Guía de Samarcanda: qué ver en la joya de la Ruta de la Seda (Uzbekistán)

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Por Alicia Ortego

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Samarcanda. Hay ciudades cuyo nombre ya es en sí mismo un viaje. Esta es una de ellas. Decirla en voz alta dispara algo: imágenes de cúpulas azules, caravanas polvorientas, mercados que huelen a especias y a seda, sabios inclinados sobre sus astrolabios. Esta guía de Samarcanda es mi intento de hacer justicia a una ciudad que, con sus luces y sus sombras, no defrauda.

¿Qué es Samarcanda? Breve historia antes de visitar

Samarcanda es una ciudad construida sobre capas de historia que se remontan a más de 2.700 años.

Fue arrasada por Alejandro Magno. Reconstruida. Engrandecida por Tamerlán hasta convertirse en la capital de un imperio que abarcaba desde Anatolia hasta la India.

Hoy sigue en pie, es Patrimonio de la Humanidad, y una prueba de que algunas leyendas también son de piedra y azulejo.

La visité en 2007 y durante años me resistí a escribir sobre ella. Me daba respeto. Porque es tanto lo que se podría decir, tanto lo que se ha escrito, tanta la expectativa que genera su nombre, que la página en blanco imponía. Ya no.

Samarcanda fue durante siglos una de las ciudades más importantes del mundo conocido. Su posición geográfica —en el corazón de Asia Central, en el valle del Zerafshan— la convirtió en un cruce de caminos inevitable para las caravanas que conectaban China con el Mediterráneo.

Por allí pasaban la seda, las especias, el papel, el vidrio, los conocimientos. Todo lo que movía el mundo antiguo.

Me imagino el bullicio de sus calles cuando llegaban nuevas caravanas cargadas de mercancías y de viajeros agotados. Seguro que se arreglaban para entrar en la ciudad con algo de dignidad.

Ese pulso del mundo, ese ir y venir de culturas, explica por qué aquí florecieron las ciencias como en pocos lugares: astronomía, matemáticas, geografía, medicina. Aquél que quería ser un sabio, haría bien en venir a Samarcanda.

Pero fue bajo Timur —conocido en Occidente como Tamerlán, o «Timur el cojo»— cuando la ciudad alcanzó su mayor esplendor, a finales del siglo XIV y principios del XV.

Timur apenas vivió en ella, pero la convirtió en la capital de su vasto imperio y trajo desde todos los territorios conquistados a los mejores artesanos, arquitectos y artistas para erigir los edificios que hoy todavía nos dejan sin habla.

Visitantes llegados desde lugares tan remotos como la España de los Reyes Católicos escribieron maravillados sobre su magnificencia —entre ellos Ruy González de Clavijo, embajador de Enrique III.

Su nieto Ulugh Beg continuó la tradición no desde la conquista sino desde el saber: fue uno de los astrónomos más importantes de su época y convirtió Samarcanda en un centro de conocimiento de alcance internacional.

Al final, a Timur lo enterraron aquí, aunque él habría preferido descansar en otra ciudad a ochenta kilómetros de distancia. Pero los muertos no mandan, por aguerridos que hayan sido en vida. Y si no, que se lo pregunten a Lenin.

Cómo llegar a Samarcanda

La buena noticia es que Samarcanda es una de las ciudades mejor comunicadas de Uzbekistán, y llegar a ella hoy es infinitamente más sencillo que cuando las caravanas tardaban semanas en alcanzarla.

En avión

Samarcanda tiene aeropuerto internacional (IATA: SKD), situado a 6 km del centro de la ciudad. Cuenta con conexiones directas desde varias ciudades europeas —incluida Madrid— especialmente en temporada alta. Si vuelas desde España, lo más habitual es hacer escala en Estambul (Turkish Airlines) o en Dubái (Emirates y Flydubai).

  • Consejo: Compara siempre con volar primero a Tashkent, la capital, que suele tener más frecuencias y a veces mejores precios, y desde allí continuar en tren.

En tren

Esta es, sin duda, la opción más recomendable si ya estás en Uzbekistán. El tren de alta velocidad Afrosiyob conecta Tashkent con Samarcanda en poco más de dos horas, con salidas frecuentes y un precio muy razonable.

El trayecto es cómodo, puntual y, si tienes suerte con el asiento, con buenas vistas. Compra el billete con antelación, especialmente en temporada alta, porque se agotan. Puedes reservarlo en la web oficial de trenes uzbekos.

El mismo tren continúa hasta Bukhara, lo que hace que la ruta clásica Tashkent → Samarcanda → Bukhara → Khiva sea muy fácil de encadenar.

En taxi compartido o coche

Si no consigues billete de tren, o prefieres la carretera, también existe la opción de los taxis compartidos entre ciudades, más rápidos que el autobús y más económicos que el tren, aunque menos cómodos. Son una alternativa válida si el tren está completo o si quieres parar en algún punto intermedio.

Y una opción si sois varios es contratar un traslado privado de Tashkent a Samarcanda (también disponible para ir a Bujará desde Samarcanda), que puedes reservar aquí.


