Córdoba no es una ciudad que se vea, es una ciudad que se lee. Si buscas un itinerario de 3 o 4 días o los detalles de la Mezquita, ya sabes que tengo posts específicos para eso. Pero este rincón del blog es diferente. Aquí quiero que hablemos de la Córdoba donde una columna romana sostiene un arco de herradura y una muralla cristiana aprovecha el trazado califal ¿Damos una vuelta por el centro histórico de Córdoba? 😊
¿Sabías que los historiadores consideran a una ciudad como “histórica” si supera los 1.000 años de existencia?
Pues Córdoba es una Ciudad Histórica por derecho propio. Un peso pesado con sus 2.200 años de existencia como lugar habitado.

Consejos para recorrer el centro histórico de Córdoba
Antes de contarte todo lo que sé del centro de Córdoba, te voy a recomendar que te apuntes a uno o varios tours guiados. Esta es la forma que elegí para conocer la ciudad en el que era mi tercer viaje a Córdoba, y he vuelto realmente contenta.
Hay muchas posibilidades de visitar Córdoba con guía, pero yo te recomiendo las siguientes:
Si buscas alojamiento en el centro de Córdoba, te recomiendo el Hotel Posada de Vallina. Está pegadito a la Mezquita, es muy agradable y está lleno de historia.

Las huellas menos transitadas
La capa romana: el Puente y las murallas olvidadas
El Puente Romano es un buen punto de partida para empezar a conocer el centro de Córdoba. Aunque ya tiene muy poco de romano, es una de las primeras cosas que nos dijo nuestro guía.
Esto es así porque sólo queda un arco romano original (el que no es apuntado, búscalo cuando vayas), pero nos sirve de excusa para aprender y entender cómo empezó la existencia de Córdoba.

Los romanos se establecieron en Córdoba entre los años 169 y 152 a.C. comandados por el General Claudio Marcelo. Se llamaba Corduba y eligieron este enclave entre el río Betis y la Sierra Morena por ser un lugar bien defendido de manera natural.
La Sierra Morena fue, y siguió siendo durante siglos, una buena fuente de materias primas como el hierro y otros minerales. Además tenían la piedra, imprescindible para edificar. Una piedra que es arenisca y por tanto poco duradera o más frágil que otras, pero piedra al fin y al cabo.

El río Betis (hoy Guadalquivir), por otro lado, era navegable para embarcaciones de tamaño medio, que no grandes, pero suficientes para transportar mercancías desde y a Sevilla.
Y aún hay más, porque resulta que en los suelos de Córdoba hay una capa freática que aseguraba el agua potable extraída por medio de pozos. Un lugar ideal, vaya.

En la Plaza de las Tendillas (“tiendecillas” según la denominación de los musulmanes pues aquí instalaron el zoco), se ubicaba el centro de la ciudad romana. De ahí partía la Vía Augusta, hoy Avenida Gondomar, el Foro, y más allá el templo romano, el teatro y el circo. El subsuelo de Córdoba está lleno de vestigios romanos que, cada vez que hay una obra, emergen a nuestros ojos.
Antes de despedirnos del Puente Romano echamos una mirada a la Torre de la Calahorra, que significa “torre solitaria” porque en su día estaba fuera de la muralla.
La torre original era mucho más pequeña, construida en la época de Almanzor, y era la aduana por la que tenían que pasar los que venían de fuera. Pagando, que para eso era aduana.
La versión que vemos hoy es la de una torre claramente defensiva, con su foso y todo, que fue erigida tras la Batalla de la Verdad en época de Pedro el Cruel.
Sí, ya nos hemos alejado bastante de los orígenes de Córdoba, pero es que cada rincón tiene no sé cuántas capas de historia y hay que elegir entre seguir un itinerario geográfico o temporal.


