depresión de murdi o mourdi en chad dunas

“La Depresión de Murdi es la casa del harmatán” nos decía Alonso, nuestro guía y artífice del viaje a Chad, cada vez que salía en la conversación esta etapa del camino que teníamos por delante. Con ello quería decir que poca broma. Es el desierto dentro del desierto, al menos dentro de los parámetros chadianos, y es allí donde el temido viento genera enormes tormentas de arena que pueden llegar incluso a España ¿Nos encontraríamos con una de esas tormentas?

Saliendo de Ennedi 

Nos levantamos a las cinco de la mañana, como siempre, y tras recoger el último campamento en Ennedi partimos hacia la ciudad de Fada para repostar y hacer unas últimas compras. Después nos esperan varios cientos de kilómetros de desierto absoluto. Donde faltan hasta los camellos o hay muy pocos.

Si hay pocos camellos, hay menos personas 

Primero subimos a la meseta o Plateau de Ennedi, transcurriendo por un nuevo paisaje de rocas fantásticas que pelean con la arena. 

Reímos cuando nos encontramos con una carretera de asfalto, cuyo primer tramo parece recién hecho. Era casi una ilusión óptica. Hamit nos contó que la construyeron para comunicar mejor a Fada con la ruta de los camiones de Libia, tratando de aportar más prosperidad a esa ciudad casi olvidada. No se hizo tanto por generosidad, como porque Fada era el lugar de nacimiento de muchos generales y miembros del gobierno. Esto fue cuando Gadafi aún vivía y jugaba con sus apoyos hacia uno u otro gobierno. 

Pero esta carretera es un fracaso. Los baches enormes aparecen enseguida y poco a poco se va desintegrando hasta volverse pista de tierra. Los camioneros pasan de venir por esta ruta, más dura y poco transitada que la habitual. Fada sigue dormitando, aunque tenga un gran destacamento militar. 

señal de tráfico de curva cerrada hecha de cemento y pintada a mano en chad
Avanzando hacia la depresión de Murdi

Gadafi quiso anexionarse Chad pero Francia no lo permitió. Francia y, sobre todo, el ejército chadiano. El caso es que hubo una época en que Libia y Chad funcionaban casi como uno solo. Incluso los niños estudiaban el (por lo visto) infumable Libro Verde de Gadafi, como fue el caso de Hamit. Hablamos de hace unos 30 años. 

La meseta de Ennedi, una vez llegas a la parte superior, es un erial rocoso con poca gracia, las cosas como son. Casi han desaparecido los camellos, burros, cabras y pastores. Pero después va tornándose más interesante, con campos llenos de piedra negra basáltica muy pulida por el viento, y arena roja por el óxido del mineral de hierro que hay en las rocas. 

Cuando bajamos a la Depresión de Murdi o Mourdi, cuyo nombre ya indica que vamos a una región mucho más baja que las tierras que la circundan (550 metros de altitud), pasamos por un paisaje de grandes dunas rojas y farallones de roca negra. Es lo que Hamit y Alonso llaman “el Pequeño Ennedi”. Otro sitio próximo a mis recuerdos del Tadrart de Argelia.

dos camellos en el desierto de arena en la depresión de murdi
Los últimos camellos

Adentrándonos en la Depresión de Murdi o Mourdi

Hace muy buen tiempo. Casi no nos lo creemos. Ni rastro de harmatán, aunque Hamit dice que lo va a haber, que está viniendo. Sinceramente, no le creemos. En cualquier caso poco se puede hacer salvo… darnos prisa.

Este es un día de poca tregua para las paradas y las fotos. Hacemos algunas, pero debemos avanzar porque uno no se puede entretener en el desierto de los desiertos. Puede surgir cualquier imprevisto, el avance por las dunas va a ser más lento y trabajoso, y vamos a intentar pasar la noche en un lugar que Alonso echó el ojo en el viaje anterior. 

No obstante, de vez en cuando hay que parar, claro está. La primera de esas paradas es frente a un cementerio preislámico. No nos acercamos mucho porque quedan fuera de la ruta, pero ahí delante tenemos una serie de tumbas que son grandes túmulos con forma semi-piramidal. Mi imaginación se dispara y pienso que quizá sean de la época del Antiguo Egipto. Sudán no queda lejos. Me encantaría ir a explorarlas. 

planicie de rocas negras y al fondo montículos que son antiguas tumbas
Meseta o Planteau de Ennedi. Los promontorios del fondo son antiguas tumbas

A continuación paramos en el Ouadi Elisée, lo que se supone es un valle por donde transcurre el agua en algún momento del año, si es que eso ocurre alguna vez. Está todo muy seco, pero encontramos una gran acacia bajo la que tomar el almuerzo. 

