mezquitas y antiguos hammans. Todo cabe en los bazares, los zocos. Un universo en sí mismo en el que pasar horas, puede que días, tratando de entenderlo. Ojalá hubiera tenido más tiempo.

interior de hammam antiguo con arcos y paredes de color verde y rojo con fuente en el centro
posando en la puerta de un palacio con mármoles en la fachada en líbano

Salpicándolo todo están las fortalezas de los cruzados, palacios y pueblos de aire más o menos medieval.

patio de una fortaleza palacio con fuente en el centro en líbano

Las montañas que ya he citado un par de veces, especialmente en la cara interior, la que no mira al mar, son soberbias. Es allí donde crecen los cedros, que haberlos haylos, aunque muy poquitos y en reservas para protegerlos de la extinción. El comercio de los fenicios, de mucho éxito porque es una buena madera para construir barcos, casas y muebles, arrasó con los bosques que las cubrían. Y es un árbol de muy lento crecimiento, con que las cuentas no salen.

valle profundo muy verde
cedro en montaña nevada en líbano

Y en todo esto, a Líbano hay que conocerlo por sus sabores

panadería tradicional con especie de pizzas con mezcla de especias y aceite de oliva

Seguro que has oído hablar de la cocina libanesa, si es que no la has probado ya. Tienen platos muy célebres como el hummus, del que me declaro muy fan, y la pasta hecha con berenjenas. Pero hay otros menos conocidos e igualmente sabrosos como los panes que a modo de pizza se aderezan con la mezcla de especias zaatar y aceite de oliva. Los pescados, la carne cruda y cocinada a la brasa, las salsas de frutos secos, las empanadillas de carne o de queso y espinacas, los encurtidos…

La comida libanesa se suele servir en pequeños platos llamados mezze. Para mi que esto es la versión oriental de nuestras tapas, y eso sólo nos puede dar satisfacciones 🙂

platos de hummus y pasta de berenjenas

El capítulo de los dulces es otro «no parar».

En Líbano es costumbre que te den a probar las cosas. No hay más ni mejor tentación para que compres. Pasas por delante de una pastelería y te pares o no, alguien te ofrecerá algo.

Recuerdo las pastas de sésamo con pistachos, finísimas y nada dulces. Los baklabas que tanto me recordaban a mi pastelería favorita del centro de Amman. Higos secos con una nuez pelada dentro, empanadillas dulces, pastas gruesas. Hay mil variantes para los más y menos golosos.

pastelería árabe en sidón
Pastelería del bazar de Sidón

Y ya he dicho que el ejército anda por todas partes ¿no?

Aunque hay zonas más reforzadas que otras, está en todas partes. Donde más omnipresentes son es en las ciudades territorio de Hezbollah y otras facciones similares. El sur de Líbano, tanto en Tiro como en Sidón; el Valle de la Bekaa con Baalbek como capital, donde venden camisetas y llaveros con su bandera entre los souvenirs corrientes; Trípoli también es otro bastión.

Por eso además del ejército libanés y las fuerzas de la ONU, están las milicias. Están ahí, y salen a patrullar la ciudad por la noche, como vi en Baalbek. Me asusté un poco (aunque me atreví a levantar la cámara), igual que cuando escuchamos unos cohetes que por lo visto eran de una fiesta, pero sonaban a otra cosa.

El caso es que todo forma de ese precario equilibrio, de acuerdos soterrados, de tolerancias extrañas.

milicianos en una pick up vestidos de negro y con pasamontañas

Confieso que cuando llevaba un par de días en Líbano me di cuenta de que había normalizado bastante la presencia de casetas defendidas con sacos y alambres de espino donde se apostaban uno o dos soldados con el arma a punto. Y la presencia de tanques, verdaderos tanques, junto a un hotel o un puesto de control de la carretera. Viví algo así en Cachemira pero esto lo supera.

Una de mis pequeñas obsesiones era fotografiarles para mostrarlo aquí. Tenía que hacerlo con cuidado y discreción. Nunca me dijeron nada aunque recibí alguna mirada de mosqueo, pero a otros sí les preguntaron si les habían hecho una foto y bueno, es cierto que no insistieron en ver la cámara o el móvil.

hombre vendiendo tortas de pan y al fondo un soldado

Extraño cómo te acostumbras, y tan rápidamente, a verles con todo el equipo. Muchos son muy jóvenes, demasiado. Como si la madurez fuera una garantía de seguridad en estas cosas.

Pero sí, iba mentalizada para ello y quizá fue por eso que, aunque nunca dejaron de llamarme la atención, de alguna manera lo integré en la experiencia.

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Mi balance final de este viaje a Líbano es que es un país lleno de tesoros, vida, contrastes, y por tanto más que interesante.

Termino, como es ya tradición cuando vuelco aquí mis primeras sensaciones de un viaje con un vídeo para mirar e inspirarse. Son dos minutos y medio, no hagas pereza y espero que te guste!

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