La época musulmana: el esplendor de Córdoba
Si hacemos una breve cronología histórica de Córdoba, tenemos que:
En la era musulmana, el siglo X fue el “siglo de oro” de Córdoba gracias a los musulmanes ¿El responsable? Abderramán III, quien se autoproclamó Califa (descendiente directo de Mahoma) para así demostrar su poder ante las huestes cristianas y los califas del norte de África.
Vaya por delante que los musulmanes no eran seres venidos de otra galaxia. Ni siquiera de otras esquinas del mundo. Eran los habitantes de Al Ándalus, y nosotros somos sus descendientes. Pese a quien pese. Y gracias a ellos en la Península Ibérica se vivió una era de saber intelectual que hacía sombra a la gran Constantinopla (Estambul).

Porque Córdoba fue un gran centro cultural e intelectual en torno al siglo X, y te lo voy a demostrar con algunas pinceladas:

¿Por qué este renacimiento?
Pues porque los Omeyas, la dinastía a la que pertenecía Abderramán III, eran más políticos e intelectuales que religiosos. Y sí, apuesto lo que quieras a que esta es la razón de que se pudiera cultivar el pensamiento y la cultura como se hizo. Con libertad.
¿Cómo desapareció todo ese saber?
Por culpa de un movimiento político que salió caro, muy caro. Nada nuevo bajo el sol.
Todo empezó cuando los cristianos conquistaron Toledo. Entonces, los musulmanes españoles decidieron reforzar sus tropas con soldados del norte de África. Así, invitaron a los Almorávides, que eran soldados-monjes bereberes del norte de África. Estos tuvieron éxito y se quedaron con el poder.
Corrieron los años, los cristianos seguían presionando, y los almorávides se fueron debilitando.
Entonces vinieron los Almohades, que eran otro grupo también venido del Magreb, mucho más radicales en lo que se refiere al Islam. Estos son los responsables de tirar abajo Medina Azahara. Piensa en el ISIS y lo entenderás, porque la cosa iba por ahí.
Persiguieron, encarcelaron y/o ejecutaron a todo aquél considerado “hereje” por pensar de manera diferente. Por no plegarse a su visión de las cosas.
Así era todo en aquélla época. Los cristianos también llegaban a una ciudad como Toledo y expulsaban, cuando no mataban, a todos los que no creían en su Dios.
Un cuento que se está repitiendo. Cuando leas en los medios de comunicación que los extremistas radicales viven en el siglo doce, aunque se mueven con las ayudas de hoy, ya sabes de dónde viene tal afirmación.

Puerta del Puente
Vamos a dar un gran salto en el tiempo, pero es que esta puerta preside el paso al puente con el que iniciaba este paseo.
La Puerta del Puente, nombre imaginativo donde los haya (modo ironía «on»), se construyó en el siglo XVI sobre los restos de la puerta musulmana que siguió a la romana. La ubicación era obvia así que ¿para qué cambiarla?
De estilo neoclásico, la puerta que hoy contemplamos se hizo para recibir al Rey Felipe II. Después fue renovada por orden de Alfonso XIII en 1912.
Fue entonces cuando se tiraron las murallas que defendían la ciudad, consideradas ya inútiles.
Tiene un mirador y puedes subir a él por muy poco dinero. El ticket se compra en la oficina de información de turismo de Córdoba que está al lado, en un modernísimo edificio.
Monumento Triunfo de San Rafael
Junto a la Puerta del Puente hay un monumento que verás sí o sí. Está junto a la Puerta del Puente y al lado de la Mezquita, ya te digo que no te lo vas a pasar por alto aunque quieras, je, je.
Llama mucho la atención por su estilo barroco, por su altura y porque está en un pequeño mirador al que te recomiendo que te asomes.
Y está dedicado a San Rafael, que aunque no es el santo principal de Córdoba, resulta que es el más venerado.
Las crónicas afirman que San Rafael se apareció en sueños al padre Andrés de las Roelas, quien estaba gravemente enfermo durante una epidemia de peste que asolaba la ciudad en el siglo XVI. El santo le dijo que él salvaría a Córdoba, y en efecto pocos días después la gente dejó de morirse por la peste.

