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Que ver en un día en Estambul, esa ciudad

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Estambul

Estambul es una de mis ciudades favoritas, y lo tengo claro desde que tenía 16 años, cuando la visité junto a mis padres y hermanos en el último viaje que hicimos todos juntos, en coche desde España y alojándonos en campings. También allí dormimos en un camping de las afueras de la ciudad. Era el mes de Julio de 1988.

Estambul

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De aquel primer viaje recuerdo sensaciones, belleza, el placer de escuchar otros idiomas a tu alrededor, otros sabores, olores…
Y también una anécdota graciosa: al cruzar la frontera unos cuantos kilómetros más al norte, cambiamos dólares a liras turcas. Mis padres llevaban cheques de viaje (American Express). Hicieron un recuento rápido pero no se percataron de que faltaban 100 dólares, nada más y nada menos. Cuando (por fin), localizamos el camping -si no recuerdo mal, junto a la gran autopista de entrada a la ciudad con no sé cuántos carriles por donde cruzaban tranquilamente los rebaños de ovejas- y nos instalamos, volvimos a hacer el recuento y nos dimos cuenta del error, así que la primera “misión” del día siguiente iba a ser localizar una oficina (o la central) del banco del que teníamos el resguardo, para ir a reclamar. Y a mi me tocaba comunicarme con los turcos en inglés, ya que se suponía que para eso lo estudiaba en el Instituto y mi padre había leído que allí se hablaba inglés. Juas, juas.
Llegamos al banco después de un par de horas dando vueltas por Estambul. Había una cola ante el mostrador bastante respetable pero una empleada nos vio y nos hizo pasar hasta ella. Yo muerta de la vergüenza empecé a soltar las frases que en esas dos horas me había ido construyendo en la cabeza. Ella me miraba sonriente y como si entendiera, y cuando acabé hizo un gesto de que esperáramos y se fue al fondo de la oficina. Llegó otra persona y me hizo volver a explicarme. Cuando acabé, me indicó por señas que no hablaban inglés. Mi padre se impacientó y dijo que queríamos ver al director, en inglés y en francés, hasta que alguien reaccionó y nos hizo subir al piso superior, donde esperamos ante la puerta de un despacho. El director nos recibió, y ¡hablaba francés!! mi padre y él pudieron entenderse, el hombre llamó a la oficina de la frontera y allí le dijeron que sí, que al hacer la caja del día anterior efectivamente había 100 dólares a su favor, así que recuperamos nuestro dinero.
Siempre me quedará la duda de si mi inglés era tan malo que no eran capaces de entenderlo, o es que no tenían ni papa… 😀

Bueno, menudo rollo os he contado!!.

La segunda vez que visité Estambul fue en Agosto de 2007, de camino a la Ruta de la Seda, en una parada obligada por los vuelos, de 1 noche y 1 un día completos, que sirvió para reencontrarme con la ciudad aunque fuera breve. Lógicamente no pude ver ni la mitad que en el primer viaje y me queda pendiente una nueva visita ad-hoc. Hoy os presento la selección de lugares que nos dio tiempo a ver.

Qué ver en un día en Estambul, además de sentarnos a comer en el Puente de Gálata

  • Mezquita Azul.
  • Santa Sofía.
  • Yerebatán Sarayi.
  • Torre de Gálata.
  • Puente de Gálata.
  • Bazar de las especias.
  • Mezquita imperial de Suleymaniye.

Sin correr, eh?

Eso sí, en un día, hubo que renunciar a otros grandes atractivos de esta maravillosa ciudad, como el Palacio de Topkapi o el Gran Bazar, nada más y nada menos, pero entre que íbamos improvisando un poco y que apetecía estar en la calle y disfrutar del ambiente de la ciudad…

Mezquita Azul o Mezquita del Sultán Ahmed (Sultanahmed Camii)

Situada justo enfrente de Santa Sofía, estamos en el área monumental, espectacular y también más turística de Estambul. Es un área ineludible que se recorre cómodamente, pero me sorprendió andar por el parque que se halla entre ambos edificios, en pleno mes de agosto, oyendo hablar español sin cesar. En fin, me concentré en contemplar este conjunto tan bonito, porque lo es.