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Dónde alojarse en Samarcanda

Samarcanda tiene una oferta de alojamiento que ha crecido mucho en los últimos años, desde las opciones más económicas hasta hoteles boutique con mucho encanto. Mi recomendación general es alojarse en el casco histórico o cerca de él: además de la comodidad, la atmósfera cambia radicalmente cuando puedes salir a pasear por las calles al amanecer o volver andando de noche desde el Registán iluminado.

Gama alta y media-alta
Hay varios hoteles boutique instalados en casas tradicionales con patios interiores, decoración de azulejos y madera tallada que son en sí mismos una experiencia. Busca opciones en el entorno de Afrosiab o cerca de Shah-i-Zindah.

Gama media
La oferta de guesthouses familiares es amplia y de buena calidad. Suelen incluir desayuno, el trato es muy personal y los dueños son casi siempre una buena fuente de información local. Esta es la opción que más recomiendo para viajeros que van a su aire.

Gama económica
Los hosteles en Samarcanda han mejorado mucho en calidad. Son una buena opción si viajas solo o con presupuesto ajustado, y el ambiente suele ser muy social, con otros viajeros con quienes compartir rutas y consejos.

En cualquier caso, reserva con antelación si viajas entre mayo y septiembre: la ciudad se llena y las mejores opciones desaparecen rápido. Echa un vistazo aquí a las opciones y precios en Samarcanda para tus fechas.

hotel de Samarcanda
Ejemplo de hotel en Samarcanda que queda a las afueras

Qué ver en Samarcanda: los imprescindibles

Mucha gente dice que Samarcanda no es ni la sombra de lo que fue. En parte tienen razón: la leyenda siempre supera a la realidad. Pero los edificios que aquí se construyeron no se encontraban fácilmente en ningún otro lugar del mundo. Con permiso de Isfahán, claro.

Estos son los lugares que no te puedes perder en tu visita a Samarcanda:

La plaza de Registán

El Registán —«lugar de arena», porque fue construido sobre el lecho de un río seco— es el corazón monumental de Samarcanda y uno de los conjuntos arquitectónicos más impresionantes que existen.

Lo conforman tres madrasas que fueron uno de los centros universitarios y comerciales más famosos del mundo islámico.

Declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2001, las madrasas de Ulugh Beg (s. XV), Sher-Dor (s. XVII) y Tilya-Kori (s. XVII) te envuelven con sus fachadas de mosaico, sus minaretes y las cúpulas que cambian de tono con la luz.

  • Visítalo a distintas horas: al mediodía el sol arranca destellos de los azulejos, y al anochecer la iluminación le da un aire entre irreal y teatral, muy del gusto de Asia Central.

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La mezquita de Bibi-Khanum

Bibi-Khanum fue la esposa favorita de Tamerlán, conocida como la reina de todas las mujeres.

Cuenta la leyenda que ella la construyó mientras el marido andaba fuera conquistando tierras. El arquitecto se enamoró de ella y le pidió un beso como condición para terminar el edificio. Ella se lo dio, pero quedó marcada. Tamerlán, al regresar, descubrió la infidelidad. Sin embargo, el arquitecto ya había muerto (je, je).

La mezquita fue en su momento una de las más grandes del mundo islámico. Hoy, muy restaurada, sigue siendo imponente. En el patio, la vida sigue su curso con naturalidad. Recuerdo a una mujer que daba el pecho a su bebé, completamente ajena al peso histórico del lugar.

Shah-i-Zindah: el lugar que más me enamoró de Samarcanda

Shah-i-Zindah significa «el rey viviente» y es, en mi opinión, lo mejor que guarda Samarcanda. Yo no sabía nada de su existencia antes de llegar, y eso hizo que el impacto fuera todavía mayor.

Se trata de una avenida funeraria compuesta por más de veinte mausoleos datados entre los siglos XI y XV, construidos para albergar los restos de miembros de la familia de Tamerlán, generales, aristócratas y personajes importantes de la corte.

Lo que los hace únicos es la intensidad de su decoración: azulejos en todas las variaciones posibles del azul, del turquesa, del lapislázuli, con geométricas y caligrafías que cambian según la época y el artista.

Es un lugar de devoción activa: todavía hoy acude gente a rezar, a encender incienso, a sentarse en silencio junto a las tumbas.

Todo el conjunto está rodeado de un gran cementerio que le da una dimensión añadida, entre sagrada y cotidiana, que pocas visitas tienen.

Si tuvieras que elegir un solo lugar en Samarcanda, elige este.

Mausoleo de Gur e-Amir: donde descansa Tamerlán

Otro punto clave es donde está enterrado el gran conquistador Timur y varios hijos y nietos. Admirarlo puede llevar un rato u horas…

La cúpula acanalada de color azul cobalto es uno de los iconos más reconocibles de toda Asia Central, y su influencia se extendió hasta la arquitectura mogol de la India —el Taj Mahal tiene mucho de Gur-e-Amir.

El interior guarda un espectáculo de muqarnas y ornamentación que en más de un detalle recuerda a la Alhambra. La lápida de Tamerlán, de jade verde oscuro, es la más grande del mundo en su tipo.

