castillo de bran tras ramas de árboles

Si buscas  los restos de la leyenda de Drácula o la de Vlad el Empalador en Rumanía, sin duda tienes que ir a Transilvania y allí visitar el castillo de Bran. Y ya que estás, te recomiendo mucho que ese día lo completes con Rasnov. No temas, Bran y Rasnov pueden visitarse tranquilamente en un sólo día. Estas son, pues, dos visitas imprescindibles en tu viaje a Transilvania. ¿Te vienes? 🙂

Organiza tu visita a Bran y Rasnov

Ir a estos dos pueblecitos de Transilvania en transporte público no tiene mucho misterio. Lo mejor es que aproveches tu estancia en Brasov, ciudad de la que ya te he hablado (al final tienes el link). Desde allí hay autobuses con cierta frecuencia que van a estos dos pueblos.

Otra opción es que contrates un tour. Puedes hacerlo aquí.

Un poco de historia: el mix de Drácula y Vlad el Empalador

Dicen que Bram Stoker se inspiró en la historia de Vlad Tepes y puede que en el castillo de Bran cuando escribía y describía el castillo tétrico y horripilante de Drácula.

cartel con recortes de películas de Drácula excursión a bran y rasnov

Drácula se publicó en 1897 por primera vez y desde el principio causó una gran sensación, aunque no llegó a ser un superventas. No hasta que llegó el cine. Un gran clásico que te recomiendo leer 🙂

La cabeza del conde pasó por la ventana del piso inferior. Sin ver su rostro, le reconocí por el cuello, por su espalda, por los ademanes de sus brazos. Además, aunque sólo fuesen sus manos, que tantas veces había podido estudiar, no habría podido engañarme. Al principio me sentí interesado y un poco divertido, ya que se precisa muy poco para interesar y divertir a un hombre cuando está preso. Sin embargo, tales sentimientos no tardaron en convertirse en repulsión y asombro más espantoso cuando vi salir lentamente al conde por la ventana de su habitación, y arrastrarse por el muro del castillo, cabeza abajo. De este modo, descendió hacia el tenebroso abismo, con su capa desplegándose en torno suyo, como si fueran dos grandes alas. (Drácula, Bram Stoker).

No sé si sabes que Stoker nunca pisó Transilvania, y sin embargo traslada a su obra con mucha fidelidad los paisajes de los Cárpatos, la arquitectura del lugar y otros detalles. No cabe duda, además, de que bebe de las fuentes de la historia y las leyendas de esta región del mundo. De todas formas, tampoco esperes que la novela esté llena de descripciones del lugar…  se centra mucho en los personajes y buena parte transcurre en Londres.

¿Cómo lo hizo, a finales del siglo XIX, cuando no existía internet?

Pues por lo visto fue asesorado por un señor húngaro que rescató para él la historia de la lucha contra los otomanos y el personaje de Vlad el Empalador. Este, el personaje real, fue un gobernante bastante sádico como su apodo indica. Ojo, que con el correr del tiempo resulta que es uno de los más queridos en su tierra natal. Cosas de los nacionalismos.

Vlad III se hacía llamar Dracul (dragón) por la orden de caballería a la que pertenecía. De aquí vendría el nombre de Drácula. Pero era más conocido como Tepes (el Empalador). Vivió en Transilvania en el siglo XV. En concreto entre los años 1431 y 1476. Es decir, falleció con 45 años. Entonces se moría joven. Ironías del destino si piensas en los vampiros que nunca mueren. 

retrato de vlad tepes con ojos saltones turbante y traje de terciopelo rojo y gran bigote excursión a bran y rasnov
La época que le tocó vivir fue la de la caída del imperio bizantino. Los Balcanes vivían uno de esos periodos más agitados de lo normal dentro de su convulsa historia. Había caído el imperio y tocaba echar a los invasores.

Vlad se llevó la palma. Se calcula que 100.000 turcos cayeron bajo sus armas. Muchos acabaron empalados en los caminos.

Recordemos que estamos aún en la Edad Media y que entonces los castigos no eran los de ahora. El terror era un gran arma para desmoralizar a las tropas del enemigo. Incluso en tiempos de paz, la crueldad y el recordatorio constante del Infierno estaban muy presentes en la vida cotidiana. No sólo en los Balcanes y aledaños, sino también en otras partes de Europa.

En este ambiente los mitos del hombre o mujer que roba niños por la noche y se bebe su sangre rondan las pesadillas del pueblo. En Grecia, en Irlanda, no sólo en Rumanía o Hungría.

Bram Stoker coge todos estos elementos, algo de la historia, y crea su vampiro. Lo que engancha no es sólo el horror, sino también la apostura del personaje. Un gentleman culto, refinado, hombre de mundo, aristócrata, víctima de un amor truncado.