San Rafael es el custodio de la ciudad, que no el santo.
De hecho, los santos de Córdoba son San Acisclo (¡vaya nombrecito!) y Santa Victoria. ¿Qué hizo Acisclo por Córdoba? Pregunta a la Iglesia, yo ya no me enrollo más con esto 😅

El Molino o Noria de la Albolafia
Desde el puente, echamos a andar por la ribera del Guadalquivir hasta la cercana Noria de la Albolafia.
En las riberas del Guadalquivir se han contabilizado 13 molinos de época islámica, y éste es el ejemplo que está más cerca del centro de Córdoba.
Cuando yo la visité por última vez, estaba un tanto abandonada pero, después de muchos retrasos, parece que han avanzado los trabajos de limpieza y restauración.
Estos molinos producían harina, el ingrediente necesario para el pan, y en efecto este era uno de los principales productos a exportar a Sevilla.
En este caso el molino está enfrente de lo que eran las dependencias del Alcázar de Abderramán III (su residencia), y antes se creía que se utilizaría para proveer de agua al palacio, pero después de limpiar y la zona y estudiarla, parece que podía pertenecer a otro palacio.

En las riberas del Guadalquivir campan hoy los árboles, maleza, lodo y basura (qué guarros somos). Ha habido algunas tareas de limpieza, y posiblemente continúen mucho más tiempo.
También campan a sus anchas muchas especies de aves, y de hecho pude distinguir a una garza preciosa posada en las piedras junto al puente. Seguro que si paseas por el camino que parte de la Torre de la Calahorra puedes avistar muchas más 😊.
El Barrio de San Basilio o Barrio del Alcázar Viejo
Dicen los vecinos que su barrio es el del Alcázar Viejo, y que por mucho que se empeñen, su nombre no es Barrio de San Basilio. Pero es cierto que en muchas indicaciones y folletos lleva el nombre del santo, así que aquí lo anoto para que no te líes.
En este barrio es donde se ubican algunos de los Patios de Córdoba que tanta fama han aportado a la ciudad con el concurso del mes de mayo, por eso es parada obligada en el centro de Córdoba.
Pero aunque no lo fuera, un paseo lleno de tranquilidad y quietud (excepto en mayo) no viene mal a nadie, y eso es lo que te encuentras en las tres calles que lo conforman.

Cruzando el arco de la antigua muralla que hay junto a la puerta de las Caballerizas Reales, hoy enfoscado y pintado de ocre, entras en el barrio.
Lo primero que ves es una plaza presidida por la escultura de Luis Navas, poeta cordobés, vistiendo la capa típica de los señores cordobeses.
A partir de ahí ya puedes abandonar los pasos y la mirada en las fachadas bien pintadas 😊


Las murallas de Córdoba
Desde el monumento a los Patios sube un caminito que te lleva junto a las murallas. Síguelo hasta encontrarte con la estatua de Averroes en la calle Cairuán, homónima de la ciudad tunecina famosa por su universidad islámica. De hecho estas ciudades están hermanadas.
Este es un paseo precioso para hacerlo por la noche.

Averroes fue un filósofo, médico y teólogo muy importante. Entre otras aportaciones, puso las bases del método científico que más tarde caracterizaría al pensamiento occidental. Sin embargo, fue una de las personas que tuvo que salir huyendo cuando llegaron los intolerantes a la ciudad. Lo mismo que le pasó al que dicen fue su alumno, Maimónides. Murió exiliado en Marrakech.
En el año 2026 se cumplen 900 años de su nacimiento y Córdoba lo celebra con exposiciones, un congreso internacional y un documental. Puedes leer más de estas y otras actividades en este artículo de El Día de Córdoba.

Una de las recetas más famosas de Averroes es tan moderna que da escalofríos sólo de pensarlo: beber 1 litro y medio de agua, y andar una hora cada día ¿Te suena?
La Edad Media en Córdoba, con los Omeyas, fue increíble, pero lo mejor fue que el saber científico se trasladó al día a día de sus habitantes. Las calles tenían canalizaciones para el agua corriente y las aguas fecales, la Medicina se desarrolló por especialidades como la Oftalmología, etc.

