El interior de Naxos tiene un montón de opciones para caminar, así que me apliqué en la búsqueda de una ruta chula para mis días allí, y como resultado hice este planazo de senderismo en la isla de Naxos combinado con arqueología. Aquí tienes mi experiencia y consejos, por si te dejas caer por allí 😉
Ruta de senderismo en la isla de Naxos
Visité Naxos en plena primavera, y tanto por el clima, como porque ya conocía la isla de años atrás, esta vez quería disfrutar de sus campos llenos de flores y pueblos tranquilos.
Para ir con un objetivo y camino concretos, decidí ir al Templo de Deméter, cerca del pueblo de Ano Sagri, pero suficientemente separado de la población como para sentir que te has perdido en un pequeño paraíso. Y así fue.
Esta es una ruta por campos de labranza salpicados de olivos centenarios, quizá alguno milenario de cuando los micénicos andaban por allí, y campos de margaritas. También encontrarás molinos antiguos que trituraban el grano en el pasado, y rebaños de ovejas que producen los ricos quesos de la isla.

Si no te animas a ir por cuenta o en solitario, hay otras opciones de senderismo en la isla de Naxos y con un guía. Por ejemplo, la ascensión al Monte Zas, el más alto de la isla.
El punto de partida: Ano Sagri y un hada madrina
Para ir a Ano Sagri, cogí el bus en el puerto de Naxos, la capital, después de comprar el ticket en la pequeña taquilla que hay junto a la parada de cabecera. Es el mismo autobús que llega a Apiranthos, allá en la montaña.
Otro día iría a dicho pueblo, pero en esta ocasión mi objetivo era llegar al Templo de Deméter, como ya he dicho. ¿Por qué? Porque había visto alguna foto y relato en internet, y quería encontrarlo. Muchas veces la inspiración está en posts como este que escribo 😊
En el autobús todo son mujeres. Casi todas superan con creces los 50 años y algunas llevan redecillas en el pelo para no despeinarse. Me miraban, yo sonreía y entonces me decían cosas en griego. Yo no entendía nada, y ellas no entendían que no soy griega… al menos hasta que dije algo en inglés, ja, ja.
Observaba el camino pensando que deberiá estar llegando. El autobús iba haciendo paradas, muchas veces al grito de las pasajeras de atrás. Pero yo no me aclaraba, así que empecé a preguntar a la mujer de al lado si eso era Ano Sagri. Me soltó una parrafada y supuse que era un «no».
Después de preguntar hasta tres veces, y de que me empezara a mirar mal, entendí que estaba en la parada correcta y me bajé. En ese momento, de los asientos de atrás llegó un «hada madrina». Una mujer joven que también se bajó del autobús en Ano Sagri y que hablaba inglés fluidamente. ¡Bien!
Me contó que ella vive en Atenas pero estaba visitando a su madre por unos días. Acto seguido, me preguntó si quería ir al Templo de Deméter. ¡Sí! Está claro que debe ser el sitio más popular de Ano Sagri para los turistas, y ella lo sabía.
Total, que me guió por las calles de Ano Sagri, un pueblo muy pequeño y un poco desperdigado, que yo miraba embobada porque es tan bonito como otros de la isla de Naxos. Al ir a la parte más céntrica del pueblo, me señaló una taberna donde podría comer cuando volviera, y después me dejó en el punto de donde sale el camino, contándome con todo detalle cómo llegar hasta allí.
Cómo llegar al Templo de Deméter de la isla de Naxos


Me quedé pensando en que esto parece un juego de pistas, y eché a andar. Cuando llegué al riachuelo y vi que la vegetación no me dejaba pasar, y me tocaba saltar las vallas de piedra evitando las alambradas… ya pensé que la cosa estaba cogiendo tintes de aventurilla.

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Andaba en absoluta soledad bajo el sol. No se oía nada. No había tráfico ni voces humanas. Me sentía feliz, aunque a ratos no podía evitar pensar que esperaba no encontrarme con algún campesino loco.
Tal y como había imaginado, me encontré con ovejas que se refugiaban a la sombra de los escasos árboles, pero además me sorprendía con los lagartos grandes que tomaban el sol o cruzaban rápidamente el sendero.



Como me dijo el «hada madrina», a la altura de la ermita blanca empiezas a ver a lo lejos el templo. También es blanco y destaca entre los campos. No hay ninguna casa ni población alrededor. Es como de cuento.

Al llegar, lo primero que te encuentras es el museo, en un nivel de terreno por debajo del templo. Miré a través de los cristales y vi que había varias estatuas y objetos encontrados en el yacimiento. Una pena que estuviera cerrado.

