Guía de la Península de Mani: ruta por la Grecia más salvaje y auténtica

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Por Alicia Ortego

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Si hay un lugar en Grecia donde el paisaje te habla de resistencia, clanes y leyendas, ese es la Península de Mani. Este dedo central del Peloponeso es una tierra de montañas áridas que mueren en un mar de un azul imposible, salpicada por icónicas torres de piedra que parecen castillos en miniatura. Recorrer la Península de Mani por libre es adentrarse en la Grecia más salvaje, donde el tiempo se detiene en pueblos como Vathia y termina, literalmente, en las puertas del Hades en el Cabo Tenaro. En esta guía te cuento todo lo que necesitas para explorar este rincón indómito.

Por qué la Península de Mani es diferente a todo lo que verás en Grecia

En 1958 Patrick Leigh Fermor, un escritor de viajes que te recomiendo, narraba sus andanzas por las tierras de la Península de Mani en el libro “Mani. Viajes por el sur del Peloponeso”.

Cruzó los montes Taygetus a lomos de burro, que era el transporte de aquéllos tiempos. Lo hizo con la compañía de su mujer y de otro amigo escritor, y volcó todo lo que leyó y aprendió de esta península remota en dicho libro.

La Península de Mani siempre fue un bastión contra el que no pocos se dieron de bruces.

Delimitada por las montañas en el norte, y por una costa muy abrupta que sólo cede con algunas playas y calas resguardadas, fue la última región de Grecia en aceptar el cristianismo, allá por el siglo IX.

Más adelante, los otomanos desistieron de conquistar este pedazo de tierra llena de señores que se atrincheraban eficazmente en sus atalayas.

costa abrupta llena de bosques de la península de mani
La costa de la Península de Mani ya avisa de que no es un sitio fácil de conquistar

El hermetismo de la Península de Mani no implica que fuera una región pacífica. Los conflictos entre clanes estaban a la orden del día, y sus habitantes desarrollaron una arquitectura defensiva.

Este es uno de los rasgos que la hacen más especial y distinta a otras zonas de Grecia, puesto que en todos los pueblos hay casas torre construidas en piedra que se alzan como si fueran fragmentos de castillos antiguos.

Los clanes se disparaban los unos a los otros desde las torres. Intentaban que su torre fuera más alta que la de los vecinos para poder catapultar rocas a sus tejados. Sólo se hacían treguas para ocuparse de la cosecha, y ganaban los que conseguían que los otros se rindiesen.

ventana típica de la península de mani con dintel de piedra y tres vigas saliendo
Detalle de las ventanas de Vathia, típicas de la Península de Mani

Qué ver en la Península de Mani: ruta de norte a sur

Antes de continuar, decirte que la Península de Mani se divide en dos: Mani exterior y Mani interior. 

Mani exterior es la que se continúa con el resto del Peloponeso, siento Oítylo en el lado oeste y Gitio en la costa este, sus límites con Mani interior o Lacónica, que abarca el sur de la península.

Nosotros hicimos una ruta de 1 día por Mani interior, saliendo de Kalamata, donde habíamos pasado un par de noches, y teníamos los siguientes objetivos:

  • Vathia: quizá el pueblo más famoso del sur de la Península de Mani, prácticamente abandonado.
  • Cabo Tenaro: este cabo es el punto más septentrional de la Grecia continental, y además un faro.
  • Gitio: la ciudad donde decidimos dormir para poder salir de Mani al día siguiente sin deshacer mucho camino, en dirección a Esparta y Mistras.

El camino hasta Vathia y las paradas fotográficas

El camino, más allá de nuestros objetivos, nos mostró mucho más. De hecho, casi desde el principio no pudimos resistirnos a hacer miniparadas para hacer fotos. El paisaje es una pasada.

La carretera principal recorre la costa oeste de la Península de Mani con unas enormes montañas de piedra caliza pobladas de pinos y abetos.