La mezquita se construyó sobre los restos del Gran Palacio de Constantinopla y fue bastante criticada en su momento. El sultán Ahmed, a diferencia de sus predecesores, no había ganado ninguna batalla por lo que decidió retirar fondos del tesoro para financiarla. Lo que quería era construir una mezquita para “apaciguar a Alá”… y los ulemas se cabrearon con él (por lo del tesoro). También fue criticado cuando se supo el número de minaretes previsto: seis. Sólo hay otra mezquita con tantos minaretes, la de Adama… y fue criticado porque en aquel momento seis era el número de minaretes que tenía la Kaaba, en La Meca, y por tanto resultaba presuntuoso.

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Es considerada la última gran mezquita del periodo clásico otomano.
La mezquita Azul se puede visitar, aunque las mujeres debemos cubrirnos el cabello con un pañuelo (lo dan o lo alquilan, no recuerdo, a la entrada) y todos nos tenemos que descalzar. Está en activo, así que se debe guardar una actitud respetuosa. Sentarse en sus alfombras y mirar al techo, contemplar las lámparas que cuelgan desde aquella altura, las pinturas que cubren sus techos… en fin, a mi personalmente me llena de paz, me invita a callarme, y a relajarme contemplando la belleza.

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Santa Sofía

Este es uno de los lugares que más y mejor recordaba del anterior viaje.

La altura de los techos, el nombre de Alá en los grandes platos que cuelgan en lo alto, en la sala central, los mosaicos bizantinos que hay en el segundo piso y ya en la salida, la vista de las cúpulas de las mezquitas desde algunas ventanas… Un lugar para admirar sin cansarte 🙂

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Hoy en día es un museo. La que fuera una gran basílica venerada y sagrada, quizá la que más, en la época Bizantina, hoy queda como lugar de culto para el viajero. Durante algo más de 900 años, fue utilizada como iglesia. Y durante casi 500 años, como mezquita. Pocos lugares pueden decir lo mismo!

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Aya Sofía es su nombre, y resulta que significa Sabiduría divina. Su cúpula es una de las más grandes del mundo cristiano, y fue la iglesia más grande del mundo durante unos 500 años… ¿sabéis qué catedral la desbancó? La de Sevilla, en 1.520.

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Cuando la Basílica fue reconvertida en mezquita, como se hizo también en otros monumentos pero a la inversa, por ejemplo en Córdoba, se anularon los signos religiosos para superponer los nuevos. Así, los magníficos mosaicos bizantinos fueron enlucidos (es decir, tapados con una capa de yeso). Al menos no se los cargaron y por eso hoy podemos contemplarlos en un estado bastante bueno. Además se instalaron los grandes cuadros con la plegaria de Alla-u-Akbar y el mirhab de mármol que es como el púlpito, ya que allí suben los ulemas a echar su perorata.

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Como he comentado teníamos el tiempo bastante contado así que decidimos no entrar en el Palacio de Topkapi, ya que la visita puede llevarte fácilmente más de dos horas, pero sí entramos en un lugar que yo no había conocido en el año 1988, entre otras cosas porque entonces no estaba abierto. Un lugar que me cautivó…

Yerebatan Sarayi (palacio sumergido) o Cisterna Basílica

El Yerebatan Sarayi es una de las antiguas cisternas de la ciudad, y es realmente impresionante por sus dimensiones, sencillez y halo de misterio. Decididamente, creo que es un lugar imprescindible en una visita a Estambul, y pienso repetir sí o sí cuando vuelva.

