Dicen que Teguise es uno de los pueblos más bonitos de España, y yo no puedo ponerlo en duda. Desde luego es un imprescindible de cualquier viaje a Lanzarote que se complementa perfectamente con los volcanes, playas y demás atracciones de esta increíble isla. Si te preguntas Teguise qué ver, aquí te contaré por qué me encantó pasear por sus calles de principio a fin, descubriendo la historia de la que fue capital de Lanzarote.
Teguise qué ver: Recorrido por el corazón histórico
Antes de nada, recordar que estoy hablando de la Villa de Teguise, el casco histórico y colonial, no del complejo turístico de Costa Teguise.
Pasear por las tranquilas calles de Teguise es todo un placer. Es cierto que fui el día de mercadillo (domingo), pero estábamos en el verano de 2020 y con la pandemia sólo había algunas tiendas abiertas (por primera vez en meses). Aun así había mucho público a media mañana, y seguro que ahora el día de mercadillo el centro está lleno de puestos y gente, así que tenlo en cuenta si quieres evitarlo, o incluirlo en la experiencia.
Si no vas en día de mercadillo, puede que te encuentres con un pueblo casi silencioso, con calles semivacías para contemplar a placer. El pueblo con nombre de princesa guanche. Sólo por esto creo que es muy buena idea, si aprecias la tranquilidad, quedarte a dormir en Teguise.
Y también puede estar bien apuntarte a un freetour en Teguise.


Plaza de la Constitución e Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe
La Plaza de la Constitución es un buen punto de partida para recorrer Teguise. Está presidida por la iglesia o parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. La visión es perfecta, preciosa, con su campanario de lava veteado con cal y las palmeras que parecen custodiarla.


Esta es la “iglesia matriz” de toda la isla de Lanzarote.
Fue fundada en la primera mitad del siglo XV, pero saqueada, incendiada y destruida en no pocas ocasiones. La última de todas ellas fue en 1909 cuando un gran incendio la destruyó. Fue reconstruida con limosnas del pueblo. Sería que la Iglesia (institución) no tenía dinero para ello…

No conseguí encontrarla abierta fuera del horario de misa, así que me quedé sin ver su interior, pero la verdad es que este tipo de iglesias me resultan mucho más interesantes en el exterior.
Por cierto, he leído que la imagen de la virgen fue robada y llevada a Argel hace varios siglos, y que la actual es una copia.

El Callejón de la Sangre y el Museo del Timple
Entre la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y el Palacio del Marqués Herrera discurre una calle con ligera pendiente. Es el Callejón de la Sangre, recuerdo vivo de la matanza del pirata berberisco Calafat en 1569.
La leyenda dice que la noche del 7 de septiembre de ese año un monje franciscano tocó las campanas a rebato para alertar de la presencia de piratas. En ello estaba cuando una flecha le mató. Los cristianos vencieron y fue en ese callejón donde el Marqués Herrera y sus hombres mataron a 170 piratas, cuya sangre corría por los adoquines.

Enfrente de la iglesia está el Palacio de Spínola, construido entre 1730 y 1780, que hoy alberga el Museo del Timple.
El timple es un instrumento de cuerda canario, una especie de guitarra de cinco cuerdas de unos 60 centímetros de longitud, descendiente directo de las guitarras barrocas.
Lo vi abierto por la mañana, pero como yo iba más pendiente de estar al aire libre y las calles de Teguise me llamaban sin cesar, decidí dejarlo para más tarde. Pero más tarde estaba cerrado, así que si tienes mucho interés, ya sabes, consulta los horarios en la web de Turismo de Lanzarote.

Las Puertas Verdes: Arquitectura Colonial y Detalles
Como te decía, yo prioricé pasear por las calles de Teguise. Atenta a todos los detalles, encuadres, esquinas, y las puertas y ventanas de color verde que contrastan con los muros blanqueados.
Teguise tiene una colección, un festival diría yo, de puertas y ventanas de madera pintadas de verde o marrón, encajadas en muros blancos (casi todos), que son pura poesía.
Tiene la armonía del blanco con retazos volcánicos. Orgullosos palacetes con portales y balcones coloniales. Palmeras que te recuerdan su condición de oasis. El sabor a otros viajes por las similitudes con rincones de Latinoamérica como la ya citada Arequipa (Perú), Quito (Ecuador) o Antigua (Guatemala).