El castillo de Bran, uno de los grandes atractivos de Rumanía

Identificado como el castillo de Drácula, esta es una de esas visitas que debes planear para evitar la “hora punta”, que básicamente es todo el día excepto a primera hora de la mañana.

Si duermes en Brasov te toca madrugar lo máximo posible. Objetivo: visitar el castillo de Bran con poca gente a tu alrededor. Es decir, llegar antes que los autobuses de turistas. Por supuesto olvídate de relajarte cuando llegues a Bran. En cuanto te apees del bus te vas al castillo a ponerte a la cola que se forma antes de que abran. El café merecido… para luego.

El primer autobús sale de Brasov a las 8 de la mañana de la estación Autogara 2. Puedes llegar a la misma con los autobuses urbanos 22 o 41 desde el centro.

El billete a Bran cuesta 10 leis, y la entrada al castillo son 40 lei (precios mayo 2018).

Alternativa: pasar la noche en Bran, algo posible, aunque no sé si merece la pena tanto vaivén de hoteles.

entrada al castillo llena de turistas excursión a bran y rasnov

¡De la que nos libramos!

Al llegar al pueblo te encontrarás con un montón de tiendas de madera dispuestas para hacer las delicias de todos los turistas. Camisas y otras prendas bordadas, máscaras tradicionales que parecen encarnar a demonios, y todo tipo de chucherías de vampiros. Hay una casa que se anuncia como la de Drácula de la que salen luces azules y rojas. Un “pasaje del terror”. Si Vlad levantara la cabeza… También encontrarás comida típica y café a la turca  ¡Bienvenido al circo draculino-rumano!

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Cuando pasas por la puerta del recinto del castillo, todo cambia. Ante ti se alza una fortaleza con una gran torre. Imponente, levantado sobre una peña de unos 200 metros de altura.

castillo de Bran primeras impresiones de un viaje a transilvania

Si tuvieras la suerte de ir en día nublado, o incluso con nieve, la atmósfera tétrica está asegurada. Si como yo te toca un día soleado y caluroso, es más difícil imaginártelo. Pero no cabe duda de que sí, que podría responder al castillo que Bram Stoker describe.

El castillo había sido edificado sobre la cima de un enorme peñascal, de modo que era inexpugnable por tres lados. Asimismo, los altos ventanales practicados en aquel muro imposible de alcanzar por ningún lado, tornaba clara y agradable aquella ala. Hacia el este se divisaba un profundo valle y, elevándose a lo lejos, se veían unas montañas muy escarpadas, tal vez albergue de bandidos, y unos picos abruptos. (Drácula, Bram Stoker)

Históricamente te advierto que no se ha podido demostrar que Vlad Tepes pasara mucho tiempo aquí. Unos dicen que conquistó el castillo en una de las disputas con los comerciantes de Brasov en 1459. Y otros, que estuvo preso aquí por esas disputas.

Bran es una fortaleza-palacio que funcionó como puesto de aduanas, pues estaba situada entre los principados de Valaquia y Transilvania.

El castillo se anda entre angostos pasillos, escaleras, balconcillos que dan al también estrecho patio con su pozo de piedra. Los techos son bajos, hay salas abovedadas.  Visitar un lugar así con mucha gente puede ser agobiante y estresante. Como he dicho, no fue nuestro caso.

interior del castillo de bran con bóvedas y suelos de madera bran y rasnov

pasillo estrecho en el castillo excursión a bran y rasnov

El castillo de Bran tiene algo de película, mucho de medieval, y también de casita de muñecas.

patio del castillo de bran con torre circular paredes encaladas y tejados de teja roja

rincón del patio del castillo con escaleras de piedra y pequeña puerta de madera excursión a bran y rasnov

Pasamos por el dormitorio de la Reina María, la reina más querida de Rumanía. El pueblo de Brasov le regaló el castillo en los inicios de los años 20 del siglo pasado y ella pasó aquí largas temporadas. Quizá escribiendo alguno de sus libros. Murió de cirrosis en el cercano castillo de Peles. Hoy en día, tras muchos años de disputas, su corazón descansa en Bran junto a una cruz de piedra que encontrarás en la subida.

cruz de piedra con símbolos y grafía rumana junto a la puerta del castillo excursión a bran y rasnov

De la decoración barroca pasas a la rústica. De los salones con enormes chimeneas y alfombras, a las cocinas con hornos revestidos de azulejos pintados que recuerdan a los de Portugal. Las fotos de la reina y otras mujeres, todas de los años 20, te acompañan. Y son fascinantes.

cocina del castillo cubierta de azulejos pintados con motivos azules excursión a bran y rasnov

retrato de la reina maría en blanco y negro con vestimenta típica de principios del siglo xx

salón del castillo de bran con enorme chimenea bran y rasnov

No me digas que no tiene pinta de confortable …

Ya fuera, pasando las primeras tiendas de souvenirs, hay un acceso a un pequeño museo etnológico. Se trata de un grupo de casas campesinas tradicionales agrupadas en un prado. Abre más tarde que el castillo, pero es un lugar tranquilo en el que no importa esperar mientras te tomas un café a la turca.

