amman jordania

Mis recuerdos de Amman eran difusos. Estuve dando un paseo por allí en el año 2000 junto a dos amigos cuando nos dirigíamos a India. Al volar con la Royal Jordanian teníamos una escala de 12 horas o así.
De aquél entonces recuerdo la mezquita Rey Hussein y sobre todo el Teatro Romano.
Recuerdo también que la gente (fundamentalmente hombres) no parecía muy agradable, sino más bien tosca y huraña. Hasta el punto de que prácticamente no hicimos ninguna foto.

Todos mis recuerdos de Amman se han dado la vuelta en este viaje a Jordania.

Me he encontrado con una ciudad bulliciosa, divertida y muy acogedora.  Cierto que su aspecto ruinoso no ha cambiado, pero hay que quererla así ¿no? 🙂

No, Amman no promete.  Las casas cuadradas y de aspecto descuidado, sobre todo en la ciudad vieja, sucias y llenas de cables, no ayudan. No demuestra ser una ciudad bella, pero su belleza está en el interior, en su alma.

amman edificios antiguos jordania

Es por eso que Amman, la ciudad que toma nombre del dios egipcio Amon, se ha quedado en mi corazón. Solo fueron dos tardes, sobre todo por la avenida Al-Hashemi y sus aledaños, pero no dudaría en volver.

calles de Amman la capital de Jordania

¿Qué hacer en Amman?

Amman tiene un montón de lugares interesantes. El teatro romano ya mencionado, la mezquita del rey Hussein, la Colina de la Ciudadela donde encontrar ruinas del pasado romano, y el Museo Arqueológico de Jordania.
Sin embargo, quizá porque llevábamos cinco días recorriendo el país y sus monumentos, a nosotros lo que nos pedía el cuerpo era disfrutar del contacto con la gente y tomar el pulso a la ciudad a golpe de zapatilla. Sin rumbo fijo y sin horarios ni objetivos concretos.

Amman peluquero

Callejear en Amman es seguro

La primera tarde-noche, ya había caído el sol cuando llegamos al centro viejo.
Nos alojábamos en el Larsa Hotel de Amman, de camino al aeropuerto. Estaba lejos, a unos 4 km. Unos cuatro dinares y medio en taxi, con el taxímetro. Un hotel cómodo y con wifi gratuito, en un barrio muy tranquilo junto a la calle King Hussein II.

Amman maniquíes

Cuando llegamos nos pusimos a andar por la calle principal observando el tráfico y la cantidad de gente que aún a esas horas iba y venía. Entre los carteles luminosos y los escaparatismos imposibles. Maniquíes de infarto, espumillones de Navidad y bombillitas de todos los colores, puestos llenos de cintas de cassette, etc. La sonrisa se nos fue ensanchando, cada vez más.

Amman

Mucha gente te saluda espontáneamente con un “welcome” o una sonrisa

Y me di cuenta de que era un Amman diferente al que recordaba. Que me sentía muy bien allí porque la gente nos recibía y miraba con curiosidad y sobre todo simpatía. Porque el ambiente árabe te envuelve con más exotismo del esperado. Porque reírse está permitido y el estrés parece que no invade el paisaje como en otros lugares. Lo que no quiere decir que no exista.

amman tienda junto a mezquita

El teatro romano, todo un símbolo en pleno centro

Poco a poco nos acercamos al Teatro romano, con capacidad para 6.000 espectadores.
Delante hay un gran parque moderno que yo no recordaba de mi anterior visita. Estaba lleno de familias y parejas tomando algo. Ah! era viernes, el primer día de su fin de semana!

Resulta que las gradas estaban llenas de gente. Aunque buscábamos un sitio para cenar algo, decidimos acercarnos a la puerta del teatro, a ver “qué se cocía allí”. La entrada estaba guardada por policías. Muchos jóvenes, chicos y chicas, entraban y salían. Pensamos que quizá era un concierto de música o algo así.

Amman teatro romano del centro
El clamor del público llegaba al exterior con muchos silbidos y aplausos. Nos movimos hacia una entrada lateral que estaba cerrada con una reja, a ver si podíamos ver algo. Resulta que ahí estaban los responsables del espectáculo que estaba a punto de comenzar: kick boxing! Qué curioso, no tenía ni idea de que gustara ése tipo de espectáculos pero así era.