Cuenta la leyenda que quien la moviera desencadenaría una gran guerra. Se movió en 1941. Juzga tú.

Admíralo a distintas horas: al atardecer, con la luz dorada sobre los azulejos, encandila la proporción y el equilibrio de sus formas.

El Observatorio de Ulugh Beg

Menos espectacular visualmente, pero fascinante para quien le interese la historia de la ciencia. Ulugh Beg fue más astrónomo que gobernante, y aquí construyó en el siglo XV uno de los observatorios más precisos de su época. Sus tablas astronómicas fueron las mejores del mundo hasta la era del telescopio.

El elemento estrella es un inmenso sextante subterráneo de cuarenta metros de longitud, diseñado para medir la posición de las estrellas con una exactitud sin precedentes.

El observatorio fue destruido deliberadamente pocas décadas después de su construcción, pero bajo tierra quedó lo suficiente como para que a principios del siglo XX pudiera ser excavado y musealizado. Vale la visita.

El bazar: la Samarcanda de hoy

Más conocido aquí como bazar que como mercado, el de Samarcanda es un lugar de techos azulados que vierten una luz irreal sobre los puestos de frutos secos, especias, verduras, carne y el rico pan non.

Como todos los mercados del mundo, no te lo puedes perder porque ahí está la gente en su día a día, no en la postal.

Y cuando caiga la tarde, busca una de esas plataformas de madera al estilo persa donde los locales salen a tomar el fresco: una partida de backgammon, un té, unos pinchos de carne a la brasa, la conversación.

La Samarcanda de hoy también es eso: el ambiente relajado de sus gentes, amables y acogedoras, con una sonrisa franca que no cansa.

Todo ello convive con hoteles de arquitectura rectilínea tipo soviético, servicios de peluquería de dudosa reputación y, en verano, ruidosas y divertidas celebraciones de bodas uzbekas que pueden quitarte el sueño de la mejor manera posible.

Excursiones desde Samarcanda: qué ver en los alrededores

Samarcanda da para varios días de visita, pero si dispones de tiempo, sus alrededores ofrecen experiencias que no encontrarás en ningún otro sitio.

Tour privado al desierto de Kyzyl Kum

Al norte de Uzbekistán se extiende el Kyzyl Kum («arenas rojas» en turco), uno de los grandes desiertos de Asia Central, compartido entre Uzbekistán, Kazajistán y Turkmenistán.

Una excursión privada desde Samarcanda —o en ruta hacia Bukhara o Khiva— permite adentrarse en un paisaje radicalmente distinto al de las ciudades históricas: dunas, silencio, noche estrellada y, si tienes suerte, un amanecer en el desierto que justifica cualquier desvío.

Echa un vistazo a este tour de 2 días con una noche en un campamento de yurtas (precio por grupo).

La cueva de Hazrat Daud

A unos 120 km de Samarcanda, en las montañas de Kashkadarya, se encuentra la cueva de Hazrat Daud (el profeta David en la tradición islámica), un lugar de peregrinación para los uzbekos creyentes y una excursión poco frecuentada por el turismo convencional.

El camino hasta la cueva atraviesa un paisaje de montaña seco y austero, y el lugar en sí tiene una atmósfera de devoción tranquila y auténtica que contrasta con los monumentos del centro histórico.

Aquí tienes el enlace a la excursión de la cueva de Hazrat Daud (precio por grupo).

Samarcanda es un básico imprescindible que puede dejarte con la boca abierta, incluso si llegas con expectativas muy altas. Forma parte del triángulo clásico uzbeko junto con Bukhara y Khiva, y las tres ciudades se complementan de una forma casi perfecta: Samarcanda es la grandeza imperial, Bukhara la espiritualidad más íntima, Khiva el sueño de adobe amurallado.

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8 comentarios en «Guía de Samarcanda: qué ver en la joya de la Ruta de la Seda (Uzbekistán)»

  1. Samarkanda es uno de los destinos que suenan más exóticos. Siempre ha estado en mi lista de pendientes. Tus fotos son una maravilla, puede que no sea lo que fue, pero sigue siendo impresionante. Un buen regalo de reyes esta entrada, enhorabuena. Un saludito y feliz año!

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  2. Hola Alicia,
    estoy preparando un viaje por el Asia Central. Hace muchisimos años viaje dos veces por la KKH hasta Kashgar, Turfan…hasta el corazón de China. El Torugart Pass estaba prohibido. Me gustó tanto lo que vi…pero en esa época (primeros 90) era sumamente dificil moverse por la zona. Tengo previsto entrar en Uzbekistan por Osh, y llegar a Andijan para tomar el tren hasta Samarcanda. Creo que es sencillo. Como lo ves desde tu experiéncia?

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    • Hola Ernest, muchas gracias por tu comentario y por compartir un poquito de ese gran viaje. Lo siento, pero yo fui a Uzbekistán en el año 2007 y por lo que sé, ha cambiado mucho, pero no te puedo ayudar porque no tengo experiencia reciente.
      Seguro que va bien, un abrazo!

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