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Esta era la cisterna más grande (de las aproximadamente 60 que existían en la época), construida durante el reinado del emperador bizantino Justiniano I, sobre todo para evitar la vulnerabilidad de la ciudad en un asedio si el Acueducto de Valente era destruido.
Con esta cisterna, el Palacio de Topkapi (a 100 m.) se abastecía de agua, al igual que sus jardines.

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En las columnas del fondo, a la izquierda, nos encontramos con unas cabezas de Medusa. No se sabe de dónde proceden, seguramente de algunas ruinas romanas, pero se cree que el hecho de que estén colocadas boca abajo y orientadas hacia los lados es un intento de neutralizar el poder que se atribuía a Medusa: dejar petrificado a aquel que la mira a los ojos.

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La entrada a la Cisterna Basílica está situada justo al lado de la de Santa Sofía, no tiene pérdida, sólo hay que cruzar la calle.

Puente de Gálata

No sé si es el puente más famoso de la ciudad, pero yo siempre lo he tenido en el recuerdo. Este es uno de los puentes que, literalmente, une Oriente con Occidente en el Cuerno de Oro, el estrecho que comunica el Mar de Mármara con el Mar Negro. 
En sus bajos se sitúan numerosos restaurantes e incluso algún café estilo chill-out, como pude observar en esta última visita (mucho han cambiado estos sitios. Yo recordaba una amalgama de chiringuitos de donde salía el humo de los pescados a la brasa, un tanto oscuros y con mucho sabor local). Seguramente no es precisamente el sitio más barato para comer en Estambul, pero tampoco es excesivamente caro y a cambio estaréis contemplando la visión del Cuerno y sus dos riberas, así que yo creo que merece la pena… Otra opción son los barcos-puestos de pescado a la brasa y demás viandas que se sitúan al lado de este puente, y donde podréis comer unos ricos bocatas, ya sea al mediodía o a la noche.

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La mezquita de Suleimaniya sobre el Cuerno de Oro

También conviene cruzarlo por su parte superior, sobre todo si queréis hacer ese cruce tan simbólico de continentes! :-). Allí encontraréis a los pacientes pescadores, y a la gente local que viene y va en sus quehaceres diarios.

Al fondo, a la izquierda, se observa una gran torre cilíndrica y coronada por un tejado puntiagudo que bien pudiera corresponder a alguna ciudad europea. Es la Torre de Gálata, a la que nos dirigimos subiendo por estrechas calles, entre edificios de factura mucho más occidental y un ambiente tranquilo y sin el bullicio turístico de las grandes mezquitas.

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La torre de Gálata está abierta al público, y se puede subir hasta la parte más alta. Creo recordar que hay que pagar entrada, pero no estoy segura. Allí arriba encontraréis también una cafetería, pero lo mejor y más alucinante es que puedes salir al balconcito (estrecho, bastante estrecho) desde donde se puede contemplar todo el Cuerno de Oro y todo el Estambul oriental, el que constituyera la antigua Constantinopla. Abstenerse los que tengan mucho vértigo.

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Vistas desde la Torre de Gálata. A sus pies, el puente de Gálata.

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Después de volver al lado oriental, y dar un paseo por el bazar de las especias (casi enfrente del puente de Gálata), decidimos subir a otra mezquita…

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Mezquita de Suleimaniya

Esta es una de las mezquitas más importantes de Estambul. Para llegar a ella hay que callejear, al menos ese fue el camino que nosotros tomamos desde abajo. Más o menos siempre la teníamos a la vista, ya que tiene un tamaño colosal, y estuvo genial porque de nuevo la ciudad parecía haber engullido a los turistas.

Una vez arriba, nos encontramos con un gran complejo que en su día no fue sólo mezquita sino también hospital y madrasa (escuela coránica).

Además, alberga un cementerio islámico con lápidas realmente bonitas, y un mausoleo donde yace el famoso Soleiman el Magnífico y su primera dama, la sultana Hürrem (Roxelana), de origen ucraniano.

