Si te preguntas qué ver en Mesenia, prepárate para descubrir una región que lo tiene todo: desde la espectacular playa de Voidokilia hasta fortalezas venecianas que parecen flotar sobre el agua. Pilos, Metoni, Koroni son otros nombres que marcarán esta ruta. Coge papel y boli porque la costa sudoeste del Peloponeso te va a interesar, y si pasas por aquí sólo por el placer de leer, también 😉
Mucho más que aceitunas: la esencia de Mesenia
Hablar de esta región es, inevitablemente, pensar en las famosas aceitunas de Kalamata. Esas hileras interminables de olivos de un verde plateado que cubren las laderas hasta casi tocar el mar son la estampa más icónica del paisaje. Pero te aseguro que, en cuanto empiezas a recorrer las carreteras secundarias de esta esquina del Peloponeso, descubres que hay mucho más que ver en Mesenia.
Para mí, Mesenia es la Grecia de los contrastes silenciosos. Es el lugar donde puedes pasar la mañana caminando en absoluta soledad por los restos de una ciudad antigua y terminar la tarde viendo cómo el sol se esconde tras una fortaleza veneciana con un frappé en la mano. No tiene el ritmo frenético de las islas Cícladas ni la monumentalidad evidente de Atenas; aquí la belleza se revela de forma más lenta, más auténtica.
Es una tierra de agricultores y pescadores donde la hospitalidad todavía no está «industrializada». Es, en definitiva, ese rincón que los que viajamos a Grecia por libre guardamos como un pequeño tesoro, deseando que siga conservando ese aire de frontera, de fin de camino, que la hace tan especial.

Preparando la ruta: consejos para viajar por Mesenia
Dedicando 6 días a la Península del Peloponeso, cuya guía puedes encontrar aquí, sabíamos que queríamos hacer un recorrido por la costa sudoeste en la región de Mesenia, pero no sabíamos bien qué íbamos a encontrar.
Después de dar muchas vueltas al mapa y a internet, nos decidimos por hacer un itinerario pasando por Pilos, Metoni o Modona, Voidokilia y Koroni. Son nombres que no había oído en mi vida hasta que me puse a buscar qué ver en Mesenia. Y claro, como siempre ocurre en Grecia, cuando lees sobre los sitios ya sólo quieres ir 😊.
Cómo moverse por Mesenia
No te voy a engañar: necesitas coche. Aunque existe una red de autobuses (KTEL) que conecta las poblaciones principales como Kalamata, Pylos o Methoni, te perderás lo mejor si dependes de ellos.
Muchos de los tesoros de Mesenia, como las cascadas de Polylimnio o los accesos más tranquilos a Voidokilia, sólo son accesibles si tienes la libertad de conducir por tu cuenta.
Las carreteras han mejorado mucho, pero prepárate para curvas, cuestas y paisajes que te obligarán a parar cada diez minutos para sacar una foto.
Dónde alojarse: las mejores bases
Dependiendo de cuántos días le dediques a la zona, te sugiero dos opciones:
Cuándo ir
Cualquier momento entre mayo y octubre es bueno, pero si puedes elegir, junio y septiembre son los meses de oro. El clima es perfecto para bañarse en el Jónico sin el calor sofocante de julio y agosto, y podrás disfrutar de los yacimientos arqueológicos casi en exclusiva.
Nosotros viajamos en noviembre y, aunque nos hizo muy buen tiempo en general, justo este día fue pasado por agua. Por esta razón los lugares que visitamos no se ven muy lucidos en las fotos, pero te aseguro que son impresionantes.

Qué ver en Mesenia, mis lugares imprescindibles
Voidokilia, la playa de Telémaco
¿Conoces a Telémaco, el hijo de Odiseo y Penélope?
Telémaco era un niño cuando su padre se fue a la guerra de Troya. Esta guerra duró unos 10 años, aunque los historiadores no terminan de ponerse de acuerdo. El caso es que fue muy larga y después Odiseo se pasó años intentando volver a su patria, por lo que Telémaco se hizo mayor. Y tuvo que soportar ver cómo los hombres asediaban a su madre.
Ante esta situación, Telémaco se encargó de echar a los pretendientes de su madre y después se dirigió a Pilos a buscar información de su padre.
Dicen que Telémaco desembarcó en la playa de Voidokilia con la idea de pedir al rey Nestor dichas noticias, y cuentan que se encontró con el monarca en una gruta que hay en la montaña y que domina dicha playa.

