cefalu

Os propongo una escapadita de Palermo, a una hora de tren: Cefalú. No sé si fue su nombre, que resuena en mi mente evocando algo, o si fue lo poco que leí sobre este rincón de Sicilia, pero tenía muchas ganas de pasar un día por allí. 

estación de tren con jefe de estación cefalú

Ingredientes para pasar un día perfecto en Cefalú

Dicen que Cefalú viene de Kephalodion, que significa “cabeza”, y que haría referencia al promontorio de roca recortada que se alza literalmente encima del pueblo.

Una posición estratégica favoreció que aquí se asentaran colonias griegas, fenicias, romanas, y tiempo después árabes y normandas. Y todos han ido dejando su impronta, claro está…

pueblo de cefalú junto al mar

Sus calles, donde se rodó Cinema Paradiso

fachada con balcón central donde se rodó cinema paradiso cefalú

motocarro llevando silla de plástico en calles de cefalú

Pero lo que a mi me gustó y me emocionó de este sitio fueron sus callejuelas. De trazado aleatorio en la parte del pueblo que se arrima a la roca, y rectilíneas en el lado del mar si partimos de Corso Ruggero, su calle principal.

No sólo eso, si no la paz, la tranquilidad, el maravilloso mar, de tonos verde azulados. Se descubre cuando llegas a los límites del pueblo en cualquier parte de su contorno, o cuando subes a la Rocca, que definitivamente fue lo que hizo perfecto ése día.

tienda de cerámica típica en cefalú

Su catedral árabe-normanda

El centro neurálgico del Cefalú histórico es su Piazza Duomo, con la gran catedral árabe-normanda situada en un nivel más elevado, recortándose contra la Rocca y el cielo azul.

catedral de cefalú desde las escaleras

Una catedral que parece más un castillo, sobre todo a lo lejos.

Cuentan que el rey Roger II encontró aquí refugio para sus naves durante una terrible tormenta, y en agradecimiento construyó esta catedral.

catedral de cefalú con palmera en primer plano

Su interior guarda un ábside repleto de mosaicos bizantinos, pero cuando llegué había misa y tuve que quedarme en la parte de atrás. Por cierto, que la iglesia estaba llena de adolescentes inquietos que trataban de escabullirse. Mientras, el cura soltaba una arenga en italiano a la que -la verdad- no presté mucha atención.

interior catedral de cefalú llena de adolescentes

En el lado izquierdo, si miramos de frente la Catedral, y pasando delante del Palazzo del Municipio y se llega al claustro de la catedral, que aunque está parcialmente destruido, aún guarda unas cuantas columnas con capiteles realmente bellos.

claustro de la catedral de cefalú

capitel románico en claustro de catedral de cefalú

Callejeando por Cefalú

cartel de el padrino en tienda que vende zapatillas cefalú

De ahí, decidí no entrar en ningún sitio más, simplemente callejear y dejarme llevar por lo que fuera encontrando. Fui bajando hacia el mar, y por el camino me topé con un toque de humor que no me esperaba (ni había visto antes en Sicilia).

El antiguo puerto y sus casas colgadas sobre el mar

De repente llegué a una especie de muelle que entraba en el mar, moderno. Al girar la mirada a mi izquierda, me encontré con el antiguo puerto de pescadores, con sus casas colgadas sobre el mar. Precioso!!

Cefalú

Después de un rato mirando, sin más, sentada en un banco al sol, decidí volver sobre mis pasos y coger la Via Vitorio Emanuele, que corre paralela al mar.

puerta con arco que da a parar a la playa de cefalú

Enseguida me topé con la Puerta de los Pescadores, que comunica la calle con la playita del puerto. Me imagino que por aquí entrarían y saldrían los pescadores (o lo siguen haciendo, ya que aún hay barquitas).

Un rincón más especial, si cabe: el antiguo lavadero

Lo que encontré un poco más adelante fue una suerte, porque es fácil que pase desapercibido. No se adivina hasta que te asomas. Un rincón que me encantó, un refugio delicado, bello, donde el tiempo se detiene y los ruidos de la calle dejan de existir.

El antiguo lavadero del pueblo, el Lavatoio. Un lavadero medieval en perfecto estado de conservación, donde aún fluye el agua y que era utilizado como tal hasta hace poco tiempo!.

Cefalú

La Rocca de Cefalú y las mejores vistas de la costa

Y ya era media mañana, así que me decidí, sí: voy a subir a la Rocca! 

Desde abajo impone mucho respeto, y hacía calor, así que llevaba toda la mañana dudando sobre si hacerlo o no (en vez de subir nada más llegar, para que no me pillara el mediodía en plena subida).

calle estrecha de cefalú con motos aparcadas, altar de virgen al fondo y la rocca

En el tren de Palermo se sentó una canadiense a mi lado que también iba sola. Charlamos durante el trayecto y me recomendó que no dejara de subir a la Rocca, porque era espectacular (ella seguía viaje a Roma)…

No sabía cuánto tardaría en llegar a la cima, así que me compré otra botella de agua y un panini de salami en una tienda de ultramarinos (te cortan el embutido en el momento, y te hacen el bocata), y tiré para arriba.

