mercado de yarkand china

Yarkand, en Xingiang, región Uigur de China, es otro de esos enclaves semi-perdidos y un tanto eclipsado por la fama de Kashgar, que jalonan la Ruta de la Seda.

Esta es una ciudad-oasis, y nuestra idea era utilizarlo como puerta de entrada al desierto del Taklamakan para pasar una noche en sus dunas, sin mayores objetivos que éste ya que no teníamos muchos días para disfrutar de esta zona. 

Yarkand

Yarkand, oasis de la Ruta de la Seda, en día de mercado

El oasis se alimenta del río Yarkand, que viene de las montañas Pamir, y aquí se cultivan multitud de cosas: algodón, maíz, frutas como el albaricoque o las granadas, y nueces.

Yarkand

Resultó que era día de mercado y aun en contra de nuestro guía uigur, que consideraba que no era un lugar “seguro” para los guiris porque aquí el Islam es más ortodoxo y no están acostumbrados a las visitas de los extranjeros, decidimos (y lo hicimos) parar y dar una vuelta. Cómo no, fue genial y nos encontramos con que los lugareños nos miraban llenos de curiosidad y no hacían más que mostrar gestos amables y hospitalarios hacia nosotros.

Yarkand

Yarkand

Yarkand

Siendo un mercado quizá más humilde que el de Kashgar, no por ello deja de tener su interés. Más cuando uno lee que aquí llegaban las caravanas procedentes de Kabul, dispuestas a seguir hasta el reino de Cathay, reorganizándose en nuevas caravanas siempre y cuando consiguieran permiso para entrar en el lejano y poderoso reino. También era lugar de parada y fonda para las que venían del otro lado y querían descansar aquí antes de entrar en Kashgar, o antes de ir directamente hacia el Karakorum para cruzarlo y seguir ruta a Occidente.

Yarkand

Seguramente muchas cosas han cambiado desde aquellos tiempos, pero aún quedan costumbres y maneras de aquellos entonces. En la zona de las telas, donde las mujeres se afanan en elegir, regatear y por fin llevarse sus mercancías para elaborar esos coloridos vestidos y prendas del hogar que utilizan por allí… la zona de las especias, a veces cruzada por tractores del año de la Polca que escupían humazo y gasoil puro, y la zona de los animales, con esas ovejas “marco polo” (llamadas así por este gran viajero que las describió en su relato) o los equinos, que directamente se examinan, compran, venden y trasladan hasta el vehículo familiar con una gran sonrisa.

Yarkand

Yarkand

El parking de carros

A esas alturas hacía ya mucho calor y en un momento dado decidimos parar un poco a la sombra. Enseguida las personas que estaban allí sentadas, todas mayores, nos cedieron sus taburetes a pesar de nuestras protestas, con grandes sonrisas y delicadeza. Les hice unas fotos que luego les mostré y  con las que quedaron encantados. Nunca olvidaré la franqueza de sus miradas. 

Yarkand

Yarkand

Yarkand

El grandioso pasado de Yarkand

Yarkand tenía aún más cosas que mostrarnos. La Mezquita Altyn, en el centro de la ciudad, con su extenso cementerio lleno de tumbas de los Khanes de Yarkand, considerado lugar de interés arqueológico por la decoración de las mismas, por lo visto único en la región… y destacada en su interior la tumba de una mujer, la poetisa y músico Aman Isa Khan o Amanisahan (1526-60) esposa de uno de los khanes locales y venerada hoy en día.

Yarkand

yarkand

Yarkand

Yarkand

Esta mujer camina de frente a mi, aunque no lo parezca… otra versión de burka que es típica de esta zona y que suelen llevar sólo las mujeres mayores (ancianas o casi)

Yarkand

Pasar una noche en el desierto de Taklamakan

Al fin, con algo-bastante de retraso por estas paradas, nos encaminamos a las afueras del oasis para ir al desierto que arrancaba allí mismo.

Yarkand

Aun tuvimos un pequeño encuentro con una de las familias campesinas del lugar, gentes sencillas, curiosas y entrañables. Después, a bordo de unos carritos tirados por burros, llevamos nuestras cosas para la cena y algo de dormir hasta el comienzo de las dunas. Cenamos allí mismo y emprendimos la marcha cuando ya caía el sol, con un guía local. Estuvimos andando aproximadamente una hora y media por las dunas, a la luz de las linternas, por ése desierto sobre el cual circulan muchas leyendas.

Yarkand

Yarkand

Cuentan que la desaparición de caravanas e incluso de grandes ejércitos en el Taklamakan no era extraña en aquellos tiempos (ni lo sería ahora si alguien quisiera cruzarlo) porque los djin o genios se levantan por la noche y desorientan a los viajeros con sus ruidos extraños, los remolinos de arena que son capaces de levantar aun sin haber viento, y sobre todo su capacidad para volver locos a los hombres con sus aullidos y ululares.

Yarkand

Nuestro guía uigur, sin dejar de pegar buenos lingotazos a una botella de un licor de más de 60 grados típico de la zona, nos contó alguna que otra historia de este tipo al amor de la lumbre, antes de acostarnos. Dicen que es fácil encontrar ciudades enterradas (de hecho, las hay, pero se han investigado poco) y esqueletos de caravanas enteras, con sus animales y sus hombres… pero aquellos que se aventuran a buscarlas, corren un riesgo muy alto de no volver y acabar como ellas. Para dar ambiente, se conoce, ja, ja ;-).

Yarkand

Personalmente, este pedacito de Taklamakán que pisé no me pareció especialmente atractivo… la arena era más bien blanca, había muchos matorrales (para ser un desierto) y quizá el tiempo no acompañaba. Sé que hay otros rincones mucho más interesantes en este vasto arenal y seguramente más adelante, en el futuro, los acabe visitando ;-).

Yarkand

Yarkand

los viajes de ali iati Si quieres más información, pulsa aquí