collage con foto de casa tradicional exterior y comedor tradicional en interior

Rasnov y su fortaleza medieval

Ir a Rasnov para completar el día es de lo más sencillo. En la misma parada donde te dejó el bus de Brasov (bueno, enfrente), podrás cogerlo. Hay un cartel que señaliza los horarios y pasan con bastante frecuencia. El billete son 5 leis, ya que está a medio camino entre Bran y Brasov.

fortaleza de Rasnov con cartel como el de hollywood

yo haciendo fotos bajo la puerta de la ciudadela al fondo parte de la muralla con gran torre cuadrada excursión a bran y rasnov

Foto de Marita Acosta

En Rasnov hay una fortaleza medieval con un pueblo dentro, en lo alto de una colina. No me esperaba encontrarme con eso. Pensaba que sería una fortaleza más, con el interior vacío, como acostumbramos a encontrar en muchos sitios. Pero no, allí dentro hay todo un pueblo bastante bien conservado.

Es cierto que las numerosas tiendas de souvenirs que ocupan parte de las antiguas casas desvirtúan un poco la atmósfera, pero realmente es una ciudadela medieval con todos sus detalles.

casas en el interior de la ciudadela excursión a bran y rasnov

Antes de eso Rasnov fue un asentamiento dacio, pueblo que sucumbió al Imperio Romano como tantos otros. Precisamente fueron estos los que convirtieron el lugar en un fuerte defensivo. En el siglo XIII, ya en plena Edad Media, se construyó la ciudadela que hoy podemos pisar y admirar.

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Además desde allí las vistas de la comarca del Birsa son magníficas.

vistas del pueblo desde la ciudadela excursión a bran y rasnov

bosques y cumbres con algo de nieve al fondo excursión a bran y rasnov

Para llegar a la ciudadela de Rasnov hay que subir la montaña. Puedes hacerlo en un ascensor que está ubicado en la plaza del pueblo, no tiene pérdida. Son 8 lei sólo la ida, y 12 lei la ida y vuelta.

La entrada a la ciudadela son 12 lei los adultos y 6 lei los niños.

Luego si te animas puedes bajar andando (es gratis). Bueno, si te animas más, también puedes subir andando! Muy recomendable porque así te internas un rato en el bosque que alfombra la ladera de la montaña hasta el pueblo.

El pueblo de Rasnov es tranquilo, rural. No dejes de dar un paseo observando sus casas, ventanas y comercios con sabor a otros tiempos. También es buen plan comer allí en vez de hacerlo en Bran. Los platos son generosos y el precio muy bueno. Hay dos o tres restaurantes en la plaza.

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mujer rumana vestida de negro con pañuelo en la cabeza pasando delante de pared pintada de azul excursión a bran y rasnov

La anécdota del día… el chófer de autobús que también es taxista y fue camionero

Nos fuimos a la parada del bus después de comer y dar un paseo por las calles de Rasnov, que estaban prácticamente desiertas a esa hora. En la parada había una mujer y cuando pasó un minibus este paró. Intercambiaron unas palabras que no entendimos. Ella nos dijo que subiéramos, que iba a Brasov. El vehículo estaba vacío.

El conductor, un chico joven, cogió el dinero de los billetes y se lo guardó en el bolsillo sin darnos el ticket correspondiente. Me pareció raro, pero…
No sabía inglés pero sí algo de alemán. Con eso se entendió un poco con Marita.

Era un tipo alegre, quería charlar y nos contó que fue camionero. Se había recorrido toda Europa incluyendo España.

Decía todo el tiempo “¡Súper!”. Esto es “súper”, “la vida es súper”, las mujeres españolas somos “súper”…

Íbamos a toda leche por la carretera y me parecía que el bus no estaba haciendo paradas. Llegamos a una gasolinera. Nos explicó que había acabado su turno pero que no nos preocupáramos, que nos llevaba a Brasov. Sencillamente tenía que llevar el minibus a las cocheras y coger su taxi. Nosotras debíamos esperar allí mismo, a un lado de la estación de servicio. Personalmente no me sentía cómoda con la situación, aunque el chico era majo. Claramente había aprovechado el viaje de vuelta llevándonos, aunque en teoría ya no tenía que coger pasajeros.

En efecto vino con su taxi, nos llevó a Brasov, nos dejó en la estación de tren porque así aprovechábamos a comprar los billetes para irnos a Sighisoara al día siguiente, y nos regaló unos caramelos de despedida.

No sé si te imaginabas un final más truculento pero no, Transilvania es un lugar muy seguro y la gente encantadora.

Balance del día entre Bran y Rasnov, lo siento pero no puedo evitarlo, ji, ji: ¡Súper!


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