mujer himba

Una de las mañanas en el oasis de Epupa, nos fuimos a visitar a los Himba, que significa “el que pide”. Esta es una de las tribus más míticas de África y quizá más retratadas, con permiso de los Masai 🙂 ¿Quieres saber por qué?

Yo tenía muchas ganas de conocerles porque recordaba a los Hamer con mucho cariño y se parecen muchísimo en sus atuendos y arreglo personal.

No sé a ciencia cierta si están o no emparentados, pero no creo en tantas casualidades juntas. Desde luego las tribus que llegaron hasta aquí no salieron de la nada, sino que vinieron de mucho más al Norte. Hace ya mucho mucho tiempo, eso sí.

mujeres himba en la puerta de su casa

Visita a un poblado himba

Visitar un “caserío” himba (si se me permite la expresión) implica ir con un guía que os haga de intérprete y os consiga el permiso para entrar en su casa. No son poblados como tal, si no unidades familiares dispersas por el seco territorio del Kaokoland. Supongo que para aprovechar los escasos recursos naturales de una manera más eficaz.

Además del guía, conviene llevar unos regalos, como manda la tradición. Y las transacciones que el turismo moderno -menos mal que es escaso- han ido imponiendo.

No llevéis dinero, por favor, que no les hacéis ningún bien. Es mucho más práctico y por ellos aceptado un regalo en bienes comestibles. Productos de primera necesidad y también caprichos que han conocido en el mundo moderno: harina, arroz, azúcar, sal. Se ha de entregar al cabeza de familia, o si no está, a su mujer principal.

anciana himba en Namibia

Lo normal es que en agradecimiento al regalo os permitan hacer fotos libremente, además de dar una vuelta por su casa y charlar con ellos. Bueno, más bien con ellas. “Ellos” suelen estar en el campo pastoreando -y así les vimos al paso de nuestro vehículo-.

niña himba con dos trenzas

¿Quiénes son los himba, hoy en día?

mujeres himba en el supermercado

Hay dos grandes grupos o clases. No sé si se podría hablar de “clases sociales”, pero van camino de ello.

Están los que optan por seguir viviendo y vistiendo a la manera tradicional(con algunas concesiones, incluso el uso del teléfono móvil)

Se dedican al pastoreo de cabras y vacas. Cada varios meses se mueven a otro lugar. Siempre en busca del agua y los pastos. Nomadeando.

mujer himba con sus collares

Y están los que optan por la vida occidental

Abandonan su indumentaria tradicional y generalmente se asientan en lugares fijos. Buscan un quehacer, escolarizan a sus hijos o ellos mismos estudian si aún no han formado una familia.

¿A qué se dedican? hay un poco de todo. Desde venta de artesanía en lugares más turísticos como Swakopmund, a hacer de guías, mozos en negocios, comercio, etc.

Lo malo es que muchos de ellos, aunque estudien no son precisamente ciudadanos “de primera”. Aunque no quieran o no lo sepan calcular de antemano, muchos se encuentran con que no entienden bien ése mundo moderno. Y caen en el alcoholismo.

Esto último también les ocurre a jóvenes “tradicionales”, quizá en la encrucijada de decidir con qué vida se quedan.

jóvenes himba en el bar

Además, son objeto de burla de los que siguen el modo de vida tradicional. 

Es un problema ya conocido por otros pueblos. Pierden el arraigo, pierden el respeto de los que aún no se han visto arrastrados por el escaparate de la modernidad, y no ganan el respeto del “nuevo mundo” en el que ingresan.

Dónde viven los himba tradicionales

Su casa consta de un terreno circular protegido con grandes matorrales espinosos para evitar la visita de las fieras. No es un poblado propiamente dicho porque cada recinto es ocupado por una sola familia, o máximo dos.

Dentro del círculo hay varias casas hechas con adobe y paja. Se acompañan de algunos graneros o despensas para la comida, más pequeños y construidos en alto sobre unos pilares para evitar la entrada de animales. Aproximadamente en el centro tienen un corralillo con las cabras y vacas, su bien más preciado.