Amman espectáculo en teatro romano

Comer en Amman a bajo coste

Satisfecha nuestra curiosidad, decidimos continuar en nuestra búsqueda de algún picoteo. La verdad es que aparte de la pastelería Habibah, habiendo cruzado la calle, no veíamos otra cosa. Pero no era dulce lo que queríamos.

Amman tienda de frutos secos

Total, que decidimos probar en unos de los sitios de comida rápida jordana que había un poco más adelante. Acabamos comiendo pollo frito al estilo de la famosa marca estadounidense, patatas y refresco.

La gracia del sitio fue que nos indicaron que subiéramos al tercer y último piso, y de hecho no nos permitían quedarnos en el segundo piso. Extrañados continuamos, y nos hallamos en un salón antiguo con pantalla de cine en la pared del fondo y salida a una terraza. Todo bastante friki.  Hasta que descubrimos que ése es el lugar reservado para las mujeres y familias. No sería ésta la última vez que observase esta sutil segregación. De esta forma, se “previene de molestias” a las chicas y mujeres que acuden a comer allí.
La verdad es que el pollo estaba realmente rico, las raciones enormes y el sitio muy barato. Ah, y teníamos las mejores vistas del teatro romano que podíamos imaginarnos.

La mañana siguiente la pasamos recorriendo el extremo Norte de Jordania, y a eso de las 15.30 h estábamos de vuelta en Amman. Nos fuimos directamente al centro para comer y pasar la tarde de nuevo. Al pobre conductor le hicimos una faena que compensamos con una propina, porque el tráfico a esas horas era horrible, pero nos ahorramos ir hasta el lejano hotel.

restaurante en Amman Jordania

Con un poco de recelo, nos acercamos a un sitio al que yo había echado el ojo el día anterior. Es el Roman Café, junto al hotel Amman Pasha. Creo que forma parte del mismo establecimiento. Un maniquí de los que dan miedo y una terraza destartalada llena de cachivaches nos desanimó, pero entramos. Nos encontramos con un sitio genial! Aún a las 16.00 h servían comidas (dato a tener en cuenta, porque no, no eran horas).
Una decoración ecléctica, fotografías de grandes personajes (algunos de admirar y otros no, como Gadafi) y actores de Hollywood. Monedas y billetes de muchos lugares del mundo, sofás y telas de vivos colores. Al poco rato nos sentíamos bien allí.

Amman

Probamos las pizzas, realmente ricas! (al estilo jordano), y el plato de kebab, que fue lo que yo elegí, también muy bueno 🙂
El precio fue mucho mejor del esperado y de lo experimentado en los días anteriores. Comimos por unos 7 € cada uno, así que te recomiendo totalmente este sitio. 

Los pasteles de Habibah hay que probarlos, sí o sí

 

Ya que estamos, y ya que la he mencionado… vamos a la pastelería Habibah!! Toda una institución de Amman, a escasos metros del restaurante Pasha y frente al teatro romano.

Aquí se hacen y venden los mejores pasteles árabes que he probado. Bueno, que me perdonen los iraníes pero ha pasado mucho tiempo desde que saboreé los suyos 😉

amman pastelería del centro

La pastelería es un local clásico que recuerda a un antiguo café. Un lugar muy limpio y con una atención muy agradable.

Dicen en su web que el fundador empezó a trabajar en la pastelería en 1947, en Jerusalén. Después emigró a Jordania y en 1951 inauguró su pastelería.

Aquí hay que probar, sí o sí, el dulce llamado Kinafa.  Es como un pastel templado o caliente, hecho con una base de queso de cabra, bizcocho de almendra con miel, y pistacho. Es para comer allí, en el piso alto si vais con mujeres.
Con el pastel te sirven un vasito de agua mineral precintado como los de los aviones, pero lo podéis acompañar además con un té o café. De todas formas, aviso a navegantes, es bastante dulce!

dulces árabes en Amman

Además, se puede comprar un gran regalo para traer a la familia y amigos: una caja o lata de dulces. Ya las tienen preparadas, en varios tamaños, y todos son surtidos de diferentes tipos.

Son espectaculares y en la nevera duran varias semanas sin problema. Los precios van desde los 7 a los 14 €, y podréis llevarlo en el equipaje de mano sin problemas. Esto parece un publireportaje pero es que me encantó!

amman pastelería del centro baklabas

Volvamos a las calles, ja, ja! 😉

Vagabundear por los puestos de frutas, verduras, zapatos, especias y frutos secos que se extienden por las calles aledañas a la avenida Al-Hashemi me encantó. Observar cómo cuidan la disposición de la mercancía, sus conversaciones y gestos plagados de saludos afectuosos a los conocidos, vecinos y amigos, y responder a las sonrisas, es lo que buscábamos y lo que encontramos en ambas tardes. Qué bien me encontraba allí!

