lago song kol kirguistan

Un lugar que tengo grabado en la memoria por la experiencia que allí viví, es el lago Song Kol, en Kirguizstan, concretamente en el centro de este país.
Después de superar una carretera que más bien trepa por las montañas, con muchas curvas y un paisaje lleno de bosques de coníferas, el relieve se suaviza y los árboles desaparecen…

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El lago Song Kol es un lugar “perdido”, inmenso

Donde puedes sentirte libre y casi solo. Difícil de habitar más allá de la primavera y el verano (la nieve llega pronto, a finales de Agosto o principios de Septiembre), a 3.016 m. de altura, el lago se enmarca en una gran depresión del terreno, un valle del que el agua ocupa una buena parte de su extensión.

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Agua donde se reflejan las montañas (el macizo de Tian Shan) y lomas que lo circundan, las escasas yurtas que aquí y allá se sitúan y dan la bienvenida al viajero (muchas son como albergues), el sol, las ovejas de Marco Polo…

Qué se puede hacer en el lago Song Kol

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Pues un par de días por aquí perdidos, dando largos paseos (tan largos como queráis), subiendo las lomas cercanas para obtener casi instantáneamente panorámicas casi aéreas del lago, leyendo, escribiendo, cantando al amor de la lumbre por las noches y relacionándote con las familias seminómadas de kirguises que viven aquí, es lo más parecido a un balneario natural. Eso sí, frío, especialmente por la noche :).

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ovejas Marco Polo

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Cabalgar a lomos de un caballo kirguis en los prados vacíos, una experiencia maravillosa

Además, los kirguises que tienen el negocio de las yurtas-albergue te ofrecen paseos en sus caballos. Y esta fue una experiencia nueva para mi. No era la primera vez que montaba a caballo, aunque no es un deporte que suela practicar, la verdad ;-), pero todo me resultó nuevo aquí. ¿Por qué?
Estos caballos no son muy altos, pero son resistentes y están perfectamente adaptados en el medio que les vio nacer y crecer, claro está. Por lo visto son muy similares a los que hay en Mongolia.

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Una vez aprendidas las “órdenes” verbales para avanzar y frenar, con más o menos habilidad, directamente sales a cabalgar por la llanura, por las lomas… y te das cuenta que tienes ante ti prados de hierba rala y Edelweiss, lomas suaves, y ninguna valla, carretera ni señal que coarte tu libertad para andar a lomos de tu caballo por aquí y por allí, con más o menos prisa según gustos o habilidades… Eso es lo que me fascinó.

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Fue una sensación de libertad que me impresionó y se quedó en mi recuerdo de forma indeleble.
Además, hay que montar como ellos, con unas mantas por sillas y poco más… es decir, sientes al animal debajo de ti sudar, latir, moverse. Una sensación extraña y grata a la vez.

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Observar las habilidades de los kirguises sobre sus caballos

En uno de los atardeceres que pasé allí, los anfitriones kirguises decidieron mostrarnos sus habilidades montando, y organizaron un juego. Hay que decir que ya llevaban unos cuantos vodkas en el cuerpo, bebida a la que tienen gran aprecio desde los tiempos en que eran parte de la URSS, y que me temo es un problema social.

El juego consistía en acelerar el caballo al máximo, en unos pocos metros. El jinete tenía que recoger un billete (dinero contante y sonante) sin bajarse del caballo ni frenarle, claro está. Lo consiguieron en la mayoría de las ocasiones!! Por supuesto, los billetes los poníamos nosotros y ellos se los quedaban (si los cogían), je, je, pero valió la pena. 🙂

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Alucinar con las puestas de sol… y los amaneceres, si sois de madrugar

Las puestas de sol, y la luna que en esos días pudimos disfrutar, son otra de las maravillas de este lugar tan sencillo y a la vez tan maravilloso, si os apetece retiraros un poco del “mundanal ruido”, claro 😉

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