bahia de ha long

Últimamente he sabido de un amigo vietnamita a través de Facebook. Comparte fotos de su vida cotidiana en Hanoi, los cafés que visita con sus amigos, etc., y me he acordado del viaje que hice a este país, y del que casi no he dado cuenta por aquí, en el verano de 2009.Creo que ya lo he comentado, Vietnam no fue un país que me enganchara o del que diría eso de «volveré», y no sé muy bien cómo explicarlo, pero es así. Sin embargo, no por eso voy a negar que tiene lugares extraordinarios. La Bahía de Ha Long es uno de ellos 🙂

Llegando a la Bahía de Ha Long

Nada más llegar a Hanoi, nos contaron que un tifón estaba azotando las costas próximas y se había cerrado la navegación en la Bahía. Nosotros íbamos a estar un par de días en Hanoi y después iríamos otro par de días al Norte de Vietnam, así que nos mantuvimos a la expectativa.

la bahía de ha long con barco

Y efectivamente, cuando llegó el momento de partir, después de pasar por Hanoi, el tifón se había esfumado. ¡Bien!!!

Llegamos al puerto donde se accede al mogollón de barquitos que surcan las aguas de la Bahía. Turistas y viajeros de todo pelo se afanaban a subir en las barcas que les acercarían a los barcos contratados. Ya fuera para una excursión de un día, o de varios. Uno de esos sitios en los que ves todo tipo de personajes, y también de estilos de viajar. Incluidos los que llevan enormes samsonites que están tan fuera de lugar como un pulpo en un garaje. En fin.

paisaje entre niebla de la bahía de ha long

Allí nos encontramos con que el barco reservado estaba averiado. La compañía nos daba otro en su lugar, pero resultó que era para nosotros solos y de mayor categoría. De nuevo nos sonreía la suerte.
Imposible distinguirlo entre todas las opciones flotantes, cuando llegamos a él, no me lo podía creer!!
Un barco de madera, clásico y muy bonito, con un aire a «Piratas del Caribe». Bueno, piratas del Mar de la China, je, je.  Los camarotes estaban muy bien equipados y aunque un poco angostos, bonitos. Su nombre: Victory. Muy apropiado.

barco con velas desplegadas en la bahía de ha long

Un pequeño ejército de camareros estaban a nuestro servicio, y nunca olvidaré las cervezas en la cubierta superior. Observando las maravillosas formaciones rocosas y cubiertas de vegetación que se alzaban en todas direcciones. Estaréis de acuerdo conmigo en que las cosas saben mejor en un entorno como éste, y la cerveza vietnamita está buena. 😉

islote en la bahía de ha long

Navegando entre rocas

Navegamos entrando en los canales más anchos. El calado del barco no permitía ir por los más estrechos, una lástima. Admiramos esas grandes formaciones kársticas a las que acompaña su propia leyenda.

Un dragón es el responsable de ese paisaje fantástico. Los marineros dicen que hay una criatura marina enorme que de vez en cuando se deja ver, y a la que llaman Tarasque. Los soldados que patrullan la Bahía creen que es un submarino espía, je, je.

formación kárstica sobre el agua en la bahía de ha long

¿Soldados? Sí, soldados. De hecho este área no es de libre acceso en buena parte. De ahí también la concentración de barcos y turistas en determinados puntos. Si hacéis noche en la Bahía de Ha Long, será con el barco fondeado junto a los demás. Una especie de ciudad flotante se concentra en un punto controlado por los militares.
Esto me pareció triste y le hizo perder dos puntos o más a la magia del lugar, pero es lo que hay!

La vida en la Bahía de Ha Long

Además de contemplar esta maravilla de la naturaleza, por el camino podréis observar las casas de los pescadores y criadores de marisco. Casas flotantes y rodeadas de pequeños viveros que añaden un punto de color al paisaje. Es una bonita imagen, pero no debemos olvidar que son habitadas por gentes con muy escasos medios.
casita flotante con criadero de marisco la bahía de ha long

barco de pesca tradicional en la bahía de ha long

La seguridad en la Bahía de Ha Long

De estas viviendas flotantes parten también barcas cargadas de souvenirs. Dicen que hay que tener cuidado de que no te peguen un tirón, aunque como nuestro barco era más bien alto, no vinieron muchos y nos dejaron bastante en paz. De todas formas, a unas compañeras les robaron dinero del camarote. Debió de ser alguien de la tripulación, pero la incógnita quedó en el aire. Parece ser que es bastante frecuente, así que ya sabéis, cuidad de vuestras cosas!
vendedora de conchas en barquita de colores con sombrero vietnamita

Qué visitar, en concreto, en la Bahía de Ha Long

La cueva de Hang Sung Sot

Si no recuerdo mal, en lo que se refiere a puntos concretos a visitar, primero fuimos a la cueva de Hang Sung Sot, un punto de confluencia de barcos turísticos. Creo que por aquí pasa «todo quisqui». La cueva es enorme. En realidad hay muchísimas cuevas en la bahía de Ha Long  porque que el agua cava muy eficientemente la roca kárstica. En este caso hay tres grandes cámaras y… está demasiado explotada por el turismo.