Me llamó la atención que muchas puertas constan de un par de escalones o tres sobre el nivel de la calle. Supongo que aquí cuando llueve, llueve de verdad, o acaso así se protegen de la entrada de polvo, no sé muy bien.



Observé también las aperturas de algunos cuarterones en las grandes puertas, cuando no son celosías. Imagino que es un sistema de ventilación natural para mantener frescos los interiores.
Todo es un imaginar, porque no encontré mucha información al respecto.
Da igual, Teguise es de esos lugares en los que va bien llevar la cabeza despejada para disfrutar de su sencillez y en cierto modo pureza.


Sencillez y pureza como la de los muros de lava que guardan pequeños huertos, árboles con ramas lánguidas dando sombra a una plazuela, cactus gigantes, volcanes que asoman al final de una calle, nombres de calles que invitan a leerlos. Timanfaya, Flores, El Miedo, Pelota, Carnicería.



Castillo de Santa Bárbara
Otro sitio a visitar en Teguise es el Castillo de Santa Bárbara, en la montaña (volcán) de Guanapay, declarado Bien de Interés Cultural. Desde allí arriba tienes unas vistas de 360º de la isla, y por eso mismo era el lugar desde donde se podía avistar la llegada de piratas, además de servir de refugio a la población.
El castillo albergó el Museo de la Piratería durante unos años, pero por lo visto ya lo han desmantelado.
Hoy en día se puede visitar y la entrada es gratuita, aunque muchos usuarios se quejan de que no hay ninguna exposición y el cuidado del edificio deja que desear. Aun así, creo que puede merecer la pena subir para admirar las vistas y dar un buen paseo.
En principio cierra los viernes y sábados, y abre de domingo a jueves sólo por las mañanas. Lo mejor es que intentes actualizar esta información justo antes de ir, si quieres entrar.
La historia de Teguise, la primera capital de Lanzarote
Teguise era un poblado guanche al que llegó en 1418 Maciot de Béthencourt, sobrino de Jean de Béthencourt. Por aquél entonces se llamaba “la Gran Aldea de Acatife” y era uno de los principales núcleos de población maja.
Maciot se casó con la princesa Teguise, la hija del último rey aborigen, y fue por aquél entonces cuando la población empezó a prosperar, según la historia oficial.
En aquellos años se fundaron varios conventos a los que, supongo, irían a parar las hijas de los que no podían mantenerlas y/o las hijas de los ricos que querían guardarlas célibes hasta el matrimonio. Una historia que me recuerda a la del Convento de Santa Catalina en Arequipa.

La prosperidad de la ciudad era un atractivo irresistible para los malos del momento, los piratas argelinos. Aunque la villa de Teguise está en un lugar centrado de la isla, ni demasiado cerca ni demasiado lejos de la costa (a unos 12 kilómetros de Arrecife), y la montaña de Guanapay es una buena atalaya con su visión de 360 grados de Lanzarote, Teguise fue atacada varias veces, siendo la peor la de 1618.
En ese año desembarcaron en la isla unos 4.000 piratas que venían en 33 naves. La población de Lanzarote era entonces de unos 2.000 habitantes ¡Imagínate qué miedo!
Cuentan los cronistas que todos los que pudieron escapar eligieron entre ir en barca a Fuerteventura, o esconderse en la Cueva de los Verdes, donde llegaron a concentrarse unas mil personas. La mitad de la población.
Una historia que no se olvida y que se puede recordar cada vez que pasas por el Callejón de la Sangre, o por la Calle de El Miedo.
En cualquier caso Teguise no se hundió con tanto ataque y adversidad. Renació de sus cenizas las veces que hizo falta y fue capital de Lanzarote hasta 1852, cuando se decidió trasladar la misma a Arrecife.

La Villa de Teguise es un rincón con alma propia, una parada esencial que te obliga a bajar el ritmo y a perderte en sus calles sin prisa (sí, incluso si tardan en traerte el plato que has pedido). Si te preguntas Teguise qué ver en tu viaje a Lanzarote, la respuesta está en esa armonía del blanco y el verde, en la historia de los piratas y en el orgullo de haber sido la primera capital. No te la saltes. Escoge un día tranquilo, un zapato cómodo y déjate llevar por el encanto de la princesa guanche.
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Pues yo acabo de comer en el SanMiguel, un grupo de 14 personas (7 niños) y nos sirvieron muy rápido y todo muy rico, abundante y bien cocinado.
Me alegro mucho, quizá en mi caso es porque era el verano de «pandemia» y estaban desentrenados…