Amman mercado verduras

Mezquita del rey Hussein

Hablemos de la pequeña mezquita del rey Hussein, construida en 1924 sobre los pilares de la antigua. Coqueta, en un cruce de calles con una minúscula plaza ante su puerta donde los hombres dejan los zapatos antes de entrar a orar, contrasta con el resto de edificios decrépitos que parecen amenazarla.
Allí hay también una fuente llamada Ninfeo, donde los hombres se lavan antes de la oración.

centro de Amman

Me encontré con una niña que portaba un bebé, que acabó llevándome de la mano a cruzar el umbral para que hiciera una foto al patio de la mezquita. La historia la encontraréis en la sección del blog Gentes del mundo. Siempre la recordaré 🙂

Es uno de los rincones de Amman que más me gustaron.  Lleno de detalles, tanto de día como de noche cuando los alminares se iluminan de color verde, el color del Islam.

¿Se puede visitar el interior de la mezquita?

Nos habían dicho vagamente que no. Pero si no es la hora de la oración y os vestís adecuadamente (las mujeres cubriéndonos el cabello además del cuerpo), parece que se puede entrar, aunque es en el exterior donde está la vida.

Pequeño anecdotario moviéndote por Amman

Moverse en taxi por Amman: las distancias son más grandes de lo que uno piensa a primera vista. Hay algunos buses y taxis compartidos, pero mucha gente (local) se mueve en taxi. Son los de color amarillo. Los precios del taxímetro son asequibles así que olvidaos de concertar un precio antes. Podéis salir perdiendo. Tampoco os extrañéis si el taxista para en la gasolinera durante la carrera (y se deja la radio encendida mientras reposta, por ejemplo), o a tomar un café con los amigos (rápido, eso sí).
Bueno, mejor no llevéis mucha prisa!!
Amman Jordania

Lo más difícil es entenderse con ellos. Muchos sólo hablan árabe y no saben leer nuestro alfabeto. Aunque les mostréis la tarjeta de vuestro destino (un hotel, un restaurante…) y la miren, en realidad no saben dónde es y os pedirán (en árabe) que se la leáis. Seguramente acaben llamando por teléfono móvil a algún colega que sepa hablar inglés y os lo pasen para corroborar la dirección a la que vais. Así nos pasó en un par de ocasiones. Si no, pedirán ayuda a los transeúntes y con un poco de paciencia todo se arreglará y os llevarán a vuestro destino.

Son gente seria y responsable. Al menos mi experiencia fue ésta. Ah, en hora punta, como por ejemplo en Madrid, conseguir taxi no es fácil.

Chicas, no os extrañe que si vais acompañadas de hombres, sea su palabra la que está por encima de la vuestra. Por ejemplo, pidiendo las bebidas en el restaurante que he citado antes, el camarero se quedaba quieto mirándome y parecía que no arrancaba. Se lo repetí un par de veces, hasta que Martín, uno de los chicos que venía conmigo, le dijo la misma retahíla “2 aguas, 2 cocacolas” y entonces sí se movió ¿?!! No era la primera vez que nos ocurría.

Con un taxista la noche anterior discutimos por el precio hasta el hotel (todavía no sabíamos que con el taxímetro no nos iban a timar). Yo llevaba la voz cantante, y estaba sentada detrás de él. Nos mirábamos fijamente por el retrovisor y yo le decía “5 dinares” y él “10”. Así un rato, mientras avanzábamos. Le dije que ok, que parase que nos bajábamos, y él seguía con la retahíla. Entonces Jose dijo “5 dinares”, y ahí sí paró y nos dijo que nos bajáramos del coche. Por cierto que al bajarnos nos dijo adiós con un guiño y sonrisa. Ante todo, buen rollito, ja, ja.

Si queréis ver más consejos, aquí os dejo el enlace al post con algunos consejos prácticos para viajar a Jordania: Datos prácticos.

Sólo me queda enviar un saludo abierto a los jordanos y palestinos de Amman, gente que acoge al viajero con gran amabilidad. Gente que te hace sentir en tu casa aunque sea tan diferente. Prometo volver y descubrir más de sus encantos, algún día 🙂

sastre de Amman


 

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