En las tierras más bajas, los olivares son los protagonistas y en el mes de noviembre es posible ver a los agricultores recogiendo su preciado fruto. También a algún pastor solitario cruzando la carretera con sus ovejas.

pastor llevando ovejas por la carretera entre olivos
Pastor con sus ovejas en la Península de Mani

La primera parada que hicimos fue en el pueblo de Lagkada para hacer una foto panorámica, poco y después en una pastelería para comprar algo de comer, ya que no sabíamos si habría algo más en el Cabo Tenaro, donde nos pillaría el almuerzo.

pueblo en la montaña con torres e iglesia en la península de mani
Panorámica de Lagkada desde la carretera, en la Península de Mani

Continuando por la costa, paramos en un mirador que hay sobre Limeni. Este es uno de los rincones más bonitos que vimos.

Desde la carretera se ve un pueblo lleno de torres de piedra y un puerto pesquero donde las barcas flotan en las aguas turquesas de este litoral. De haber tenido más tiempo, hubiéramos bajado. Si te planteas dedicar varios días a la Península de Mani, márcalo en tu ruta.

pueblo pesquero junto a aguas cristalinas y montañas
Vista de Limeni desde la carretera – Península de Mani

Vathia, el pueblo más icónico de Mani

Vathia está a unas dos horas y media en coche desde Kalamata y cuando llegamos, nos quedamos encantados.

Situado en un alto de la montaña, a sus pies se extienden las empinadas laderas que terminan en el mar. Desde allí se divisa una buena parte de la costa maniense y ya desde la carretera se ve un conjunto compacto de casas torre.

Llegamos al pequeño parking que hay a la entrada de Vathia. Las primeras construcciones parecen estar recién arregladas. Dicen que los jubilados de raíces maniotas están volviendo y transformando las atalayas en pabellones de caza para la temporada de la codorniz y la tórtola.

Un par de gatos enormes se acercan a pedirnos comida o una caricia. No serán los únicos que veamos.

casa torre con ventanas cegadas en vathia
Casas torre de Vathia en la Península de Mani

Cuando empezamos a andar entre las casas, nos damos cuenta de que el interior de la mayoría está en ruinas. Poco a poco nos invade cierta inquietud por la soledad del lugar. Son ruinas extrañas.

calle de vathia con casas de piedra
Las calles de Vathia son de piedra de arriba a abajo – Península de Mani

Son extrañas porque muchas puertas y ventanas están abiertas y dejan ver interiores donde parece haber restos de una vida cotidiana no muy lejana.

Mesas puestas, retretes, incluso cajas de cervezas con las botellas y todo.

Es como si sus habitantes hubieran huído. Una especie de Pompeya moderna.

habitación vacía con dos sillas de madera rotas en vathia
Habitación de una casa de Vathia. Las tuberías e instalación de la luz siguen en su sitio – Península de Mani
casas de vathia abandonadas con botellas de cerveza antiguas en la puerta
Botellas de cerveza antiguas en Vathia – Península de Mani
patio de casa de vathia en ruinas con pozo y piedras de molino entre los escombros
¿Ves las piedras de molino entre los escombros? Vathia es así – Península de Mani

Hacemos fotos como si no hubiera un mañana ¡hay tantos rincones, tantos encuadres!

Damos toda la vuelta al pueblo y callejeamos todo lo que queremos sin cruzarnos con nadie. Sólo al final nos encontramos con la iglesia, claramente reformada, donde una pareja de jubilados estaban descansando al sol. Hablaban en francés entre sí, y apenas cruzaron su mirada con la nuestra.

Imagino que en verano habrá más gente, incluso excursiones organizadas, pero viajando por Grecia en temporada baja, puedes tener estos pequeños lujos.

casas torre de vathia en la península de mani
Ruinas de Vathia en la Península de Mani
iglesia y casa torre de vathia en la península de mani
Iglesia de Vathia en la Península del Peloponeso

Después continuamos por la misma carretera rumbo al sur, no sin antes parar en otro mirador desde donde hay una panorámica perfecta de Vathia.

panorámica de vathia con sus torres de piedra en la península de mani
Vathia desde el mirador de la carretera – Península de Mani
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El Cabo Tenaro: caminando hacia el fin del mundo

Un rato después llegamos al Cabo Tenaro, o más bien al lugar donde termina la carretera. Allí hay un espacio para unos cuantos coches, también un restaurante que en el mes de noviembre está cerrado.

