joven hamer etiopia

Aquellos que hayáis leído el célebre El antropólogo inocente de Nigel Barley entenderéis qué quiero decir con el título de este post, y para aquellos que no (o para todos), os dejo el link de la reseña publicada en  Leer y Viajar, hecha por Carlos Valadés, y ya estáis tardando en leerlo porque es un libro genial!! 🙂

Dicen que en África quedan muy pocas tribus auténticas que viven en “estado primitivo”, esto es, más cerca del Neolítico que del siglo XXI.
Dicen que Etiopía es uno de los pocos países donde aún se pueden visitar.

Claro está que la visita del turismo, de los viajeros, es un elemento de cambio que contribuye a la desaparición de estos modos de vida. Aun así, perviven en su modo de vida particular, propio, y único.

Turmi es la puerta de entrada a un mundo muy diferente al nuestro. Bienvenidos al Sur de Etiopía.

Turmi y los Hamer, primer contacto con las tribus más auténticas de África

Llegamos a Turmi, en el Valle del Omo, en el Sur de Etiopía, un atardecer.

puesta de sol entre acacias turmi

Turmi es la población referente de la región. Aquí recalan todos los viajeros que quieren conocer a las tribus de la región, ya que hay campings que sirven como campo base de operaciones.

Dichos campings están bastante bien, con duchas y w.c. además de un pequeño bar y algunos bungalows para quien no lleve tienda de campaña o prefiera dormir más cómodo. Hay dos o tres opciones a la entrada del pueblo.

Y es la tierra de los Hamer, una de las tribus más populosas y populares del sur de Etiopía.

niña hamer con pelo de trencitas untado de ocre y diadema de bolitas rojas y negras tribu hamer

Los primeros Hamer que vemos desde las ventanillas del 4×4, cuando aún quedan unos kilómetros para alcanzar Turmi, nos miran de forma hosca. Luego entendemos por qué.

Ellos son así, serios en la entrada y los primeros contactos. Su forma de expresión y comunicación nos resultan bordes, altivas, bruscas. Y no es que lo sean realmente, si no que no compartimos los mismos códigos de comunicación, ni gestual ni de lenguaje. Además somos intrusos y no nos han llamado, todo hay que decirlo.

Un primer «diagnóstico» que no desapareció hasta que conocimos otras tribus, que resultaron más bordes aún, por decir algo. A su lado los Hamer eran simpatiquísimos, y por mi parte acabé cogiéndoles cariño. Supongo que ellos también suavizaron un poco sus maneras cuando se acostumbraron a vernos rondar por allí, en los tres días de nuestra estancia.

Cuando yo visité Turmi, en Agosto de 2010, aún era un pueblo bastante pequeño y al que sólo se podía acceder por pistas de arena, en 4×4. Pero mucho me temo que las carreteras que están construyendo con ayuda de los chinos e indios -están haciéndolas en todo el sur, no sé cuántas habrán acabado desde el año pasado-, llegarán allí y se acabará este paraíso. Además el paso del turismo occidental y del «progreso» en general hacen que ni siquiera en estas regiones remotas las cosas se queden inmóviles. Por las referencias que tengo de otros viajeros que han estado allí tan sólo cuatro o cinco años después, los cambios se han hecho notar rápidamente.

Aclimatándonos a Turmi y las nuevas compañías

A la mañana siguiente damos un paseo de dos horas alrededor de Turmi.

Echamos a andar por el lecho de un río que en esa época del año está seco. Es muy ancho y el suelo es arenoso. Unos cientos de metros más adelante unos niños están sacando agua de un pozo hecho con unos recipientes de plástico y unas horas de paciencia.

Dispersos en el campo aparecen unos pequeños baobabs totalmente florecidos, animando el paisaje más bien terroso.

flores de color rosa en turmi

También vemos unos monos de cuerpo negro y cara y cola blancas, bastante esquivos y que nos hacen más bien poco caso.

monos de color negro con larga cola y cara blancas subidos a un árbol

Y poco a poco nos vamos encontrando con algunos Hamer. Hombres, mujeres y niños que o bien están sentados a la sombra, o se dirigen a hacer sus tareas. El sol ha subido y poco a poco el calorazo se apodera de todo. Me recuerda un poco al Sahel.

turmi sur etiopia hamer

Primeros encuentros con los Hamer y cómo han adaptado la modernidad a sus intereses

La primera regla que rige entre todas estas tribus, y que no te puedes saltar te pongas como te pongas, es que hay una tarifa para las fotos. Es una tarifa fija, aunque algunos intenten timarte y pedir más. Son 2 birr (la moneda etíope) por adulto y 1 birr por niño, en el caso de los Hamer y los Karo. Los Mursi cobran más.

Esto significa que si en la foto salen varias personas, has de contar y pagar a cada uno lo suyo.

1 birr es al cambio unos 3,6 céntimos (actualización 2019), así que el coste es bajísimo. En 2010 era de 16 céntimos.