No está permitido cruzar la línea invisible pero “real” entre el umbral de la casa del jefe y el fuego, el “hogar”

Es una cuestión de honor y el castigo puede ser pagar una cabra. Todo depende de las maneras con que se hacen las cosas y se discuten después.

Por eso tenéis que ser conscientes de que no hay que ofender al anfitrión, ni dañarle innecesariamente. Y esto no ocurrió ése día, dicho sea de paso 😉

himba

Apartando a una cabra que está a punto de parir al corral destinado a ello

Como ya he dicho, al visitarles por la mañana ni los hombres, ni los chavales a partir de cierta edad, ni las vacas, están en casa.

Sólo pudimos estar con las mujeres y niñas. Ellas se encargan tanto de cuidar a las cabras -ése día había varias pariendo-, como de fabricar artesanías para la venta a los pocos turistas que llegamos hasta allí.

himba

Innegable la belleza de las Himba, realzada por el color ocre

venta de ocre en Namibia

Venta de ocre, la piedra que se machaca y mezcla con grasa para cubrir la piel de las mujeres himba. Dicen que la traen de Angola, al otro lado del río Kunene.

Conociendo a las mujeres himba

Es impresionante ver de cerca a las mujeres embadurnadas de ése maquillaje diario hecho a base de polvo de ocre (piedra arcillosa reducida a polvo) y grasa animal.  Junto con sus peinados, collares y pulseras.

peinado himba hecho de trenzas cubiertas de barro rojo

El peinado himba tradicional de las mujeres es alucinante ¿no crees?

peinado himba con tocado de cuero en la cabeza

mujer himba amamantando a su bebé

Pero lo que más me sorprendió fue su buen humor, su pronta sonrisa y las ganas reírse con nosotros. Todo el rato. En poco tiempo nos ganaron con su amabilidad y buen rollo 🙂

mujer himba sonriente

himba

Cuando una mujer himba te da la mano, o te toca, dejará el rastro del ocre en tu piel u objetos 🙂

Namibia

De sobra es conocido que estas mujeres no se lavan nunca

Su cultura decidió hace muchísimo tiempo que el agua, tan escasa allí, no se puede desperdiciar en su aseo. Pero sí en el de los hombres. Qué curioso -nota irónica-. Dicen que el ocre aporta protección contra el sol y las bacterias, así como hidratación.

Además, se perfuman con el humo de las hojas de un árbol muy aromático.

mujer himba con sus collares

También me sorprendió y entristeció ver a algún crío con heridas supurando. Con todas las moscas encima de él, que ni se molestaba en quitar.

niño himba con moscas en los ojos

Realidades que se hacen difíciles a nuestros ojos, nosotros que venimos de un mundo sobreprotector, prefabricado y “burbuja” en buena parte (y con muchos recursos).

La altísima mortalidad infantil y la baja esperanza de vida de Namibia y de buena parte de África encuentra su expresión en rostros como el de estos pequeños.
Difícil conciliar el respeto por una forma de vida con los Derechos Humanos que nos han inculcado.

La visita terminó cuando las mujeres empezaron a desplegar unas pieles en el suelo, detrás de la casa del jefe, y a sacar todo tipo de pulseras, collares y otros objetos.

mujer himba haciendo artesanía en Namibia

Era difícil decir que no, resistirte a llevarte un recuerdo de lo que hacen y también se ponen ellas. Y aunque era el “toque” que yo no quería ver, el de parque temático prehistórico por llamarlo de alguna manera, entiendo que a ellos les viene bien y que somos un recurso más en su existencia.

manos himba con pulseras

Me hubiera gustado, como siempre en todos los viajes, tener tiempo para pararme con calma y conocerles. Preguntarles por sus preocupaciones, por su vida diaria, por cómo ven su vida. Algún día.

pareja himba andando por la ciudad de Opuwo en Namib


 

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