Delante del parking, mirando al mar, hay una construcción en piedra sobre las rocas. Es la Puerta de Hades, el Infierno, o donde los antiguos creían que estaba el acceso al mismo.

Bajamos del coche y nos preparamos para caminar hasta el faro. El camino se adivina sinuoso en la ladera que hay a nuestra derecha, aunque también consultamos el mapa e incluso preguntamos a una pareja que venía de esa dirección. Nos confirman que sí, que se puede llegar.

  • Llegar al faro del Cabo Tenaro supone una caminata de algo más de dos kilómetros en cada dirección. Nosotros ardamos una hora y media incluyendo la pausa para comer.
  • Se llega a través de un camino de cabras, con muchas rocas puntiagudas y arbustos espinosos. No es difícil, la inclinación no es mucha excepto en un par de tramos, pero conviene no confiarse.
  • Conviene ir preparado y no olvidar llevar agua y algo de comer porque allí no hay nada. Ni bares, ni chiringuitos, ni nada.
costa del cabo tenaro con mar muy azul en la península de mani
Vistas desde el camino al faro del Cabo Tenaro, en la Península de Mani

Al poco de empezar a caminar en esa dirección, aparece una pequeña cala de guijarros redondeados.

A continuación, un poco tierra adentro nos encontramos con una de las grandes sorpresas del día: los restos de unos baños romanos que aún conservan mosaicos con preciosos dibujos.

playa de cantos rodados y rocas en la costa del cabo tenaro
Playa de cantos rodados y rocas en la costa del Cabo Tenaro – Península de Mani
antiguos baños romanos con mosaico en el cabo tenaro
Mosaico de los baños romanos del Cabo Tenaro en la Península de Mani

Después ya sólo toca andar siguiendo el perfil de la montaña, ascendiendo poco a poco y disfrutando de la flora tanto como del sol. Las vistas de la costa con el mar delante son maravillosas.

costa abrupta con rocas de color beige claro y mar azul
Costa del Cabo Tenaro, uno de los grandes sitios que ver en la Península de Mani

El faro del Cabo Tenaro, situado justo en la punta, ofrece una visión majestuosa.

A la derecha, la costa oeste de la Península de Mani transcurre hacia el norte. A la izquierda, la costa este. En el horizonte ocupado por el mar, los cargueros pasan en dirección a Atenas.

Comimos nuestro picnic bajo el faro y volvimos por donde habíamos venido. Justo cuando llegaba un grupo de jóvenes a los que les dimos el relevo.

faro del cabo tenaro y mar en la península de mani
Faro del Cabo Tenaro en la Península de Mani

Gythio, Gitio o Gitión

Gythio es la ciudad que elegimos para dormir en la Península de Mani, con la idea de continuar nuestra ruta por el Peloponeso al día siguiente. No porque no quisiéramos quedarnos más tiempo recorriendo Mani, que conste, sino porque teníamos un tiempo limitado y queríamos ver más cosas.

Desde el Cabo Tenaro, el camino a Gythio es de una hora y cuarto aproximadamente. Buena parte es por la misma carretera por la que habíamos venido, pasando de nuevo por Vathia, pero en Areópoli (la ciudad de Ares) tomamos el desvío para cruzar la Península de Mani entre montañas.

Dicen que Gythio es una de las ciudades costeras más atractivas del sur del Peloponeso, y todo un referente histórico porque fue la base naval de la antigua Esparta.

casas de comerciantes pintadas de colores pastel en gitio
Gitio o Gythio en la Península de Mani

En tiempos de los romanos, la ciudad se hizo rica con la exportación del múrex, los moluscos morados que se usaban para extraer el tinte de color púrpura tan apreciado en el Mediterráneo.

También exportó, hasta la II Guerra Mundial, bellotas para el curtido del cuero.

Sin embargo, la ciudad de Gythio me defraudó un poco, no lo voy a negar. Quizá es que estábamos cansados, que el atardecer se precipitaba demasiado rápido, o que mis expectativas eran demasiado altas.