Después subí los últimos metros para visitar el templo. Lo miré a placer. Lo fotografié desde todos los ángulos que quería y di varias vueltas en torno suyo. Me acordé de la Portara de Naxos porque aquí hay otra que parece gemela excepto por su tamaño. Y con ese mármol blanco impoluto. Es un lugar bellísimo, aunque si vas en verano, quizá la sequedad del entorno lo desluzca un poco.
La Diosa Deméter
Ah! la Diosa Deméter! Cuando era pequeña mis padres me regalaron un libro de mitos griegos adaptado a los niños, y ella era una de mis preferidas.
Deméter es la Diosa de la Agricultura, de cabellos rubios y adornados con espigas. Tenía un carácter amable y tranquilo. Me gustaba porque era lo contrario de otras diosas que eran más amigas del cotilleo, las intrigas y el conflicto.
Puedes leer más sobre la diosa Deméter en este artículo de la web Mitos y Leyendas.

Y ahí estaba yo, contemplando la que pudo ser su casa. Al menos un lugar donde rendirle culto para asegurar que las cosechas se sucedían como tenía que ser: abundantes, capaces de alimentar a la gente durante todo el año.


Avanzada la mañana, el sol estaba cada vez más alto y lucía castigador. Yo tenía poca agua en la mochila, así que tenía que volver.

Decidí volver por otro camino, y entonces me di cuenta de que se puede llegar al Templo de Deméter por carretera, aunque el autobús público no pasa por allí y te pierdes parte de la aventura que viví a la ida.
Total, que esta vez decidí ir por el camino más convencional, que en principio sube por una colina en dirección a la ermita blanca.


Fueron casi tres kilómetros entre subidas y bajadas, colmenas de abejas, huertos, y ninguna señal aparte de la que hay junto al yacimiento (por eso supe la distancia que recorrí).

La visita a Ano Sagri
Cuando llegué al fin, era hora de callejear por Ano Sagri ¡Qué bonito!
Ano Sagri es un pueblo blanco y azul, silencioso por la hora y porque son pocos los que lo habitan.

De nuevo di vueltas a placer, me acerqué a los molinos que hay en las afueras, a la iglesia, y me perdí en las vueltas y revueltas de las calles.
Me hubiera gustado volver a ver al «hada madrina» para decirle que el templo es precioso, pero no hubo suerte. Las hadas madrinas son así, están cuando realmente se las necesita y ya.


La taberna silenciosa
Por último, me dirigí a la taberna que ella me indicó unas horas antes. Está junto al camino principal que va de la parada del autobús al pueblo. Parecía cerrada, sin nadie a la vista, pero al empujar la puerta me encontré con que estaba abierta.

Dentro había un hombre, una anciana y un niño. Miraban a la tele encendida.
Él me miró serio. Le dije que quería sentarme a comer en las mesas de fuera, donde habitan los gatos a esas horas de calor buscando sombra. Hizo un gesto de asentimiento y temí que fuera así todo el tiempo. Pero no, cuando volvió a salir se había transformado en un hombre muy amable que hablaba algo de inglés.
Me recomendó varios platos y me decidí por el pollo (del pueblo, aclara él), con salsa de tomate, pimientos, cebolla y arroz. Lo preparó en un periquete y además trajo un pequeño cuenco con queso del pueblo que estaba delicioso.
Mientras comía, tres gatos me rondaban pidiéndome su parte. Se subían al respaldo de la silla que tenía enfrente, por si no les veía, pero al rato parece que me olvidaron.
Comí, escribí en mi diario, pensé en mis cosas, miré el móvil porque había wifi, y llegó un momento en que decidí levantarme porque nadie volvía a salir de la taberna, y yo quería pagar.
Entonces volvió el tabernero y me hizo un gesto para que esperase. Al minuto llega con una tarta de queso, hojaldre y miel que insistió en que la probara. Es una invitación ¡Deliciosa! La comida y bebida me costó 10€.

El encuentro con el cura ortodoxo
Pregunté al tabernero que dónde se coge el bus de vuelta, y para mi sorpresa me mandó a la carretera principal. El hada madrina me dijo que a las 16.30 h lo podría coger en el mismo lugar en que nos habíamos bajado, que es un pequeño desvío.
Decidí andar porque había tiempo suficiente, pero me sentí un poco confusa sobre cuál era la carretera principal. En ese momento llegó un cura ortodoxo de barba blanca con sus bolsas de la compra. No había nadie más a la vista, así que tenía que preguntarle a él. Parece que se acababa de bajar de un autobús, por cierto, pero a lo mejor le había traído alguien.

Resulta que hablaba inglés muy bien y, después de un par de frases, me preguntó si era española. Me sorprendí, hasta que aclaró que había vivido un tiempo en mi país. Aun así no abandonó el inglés.
Me dijo que la información del hada madrina es la correcta, y que la gente del pueblo «no tiene ni idea» porque no cogen el autobús. Sólo los niños para ir al colegio. De todas formas, terminó diciendo «puedes hacer autostop, no hay problema».
Al final decidí esperar al bus haciéndole caso y diciéndome a mí misma que si no llegaba a las 17 h (le daba media hora de margen), entonces haría autostop porque no había más autobuses después de esa hora. Pero el autobús llegó y Ano Sagri quedó atrás, con su blancura y tranquilidad.
El día de senderismo en la isla de Naxos no había podido ser más perfecto, tanto por el paisaje como por los encuentros.
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