Las dunas de Murdi

Y por fin llegamos a las dunas de la Depresión de Murdi. La arena con sus evoluciones se extiende hasta donde alcanza la vista. Al principio forman un todo, pero después las dunas van adoptando forma de media estrella y de luna creciente o menguante que se van espaciando entre sí.

Las dunas con forma de arco abierto se llaman seif que significa “espada” en árabe.  

dunas de color amarillo con forma de luna creciente
Dunas de la depresión de Murdi

Tanto Hamit como Issaka tienen que emplearse a fondo conduciendo por aquí. Conducir por las dunas puede sonar divertido, pero es realmente difícil. Mucho más si de ello depende que logres hacer la ruta que tienes que hacer. No se trata de dar una vuelta y echarse unas risas, no. Se trata de cruzar cientos de kilómetros y no perderte ni quedarte atascado, porque eso es muy peligroso. El tráfico en los grandes ergs es realmente escaso y pueden pasar días sin ver otro vehículo

De hecho esto le pasó a otro grupo de Kumakonda, la agencia con la que yo he viajado a Chad y que te recomiendo 100%. Alonso nos contó que en el viaje anterior se encontraron con unas mujeres chadianas, una de ellas embarazada, paradas junto a un coche averiado. Les preguntaron, y resulta que estaban allí tiradas desde hacía cinco días, sobreviviendo con lo que llevaban y el agua que les habían dado los pasajeros de algún que otro coche. Se ofrecieron a llevarlas y ellas aceptaron. 

Como decía, la conducción en la arena es terrible. Observo cómo Hamit acomete una duna alta, mirando como un loco hacia ambos lados y hacia delante. Concentrado. Alerta. Un ligero cambio de rumbo puede hacer que te hundas hasta los ejes. La arena de las dunas es engañosamente igual en todas sus partes, pero no es así. Hay zonas más blandas y otras más duras por las que puedes circular mejor. 

extensión de dunas y montañas en el horizonte en el final de la depresión de murdi
Panorama desde lo alto de una duna en la Depresión de Murdi

Además está la llegada a la cresta de la duna. ¿Qué hay al otro lado? ¿una caída vertical o una loma suave? Hasta que no te acercas no lo puedes comprobar, o te tienes que bajar antes del coche e ir andando. Si no lo haces y llegas a toda velocidad a la cresta, puedes encontrarte cayendo al vacío y tener un accidente del que quién sabe cómo saldrás. 

Toda mi admiración para esos hombres del desierto que saben leer las condiciones de la arena y las rodadas de coches que casi no se aprecian.  

No todos logran estas hazañas. Nos encontramos con un camión Mercedes varado en la arena. Transportaba natrón, sal mezclada con arena que se extrae de un gran cráter que hay en el Tibesti. Aún tiene buena parte de su carga en la caja trasera. Otra prueba de que no pasa mucha gente por aquí es eso, que la carga siga ahí.

La chapa de la cabina y la goma de las ruedas parecen recién lavadas y pulidas en algún taller. Es el viento y la arena, que dejan todo como nuevo. 

camión Mercedes abandonado en las dunas de la depresión de murdi
Camión de natrón abandonado en las arenas de Murdi

El natrón se utiliza para completar la dieta de los camellos por su aporte de sales minerales y es una de las principales mercancías de esta ruta. 

A todo esto, el sol ya empieza a bajar. El color de la arena es cada vez más rojizo y poco a poco vamos entendiendo que no va a dar tiempo a llegar al sitio de acampada prometido. Aún estamos a 100 kilómetros, quizá más. Hay que salir de las dunas y superar una cadena montañosa que se ve en el horizonte. Demasiada distancia para tan pocas horas de luz. 

gran duna doble de arena dorada en la depresión de murdi
Duna de la Depresión de Murdi

No importa en absoluto. Toca buscar un rincón entre las dunas que nos guste y que, sobre todo, nos proteja en caso de que se levante el harmatán. En el desierto todo puede cambiar en unas horas. Y de hecho así ocurrió. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos… 

nuestro campamento entre las dunas de murdi
Nuestro campamento entre las dunas de Murdi

