Florencia

Florencia me atrajo y me repelió al mismo tiempo, y sólo ahora, unas semanas después del viaje, lo he podido verbalizar. Durante cinco días con sus noches deambulé por sus calles, por sus magníficos monumentos, por sus bellísimas obras de arte, por el rastro de grandes científicos, pintores, incluso aventureros como Américo Vespuccio -aquél que dio nombre a todo un continente-.


Síndrome de Stendhal, síndrome de Florencia

Hasta aquí ¿os suena esto? seguro que más de uno pensáis en el Síndrome de Stendhal, también conocido como Síndrome de Florencia, o Síndrome del Viajero.

Pues bien, no tuve palpitaciones, ni sudores, ni vértigo. Pero sí algo de confusión, no lo voy a negar. Y en general sí que puedo afirmar que me superó un poco.

Florencia estaba en mi lista de “imprescindibles” desde hace mucho tiempo

Una carambola hizo que el momento llegara porque gané el sorteo de un billete de Vueling en las Jornadas de los Grandes Viajes que se celebraron la pasada primavera. Con algunas restricciones en fechas y demás, el viaje quedó definido para principios de Octubre. Dejo aquí escrito mi agradecimiento 🙂

Llegué a Florencia un mediodía, en uno de los pocos vuelos directos que esa compañía tiene desde Madrid. Es decir, sin tener que pasar ocho horas en Barcelona.
En dos horas aterrizaba, puntual, y enseguida cogía el bus a la Estación Santa María Novella, en el centro de la ciudad, pagando 6 € por el trayecto.
Luego de dejar la mochila en el Hotel Aldobrandini, reservado por internet, a unos cinco minutos andando de dicha estación y ya en pleno dédalo de callejuelas florentinas, salí a comer y a dar mis primeros pasos.

patio interior con campanile al fondo

Vistas desde mi habitación en el hotel Aldobrandini

En otros cinco minutos estaba ante el Duomo. Grandiosa, muy muy bella, esta catedral y el Baptisterio que queda justo frente a la puerta principal forman un conjunto impresionante.

duomo y baptisterio de florencia

No podía apartar la mirada, ni la lente de mi cámara

Quería apresarlo todo, quería guardar todos los detalles en mi mente. ¿Sabéis lo que es un flechazo? pues eso. Me prometí a mi misma, y lo cumplí, visitar ese rincón de Florencia todos los días de mi estancia. Una promesa con poco mérito, porque estaba realmente cerca de mi alojamiento, je, je.

Después de dar toda la vuelta al Duomo, parar, mirar, fotografiar, parar, mirar… continué caminando.

campanile de florencia con la luz del atardecer

Saboreé un helado fantástico (ah, los helados italianos no tienen rival!!), y después de alucinar en la Plaza de la Signoria (a tres minutos del Duomo), cuando quise darme cuenta  estaba recorriendo los pasillos de la Galería Uffizi ya que no había cola para entrar (ventajas de ir un miércoles por la tarde, de Octubre). Los 13 € de la entrada se me antojaron excesivos (y sin poder hacer fotos).

Yo no soy una entendida en pintura y además empezaba a acusar el exceso de belleza en mi cabeza.

Hasta la belleza cansa,  al menos cuando es tan perfecta y equilibrada.

El sol iba bajando y deseché la idea de encaramarme a la Piazza Michelangelo para ver la puesta de sol y hacer fotos del río Arno, los puentes y la ciudad. Sencillamente me fui al Puente Veccio, otro punto imprescindible de la ciudad y a escasos dos minutos de la  Galería Uffizzi.

río arno a su paso por florencia bajo nubes de tormenta

Y entonces me sentí cansada, muy cansada, y también agobiada

Tomé la firme decisión de escaparme al día siguiente. De ir a visitar uno de los lugares que me rondaban la mente, San Gimignano, un pueblo de la Toscana. Necesitaba airearme
Qué fuerte, ¿qué me ocurría? no llevaba más de 6 horas en Florencia y ya quería salir de allí!!! En ése momento lo achaqué a las emociones del día, a las pasadas semanas de trabajo intenso y estresante… Pero había más.

Estaba agobiada de tanta condensación de belleza en tan pocos kilómetros cuadrados. Cansada de tanto turismo y de la parafernalia que le rodea. Quizá cansada de la propia estructura de la ciudad. Calles muy largas con pocas salidas por las que escaparte y animar tu itinerario, con horizontes que parece que nunca llegan a pesar de estar “allí”.
Calles muy estrechas hechas de edificios muy altos.

callejón de florencia reflejado en un charco
El impulso constante es mirar hacia arriba para ver balcones, blasones, incluso pequeñas capillas. El cuello se resiente, los ojos se secan porque no pestañeas. Y pesa la sensación de que la luz del sol nunca llega. Sensación de encierro.

calles estrechas de florencia desde arriba

Qué dramático! eh? no, todo esto como ya he advertido antes, lo he digerido y analizado después. Porque es la primera vez que me pasa, que yo recuerde. Al menos de forma tan intensa.

mercado en el centro de florencia

Sí, Florencia me atrajo y me repelió a la vez. Los siguientes días ni mejoró, ni empeoró. Tuve mis altibajos, mis momentos de disfrute total y también de agobio y cansancio, hasta de aburrimiento… 

ventanas de madera típicas de florencia

¿Volveré? No lo sé, supongo que sí, pero hoy por hoy no es de esos lugares a los que esté deseando volver nada más salir de allí.

Florencia no es ciudad de un solo día

Lo he confirmado. Florencia no es ciudad de un solo día. Sé que muchos lo habéis hecho y que otros os lo planteáis hacer así…

Si quieres evitar colas o hacer visitas guiadas, mira la oferta de Guet your Guide.

No se lo merece, porque os quedaréis con una primera sensación de “lo más gordo”. Os perderéis los maravillosos rincones y pequeños secretos que tiene, a los que llegan muchos menos turistas y viajeros (afortunadamente).

puesto de libros en una calle de florencia

fachada con frescos renacentistas de florencia

¿Cómo no tener tiempo para entrar en una magnífica iglesia barroca, que parece un teatro, y sentarse un rato a contemplarla, a disfrutar del silencio y la quietud? ¿Por qué no pasar por la misma estatua varias veces, o detenerse mucho tiempo a contemplar sus detalles?

interior iglesia llena de frescos en florencia

estatuas de hermes con la cabeza de medusa en florencia

Tampoco creo que sea una ciudad para el verano. Debe de ser francamente horrible moverse entre las grandes multitudes de turistas. Desde luego a principios de Octubre, sin puente o festivos a la vista, la cantidad de turismo no era excesiva (al menos frente a lo que me esperaba).

mercado y calle con arcos de florencia


 

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