Otra leyenda cuenta que fue en esa cueva donde Hermes escondió el ganado que le robó a Zeus. Recuerdo perfectamente este mito de las lecturas de mi infancia 🥰
Con la leyenda de Telémaco en la cabeza, llegamos al final de una pista y nos encontramos ante una bahía muy cerrada con forma de herradura.
La playa de Voidokilia está separada de una gran laguna salada llamada Gialova o Divari por un cinturón de dunas, y en los extremos hay dos montañas de roca caliza. En una de ellas está la cueva de la leyenda.
Aunque había un coche y una caravana, la playa estaba desierta. Estacionamos el nuestro y echamos a andar por la orilla que, en verano, seguro que se llena. Sólo hay que ver los desperdicios de papel higiénico que hay entre las dunas. Increíble lo desaprensivos que somos los humanos con nuestro entorno 🤬🤬

Voidokilia forma parte del extremo norte de la bahía de Navarino, donde ocurrió la famosa batalla, y es un lugar de gran valor natural por el humedal que forma la laguna contigua.
La batalla de Navarino ocurrió el 20 de octubre de 1827 y determinó la guerra de la Independencia de Grecia. Los aliados franceses, rusos e ingleses comandaban 27 barcos e irrumpieron en la bahía de Navarino, donde la armada de 89 barcos otomana estaba anclada. Al atardecer ya habían sido hundidas tres cuartas partes de la flota otomana, mientras que las bajas de los aliados eran muy pocas.
Decidimos pasear por la orilla de la playa y, al final, subir a las dunas. Desde allí hay buenas vistas de la «herradura», los acantilados y la laguna al otro lado. Por el camino, observamos las plantas características de suelos salinos. Algunas me recordaron muchísimo a las que vi en Fuerteventura.


Lo que no hicimos fue subir hasta la cueva y el castillo medieval que hay más arriba. La subida es exigente y llovía. Además el castillo estaba cerrado a las visitas. Por lo visto, desde esas alturas se obtiene una vista de la playa mucho más completa, así que si hace buen tiempo y no te importa subir por la montaña, yo que tú no me lo saltaba 😊
Atravesando las dunas en dirección a la laguna localizamos un puesto de observación de aves, pero no había forma de acceder a él entre los juncos.
En la laguna se pueden ver muchas aves de distintos tipos, entre ellas flamencos, y está rodeada de olivares y huertas. Se puede rodear por una pista que lleva a Pilos, aunque he de advertir que es una «pista, pista».
Pilos o Pylos y la Bahía de Navarino: historia y atardeceres
Desde Voidokilia se tarda una media hora en llegar a Pilos yendo por la carretera (tendrás que desandar la parte del desvío hasta la playa, que no es muy largo).
Pilos o Pylos es una ciudad apacible con un atractivo innegable: el gran castillo. ¡Toda una sorpresa!
En el pasado se conocía a esta población como Navarino y, en realidad, fue ante estos muros donde sucedió la famosa batalla.
Pero su historia comienza mucho antes. Los hallazgos que se han encontrado en Pilos atestiguan que este fue un importante puerto comercial entre los siglos III y I a.C. Ya era un asentamiento en la Prehistoria, tanto por sus fértiles tierras como por su ubicación en la entrada a la bahía de Navarino.

La fortaleza de Pylos
La colina de Koryphasio es donde se erige la fortaleza medieval que podemos ver hoy, cuya función principal era controlar los puertos de la región de Metoni durante el dominio veneciano. Su tamaño es enorme y consta de varias partes.
Para empezar, entramos en el pequeño museo arqueológico que exhibe restos encontrados en la zona de Navarino. Dos figuras de bronce nos saludan. Son dos atletas que parecen gemelos, uno de los símbolos de Pylos.
En la exposición podemos observar también diversos objetos de vidrio, un producto que venía de Mesopotamia y Egipto, y que sustituía a las piedras preciosas democratizando ciertos objetos de lujo.
Después volvemos a salir y, caminando en línea recta, nos acercamos a la iglesia de la Transfiguración del Salvador. Esta iglesia fue mezquita en su origen y su arquitectura así lo confirma. Como puedes ver en la foto, tiene mucha más pinta de mezquita otomana que de otra cosa.
En el interior, no obstante, nos recibe el altar y las pinturas de una iglesia ortodoxa.