Elegida una duna, levantadas las tiendas, toca disfrutar de este espacio tan singular. Subir y bajar por las dunas, “explorar” sin perder de vista el campamento para no perderse. Sin viento, con una buena temperatura, fueron unas horas de pura gozada. El sol dio paso a la luna y esa noche dormí fenomenal en el silencio del desierto. 

dunas al atardecer y mesetas de roca en el horizonte en la depresión de murdi
Atardecer en las dunas de Murdi
arena de desierto dibujando rayas curvadas
Arena al atardecer
gran meseta de roca y dunas de arena delante al atardecer
Qué bonito es el desierto con buen tiempo…

Mañana de harmatán en la Depresión de Murdi

El despertar fue otra cosa. El viento ya se hacía notar y el cielo estaba blanco. La arena se levantaba en remolinos a nuestro alrededor. Aunque nos dio tiempo a desayunar y recoger el campamento, la cosa se empezó a poner fea enseguida. 

Menos mal que habíamos pasado la noche casi a la salida del gran erg de dunas, que si no… 

planicie de arena con mucho viento levantándola
Mañana de harmatán en la Depresión de Murdi

Con el harmatán la visibilidad se reduce muchísimo ya que es como una niebla, pero eso no es lo peor. Lo peor es que se borran las huellas de las rodadas de los vehículos que han pasado antes que tú, y las dunas se mueven de sitio tapando las pistas. Las posibilidades de perderte son muchas si te pilla en un páramo sin referencias claras. 

Logramos subir a un “mirador” frente a las montañas que teníamos en el horizonte detrás de “nuestra duna”, pero el fuerte viento y el polvo en suspensión no permitían ver mucho. Una lástima, porque el paisaje se adivinaba muy impresionante. 

dunas y montañas de roca en la depresión de murdi en chad
Paisaje con harmatán
pirámides naturales en el desierto con mucha calima en la atmósfera
Vistas desde el mirador antes de salir de la Depresión de Murdi

Un rato después llegamos a los Lagos de Ounianga, pero este lugar lo contaré en otro artículo. Sí te diré que tras pasar el día y la noche en Ounianga, teníamos que volver a enfrentarnos a la Depresión de Murdi para volver hacia Ennedi y de ahí emprender la última parte del viaje, así que ¡ale hop! damos un saltito en el tiempo y sigo hablando de Murdi 🤗

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De Ounianga a Bir Kora 

Salimos de Ounianga con el harmatán sobre nuestras cabezas. Estas tormentas duran un mínimo de tres días.

Esta vez vamos a cruzar la Depresión de Murdi por otro sitio. Nos espera Bir Kora, el lugar de una batalla mítica de la guerra con Libia en la década de 1980. 

Avanzamos por las dunas lentamente. Por el camino empezamos a encontrarnos con grupos de obuses o misiles. No sé exactamente qué son. Yo en esto de las armas soy una gran ignorante y prefiero seguir siéndolo porque no me interesan nada.

Están agrupados junto a la pista y rodeados con piedras para evitar que los coches y las personas los pisen. De ser así, igual no sales vivo, sobre todo con el coche. 

restos de munición de cañones tirados en la arena en bir koran
Restos de la batalla de Bir Kora

Paramos a comer junto a una gran duna en un sitio que estimamos mínimamente resguardado, pero lo hacemos dentro del coche para no masticar demasiada arena. Por allí encontramos bastante basurilla tirada que decidimos recoger. Botes y botellas de plástico sobre todo. Y también piedras de muchos colores e incluso lo que creo podría ser un hacha neolítica, que dejé allí después de examinarla.  

Más adelante empiezan a dibujarse unas montañas enormes entre la bruma formada por la arena y el polvo en suspensión. El viento ya sopla a bastantes kilómetros por hora y levanta una capa de arena que circula rasa sobre el suelo. Es un espectáculo fantástico, pero mejor sin bajarte del coche. 

montañas de roca desdibujadas por la calima o harmatán
Llegando al sitio de Bir Kora

Empezamos a divisar en el suelo placas de roca blanquecina que parecen formar lechos de lagos secos. Un poco más allá se ven algunos grupos de palmeras e incluso algunas personas. Estamos llegando a Bir Kora, un nombre que no encuentro en los mapas, pero que todo aquél que pasa por allí lo conoce como tal. 

planicie con algunas palmeras y montañas al fondo en bir koran
En las cercanías del oasis de Bir Kora

Justo entonces el coche de Issaka se queda clavado en una duna, pero los que vamos en el primer coche con Hamit no nos damos cuenta. Cuando vemos que no nos sigue, Hamit decide volver a por él. Nosotros decidimos quedarnos en ese paisaje marciano a esperar.