Primero por las callejuelas, siguiendo algún que otro cartel que anunciaba el Templo de Diana (es una de las ruinas que se hallan en la Rocca) y luego por unas escaleras de piedra, entre pinos, ascendiendo poco a poco.

Según subía me iba dando cuenta del gran acierto… poco a poco se iba ampliando el horizonte, la perspectiva.

chumberas, árboles y mar al fondo en la rocca de cefalú

Caminos a decidir en lo alto de la Rocca de Cefalú

Enseguida se llega a una muralla, creo que normanda. Al pasar bajo un arco y subir un poco más, un cartel advierte que hay que pasar a pagar el ticket.

Pero no, sólo había un señor de largas barbas blancas, vestido con un mono naranja (del ayuntamiento de Cefalú, supongo) que me pidió que me acercara y escribiera en una hoja de registro mi nacionalidad. Nada más. Podía continuar.
El camino se bifurcaba y había que elegir. O iba hacia la izquierda, hacia el anunciado Templo de Diana, o seguía hacia el punto más alto, el castillo.

vistas de bahía de cefalú desde lo alto

Opté por el templo de Diana, aunque sólo veía restos de casas y un bosquecillo de pinos. Cuando llegué, estaba realmente cansada y acalorada así que me senté en unas mesitas que hay allí mismo a comer un poco del panini y beber agua.

Advertí que otros seguían por un camino que iba hacia el mar, así que me fui para allá después de un ratito de descanso. A mi izquierda los pinos casi no dejaban ver las almenas de una muralla antigua, y el mar detrás, con un azul realmente intenso.

Las mejores vistas de Cefalú, sin discusión. El premio al esfuerzo.

Y un poco más adelante, donde ya no queda camino… guau!! impresionante. De nuevo Sicilia me hacía abrir la boca en forma de O. Cefalú se hallaba a mis pies, con el trazado de sus calles y la catedral, que parecía casi una maqueta.

puerta de muralla con pueblo de cefalú y mar

Y el mar, el mar infinito, el mar pintado de azules, turquesas, verdes. De verdad, el día era perfecto. El esfuerzo había merecido la pena. Fui feliz. 

orilla rocosa y casas junto al mar en cefalú

árbol recortándose sobre mar azul turquesa en cefalú

El castillo de la Rocca

Aún quedaba Rocca por explorar, así que volví sobre mis pasos y tiré hacia el castillo.

Esta subida dejó pequeña a la anterior. La pendiente era muchísimo más pronunciada, el camino apenas un sendero escarpado. El sol pegaba fuerte y sólo se oía a las lagartijas y los chasquidos que provocaban entre la maleza, casi constantemente.

Llegué, tras cruzarme con alguna pareja o familia de alemanes (que ni saludan, ni agradecen que se les deje paso, por cierto).

Las vistas eran de nuevo espectaculares, aunque no superaban las que acababa de disfrutar en el bosquecillo de abajo.

lagartija al sol cefalú

Recorriendo las murallas del castillo, se accede al otro lado de la Rocca y se ve el Capo d’Orlando y toda la costa que sigue hacia el estrecho de Messina.

Eso sí, ojo por dónde vais porque hay trozos de muralla medio derruidos y el riesgo de caída es alto.

Cefalú

lancha motora surcando el mar y costa rocosa cefalú

Después de estar un rato zascandileando por allí arriba, emprendí la bajada.

En un momento dado, algo en el interior de mi talón izquierdo se rasgó. Pensé que era una posible ampolla que había estallado, pero cuando paré y me quité el calzado y el calcetín, no tenía nada visible. Poco a poco se me fue pasando y me queda alguna molestia, pero nada más.

Un premio al esfuerzo: comer en un restaurante de Cefalú

Llegué al pueblo casi a las 15 h., y decidí ir a comer a un restaurante, me lo había ganado! ¿no? 🙂

Un estupendo pez espada a la palermitana y un cannoli de postre completaron este magnífico día en el restaurante “Le chat Noir” (el gato negro). Un sitio muy agradable, con buen servicio.

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Después de comer, un último paseo largo por Cefalú.

Llegué a parar a las rocas que había visto desde arriba, y resulta que han hecho un camino por el que se puede recorrer todo ese tramo.

Lástima, porque la gente es realmente guarra y estaba lleno de envoltorios de helados y mil basuras más.

Así que ya sabéis, Cefalú es un imprescindible si vais a hacer turismo en Sicilia, y subir a la Rocca es una de las mejores decisiones que podéis tomar.

cerámica con flores en tonos azules en calle de cefalú

Eso sí, en verano me imagino que puede ser un pelín infernal, así que a prepararse 😉

ancianos sicilianoscon sus gorras sentados en una terraza en cefalú

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