palermo

Tuve un flechazo con Palermo desde el primer momento que la vi.
En serio, ya está incluida en mi lista mental de “ciudades favoritas”. Desde que me bajé del tren en la Estazione Centrale y aspiré su olor a mar y a otras cosas, su olor propio y distinto al de la ciudad donde vivo, supe que iba a estar bien allí. 

Palermo, esa ciudad

Sí, el tráfico es un poco loco, pero respetan al peatón (ceden el paso en un 98%). Sí, muchas calles y edificios lucen decadentes, de eso que parece que se van a “caer a cachos”, pero es parte de su encanto.

Palermo

Quizá fuera la luz, la buena temperatura, el sonido y los gestos del italiano a mi alrededor, la relativa calma que se respiraba en la calle.

O mi propio estado de ánimo porque estaba de vacaciones e iniciaba un viaje en solitario, o todo junto.

Palermo

Nada más instalarme en el hotel, salí a la calle a dar una vuelta. Aún quedaban casi 2 horas de luz. Estaba muy cansada porque llevaba unas 12 horas de viaje desde que salí de casa, entre aeropuertos y vuelos (con escala en Milán de dos horitas), pero ni pensar en quedarme enclaustrada!!

Palermo

Desde la Vía Roma de Palermo, empezando a descubrir la ciudad

Salí a Vía Roma, una de las principales arterias del Palermo histórico, calle ancha y de edificios elegantes. Me resultaba parecida al barrio de Chamberí en Madrid, jalonada de tiendas de ropa y algún pequeño comercio.
Decidí tirar por una callejuela porque al final se adivinaba una gran iglesia. Esta es una vista bastante común en Palermo, según pude ir viendo en los siguientes días, porque si hay una ciudad con iglesias, ésa es Palermo. No sé, me da la sensación de que supera a Roma!!

Desemboqué en una plaza irregular, y… una iglesia con tres cúpulas rojas me daba la bienvenida: la iglesia de San Cataldo.

No conseguí pillarla abierta ningún día, una lástima.

Las cúpulas, de estilo árabe, contrastan con el edificio de estilo normando. Una primera lección de lo que sería una constante: mezcla absoluta de estilos, épocas, culturas y creencias.

A su lado, un gran edificio cubierto de andamios. Es la iglesia della Martorana, por lo visto con un interior repleto de mosaicos bizantinos. Actualmente está cerrada por obras.

Sí, Palermo se está poniendo guapa y esto pasa.

Por cierto, al pie de la escalinata había un grupo de carabinieris muy elegantes, hablando con hombres impecablemente trajeados y peinados al pie de la escalinata. No pude evitar pensar en la mafia, je, je. La verdad es que vi unos cuantos personajes que como mínimo te hacen pensar en ello, pero al cabo de un par de días te olvidas de “eso”. Supongo que habría una boda o algo así.

En dos pasos estaba en Via Maqueda, otra de las calles principales de Palermo, una larga recta estrecha que discurre paralela a Via Roma. Tiré para la derecha y me encontré con una pequeña plaza y una gran fuente, la Fontana Pretoria con la iglesia de Santa Catena detrás, también cubierta de andamios.

Las luces del atardecer estaban empezando a bañar esta parte de la ciudad, el ambiente era muy tranquilo, y yo flipaba con todo lo que me estaba encontrando a tan sólo unos metros del hotel.

Palermo

Palermo

Vía Vitorio Emanuele y el camino al Puerto de Palermo

Seguí andando, unos metros más y ya estaba en Via Vitorio Emanuele, que discurre perpendicular a las anteriores. Abarca desde el puerto hasta una de las antiguas puertas de la ciudad.

Y ahí, en ese cruce con V. Maqueda, estaba Quattro Canti (las Cuatro Esquinas).

Con fachadas barrocas en el chaflán de los cuatro edificios, este es el punto en el que confluyen los cuatro barrios históricos de Palermo.

El punto en el que hoy en día confluyen también los autocares de turistas alemanes y japoneses, los carros de caballos al servicio de esta nueva fauna para dar una vuelta por la ciudad… y el tráfico rodado, claro.

Palermo

Palermo

Por aquí pasaría yo muchas veces, yendo y viniendo a unos y otros rincones de la ciudad. Imposible eludirlo.

Por el fin, el puerto y el mar desde Palermo

Decidí irme al puerto, La Cala, a ver el mar y el atardecer palermitano. El lugar estaba bastante vacío para ser sábado, pero muy tranquilo.

Palermo

No me decepcionó en absoluto, y por supuesto volví en nuevos atardeceres, casi como si de un ritual se tratase, para despedir al Mar Tirreno y al Palermo que se recoge pronto, día a día.

Palermo

Poco a poco fui descubriendo nuevos ángulos y el orden que a primera vista no se ve fácilmente, porque cuando bajas desde el centro de la ciudad, te recibe un “muro” de mástiles de barcos de recreo.

Palermo

Palermo

Parece que el puerto ha quedado para eso, para que los ricos atraquen sus embarcaciones aquí.

Pero allá al fondo, si rodeas el paseo marítimo, están las barcas de los pescadores.

Algunas decoradas por algún viajero soñador, otras por piadosos feligreses ya que era Semana Santa. Incluso, si madrugáis, veréis a los pescadores vendiendo las capturas del día al pie de sus embarcaciones.

Palermo

Palermo

Palermo

Por el lado opuesto, siguiendo lo que parece una carretera que bordea la costa, se llega a un parque muy grande que se llena de familias por las tardes. Un buen sitio para ir a relajarse también.

Santa María della Catena

Pero antes se pasa ante la iglesia de Santa María della Catena (principios del s. XVI). Una iglesia preciosa, de sabor marinero, que se llama así porque custodiaba las cadenas que cerraban el puerto.

Una de aquellas tardes la encontré abierta, minutos antes de comenzar la misa. No cobran entrada pero piden no hacer fotos en el interior. Una nave pequeña, sencilla, y que se estaba llenando de gente hizo que volviera a salir a disfrutar de las luces del atardecer.

Palermo

Palermo

…y hasta aquí esos primeros pasos por Palermo, algunos repetidos hasta la saciedad, otros no.

Las luces de esa tarde, las sensaciones y sentimientos de ése día en esta ciudad vieja que tanto ha visto pasar… eso es irrepetible 🙂


 

los viajes de ali iati Si quieres más información, pulsa aquí