Ver alejarse el coche hasta perderse de vista entre el viento y el polvo resulta un poco extraño. Confío plenamente en ellos, pero no puedo evitar pensar ¿y si tardan mucho en volver? 😅

rocas de color blanco emergiendo de la arena en la depresión de murdi
Rocas blanquecinas en el sitio donde nos quedamos a esperar el «rescate» del segundo coche

A todo esto, cuesta mantenerse en pie sin que te tire el viento. Hacer fotos es casi una proeza pero…  ¡qué lugar! 

nuestros 4x4 avanando por terreno de piedras en la depresión de murdi
Los coches volviendo sanos y salvos

Ya está bajando el sol y aún nos queda un buen trayecto cuando empezamos a divisar restos de tanques y otros vehículos de la guerra Libia-Chad. Están allí abandonados desde hace algo más de 30 años. Paramos en lo alto de una duna y desde allí contamos hasta diez tanques que quedaron tal cual terminaron la lucha. Batidos por la arena, se les ve tan pulidos que parece que están recién estrenados. La visión estremece un poco. 

restos de tanque emergiendo de la arena
Uno de los primeros restos de la guerra que encontramos, prácticamente comido por la arena

No me gusta la guerra, ni su estética, ni restos como estos. Pero tengo que reconocer que es una imagen rara y fantástica. De película con el típico argumento de hecatombe mundial. 

Bir Kora es la evidencia de la muerte, de la tragedia. Y también la constancia de lo eterno” -Javier Nart-

Para entender bien qué ocurrió aquí, he decidido copiar estos párrafos de Javier Nart de su libro Viaje al Desierto: 

“El camino entre Ounianga y Fada es la ruta del desastre libio: la base militar de Ouadi Doum, el cementerio de tanques de Bir Kora. 

Ouadi Doum fue la base más importante del ejército de Gadaffi en el centro de Chad. Un inmenso conjunto de posiciones defensivas, campos minados, zonas cubiertas por campos de tiro preestablecidos, muros de arena levantados con bulldozer imposibles de atravesar. Y dos mil soldados armados hasta los dientes con centenares de tanques, helicópteros de ataque y aviones sofisticados sub y supersónicos… 

Frente a ellos las unidades chadianas únicamente contaban con Toyotas, Land Rovers, ametralladoras pesadas, algunos misiles Milán, lanzagranadas RPG y dos decenas de blindados sobre ruedas con cañón de 75 mm. […]

Ochocientos guerrilleros tomaron en horas la base libia que  ningún ejército del mundo hubiera osado asaltar. Como no pudieron limpiar los campos de minas, pasaron sobre ellos a toda velocidad a más de 100 kilómetros por hora. Las minas, no todas, estallaban detrás de los vehículos” 

Lo que después se bautizó como “la guerra de los toyotas” fue uno de los capítulos más vergonzosos para Gadaffi. Puedes leer aquí un buen resumen, aunque tiene unos años.

La idea original era acampar en Bir Kora y dedicar unas horas a explorar la zona y los tanques, pero montar las tiendas con ese viento, cocinar y demás, sencillamente no era viable. Total, que pusimos “pies en polvorosa” nunca mejor dicho, y continuamos. 

mis compañeros subiéndose a un tanque medio enterrado por la arena
Explorando un poquito los tanques de Bir Koran. En la foto puedes ver cómo la arena es levantada del suelo por el harmatán

Después de Bir Kora, siempre en dirección al macizo de Ennedi, atravesamos una gran estepa en la que no parecía crecer nada ni haber nadie. Un nuevo pinchazo nos hizo parar, pero en diez minutos ya estábamos otra vez rodando.

camión muy cargado con bidones y sacos en la depresión de murdi
Camión cargado hasta los topes avanzando en la tormenta de harmatán ¿llegará a su destino?

Llegamos con el sol tocando el horizonte a Gaora Halagana, un espectacular arco-cueva bajo el que dormiríamos rodeados de pinturas rupestres que te he enseñado aquí. Atrás quedó el sueño de la Depresión de Murdi 😊

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