hanoi

Quizá uno de los sitios que más me gustaron de los que visité en Vietnam, fue Hanoi. Su nombre se me antoja evocador, poético, y la verdad es que desde el primer momento me sentí a gusto allí, a pesar del calor y grado de humedad que nos recibió como un bofetón al bajar del avión. 

Hanoi

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La primera imagen que tuve de Hanoi fue la de unas calles tranquilas a las 6 a.m. La ciudad despertaba…

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Qué ver en Hanoi

El Barrio Antiguo

Conocido por los franceses como Cité Indigéne, marca del pasado colonial, es una amalgama de calles y callejuelas hecha a base de edificios coloniales antiguos, la mayoría con pinta de estar a punto de irse abajo entre tanto moho y verdín propios del clima, aparte de los manojos de cables que cubren sus esquinas… Está hecho también a base de una marea de motos y ciclos que después de unas horas de paseo, llegas a odiar hasta lo más profundo de tu ser…

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Calles con aceras absolutamente invadidas por las motos (again) aparcadas, los puestos callejeros, o las señoras que salen a matar el pollo de la cena, armadas con un cuchillo de cocina -os ahorro el “durante”-.

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El peatón, al menos el occidental como yo, se sentirá menospreciado y amenazado en las horas punta de tráfico, os lo aseguro.

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Moda vietnamita

Lago Hoa Kiem

Pero tiene sus islas, entre tanto ajetreo, como el famoso lago Hoa Kiem y el estrecho pero refrescante parque que le circunda. La leyenda dice que el cielo mandó al emperador de entonces Le Thai To (s. XV), una espada para expulsar a los chinos de Vietnam. Un día después de la batalla se encontró con una tortuga gigante nadando allí. La tortuga se llevó la espada con ella, dicen que para devolverla a sus dueños divinos.

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Es muy recomendable sentarte un rato a observar el ocio vietnamita, o a contemplar las aguas de dudosa limpieza (y buscar con la mirada soñadora señales de una de esas tortugas que dicen que habitan el lago y que traen suerte a quien las ve), y el templete que sobresale en uno de sus extremos.

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El Templo de la Literatura

Me sorprendió por el aspecto tan “chino” que tenía.

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Y sí, es que yo me imaginaba o aspiraba a encontrar una identidad más diferencial en Vietnam, pero resulta que no, que la influencia china se palpa en cada esquina y desde luego en sus templos. Aquí se estableció la primera universidad de Hanoi, para educar a los hijos de los mandarines.

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Pero además de qué ver, en Hanoi se siente

Quizá me pareció una ciudad amable porque según llegamos, a eso de las 6 de la mañana, salimos a dar una vuelta y nos encontramos con una ciudad tranquila (aún), olor a pan recién hecho (las baguettes es una de las herencias francesas que han quedado), vendedoras de fruta (sobre todo lichies) que te ofrecen probarla con una gran sonrisa y amabilidad, gentes desayunando su bol de sopa (pho) con fideos y carne en las mini-sillitas en las que siempre se sientan a comer en la calle y que tanto me habían sorprendido unos años antes en Birmania…

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Cierro los ojos y recuerdo cómo el monzón descargaba de repente en la tarde, y en una perfecta sincronía aprendida los motoristas paraban medio segundo para ponerse una capa de plástico con la que protegerse a sí mismos y a su moto (¿querida moto?), y continuar bajo el torrente de agua. Torrente que no duraba más de 20 ó 25 minutos y que no nos dejaba fríos…

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Cierro los ojos y recuerdo la visita al mausoleo de Ho Chi Min, un hombre que no quería ser enterrado ni venerado, sólo incinerado de manera sencilla y que en cambio mira, ha acabado embalsamado y expuesto a las miradas de todo tipo de extraños, de todas las nacionalidades, que desfilamos ante su cadáver. Una visita en la que no puedes pararte (obligatoriamente), en la que te encuentras en un salón enorme con luces rojizas, velas, “soldaditos de plomo” perfectamente inmóviles excepto para pedirte que pongas las manos a la espalda y te calles (si es que vas hablando o sencillamente sonriendo, porque la solemnidad es obligada en este lugar que podríamos calificar de alucinante). Por supuesto, cámaras y todo lo demás han de quedar fuera. Dicen que cada año lo envían a Rusia para su conservación.

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Cierro los ojos y recuerdo un espectáculo de marionetas de agua, una antigua tradición que hoy en día se puede ver en un teatro junto al lago Hoa Kiem. Teatro que se suele abarrotar de turistas (de hecho, mejor comprar las entradas con antelación, esa mañana por ejemplo). Cuesta abstraerse de la sensación inevitable de “guirilandia”, pero el espectáculo es muy bonito, con músicos marcando el ritmo de las marionetas… marionetas manejadas por hombres y mujeres con palos larguísimos.

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Hay más Hanoi, mucha más Hanoi que lo que cuento aquí. Cierro los ojos y sigo evocando imágenes, sensaciones, temperaturas, sabores, olores, movimientos, y pienso que no me importaría volver, a pesar de que Vietnam no es uno de los destinos que me haya conmovido o maravillado especialmente, y en realidad no sé muy bien por qué.

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el último grito en lápidas

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Les encanta posar y hacerse fotografías entre si, chicos y chicas.

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