Todo se destruyó y aniquiló, como ya he contado, y cuando llegaron los cristianos no mejoró. Un ejemplo: en la era cristiana se sufrían epidemias de peste cada 20 años. Ahí lo dejo.
El paseo por el exterior de las murallas termina en la Puerta de Almodóvar, que da paso a las calles de la Judería. Ahí hay otra estatua, la de Séneca, quizá el cordobés más famoso.

La Judería de Córdoba
Se sabe que los judíos llegaron con los romanos, y que el primer conflicto con ellos fue en la época de los bizantinos, que también tenían su buena dosis de ortodoxia.
El caso es que cuando llegaron los musulmanes, los judíos pudieron respirar mejor, porque los Omeyas respetaban a “las gentes del Libro”. No es que vivieran en igualdad de condiciones, pero al menos no les perseguían.
A partir del año 711 las tres religiones empezaron a convivir pacíficamente.


Los judíos no hablaban hebreo, pero sí latín y otros idiomas, así que se hicieron reputados traductores. Un oficio más que conveniente en la Córdoba visitada una y otra vez por gentes de todo el mundo.

La Calle de los Judíos (nombre también muuuyyy original 😅) es la calle principal de la Judería. Una vez empieces a andar llegarás enseguida a la estatua del rabino, médico y filósofo Maimónides.

Maimónides nació en Córdoba, pero tuvo que huir a la edad de 13 años, cuando los judíos fueron expulsados. Tras unos cuantos viajes se afincó en El Cairo, ya con 30 años, y allí siguió viviendo hasta su muerte.
Advertencia: este lugar es pequeño y se llena enseguida. Como es paso obligado de tours y grupos de turistas, tendrás que ser paciente, pero estar a solas aunque sea un minutito con este sabio, merece la pena.
Por cierto, aquí hay un rito popular. La gente toca las babuchas de la estatua porque dicen que eso te hace más sabio. Seguro que el bueno de Maimónides te diría que no hagas tonterías.
Para alcanzar la sabiduría, desde su punto de vista (y no seré yo quien contradiga esto), lo mejor es leer mucho y abrir la mente a lo diferente.

Sinagoga de Córdoba
La sinagoga de Córdoba es una de las tres sinagogas medievales que se conservan en España. El resto fueron destruidas, a pesar de que este pueblo permaneció 1.500 años en la Península.
Cuando expulsaron a los judíos de Córdoba, la sinagoga fue revestida de yeso para tapar su decoración original.
En 1884 empezaron a destaparla y sacaron a la luz la decoración de yeserías mudéjares. Por los restos que se conservan, se sabe que las yeserías estaban policromadas, y la parte baja de la pared estaba cubierta de azulejos de colores.
Es una visita breve pero tan recomendable como todo lo demás.


Muy cerquita hay una comunidad de vecinos con patio que hoy es un mercado de artesanía, el Zoco Municipal.
No sólo podrás comprar bonitos recuerdos (y muy bien hechos), sino que además podrás observar trabajar a los artesanos en sus talleres. Por un momento me transporté a los zocos de Sidón o Trípoli, en Líbano 😊.

La iglesia de San Juan
Un poco más adelante llegas a la plaza de San Juan de Córdoba. Ahí se alza el único alminar o minarete original, reconvertido en campanario.
Con la llegada de los cristianos comandados por Fernando III, Córdoba se quedó con sólo 6.000 habitantes. Los cristianos no querían vivir en los barrios judíos y musulmán, que se quedaron vacíos, así que el rey mandó construir iglesias. De esta forma se crearían parroquias o comunidades alrededor de las mismas, y se repoblarían dichos barrios.
Se llegaron a construir 14 iglesias, ocho de ellas sobre mezquitas, pero sólo en este caso se respetó el alminar original para construir la torre campanario.