Pero sí voy a reconocer que la ciudad es muy agradable. El muelle es amplio y las casas solariegas del siglo XIX le dan un aire muy señorial. Los barcos de pesca se arraciman en él, hay restaurantes especializados en pescado, y cierta vidilla cuando cae la noche. Seguro que mucho más en la época estival.

puerto de githio con casas de antiguos mercaderes
Puerto de Gythio al atardecer – Península de Mani
balcones con barandillas de hierro antiguas en gitio
Balcones de los tiempos esplendorosos de Gythio en la Península de Mani

Enfrente del muelle está el islote Marathonisi, que en la antigüedad se llamaba Cranae.

Es el lugar donde se sitúa la primera noche de amor de los amantes Helena y Paris, fugados de Esparta. Por culpa de dicho amor estalló la guerra de Troya.

En dicho islote está la torre Tzanetakis que ahora alberga el Museo de Mani, pero no llegamos a ir porque a esa hora estaba ya cerrado. Por lo visto expone un recorrido por la época medieval y la historia de las atalayas de la Península de Mani.

isla con iglesia y colores de atardecer en githio
Islote Marathonisi donde se supone que Helena y Paris pasaron su primera noche tras fugarse

Al día siguiente, mientras desayunaba con vistas a la bahía, me fijé en la zona de costa que hay más al este. Una gran playa llamada Valtaki se extiende por varios kilómetros, y justo allí hay un buque encallado.

Es el naufragio “Dimitris”, que aporta una buena excusa para ir a hacer fotos. Está a una hora andando desde Gythio, o a 10 minutos en coche.

naufragio dimitrios cerca de githio
Naufragio Dimitrios en la Península de Mani

Otros sitios que ver en la Península de Mani

Aunque mi ruta se centró en los paisajes más salvajes y en llegar al extremo sur, la Península de Mani tiene otros rincones muy conocidos que puedes incluir si dispones de más días o si prefieres un ritmo más pausado. Aquí te dejo los más destacados:

  • Las Cuevas de Diros: Es, probablemente, la atracción más famosa de la zona. Se trata de un complejo de cuevas subterráneas que se recorren en una pequeña barca a través de canales de agua cristalina, rodeados de estalactitas y estalagmitas. Es una visita muy recomendada para quienes viajan en familia o quieren ver un espectáculo natural único. En temporada alta conviene ir temprano porque suelen formarse bastantes colas, o reservar un tour aquí.
  • Areópoli: Considerada la capital histórica de Mani, es el lugar ideal para establecer base. Es un pueblo lleno de vida, con calles empedradas impecables y plazas donde las tabernas sacan sus mesas al sol. Puede estar bien si buscas un sitio con movimiento y ambiente nocturno, pero sin renunciar a la arquitectura tradicional que hace tan especial a esta región.
  • Gerolimenas: Este pequeño puerto pesquero es la viva imagen de la paz. Su nombre significa «Puerto Viejo» y destaca por sus aguas color turquesa protegidas por altos acantilados, similar a Limeni. Es el sitio perfecto para hacer una parada técnica, comer pescado fresco frente al mar o simplemente disfrutar del silencio antes de seguir bajando hacia el Cabo Tenaro.

Consejos prácticos para conducir por Mani

Estamos en el siglo XXI, así que la opción de Patrick Leigh Fermor, romántica y bizarra, de hacer una ruta por la Península de Mani a lomos de un burro, como que no 😅

Para conducir por esta región no sólo hace falta un coche (el transporte público es escaso, peor en temporada baja), sino también una actitud diferente. Aquí no sirven las prisas de la autopista Atenas-Corinto. La Península de Mani te exige bajar una marcha y abrir bien los ojos.