Muy cerca de la iglesia hay otro pequeño museo que exhibe esculturas y ánforas recuperadas del fondo del mar. Es una sala pequeña, pero suficiente para disfrutar. La arqueología submarina me parece tan fascinante como la terrestre 😊

Y ya desde ahí subimos a la fortaleza interior, que es espectacular.
Se trata de un recinto octogonal con varios pisos. Lleno de celdas o habitaciones, puedes subir hasta la parte más alta. Desde allí, entre las almenas, las vistas de la fortaleza y de las islas que hay enfrente son maravillosas. Incluso en un día de lluvia como este. Seguro que con sol es sublime…

Metoni, Methoni o Modona, la postal perfecta de la costa sudoeste del Peloponeso
Después nos dirigimos a Metoni, que está a sólo 15 minutos en coche de Pilos. La encontrarás en el mapa con su otro nombre: Modona.
Ya íbamos con la hora un poco justa porque en invierno cierran pronto, pero nos dio tiempo a entrar y verlo con cierta calma. Y ooohhhh… si Pilos nos había gustado, Metoni ni te cuento.
De nuevo estamos ante una gran fortaleza con varias particularidades.
Un gran foso la separa de la ciudad, las murallas son enormes y gruesas, capaces de resistir los embates de los cañones, y… voy a contarlo con más calma.

Está claro que estos puertos eran más que disputados en las turbulentas aguas de los siglos XVIII y XIX.
Metoni fue, junto con Koroni, uno de los puertos llamados “los ojos de Venecia”.
La visita al castillo de Metoni
Como decía, nada más llegar al castillo de Metoni alucinas con las murallas exteriores. Son enormes y están muy bien conservadas. Esa sensación se hace más intensa cuando cruzamos un enorme puente con 14 arcos y entramos por una también enorme puerta.
Tras pasar por la taquilla, andamos por un camino que va entre la fortaleza exterior y la interior, igualmente enorme, hasta traspasar la puerta central. Todo aquí es gigante.
Dentro nos encontramos con un recinto bastante despejado. Quedan pocas ruinas de los edificios que poblaron el lugar, recordemos que los franceses los destruyeron, pero aún hay restos que no tienen desperdicio. Por ejemplo, hay dos hamman antiguos que aún conservan la típica bóveda con tragaluces en forma de estrella para que entre la luz.
A la izquierda, un gran edificio con arcos apuntados parece saludarnos. Era la torre Sureste y estaba construida justo encima del punto central del antiguo puerto. Sus dimensiones son alucinantes.

Puedes recorrer las murallas por todo el perímetro, pero si vas con el tiempo justo, te recomiendo que vayas por el camino recto que va hacia el mar, dejando la torre sureste a tu izquierda.
Tras un paseo de 200 o 300 metros llegas a un pasaje en forma de arco. Al otro lado está una de las postales más famosas de la zona, si no la que más: el islote de Bourtzi.

El islote de Bourtzi está unido a la costa por un camino construido sobre las rocas puntiagudas de la costa. Y está ocupado casi por entero por una torre octogonal del siglo XVI. Este era el sitio de los guardias que protegían la fortaleza, y también sirvió de prisión.

La visión del “castello da mare” es sencillamente espectacular y muy fotogénico. Además, puedes cruzar y ver el panorama desde el otro lado, e incluso subir a la parte superior de la torre.

Volviendo a la fortaleza principal, continuamos andando por el perímetro de las murallas que dan al mar hasta rodearla. Llegamos a otra zona fortificada, separada de la principal por una gran muralla con torres cada pocos metros. Al estar más elevada, las vistas son buenísimas desde lo alto de los muros.
Koroni, el otro «ojo de Venecia»
Decidimos terminar esta ruta por la costa sudoeste del Peloponeso en Koroni, el otro “ojo veneciano”.
Como no puede ser de otra forma, aquí también hay un castillo, pero resulta un poco confuso porque en su interior hay viviendas, campos de olivos, varias iglesias y un cementerio. Bueno, en realidad así serían los castillos en sus tiempos 🧐



El pueblo, por otro lado, se extiende bajo las murallas. Es chulísimo, así que es un buen sitio donde ir a comer o cenar, además de dar un buen paseo.
Hay calles que parecen recién salidas de las islas Cícladas, grandes mansiones venecianas de los antiguos comerciantes y un puerto pesquero.



Terminamos volviendo a Kalamata con la sensación de haber vivido un día intenso. Muy bonito, aunque fuera bajo la lluvia. Atrás quedaba esta ruta por la costa sudoeste del Peloponeso, o la costa de Mesenia, que me hubiera encantado que fuera tan soleado como los días anteriores y los siguientes. Pero no se puede tener todo, y mejor así que nada ¿no crees? 😉
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