La Calleja de las Flores
Se sigue diciendo Judería a estas calles, pero no es así estrictamente hablando. En cualquier caso, frente al altar de la Virgen de los Faroles, que está pegado a los muros de la Mezquita, arranca una calle estrecha.
Enseguida, a la derecha, llegarás a uno de los puntos más famosos para los turistas. Es la Calleja de las Flores, que no es sino un callejón lleno de macetas con flores que desemboca en un patio y otro callejón sin salida.

Desde allí, junto a su fuente, podrás hacer una de las fotos más icónicas del centro de Córdoba, ya que la Torre Campanario de la Mezquita se enmarca perfectamente entre los muros del callejón.

El barrio de la Axarquía
Salimos de los caminos más trillados de Córdoba, sin dejar su centro histórico, pero sí abandonando a la algarabía de turistas con sus tiendas de recuerdos y tabernas típicas.

Notarás enseguida que has salido de la zona más monumental. Las calles parecen menos cuidadas, lucen algún grafiti, y sin embargo tienen un sabor más genuino.
La gente en la puerta de las bodegas tomando cañas, tiendas más cotidianas…
Y aunque perderse siempre es lo mejor, te recomiendo que busques la Calleja del Pañuelo (oficialmente calle de Pedro Jiménez). Es otro callejón estrecho que termina en un minúsculo patio con una pequeña fuente de piedra. Todo pequeño, estrecho, y a la vez muy cuco. Es mucho menos frecuentada que la de las Flores así que a disfrutarla!!


En este punto, o en cualquier otro del centro de Córdoba, podrás admirar el “suelo chino”. Es un pavimento hecho con guijarros del río y una forma barata de hacer un empedrado de tipo mosaico. Además aporta frescor en verano.
No me hagas mucho caso pero creo que lo de «suelo chino» es un nombre guasón que resume el currazo que exige a la hora de hacerlo.



El barrio de la Axarquía fue una ampliación que se hizo en época musulmana y es donde se estableció el motor económico de la Córdoba medieval.
Los carniceros, pescaderos, herreros y comerciantes hicieron de este su reino. Los viajeros también se concentraban en esta zona de la ciudad, y de ahí que se abriera un buen número de tabernas y alojamientos de todo tipo y condición.

La Plaza del Potro
La Plaza del Potro era el antiguo mercado de abastos y concentra un par de sitios de mucho interés.
A un lado tienes la Posada del Potro. Era esta una “mancebía”, o dicho en cristiano: un prostíbulo. Cuando he dicho antes “alojamientos de todo tipo y condición” me refería a esto también.
Allí donde había dinero y movimiento de gente de distintos lugares, había pillaje y prostitución.
Hoy es un museo dedicado al cante flamenco y la entrada es gratuita.



Al otro lado está el Museo Provincial de Bellas Artes, antiguo hospital mencionado por Cervantes en El Quijote, y hoy museo del pintor Julio Romero de Torres.

La Plaza de la Corredera
Andando junto al Museo de Bellas Artes, internándote en las calles estrechas que zigzaguean, enseguida llegarás a la Plaza de la Corredera.
Esta plaza es la única de estilo castellano que vas a encontrar ¡en toda Andalucía! Al menos eso es lo que dicen. Desde luego pinta de castellana sí que tiene 😊

La Plaza de la Corredera fue Plaza de Toros, después se puso aquí el mercado de abastos, y en los años 60 se tiró abajo.
Al hacer obras para hacer un mercado subterráneo, se encontraron con tres casas romanas con los mejores mosaicos de la ciudad. Estos mosaicos los puedes ver en el Alcázar de los Reyes Cristianos.

Córdoba no se termina nunca porque siempre hay una capa más que descubrir. Espero que este recorrido te sirva para mirar la ciudad con otros ojos, buscando la cicatriz de la historia en cada esquina y no solo la foto perfecta.
¿Conoces algún otro rincón del centro histórico de Córdoba donde se sienta esa mezcla de civilizaciones (más allá de la Mezquita, claro)? ¡Me encantaría leer tus descubrimientos en los comentarios!
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