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¿Os ha quedado claro por qué Estambul es una de mis ciudades favoritas? Bueno, por si acaso, me extenderé un poco más 😛 …
Estambul es sinónimo de belleza, al menos en mi opinión, pero además es una ciudad acogedora, amable, abarcable a pesar de su gran tamaño, divertida, donde “se está bien”, y donde se respira toda su carga simbólica allí por donde vas.

Allí uno cruza de Oriente a Occidente por un simple puente, o en barco, y realmente se observa esa fusión de estilos, culturas y espíritus entre uno y otro continentes. Por eso, desde mi punto de vista, es un lugar único. 

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Feedback

12
  • VALERIA (QUIEROVERMUNDO)

    Que recuerdos me ha traido la entrada, yo también viajé en coche a Estambul desde Madrid en familia (hace ya 17 años),y supongo que algo habrá cambiado. Me gustó muchísimo, en general todo Turquía. 🙂

    • Alisetter

      Qué bueno, Valeria! Siempre agradeceré a mis padres esa oportunidad, esa enseñanza sin lecciones de por medio :-). Nosotros también seguimos por la costa en aquel viaje Efeso, Pamukale, etc.), y me gustó muchísimo, sí. Un abrazo
      Alicia

  • Gildo Kaldorana

    Que bonitas mezquitas. Puros monumentos para la humanidad, me encantan.
    Algún día, me gustaría ir a Turquía, un país que me atrae.
    Como siempre, buen post y buenas fotos ;-).
    Saludos

  • Dany

    Desde que la conocí este verano también es de mis ciudades favoritas, sin duda! Tine un encanto que no se asemeja a ninguna otra ciudad que haya conocido, volvería mañana. Además gracias a Estambul puedo decir que… he pisado continente asiático! :p A ver cuando me pongo a escribir sobre mi viaje a esta magnfífica ciudad que tengo ganas, se me va acumulando el trabajo… (aunque eso es bueno) Por cierto, por el pañuelo no hay que pagar, te lo dejan gratis 😉
    PD: he soltado una risotada cuando he leído "visita ah-hoc" XD

    • Alisetter

      Gracias Dani, y gracias por el apunte del pañuelo, no lo recordaba bien :)… Si, lo de ad hoc podemos considerarlo un desliz, entre tu y yo XD

  • Lluis Bono

    También es una de mis ciudades favoritas, ni recuerdo la de veces que la he visitado. En 2007 también hicimos escala ahí, antes de continuar hacia Bishkek, Kashgar, etc… Curioso que hayamos coincidido en un viaje fuera de lo común en el mismo año!

    Buen post, estaré al tanto de los siguientes! 🙂

    • Alisetter

      Vaya que sí, LLuis!! ¿fuiste en Agosto? igual hasta nos vimos, je, je

    • Lluis Bono

      No, fuimos en octubre y nos pelamos de frio! Empezamos en Bishkek y continuamos hacia China por el Irkeshtam. Acabamos en Bangkok, 3 meses después. Quien pudiera repetir! 🙂

    • Alisetter

      Qué envidia!! y no lo digo por el frío, me lo puedo imaginar porque en agosto, en Kirguizstan, desde luego que hacía mucho frío!!! :))

    • Lluis Bono

      Un buen viaje, sin duda! Además unos años después tuvimos la oportunidad de escribir una parte de ese viaje en el número de Altaïr "Los caminos de Samarkanda", concretamente el artículo de Kirguizistan. Y además en ese número, aparte de mi mujer Núria Borràs, colaboraron también buenos amigos como Victor Molero, Eduard Balsebre y German Aguilar, todos miembros de la asociación Amudaria, para promocionar culturalmente la Ruta de la Seda.

      Así que ya ves, un viaje bien aprovechado! 😉

    • Alisetter

      Volveré a leerlo, por supuesto tengo ése número! 🙂 Qué bueno, desde luego que ha sido bien aprovechado! pero lo mejor es el viaje en sí mismo, realmente de los más bonitos e interesantes que he hecho nunca 🙂
      Un abrazo, Lluis!

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