barcos en la bahía de ha long

Como en todas las cuevas turísticas que he visitado, los guías se afanan en señalarte las formaciones de estalactitas y estalacmitas que «se parecen a…». Aquí la gran atracción es un estalacmita con forma de falo.
Por si fuera poco, la cueva está terriblemente «coloreada» por focos azules, rojos, rosas. Llamadme aguafiestas, pero a mi estas cosas me resultan horteras. Ojo, intenté evitar en lo posible hacer fotos a esa horterada, así que no penséis que exagero por este par de estampas ¡es mucho peor! 😀

cueva de la bahía de ha long iluminada

La isla de Tito

Después fuimos a la isla de Tito (Dao Titop), que fue escenario del encuentro entre Tito (sí, aquél señor que gobernaba Yugoslavia) y los dirigentes de Vietnam de aquellos entonces, finales de los 70s o en los inicios de los 80s del pasado siglo. No recuerdo mucho más de la historia, probablemente desplegaron un gran dispositivos de seguridad y firmaron documentos y acuerdos.

islote de tito en la bahía de ha long

Esta isla tiene una pequeña playa, un tanto descuidada pero que nos sirvió para darnos un baño y probar las aguas de la Bahía. Estar en el agua con todas esas islas al frente fue un momento mágico, y también sorprendente porque el agua estaba caliente. Caliente de verdad. No era una sensación muy agradable, pero al ser al atardecer no estuvo mal. Si nos hubiéramos bañado con el sol cayendo de plano sobre nuestras cabezas, no quiero ni pensarlo. Por cierto, se puede subir al punto más alto de la islita, y dicen que las vistas son magníficas. Yo opté por el relax 😉

Recuerdo la comida en el barco ése día. Fue la única porque al día siguiente nos cambiaron a un barco más pequeño y cutre, dicen que por el calado. Realmente deliciosa, compuesta por marisco fresquísimo y no recuerdo qué más cosas, pero deliciosa. Estábamos un poco desubicados, teníamos hasta manteles de algodón blanco en las mesas. Nos sentíamos un poco «paletos» entre tanto glamour, ja, ja!!

El Parque Nacional de Cat Ba

El segundo día lo empleamos en conocer el interior de una de las islas. La isla de Cat Ba es la isla más grande de la Bahía de Ha Long, y allí se alza toda una minimegalópolis de hoteles, restaurantes y karaokes, al más puro estilo Benidorm. Pero eso no lo descubriríamos hasta la tarde, cuando fuimos a pasar la noche en uno de esos hoteles-torre.

búfalo pastando junto a un arrozal la bahía de ha long

mariposa roja con pintas negras en la bahía de ha long

Accedimos a la isla por otro lado, o era otra isla que pertenecía al Parque Nacional de Cat Ba, no sabría decir. El caso es que desembarcamos en un pequeñísimo muelle y enfilamos por un camino que nos llevó hasta el interior de la isla.

En dicho camino encontramos diversos tesoros de la pequeña fauna del lugar: ciempiés, arañas, libélulas (uno de los símbolos de Vietnam) y mariposas, muchas mariposas. Así que nos entretuvimos un montón haciendo fotos y rebuscando entre la maleza 🙂

libélula roja en la bahía de ha long

ciempies o similar en la bahía de ha long

Por fin llegamos a un valle profundo lleno de campos de arroz, con un pequeño pueblo desperdigado a lo largo del mismo camino que traíamos y que parecía ser el único de la isla.  Un pueblo muy tranquilo, con sus casas y templetes caseros, y poca gente a la vista (aunque muy afables).

mellizas jugando con triciclo en la bahía de ha long

mujer tirando arroz en un campo la bahía de ha long

Algunos tiraron para arriba, con la idea de subir hasta una cima cercana y ver el panorama. Yo desistí porque hacía tanto calor y humedad que sinceramente pasé. El clima monzónico en Vietnam es aplastante, y aunque aguanté muy bien las caminatas de varias horas por terrenos más o menos llanos, desistí de los esfuerzos extras de este tipo.
Cuando bajaron los demás, escurrieron las camisetas y era increíble. Debieron de perder la mitad del agua de sus cuerpos!! :O

Esa noche, una vez «acomodados» en el hotel bedinoreño de Cat Ba, salimos a cenar. Fue como un jarro de agua fría después de haber visto tanta belleza natural. No, no tengo fotos de aquella ciudad turística, donde por cierto lo que abunda es el turista local, esas incipientes clases medias o nuevos ricos que se abren paso en un país que se mueve en una bipolaridad constante desde hace ya unos cuantos años: comunismo y libre mercado.
Recuerdo que dimos unas cuantas vueltas y que no acertamos con la cena que además resultó bastante más cara de lo habitual.

En fin, me quedo con el maravilloso paisaje de esas aguas calientes, que un dragón talló con su cola hace muchos, muchos años…  🙂


 

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