Aquí tienes los consejos que me hubiera gustado que me dieran antes de meterme en sus carreteras:

  • Ojo con los tiempos de Google Maps: En Mani, el mapa dice que vas a tardar 20 minutos y la realidad te regala 40. Entre las curvas cerradas, los desniveles y que vas a querer parar en cada recodo para hacer una foto, el tiempo vuela. No satures tu plan de ruta y déjate llevar.
  • Carreteras estrechas y «prioridad griega»: Muchas carreteras que bordean la costa o suben a los pueblos son estrechas. Si te encuentras con un camión o un autobús local en una curva, prepárate para maniobrar. La norma no escrita es que el que tiene el hueco más cerca se aparta, siempre con una sonrisa.
  • El factor «animal»: Mani es tierra de pastoreo. Es muy frecuente encontrarse con rebaños de cabras o alguna vaca despistada en mitad de la calzada, especialmente en la zona que baja hacia el Cabo Tenaro. Conduce siempre con margen de frenado.
  • Gasolineras: no te la juegues. En la punta sur de la península (la zona de Gerolimenas, Vathia y Tenaro) no hay estaciones de servicio. Asegúrate de llenar el depósito en Areópoli o en Oytilo, donde hay un cartel que advierte que estás pasando junto a la última gasolinera. Quedarse sin combustible en el «fin del mundo» no es el tipo de aventura que buscas.
  • Aparcamiento en los pueblos: Pueblos como Limeni o Vathia no están diseñados para el tráfico moderno. En temporada alta, aparcar puede ser un rompecabezas. Intenta dejar el coche en las zonas habilitadas a la entrada y camina; además de evitarte un sudor frío maniobrando, descubrirás rincones que desde el coche pasan desapercibidos.
  • Conducción nocturna: Si puedes evitarlo, no conduzcas de noche por las carreteras secundarias de la Península de Mani. La iluminación es inexistente y, entre la orografía y la posible fauna en la carretera, el trayecto se vuelve innecesariamente estresante.
Peloponeso en 6 días: carretera de la península de Mani con montañas al fondo
La casi única carretera de la Península de Mani transcurre entre montañas y torres de aire medieval

Lo que quizá te estés preguntando sobre la Península de Mani

Es la gran leyenda local y ellos la llevan con mucho orgullo. Se dice que, tras la caída de Esparta, muchos se refugiaron en estas montañas inaccesibles. De hecho, Mani fue de las pocas regiones de Grecia que nunca fue totalmente sometida por los otomanos. Esa herencia «guerrera» se nota en la arquitectura de sus torres de defensa; aquí no se construía para presumir, sino para protegerse.

Si buscas largas playas de arena fina, quizás Mani te decepcione un poco. Aquí lo que manda es la roca y el guijarro. A cambio, el agua tiene una transparencia absoluta y unos tonos turquesa que parecen de piscina. Playas como la de Limeni (donde nadas entre tortugas si tienes suerte) o Alypa son de piedra, así que mete unos escarpines en la maleta y disfrutarás el doble.

Para nada. No esperes una cueva profunda y oscura al estilo de una mina; es más bien una abertura en la roca cerca del mar donde se situaba el antiguo oráculo de los muertos. Se puede llegar caminando fácilmente desde el sendero principal. Lo que impresiona no es la cavidad en sí, sino saber que los antiguos griegos creían que ese era, literalmente, uno de los puntos de acceso al inframundo.

Evita julio y agosto si puedes. Mani es una de las zonas más calurosas de Grecia y la piedra de las torres irradia un calor que puede ser sofocante. Mayo, junio y septiembre son meses gloriosos: el agua ya está perfecta para el baño, los precios bajan y tendrás los miradores del Cabo Tenaro prácticamente para ti solo.

Recorrer la Península de Mani es, en muchos sentidos, llegar al final de algo y al principio de todo lo demás. Es un lugar que no te deja indiferente. O te sobrecoge su aridez de piedra y su silencio, o te enamora para siempre esa luz limpia que sólo existe en el sur del Peloponeso. Si buscas una Grecia de resorts y sombrillas en fila, Mani no es para ti. Pero si buscas historia grabada en torres de defensa y la sensación de asomarte al borde del mundo en el Cabo Tenaro, este rincón se quedará grabado en tu memoria mucho después de haber devuelto las llaves del coche de alquiler ¿Qué te ha parecido? ¡Me encantará leer tu comentario!

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