En principio esto representa un punto de mal rollo a sumar a su seriedad de partida con nosotros, pero poco a poco se va diluyendo o suavizando mientras estás allí. Tú lo sabes y lo admites, ellos están en su derecho, fin de la discusión.

Como ventaja podemos decir que te obliga a pensar más la foto que quieres hacer, lo que siempre es un buen ejercicio 🙂

turmi sur etiopia

Consejo: para estas transacciones es más que recomendable cambiar en Arba Minch billetes pequeños. Si es posible que no estén muy hechos polvo mucho mejor, porque te los pueden rechazar –insisten en que luego a ellos no se los admiten en las tiendas-. Esto es un quebradero de cabeza, porque los billetes que circulan en Etiopía están hechos una verdadera pena. Muchas veces cubiertos de una especie de arenilla, una pátina marrón, y suelen oler a cabra, no digo más.

Observando a los hamer de cerca

Los Hamer presentan una estética muy cuidada. Ellas con el pelo trenzado y untado de barro rojo y grasa animal, que no huele muy bien cuando te acercas. Y ellos con el pelo también lleno de barro, pero pintado en varios colores y con alguna pieza de cuero formando una especie de casco. Una estética de lo más moderna, je, je.

anciano hamer con tocado en el pelo tribu hamer
niña hamer posando con pelo de trencitas y collares en turmi

Los chicos suelen llevar alguna prenda occidental, pero la mayoría de mujeres aún se visten con pieles adornadas con bolitas de colores, botones, imperdibles, etc.

mujer rodeada de niños en poblado cerca de turmi

En general, son guapos y guapas. Y, como os decía, son de expresión seria, pero al cabo de un par de días o bien les interpretamos mejor, o bien ellos se muestran más suaves.

un hombre empujando un carro lleno de bidones de color amarillo y al lado un hamer caminando turmi

Los niños se acercarán a cogeros de la mano, a pediros unos birr, o a venderos los taburetes que llevan siempre consigo y que les sirve para sentarse o para dormir apoyando la cabeza en ellos. Piezas como esta se han encontrado en las tumbas de los antiguos egipcios, y aunque de factura más fina, parece que se utilizaban así, para dormir manteniendo recto el cuello.

La sorpresa: hay un jumping bull y podemos asistir!

Después de comer en el camping, y de alguna que otra St. George, la cerveza etíope más rica, nos avisan de que se está celebrando una fiesta. Es el Jumping Bull, un rito de paso con el cual los jóvenes (chicos) acceden al estatus de adulto y pueden casarse.

Lo hacen con 17, 18 o más años, lo que me resulta sorprendente porque en muchos otros lugares los ritos de paso a la edad adulta se celebran a las 12 años o incluso antes. ¿En qué consiste? Lo cuento en el próximo post, monográfico, porque merece la pena!

El caso es que nos admiten “como animal de compañía”, y una vez llegamos al lugar donde se están concentrando los invitados, se negocia un precio para que podamos estar y hacer fotografías. Acordamos pagar unos 200 birr, al cambio de entonces 12 €, cada uno. La cosa terminó durando unas cuatro horas y fue una de las experiencias más alucinantes que he tenido, así que aunque pueda parecer caro, os aseguro que merece la pena.

Nos piden que respetemos a aquellos que no quieran ser fotografiados, pero en principio podemos movernos libremente y sin límite de “clicks”, y nos especifican que nos permiten asistir tanto a los preliminares, como al jumping bull  o salto del toro propiamente dicho, pero no a la fiesta posterior.

Todo esto se negoció con la familia anfitriona, en concreto con el hermano mayor del chico que tiene que “saltar”, y que se distingue por ir arreglado para la ocasión con las piernas pintadas de yeso blanco y haciendo dibujos, además de su faldita de tela, su pluma en la cabeza, su peinado… pues no son presumidos!!

hombre caminando por lecho de río secco turmi

¿Celebran este rito para los turistas? os preguntaréis más de uno y de dos… Pues es difícil de responder a esta pregunta. En principio, no.

Se trata de una fiesta en la que se reúnen 300 o más invitados (un bodorrio, vamos), aunque todo depende del poder económico de la familia del chico.

Vienen de varios pueblos de la comarca, y para ellos supone un gasto bastante elevado ya que termina con comilona, sacrificando vacas o cabras para cenar, etc. Y el número de turistas es escaso!! Se arriesgan a que los viajeros que circulan por allí no quieran ir ese día a verles, o que seamos muy pocos.

hombre hamer volviendo al pueblo con sus vacas de fondo colinas turmi


Pero parece ser que desde que el turismo se ha hecho continuo, aunque no numeroso, hacen coincidir las fechas con la «temporada alta». Así pueden contar con esos ingresos, teniendo en cuenta que 12 € por persona es una fortuna.
Bueno, no cuento más, en el siguiente capítulo descubriréis qué experiencia es ésta… 😉

Aquí tienes todos los posts de Etiopía


los viajes de ali iati Si quieres más información, pulsa aquí